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Reading the mole hills January 6th, 2019 by

Vea la versión en español a continuación.

Smallholders constantly read the landscape for clues on how the year will go. Farmers’ weather knowledge guides them as they make decisions early in the year.  Predictions about when it will rain and how much let farmers know if they should plant early or late, or if they should prepare the low-lying fields or the high and dry ones.  Scientific weather forecasts are pretty accurate for up to a week, but less so for the next several months, which is what one needs to know when planning a crop.

I had heard about local weather forecasting before, but recently appreciated how farmers read natural signs of weather as a whole system of mutually reinforcing information. Farmers don’t read the weather indicators in isolation; each sign of nature reconfirms and supports the others.

While filming a video recently with Paul, Marcella and our colleagues from Prosuco, we visited Bernabé Choquetopa, an expert Aymara farmer of the southern Bolivian Altiplano, as he showed us several of the weather indicators he uses near his farm in Aroma, Oruro. It was November, early summer in the southern hemisphere, and all the signs suggested that it was going to be a dry year, with fairly low crop yields.

Don Bernabé showed us a bush, the t’ola, or khiruta (discussed in last week’s blog). He explained that the bush typically flowers in September and October. If the bush fills with yellow flowers, it will be a good year for his crops. But if early rains damage the bush’s blossoms in October, then his crops will suffer and yields will be low in March. Don Bernabé showed us how the khiruta on his farm was not flowering very well, predicting a poor year.

Bernabé doesn’t rely only on the khirtu flowers for his forecasts. At a small stream he showed us the moss floating on the water. He has observed that when the moss is green in November, there will soon be abundant rains, but this year the moss was brown, except for one small green spot. “It’s worrying,” don Bernabé said. “The rain will be irregular and it may not start until the end of January.”

But I was most impressed by don Bernabé’s observations of moles, called “tuju” in Aymara, which dig their burrows along the river bank. Don Bernabé showed us the openings to the mole’s nests, in the moist, sandy soil. Then he pointed out the highwater mark from the previous year. There was a line of sticks and bits of wood left high on the bank by last year’s flood water. This year, the moles were digging their burrows well below that line, not far above the level of the current, dry season water. Like the moss and the khiruta, the moles were predicting a dry year—not very good for the quinoa crop.

The moles are intriguing, because like the people, many animals also need to forecast the rains, for example, to know where to build their nests. An individual mole that could somehow foretell the water level would have an adaptive advantage. The moles that could anticipate the water level would be selected for.

This folk meteorology could and should be scientifically validated. The method would be easy enough: document local forecasts and then record the weather over the year and compare the outcomes to the predictions. My colleagues at Prosuco in Bolivia are now doing this important research, in full collaboration with the expert farmers who know how to predict the weather. Don Bernabé for his part is writing a book to keep his vital knowledge alive.

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To see the future

Scientific name

The tuju is not really a mole; it is the highland tuco-tuco, Ctenomys opimus, a rodent of the Ctenomydae family.

LEYENDO EL NIDO DEL TOPO

Por Jeff Bentley, 6 de enero del 2019

Los campesinos leen el paisaje constantemente para encontrar pistas sobre cómo va a ir el año. Los conocimientos meteorológicos de los agricultores los guían en la toma de decisiones a principios de año.  En base a predicciones sobre cuándo y cuánto va a llover los agricultores saben si deben sembrar tarde o temprano, o si deben preparar sus chacras bajas o las tierras altas y secas.  Los pronósticos científicos del tiempo son bastante precisos hasta para una semana, pero menos para los próximos meses, que es lo que se necesita saber al planificar un cultivo.

Yo ya había oído hablar de los pronósticos locales, pero hace poco pude apreciar cómo los agricultores leen las señales naturales del tiempo como un sistema integral de información que se refuerza mutuamente. Los agricultores no leen los indicadores meteorológicos de forma aislada; cada seña de la naturaleza reconfirma y apoya a las demás.

Mientras filmábamos un video con Paul, Marcella y nuestros colegas de Prosuco, visitamos a Bernabé Choquetopa, un experto agricultor aymara del sur del Altiplano boliviano, quien nos mostró varios de los indicadores naturales que él usa cerca de su casa en Aroma, Oruro. Era noviembre, principios del verano en el hemisferio sur, y todas las señales indicaban que iba a ser un año seco, con cosechas bajas.

Don BernabĂ© nos mostrĂł un arbusto, el t’ola, o khiruta (discutido en el blog de la semana pasada). ExplicĂł que el arbusto suele florecer en septiembre y octubre. Si el arbusto se llena de flores amarillas, será un buen año para sus cosechas. Pero si las lluvias tempranas dañan las flores del arbusto en octubre, entonces sus cosechas se verán afectadas y los rendimientos serán bajos en marzo. Don BernabĂ© nos mostrĂł cĂłmo el khiruta en su lugar no estaba floreciendo muy bien, prediciendo un mal año.

BernabĂ© no confĂ­a sĂłlo en las flores de khirtu para sus pronĂłsticos. En una pequeña quebrada nos mostrĂł el musgo flotando en el agua. Él ha observado que cuando el musgo estĂ© verde en noviembre, pronto habrá abundantes lluvias, pero este año el musgo era color cafĂ©, excepto por una pequeña mancha verde. “Es preocupante”, dijo don BernabĂ©. “La lluvia será irregular y puede que no empiece hasta finales de enero.”

Pero me impresionaron mucho las observaciones de don BernabĂ© de los topos, llamados “tuju” en aymara, que excavan sus madrigueras cerca de la orilla del rĂ­o. Don BernabĂ© nos mostrĂł las puertas de los nidos de los topos, en el suelo hĂşmedo y arenoso. Luego señalĂł la marca de agua alta del año anterior. HabĂ­a una lĂ­nea de palos y trozos de madera en lo alto de la orilla por el agua de la inundaciĂłn del año pasado. Este año, los topos estaban cavando sus nidos muy por debajo de esa lĂ­nea, no muy por encima del nivel del agua actual de la Ă©poca seca. Al igual que el musgo y el khiruta, los topos predijeron un año seco, no muy bueno para el cultivo de quinua.

Los topos me intrigaban, porque al igual que la gente, muchos animales también necesitan pronosticar las lluvias, por ejemplo, para saber dónde construir sus nidos. Un topo individual que de alguna manera pudiera predecir el nivel del agua tendría una ventaja adaptativa. Se seleccionarían los topos que podrían anticipar el nivel del agua.

Esta meteorología popular podría y debería ser validada científicamente. El método sería bastante fácil: documentar los pronósticos locales y luego registrar el tiempo a lo largo del año y comparar los resultados con las predicciones. Mis colegas de Prosuco en Bolivia están haciendo esta importante investigación, en plena colaboración con los agricultores que saben leer las señas de la naturaleza. Don Bernabé, por su parte, está escribiendo un libro para mantener vivos sus conocimientos vitales.

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Para ver el futuro

Nombre cientĂ­fico

El tuju no es un topo de verdad, sino el tuco-tuco de la puna, Ctenomys opimus, un roedor de la familia Ctenomydae.

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