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Honest farming November 19th, 2017 by

Vea la versión en español a continuación.

You can’t teach a skill that you don’t practice, yet many agricultural scientists try to do just that, lecturing at universities or writing extension messages without spending time a farm. So I was pleased this week to meet a scientist who was getting on-farm experience, and loving it.

My wife Ana and I met Dr. Alberto Centellas on the small farm, about a hectare, which he works with a business partner in the Cochabamba Valley, here in Bolivia. We heard that he sold fruit tree seedlings, and we went to buy some. I had barely closed the farm gate when Dr. Centellas walked up to me, wearing a grin and a straw hat. Without waiting for introductions, Dr. Centellas (“call me Alberto”) began to show us his projects, passionately explaining each one.

Dr. Centellas is Bolivian, but he earned his Ph.D. in Brazil, in temperate fruit production. Then he worked for Embrapa, the Brazilian agricultural research agency, for eight years, followed by another stint at Proinpa, an agricultural research organization in Bolivia. Now he teaches fruticulture at the university in Cochabamba. Teaching and administration don’t always leave much time to spend in the greenhouse, so to hone his agricultural skills, Alberto works on the farm every Saturday.

He had planted new varieties of apples from Brazil, bred to yield fruit in warm climates. After just two years the little trees were head-high. The orchard was enclosed in a large net to keep out the birds. “We won’t harvest anything if we let in the birds.”

The Tahiti lemon trees were full of bright, round green fruits the size of walnuts. “These are seedless. You can just wash them and drop them whole in the blender, rind and all. They are perfect for mixing with cachaça (the Brazilian cane liquor).”

Besides lemon and apple trees, he also has a collection of pears, avocados, peaches and cherimoyas.

Like a lot of researchers, Dr. Centellas is regularly invited to conferences in other countries. But he uses his trips as more than talking shops. He also collects tree varieties. “But only from research centers,” he hastens to add. He gets new tree varieties from reliable sources where the trees are certified and guaranteed to be healthy.

The farm is also a serious business, called Tecnoplant, and it is state of the art. Avocado tree seedlings are expertly grafted and growing in the protected cover of a tidy greenhouse. Other trees have been planted in a small orchard.

Avocados are tricky. Unlike many trees, each variety belongs to one of several pollination groups, including A, B and AB. They yield more if the varieties are grown in mixed groves. Dr. Centellas has carefully set out one row of the variety Fuerte, and one of the variety Lamb Hass. The little trees are watered with drip irrigation and growing under plastic mulch, to keep out the weeds. This is cutting edge tree culture.

I ask Dr. Centellas what motivates him to invest so much time and effort in the farm. I thought he might say something about boosting commercial fruit production, or contributing to agricultural development, but I was pleasantly surprised when he said “I was teaching other people how to farm, and then I got tired of them asking me how many trees I had on my own farm. And I would have to answer that I had none.”

It is more honest to teach techniques that one actually practices. Farming helps Dr. Centellas to understand the real problems that farmers face, making him a better teacher.

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EL AGRO HONESTO

por Jeff Bentley

No se puede enseñar una habilidad que uno no practica, aunque muchos científicos agrícolas tratan de hacer eso, dando clases en las universidades o escribiendo mensajes de extensión sin pisar tierra agrícola. Entonces me dio gusto esta semana conocer a un científico que sí ganaba experiencia agrícola, y le encantaba.

Con mi esposa Ana, conocimos al Dr. Alberto Centellas en la pequeña finca, tal vez una hectárea, que él trabaja con un socio en el Valle de Cochabamba, aquí en Bolivia. Habíamos escuchado que él vendía plantines de frutales, y fuimos a comprar. Yo apenas había cerrado el portón cuando el Dr. Centellas se me acercó, con una sonrisa y su sombrero de paja. Sin esperar que nos presentáramos, el Dr. Centellas (“llámeme Alberto”) empezó a mostrarnos sus proyectos, explicando cada uno con pasión.

El Dr. Centellas es boliviano, pero ganó su doctorado en el Brasil, en la fruticultura de climas templados. Luego trabajó para Embrapa, la agencia de investigación agrícola brasileña, por ocho años, seguido por un tiempo en Proinpa, una organización de investigación agrícola en Bolivia. Ahora enseña fruticultura en la universidad en Cochabamba. La docencia y la administración no siempre dejan mucho tiempo para estar en el invernadero, así que, para pulir sus habilidades agrícolas, Alberto trabaja en la finca todos los sábados.

Había plantado nuevas variedades de manzanos del Brasil, mejorados para dar fruta en climas calientes. Después de solo dos años los arbolitos estaban a la altura de unapersona. El huerto se encubría de una gran red contra los pájaros. “No cosecharemos nada si dejamos entrar a los pájaros.”

El limonero Tahití estaba lleno de brillantes frutos redondos y verdes, del tamaño de una nuez.  “No tienen semilla. Se los puede lavar y echarlos enteros al licuador, con todo y cáscara. Son perfectos para mezclar con cachaza (licor de caña brasileño).”

Además de limoneros y manzanos, él también tiene una colección de peros, paltos, durazneros y chirimoyas.

Como muchos investigadores, el Dr. Centellas es invitado frecuentemente a conferencias en otros países. Sin embargo, se aprovecha de sus viajes para hacer más que intercambiar información. También recolecta variedades de árboles. “Pero solo de los centros de investigación,” aclara. Recibe nuevas variedades de frutales de fuentes confiables, donde los arbolitos son certificados y garantizados de estar sanos.

La finca también es una empresa formal, llamada Tecnoplant, y es tecnología actualizada. Los plantines de palto están expertamente injertados y creciendo bajo la protección de un invernadero ordenado. Otros árboles se han plantado en un pequeño huerto.

El palto tiene sus mañas. A cambio de muchos otros árboles, cada variedad pertenece a uno de varios grupos de polinización, como el A, B y el AB. Rinden más si las variedades se cultivan en huertos mezclados. El Dr. Centellas ha cuidadosamente plantado un surco de la variedad Fuerte, y una de la variedad Lamb Hass. Los arbolitos se riegan por goteo y crecen bajo un mulch de plástico, para que no crezcan las malezas. Es lo último en la fruticultura.

Le pregunto al Dr. Centellas qué le motiva invertir tanto tiempo y esfuerzo en la finca. Pensé que diría algo sobre promover la fruticultura comercial, o contribuir al desarrollo agrícola, pero era una grata sorpresa cuando dijo “Yo enseñaba a la otra gente cómo tenían que producir ellos, y me aburrí de que me preguntaban cuántos árboles tenía yo en mi finca. Y yo tenía que responder que no tenía nada.”

Es más honesto enseñar las técnicas que uno realmente practica. El trabajar con sus árboles ayuda al Dr. Centellas a entender los problemas reales que enfrentan a los agricultores, y por eso es un mejor profesor.

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