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An illusion in the Andes April 30th, 2017 by

Vea la versión en español a continuación.

When five, roughly rectangular blocks appeared on the mountainside high above Cochabamba, I assumed they were just fields of oats. The pale green shade seemed about right for the feathery grain, and the cool climate was ideal for oats.

oat fieldsHowever, social media soon turned the checkered slope into a mystery.  Cochabambinos began writing into a popular website to ask about the odd shapes. Some rushed in with answers. There was even one far-fetched suggestion that the blocks were fields of ripening coca, even though this narcotic shrub only grows in much lower and wetter country. Some thought the patches were just oats.

Others said they were wild flowers, sprouting where fields had been left fallow. My wife Ana wrote to say that the patches were so light that they could only be the brilliant white flower, known as ilusión in Spanish. Her suggestion was ignored, so one sunny afternoon, Ana and I decided to check out the fields first hand.

Ana con las parcelas de ilusiónAlthough the fields with the mysterious blocks are as visible as a beacon, the Bolivian bourgeoisie are not avid hikers, and few of the city dwellers know how to get up onto the slope. We drove up one of the steep, narrow roads, peeked over a few ridges, and finally spotted the ivory-colored fields up close. It wasn’t quite like finding Machu Picchu, but it was delightful to see five little plots of ilusión.

Called “baby’s breath” in English, this hardy flower (Gypsophila muralis) is a native of northern Europe and Siberia, but has adapted well to the Andes, where it has become a poor person’s commercial crop. Baby’s breath has few pests and thrives on poor, stony soil. It is a low-input, low profit crop: a cheap flower that is complements and enhances bouquets of roses. A mourner with just a few spare pesos can buy a handful baby’s breath to take to a funeral.

The fields were surprisingly small, each just a few meters wide. They made up no more than a hectare all together. There were no houses near the fields, which were being tended by some absentee, peri-urban farmer, who trusted the isolated spot to keep his or her flowers hidden in plain sight, much to the bewilderment of the townsfolk below.  Every crop whether food, fiber or flower has its own signature color. A person who knows and loves plants can spot the difference between illusion and reality from miles away.

CUANDO LA ILUSIÓN SE VUELVE REALIDAD

Por Jeff Bentley

30 de abril del 2017

Cuando aparecieron cinco bloques, más o menos rectangulares en el cerro arriba de Cochabamba, me supuse que eran parcelas de avena. El tono verde claro parecía más o menos el del grano plumoso, y el clima fresco era ideal para la avena.

oat fieldsGracias a los medios sociales, los cuadraditos en la ladera pronto se volvieron un misterio. Los cochabambinos empezaron a escribir a una página web popular para preguntar qué eran las formas extrañas. Algunos se apuraron con respuestas. Había hasta una solución equivocadísima que los bloques eran parcelas de coca, a pesar de que el arbusto narcótico solo crece en zonas mucho más bajas y húmedas. Algunos sí pensaron que las pequeñas mantas eran avena.

Otros dijeron que eran flores silvestres, que nacieron donde las chacras se habían dejado en descanso. Mi esposa Ana escribió diciendo que las formas eran tan pálidas que solo podrían ser la brillante flor blanca, conocida como ilusión. Nadie hizo caso a su sugerencia; así que una tarde asoleada, con Ana decidimos descubrir las chacras de cerca.

Ana con las parcelas de ilusiónA pesar de que los bloques misteriosos son tan visibles como un faro, la burguesía boliviana no es muy fanática de las caminatas en el monte, y pocos de los citadinos sabían llegar a la falda de la serranía. En el auto subimos unos caminos angostos e inclinados, echamos un vistazo sobre algunos filos y al fin vimos de cerca los campos color de marfil. No era exactamente como encontrar Machu Picchu, pero nos encantó ver a las cinco parcelitas de ilusión.

La ilusión (Gypsophila muralis) parece delicada, pero en realidad, es un robusto nativo del norte de Europa y de Siberia, que se ha adaptado bien a los Andes, donde se ha convertido en un cultivo comercial de los pobres. La ilusión tiene pocas plagas y prospera en el suelo pobre y rocoso. Es un cultivo de baja inversión y baja rentabilidad: una flor barata que complementa y enriquece hasta a un ramo de rosas. Una persona que solo tiene dos o tres pesos en el bolsillo puede mostrar su respeto al muerto, llevando un ramito de ilusión al entierro.

Nos sorprendió que las chacras fueran tan pequeñas, unos pocos metros de ancho cada una. Las cinco no sumaron a más de una hectárea. No había ninguna casa cerca de las parcelas, que eran cultivadas por algún agricultor peri-urbano pero ausente, que confiaba en el lugar aislado para proteger a sus flores, escondidas en plena vista, desconcertando a los vecinos de la ciudad en el piso del valle. Cada cultivo, bien sea alimento, fibra o flor tiene su propio color único. Una persona que conoce y ama las plantas puede ver la diferencia entre ilusión y realidad a kilómetros de distancia.

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