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Food for outlaws December 24th, 2017 by

A law can have unintended consequences, as I learned recently at the national meeting of “Prosumidores” (producers + consumers) held in Cochabamba, Bolivia. This was the second annual meeting, to promote healthy, local food and family farming. The meeting brings together farmers and concerned consumers, and it was held in a grand old house in the city center. Half a dozen groups of organized farmers sat at tables in the entrance way, selling fresh chillies, local red apples, amaranth cookies, and some delicious whole wheat bread, little flasks of apple vinegar, among other unusual and wonderful products. A few had labels, but none had a list of their ingredients or nutritional qualities.

When the presentations started in the main room, most of the farmers stayed outside where potential customers were still looking at the goods.

Inside the large hall, one of the talks was by a government lawyer. She gave a helpful explanation of law 453, on the consumers’ food rights, signed in 2013. And while it has been the law of the land for four years, many consumers are unaware of it. Law 453 is a complex piece of legislation which aims to promote safe and healthy food and includes interesting bits such as “promoting education about responsible and sustainable consumption.” But the lawyer caught the most attention when she explained that the law required all food to have a label, listing the ingredients and the nutritional characteristics of the food.

That is when a perceptive woman from the audience rose to make a statement. “I’m opening a shop to sell agro-ecological foods, but if I adhere strictly to this law I won’t be able to buy products from the kinds of people who are selling just outside this door.”

There was a moment of stunned silence, because it was true. Few smallholders can design and print a label listing the nutritional qualities of their products. (For example, I bought some fresh, delicious whole-wheat bread at the meeting. Many people could write a list of ingredients in a home-made product like bread, but would not know how to list the calories or other nutritional qualities of the food).

The more food is regulated, the more difficult it will be for small producers to meet well-meaning standards. At this event, lawyer was unable to answer the storekeeper’s question. It seemed as if no one had noticed the potential legal difficulties for smallholders (even organized ones) to sell packaged food.

This law was written to keep consumers safe, and it was certainly never intended to prevent smallholders from selling their produce directly to consumers; organized peasant farmers are a key constituency of the current government. The anti-smallholder bias was simply an unintended consequence of the law, a bit of thoughtlessness.

In Bolivia many people still sell food on street corners and in open air markets. Bolivian laws are often statements of high ideals, but enforcement can be light, which in this case is a blessing in disguise. This law may yet have time to evolve so that it protects farmers as well as consumers.

Further viewing

Watch some videos that encourage farmers to produce safe, healthy food for market:

Turning honey into money

Making fresh cheese

Managing aflatoxins in groundnuts

Keeping milk clean and fresh

And many others on www.accessagriculture.org

COMIDA CONTRA LA LEY

Una ley puede tener consecuencias imprevistas, como aprendí recientemente en la reunión nacional de “Prosumidores” (productores + consumidores) celebrada en Cochabamba, Bolivia. Esta fue la segunda reunión anual para promover la comida saludable y la agricultura familiar local. La reunión reúne a agricultores y consumidores interesados, y se llevó a cabo en una gran casa antigua en el centro de la ciudad. Media docena de grupos de campesinos organizados se sentaron en mesas en la entrada, vendiendo ají fresco, manzanas rojas locales, galletas de amaranto y un delicioso pan de trigo integral, pequeños frascos de vinagre de manzana, entre otros productos inusuales y maravillosos. Algunas tenían etiquetas, pero ninguna tenía una lista de sus ingredientes o de sus cualidades nutricionales.

Cuando las presentaciones comenzaron en la sala principal, la mayoría de los agricultores se quedaron afuera, donde los clientes potenciales seguían mirando los productos.

Dentro del gran salón, una de las charlas fue realizada por una abogada del gobierno. Dio una explicación útil de la Ley 453, sobre los derechos alimentarios de los consumidores, firmada en 2013. La ley si tiene cuatro años, pero muchos consumidores no la conocen. La Ley 453 es una ley compleja que tiene como objetivo promover alimentos seguros y saludables e incluye elementos interesantes como ” informar o difundir programas de educación en consumo responsable y sustentable”. Pero la abogada más llamó la atención cuando explicó que la ley exigía que todos los alimentos tengan una etiqueta, con los ingredientes y las características nutricionales de los alimentos.

Fue entonces cuando una mujer perspicaz de la audiencia se levantó para hacer una declaración. “Estoy abriendo una tienda para vender alimentos agroecológicos, pero si yo sigo estrictamente a esta ley no podré comprar productos de como de las personas que están vendiendo justo afuera de esta puerta”.

Hubo un momento de silencio atónito, porque era cierto. Pocos campesinos pueden diseñar e imprimir una etiqueta que enumere las cualidades nutricionales de sus productos. (Por ejemplo, compré un pan fresco y delicioso de trigo integral en la reunión. Muchas personas podrían escribir un listado de los ingredientes de un producto casero como el pan, pero no sabrían cómo enumerar las calorías u otras cualidades nutricionales de la comida).

Cuanto más se regulen los alimentos, más difícil será para los pequeños productores cumplir con esos estándares bien intencionados. En este evento, la abogada no pudo responder a la pregunta de la mujer que abriría una tienda. Parecía que nadie había notado las posibles dificultades legales para los pequeños agricultores (incluso los organizados) para vender alimentos empaquetados.

Esta ley fue escrita para la seguridad de los consumidores, y por supuesto nunca pretendió evitar que los pequeños productores vendan sus productos directamente a los consumidores; los campesinos organizados son un electorado clave del gobierno actual. El prejuicio contra los pequeños propietarios era simplemente una consecuencia involuntaria de la ley, un poco irreflexiva.

En Bolivia, mucha gente aún vende alimentos en las esquinas de las calles y en mercados al aire libre. Las leyes bolivianas a menudo son declaraciones de altos ideales, pero la aplicación de la ley puede ser leve, lo que en este caso es una bendición disfrazada. Esta ley aún puede tener tiempo de evolucionar para proteger tanto a los agricultores como a los consumidores.

Para ver más

Vea algunos videos que alientan a los agricultores a producir alimentos seguros y saludables para el mercado:

Producir tarwi sin enfermedad

Manejo de aflatoxinas en el maní

Guardemos bien el maíz

La miel es oro

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