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El Ceibo: good farmers, good chocolate June 9th, 2024 by

Vea la versión en español a continuación

Chocolate has been getting a bad rap lately, for everything from deforestation to child labor and underpaid farmers who grow the cacao and never taste the chocolate. Fortunately, that’s not how they grow cacao in Bolivia.

I’ve been hearing about El Ceibo for 30 years. This umbrella organization of 47 cooperatives and over 1,300 cacao growers has been putting cocoa powder on Bolivian grocery shelves for some time, and in recent years they have been making fabulous chocolate bars. So, I was glad to get a chance to go spend a week with them not too long ago.

I went with José Luis Escobar, an agronomist who has known El Ceibo since the 1990s. El Ceibo’s headquarters are a campus of neat brick buildings, in the small town of Sapecho, in the Alto Beni region, La Paz, in the humid tropics of the Bolivian lowlands. The campus has offices, a lab, and meeting rooms, but also buildings to process cacao, and solar dryers with wheels so the drying cacao beans can be quickly rolled under a roof during a sudden shower. The walkways between the buildings are lined with cocoa trees with beautiful red, purple or golden pods.

Javier Marino, the sub-director of Ceibo’s technical wing (PIAF), showed us their nursery, also in Sapecho. Javier grew up on a nearby cocoa farm. After going away to get a degree in agronomy, he came back home and began to work at El Ceibo. 95% of Ceibo’s employees are cooperative members, or their children or grandchildren.

At the nursery, workers (all from cocoa-growing families) were busy mixing soil, sand and compost to fill the plastic bags to plant cocoa seeds. To meet the growing demand for cacao trees, El Ceibo is planning to sell half a million cocoa seedlings this year. The cocoa seedlings are of varieties that tolerate diseases like monilia, caused by a fungus. Tolerant varieties help farmers produce organic chocolate, without chemicals. Ceibo is also building a factory to produce biological fungicides and organic fertilizers.

El Ceibo has more than 10 extensionists, many of whom are cacao farmers, as well as professional agronomists. The extensionists visit each of the cooperatives that make up El Ceibo, and teach farmers to manage cacao and its diseases naturally. By nature, cocoa trees grow in the forest, in partial shade. The extensionists teach farmers to plant fruit and native forest trees among the cocoa. All the trees, even the cocoa, are pruned to let in light and air, to prevent diseases. El Ceibo agronomists explain to farmers that growing cacao with other trees also helps to manage the extreme temperatures of climate change.

El Ceibo maintains a model agroforestry plot at their nursery, where cacao grows under the rainforest trees. Some farmers have adopted agroforestry, but all of them have at least some forest trees growing among their cacao. Some of the trees are forest giants, so El Ceibo has a team of experts who visit farmers, to prune the tall trees. The pruners climb the trees safely, with ropes and harnesses. By cutting off the lower branches, the big trees cast just the right amount of shade, and the trees don’t have to be cut down. Years later, the trees can be harvested for timber, and then replanted.

All of this agronomy is paying off. In just eight years, El Ceibo has more than doubled its yield of organic cocoa, from an average of 450 pounds per hectare to 1000 (from 200 kilos to 450). To handle the increased volume, two years ago El Ceibo built a new collection center and processing plant near Sapecho. Trucks pull in with the harvested cacao beans, sent by the farmers. Before drying the cacao beans, El Ceibo ferments them in large wooden boxes, to bring out the best chocolate aromas, flavors and colors, and to get a higher price.

El Ceibo exports some cocoa butter through a German organic and fairtrade company, GEPA, and sells cocoa beans to chocolate-makers in Switzerland. But 70% of their production is for Bolivia. El Ceibo has a chocolate plant in the big city of El Alto, six hours away, staffed by grown children of cacao farmers.

Ceibo also has a shop, that opens onto a street in Sapecho, where you can buy general hardware, and special cacao-growing tools, besides the chocolate candies and cookies that El Ceibo produces. A sign in the shop reminds the cacao farmers that if they show their membership card they can buy the chocolates at a discount.

I met Jesús Tapia, a cacao-grower who has been a member of El Ceibo for 40 years. For the past two years he has also been the second vice-president of the board of directors. Like all of El Ceibo’s leaders, don Jesús was elected by the general membership. El Ceibo started 47 years ago, when a group of cocoa farmers decided that they could sell their own cocoa, and cut out the middlemen. These dealers would buy the cacao on credit, but could be slow coming back with the money. Cooperatives don’t always last very long, especially large umbrella organizations that bring together dozens of cooperatives. But here in Bolivia, the cacao farmers sell their produce at a fair price, create jobs for their co-op members, grow rainforest trees, and they have their own chocolate shop.

Acknowledgements

I’m indebted to José Luis Escobar, and to Misael Condori for introducing me to El Ceibo, and for their patient explanations. Thanks to José Luis Escobar and Paul Van Mele for reading and commenting on a previous version of this blog.

El Ceibo Cooperative Federation Ltd. (El Ceibo) has given technical assistance to its members since the 1980s. In 1993 El Ceibo created the Program to Implement Agroecology and Forestry (PIAF), which carries out research and development for the cooperatives.

Scientific name. Monilia is a disease caused by the fungus Moniliophthora roreri.

EL CEIBO: BUENOS AGRICULTORES, BUEN CHOCOLATE

Por Jeff Bentley, 9 de junio del 2024

Últimamente el chocolate tiene mala fama, desde la deforestación hasta el trabajo infantil y los agricultores mal pagados que producen el cacao sin jamás probar el chocolate. Afortunadamente, en Bolivia no se produce el cacao así.

Hace 30 años que oigo hablar de El Ceibo. Esta central de cooperativas, que agrupa a 47 cooperativas de base y más de 1.300 productores de cacao, lleva tiempo vendiendo cocoa en polvo y otros productos en sus tiendas y supermercados bolivianos. En los últimos años salieron con unas fabulosas barras de chocolate. Por eso me alegró tener la oportunidad de pasar una semana con ellos.

Fui con José Luis Escobar, un ingeniero agrónomo que conoce al Ceibo desde los años 90. La sede de El Ceibo es un campus de edificios bien construidos, de ladrillo, en el pueblo de Sapecho de la región de Alto Beni, La Paz, en el trópico húmedo de las tierras bajas bolivianas. El campus tiene oficinas, un laboratorio y salas de reuniones, pero también predios para procesar el cacao y secadores solares corredizos para meter los granos de cacao bajo techo rápidamente en caso de una lluvia sorpresiva. Las aceras entre los edificios están bordeadas de árboles de cacao con hermosas mazorcas rojas, moradas o doradas.

Javier Marino, el sub director del brazo técnico de El Ceibo (PIAF), nos mostró sus viveros, también en Sapecho. Javier es de la zona, y es hijo de productores de cacao. Tras egresarse como ingeniero agrónomo en la ciudad, volvió a casa y empezó a trabajar en El Ceibo. El 95% de los empleados de Ceibo son cooperativistas, o sus hijos o nietos.

En el vivero, los trabajadores (todos de familias cacaoteras) mezclan tierra, arena y abono para llenar las bolsas de plástico donde sembrar las semillas de cacao. Para satisfacer la creciente demanda de cacaoteros, este año El Ceibo venderá medio millón de plantines de cacao. Los plantines de cacao son de variedades que toleran enfermedades como la monilia, causada por un hongo. Las variedades tolerantes ayudan a los agricultores a producir chocolate ecológico, sin químicos. El Ceibo también está construyendo una fábrica para producir fungicidas biológicos y abonos orgánicos.

El Ceibo tiene más de 10 extensionistas. Muchos producen cacao, además de ser agrónomos profesionales. Los extensionistas visitan cada una de las cooperativas que componen El Ceibo y enseñan a los agricultores a manejar adecuadamente el cacao y sus enfermedades de forma natural. Por naturaleza, los árboles de cacao crecen en el bosque, en sombra parcial. Los extensionistas enseñan a los agricultores a plantar árboles frutales y forestales nativos entre el cacao. Todos los árboles, incluso el cacao, se podan para dejar entrar la luz y el aire, y así evitar las enfermedades. Los extensionistas de El Ceibo explican a los agricultores que cultivar cacao junto con otros árboles ayuda a manejar las temperaturas extremas del cambio climático.

Desde hace años, El Ceibo mantiene un modelo agroforestal en su vivero, donde el cacao crece bajo los árboles del bosque. Algunos agricultores han adoptado la agroforestería, pero todos tienen al menos algunos árboles forestales entre su cacao. Algunos de los árboles son gigantes del bosque; por eso El Ceibo tiene un equipo de expertos que visita a los agricultores para podar los árboles altos. Los podadores trepan a los árboles de forma segura, con lasos y arneses. Al cortar las ramas bajeras, los grandes árboles dan justo suficiente sombra y no es necesario talarlos. Años más tarde, los árboles pueden ser cosechados para madera y ser replantados.

Toda esta agronomía está dando sus frutos. En sólo ocho años, El Ceibo ha duplicado su producción de cacao ecológico, de un promedio de 45 quintales por hectárea a 10. Para manejar el mayor volumen, hace dos años El Ceibo construyó una nueva planta de acopio y de procesamiento de cacao húmedo, cerca de Sapecho. Llegan los camiones con cacao cosechado por sus agricultores. El cacao es fermentado en cajas de madera grandes, para resaltar los mejores aromas, sabores y colores del chocolate, y obtener un precio más alto.

El Ceibo exporta parte de la manteca de cacao a través de una empresa alemana de comercio justo y orgánico, GEPA, y vende granos de cacao a chocolateros de Suiza. Pero el 70% de su producción se destina a Bolivia. El Ceibo tiene una fábrica de chocolates en la gran ciudad de El Alto, a seis horas de distancia, donde trabajan los hijos e hijas mayores de los productores de cacao.

Ceibo también tiene una tienda, que da a una calle de Sapecho, donde se puede comprar ferretería en general y herramientas especiales para el cultivo del cacao, además de dulces y galletas de chocolate que El Ceibo produce. Un cartel en la tienda recuerda a los cacaocultores que si muestran su carnet de socio pueden comprar los chocolates con descuento.

Conocí a Jesús Tapia, un cultivador de cacao que es socio de El Ceibo desde hace 40 años. Desde hace dos años es también vicepresidente segundo de la junta directiva. Como todos los dirigentes de El Ceibo, don Jesús fue elegido por voto popular de los socios. El Ceibo nació hace 47 años, cuando un grupo de cacaocultores decidió vender su propio cacao y evitar a los intermediarios, que compraban la producción a crédito, pero tardaban en devolver el dinero. Las cooperativas no siempre duran mucho, sobre todo las grandes organizaciones que agrupan a docenas de cooperativas. Pero aquí, en Bolivia, los cultivadores de cacao venden sus productos a un precio justo, crean puestos de trabajo para sus cooperativas y afiliados, cultivan árboles de la selva tropical y tienen su propia chocolatería.

Agradecimientos

Estoy agradecido a José Luis Escobar y Misael Condori por hacerme conocer El Ceibo y por sus pacientes explicaciones. Gracias a José Luis Escobar y Paul Van Mele por leer y comentar sobre una versión previa de este blog.

La Central de Cooperativas El Ceibo R.L. (El Ceibo) ha dado asistencia técnica a sus afiliados desde los años 80. En el 1993 El Ceibo creó el Programa de Implementaciones Agro-ecológicas y Forestales (PIAF), el cual se encarga de la investigación y desarrollo para la central.

Nombre científico. La monilia es una enfermedad causada por el hongo Moniliophthora roreri.

 

Planting water May 5th, 2024 by

Vea la versión en español a continuación

If a drier world needs more water, we may have to plant it ourselves. So, last week I took a course on how to do that. It was taught by my friends at Agroecología y Fe, a Bolivian NGO, which is doing applied, practical research on ways to plant and harvest water.

As we learned on the course, if the land is gently sloping, 0 to 6%, and if the bedrock is made of soft stone, rainwater can soak into it. The mountain slopes above the valleys of Cochabamba are made of soft, sedimentary rock, especially sandstone and shale. Many of the aquifers are short, just a few kilometers. Water that permeates the bedrock may emerge as a spring not far downhill. And the slower the water runs off the land, the more moisture sinks in.

The NGO’s name means “Agroecology and Faith.” And it must have taken a leap of faith eight years ago when they began to convince the people of the village of Chacapaya, Sipe, about an hour and a half from the city of Cochabamba, that there was a way to “plant water,” for their homes and gardens.

Marcelina Alarcón and Freddy Vargas, who are both agronomists with Agroecology and Faith, had worked with the community for years, on agroecological gardening projects. Still, it took a year to convince the people that there was a way to bring in more water. It was only after the local people saw that their springs and streams were starting to dry up, that they eventually agreed to try planting water.

They started by observing their land, hiking uphill from the springs. The oldest people, who knew the land well, showed Marcelina and Freddy were the water soaked in, or at least, where it used to soak in, before most of the vegetation had been removed by grazing animals and by cutting firewood.

They identified a plateau above the village, with five long, gently sloping depressions. In one of these places, called San Francisco, they dug shallow trenches with small machinery to slow the water. The community members also met to sign a document promising that in San Francisco they would not:

  1. Graze livestock
  2. Cut firewood
  3. Burn vegetation, or
  4. Plow up land for farming

As I learned from Germán Vargas, Freddy’s brother and the coordinator of Agroecology and Faith, those four commitments are the key to planting water. It sounds like a lot to ask, but Bolivians are now cooking with natural gas, even in the countryside, so firewood is less important. Children are going to school and don’t have time to herd sheep and goats. Many families have moved to the city, or commute there to work. They may still come home to plant crops, but are less interested in plowing up remote land for new fields. All of this means that there is less pressure on marginal lands, and an opportunity to use them to generate water.

When the course participants visited San Francisco, most of the water infiltration trenches were still holding water, even though it had not rained for weeks. It was hard to believe that just seven years earlier, this land had been bare, hardpacked soil. Now it was covered with native plants. Small trees were growing, not just the qhewiñas that the people had planted recently, but other species that were sprouting on their own, like khishwara, as well as brush, and grasses, including needle grass. Reforestation has worked so well that in January of 2024, the community dedicated another of their highland pastures to planting water.

Below San Francisco, there is a steep rocky slope, and at the base of that, a small spring that collects water from the plateau. When we saw the spring, it was gushing with clear water. Freddy explained that in 2017 this spring produced 2.3 liters of water per second. Every year it varied, with the rainfall, but the spring tended to hold more water every year. In 2024 it was running at about 5 liters per second, twice as much water in seven years.

The water from the spring feeds a stream that passes through Chacapaya, and the community has built tanks and tubes to distribute the water for drinking, irrigation and for livestock. Fortunately, the water benefits two communities. Below Chacapaya, the water flows into the River Pancuruma, which is dry most of the year. However, there is water just below the surface, where the residents of Chawarani, a neighborhood of the small city of Sipe Sipe, had dug a shallow well into the riverbed. Thanks in part to the water running off of San Francisco, the well is full of clear, clean water.

In 2023, donors helped pay for a large water tank (about 830,000 liters) in Chawarani, now filled by a solar pump, serving the community. The local people provided the labor and local materials for the project.

In these times when everything seems to be going wrong, I was glad to see that water can be managed creatively. This is a first experience, and yes, it has outside funding, but it’s proof of concept. Communities in other semi-arid parts of the world with degraded pasture on sloping land have an opportunity to use damaged lands to plant and harvest water. This is important in a warmer, drier world.

Acknowledgements

Thanks to Ing. Germán Vargas, Ing. Marcelina Alarcón, and Ing. Freddy Vargas, who all work at Agroecología y Fe, for offering an excellent course, and for the inspiring work they do. This work is supported by Misereor, Trees for All, Wilde Ganzen Foundation, Helvetas, and Fundación Samay. Thanks also to Germán Vargas, Paul Van Mele, and Clara Bentley for reading and commenting on a previous version of this story.

Photos

The top photo is courtesy of Germán Vargas. The others are by Jeff Bentley.

Scientific names

Qhewiña is Polylepis spp. Khishwara is Buddleja spp. Needle grass is Stipa ichu.

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SEMBRAR AGUA

Por Jeff Bentley, 5 de mayo del 2024

Si un mundo más seco necesita más agua, quizá tengamos que sembrarla. La semana pasada asistí a un curso sobre cómo hacerlo. Lo impartieron mis amigos de Agroecología y Fe, una ONG boliviana que hace investigación aplicada y práctica sobre cómo sembrar, criar y cosechar agua.

Como aprendimos en el curso, si el terreno tiene una pendiente suave, del 0 al 6%, y si la piedra madre es blanda, el agua de lluvia puede infiltrarse. Las faldas de la cordillera alrededor de los valles de Cochabamba son de roca sedimentaria blanda, sobre todo arenisca y lutita. Muchos de los acuíferos son cortos, de unos pocos kilómetros. El agua que penetra la roca puede brotar en un manantial no muy lejos, cuesta abajo. Y si el agua corre más lento sobre la tierra, se infiltra más.

Los de la ONG Agroecología y Fe realmente mostraron algo de fe hace ocho años, cuando empezaron a convencer a los comuneros de Chacapaya, Sipe, a una hora y media de la ciudad de Cochabamba, de que había una forma de sembrar agua, para sus hogares y sus huertos.

Marcelina Alarcón y Freddy Vargas, ambos agrónomos de Agroecología y Fe, llevaban años trabajando con la comunidad en proyectos de huertos agroecológicos. Aun así, les costó un año convencer a la gente de que había una forma de traer más agua. Sólo después de que la gente viera que sus vertientes y ríos empezaban a secarse, quedaron en intentar sembrar y criar agua.

Empezaron por observar sus tierras, desplazándose cuesta arriba desde las vertientes. Los más ancianos, que conocían bien la tierra, mostraron a Marcelina y Freddy dónde se infiltraba el agua, o al menos, dónde solía infiltrarse, antes de que casi toda la vegetación había sido eliminada por el pastoreo y por la tala de leña.

Identificaron una meseta por encima de la comunidad, con cinco depresiones alargadas y suavemente inclinadas. En uno de estos lugares, llamado San Francisco, cavaron zanjas poco profundas con pequeña maquinaria para frenar el agua. Los miembros de la comunidad también se reunieron para firmar un documento en el que prometían que en San Francisco no harían lo siguiente:

  1. Pastorear animales
  2. Cortar leña
  3. Quemar vegetación, o
  4. Habilitar terreno para cultivos

Según aprendí de Germán Vargas, hermano de Freddy y coordinador de Agroecología y Fe, esos cuatro compromisos son la clave para sembrar agua. Parece mucho pedir, pero ahora los bolivianos cocinan con gas natural, incluso en el campo, así que la leña es menos importante. Los niños van a la escuela y no tienen tiempo para pastorear ovejas y cabras. Muchas familias se han trasladado a la ciudad o van allí para trabajar. A veces vuelven a sus lugares de origen para sembrar, pero están menos interesados en preparar tierras remotas para crear nuevas chacras. Todo esto significa que hay menos presión sobre las tierras marginales, lo cual es una oportunidad de usarlas para generar agua.

Cuando los participantes del curso visitaron San Francisco, la mayoría de las zanjas de infiltración todavía tenían agua, a pesar de que hacía semanas que no llovía. Era difícil creer que sólo siete años antes, esta tierra había sido un suelo desnudo y duro. Ahora estaba cubierto de plantas nativas. Crecían pequeños árboles, no sólo las qhewiñas que la gente había plantado recientemente, sino otras especies que habían nacido por sí solas, como el khishwara, y las t’olas (arbustos nativos), pastos, y la paja brava, La reforestación ha funcionado tan bien que, en enero de 2024, la comunidad dedicó otro de sus pastizales de altura a la siembra de agua.

Debajo de San Francisco hay una inclinación rocosa y, en su base, una pequeña vertiente que se alimenta con el agua de la meseta. Cuando vimos la vertiente, manaba un chorro de agua cristalina. Freddy nos explicó que en 2017 esta vertiente daba 2,3 litros de agua por segundo. Cada año variaba, con las lluvias, pero la vertiente tendía a tener más agua cada año. En 2024 llevaba unos 5 litros por segundo, el doble de agua hace siete años.

El agua de esta vertiente pasa por Chacapaya, donde la comunidad ha construido reservorios y un sistema de distribución en tubería para agua potable, riego y para animales domésticos. Felizmente, el agua beneficia a dos comunidades. Más abajo de Chacapaya, el agua desemboca en el Río Pancuruma, que está seco la mayor parte del año. Sin embargo, hay agua justo debajo de la superficie, donde los vecinos de Chawarani, un vecindario de la pequeña ciudad de Sipe, había excavado un pozo poco profundo, una galería filtrante, en el lecho del río. Gracias en parte al agua que fluye desde San Francisco, el pozo está lleno de agua cristalina y limpia.

En 2023, los donantes ayudaron a costear un gran depósito de agua (unos 830.000 litros) en Chawarani, que ahora se llena con una bomba solar y sirve a la comunidad. La población local aportó la mano de obra y los materiales locales para el proyecto.

En estos tiempos en que todo parece estar mal, me alegró ver que el agua puede manejarse de forma creativa. Se trata de una primera experiencia, y sí, tiene financiamiento externo, pero es una prueba de concepto. Los pueblos de otras zonas semiáridas del mundo con pastizales degradados en altura tienen la oportunidad de usar los terrenos dañados para sembrar y cosechar agua. Esto es importante en un mundo más caliente y más seco.

Agradecimientos

Gracias al Ing. Germán Vargas, Ing. Marcelina Alarcón, y al Ing. Freddy Vargas, quienes trabajan en Agroecología y Fe, por ofrecer un excelente curso, y por el inspirador trabajo que realizan. Este trabajo es apoyado por Misereor, Trees for All, Fundación Wilde Ganzen, Helvetas, y Fundación Samay. Gracias también a Germán Vargas, Paul Van Mele y Clara Bentley por leer y comentar una versión anterior de este artículo.

Fotos

La primera foto es cortesía de Germán Vargas. Las demás son de Jeff Bentley.

Nombres científicos

Qhewiña es Polylepis spp. Khishwara es Buddleja spp. Paja brava es Stipa ichu.

Previamente en el blog de Agro-Insight

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In the spirit of wine March 31st, 2024 by

Vea la versión en español a continuación  

While working at a vineyard in Spain, Enrique Carvajal thought of starting his own winery back home in Bolivia. Enrique was from the small town of Cliza, in Cochabamba, but he had spent most of his career working abroad, at different jobs from the USA to Tel Aviv. He would go out for a year or two, and send money home to his wife and family.

Enrique’s parents had always grown grapes in Bolivia, so he had long known how to make a rustic wine, but the Spanish vineyard was unusual. It was associated with priests, and set up to make sacramental wine, some of which they sent to priests in other countries, which did not make their own wine. The experience gave him the idea that wine could be kind of a big deal.

In 2015, in his fifties, and back in Bolivia, don Enrique collected varieties, like white muscatel, shiraz, merlot and others. By 2021, he produced over 2000 liters. Over the years, Enrique has observed which vines produce a fine wine at his farm’s altitude, 2,800 meters, making it among the highest vineyards in the world. Enrique has also created a label, and given his vineyard a name, Medallón. Having a name was a marketing idea that Enrique learned in Spain, but the name “Medallón” comes from the different medals that his family’s peaches and apples have won in local fairs.

Don Enrique also innovates by cooperating with Cliza’s municipal government, which releases sterile fruit flies in the valley every Wednesday. Medallón is one of their release sites.

Don Enrique is proud that his family’s wine is natural. He doesn’t add any chemicals to it, he explains.

He shows my wife Ana and I, and some fellow visitors, a sample of his neat bottles, with red, white and rosé vintages. The newest ones sell for a modest 25 Bolivianos (just over 3 dollars), while the 11-year-old wines sell for 100 Bolivianos.

“I’m setting aside some wine every year, for my children and grandchildren to keep as long as possible,” don Enrique explains. This aged wine and a family business will be part of don Enrique’s legacy.

Enrique’s years in Spain gave him a vision of a different future, while his stay in Tel Aviv gave him an appreciation of the past. “When I lived in Tel Aviv, I was able to travel all over the Holy land,” don Enrique explains, adding sadly, “To the places where they are fighting now.”

“I visited Bethlehem and Jerusalem and Canaan, where Jesus performed his first miracle of turning water into wine.” He adds, “Wine is sacred.”

Enrique combined his grape-growing skills, learned at home, with some Spanish ideas for marketing an upscale product, and then experimented on his own with different grape varieties at high altitudes. Intangibles, like caring for the environment, wanting to leave something for the family, and finding a spiritual connection with one’s produce, all add meaning to his work.

Acknowledgements

Thanks to Enrique Carvajal, Ana Gonzáles, and Paul Van Mele for commenting on previous versions of this story.

EN EL ESPÍRITU DEL VINO

Por Jeff Bentley

31 de marzo del 2024

Mientras trabajaba en un viñedo en España, Enrique Carvajal pensó en montar su propia bodega en Bolivia. Enrique era de la pequeña ciudad de Cliza, en Cochabamba, pero había pasado la mayor parte de su carrera trabajando en el extranjero, en distintos empleos desde los Estados Unidos a Tel Aviv. Se iba por uno o dos años y enviaba dinero a su mujer y a su familia.

Los padres de Enrique siempre habían cultivado la vid en Bolivia, así que él sabía desde hacía tiempo cómo hacer un vino rústico, pero el viñedo español era distinto. Estaba asociada a unos curas quienes elaboraban vino sacramental, parte del cual enviaban a sacerdotes de otros países, donde no se elaboraba su propio vino. La experiencia le dio la idea de que el vino podía ser algo importante.

En 2015, ya cincuentón y de vuelta en Bolivia, don Enrique recolectó variedades, como moscatel blanco, shiraz, merlot y otras. Para 2021, solía producir más de 2000 litros por año. A lo largo de los años, Enrique ha observado qué cepas producen un buen vino a la altitud de su finca, 2.800 metros, lo que la sitúa entre los viñedos más altos del mundo. Enrique también ha creado una etiqueta y ha dado nombre a su viñedo, Medallón. Tener un nombre fue una idea de marketing que Enrique aprendió en España, pero el nombre “Medallón” viene de las diferentes medallas para los duraznos y manzanas que su familia ha ganado en ferias locales.

Don Enrique también innova colaborando con la alcaldía de Cliza, que libera moscas de la fruta estériles en el valle todos los miércoles. Medallón es uno de sus lugares de liberación.

Don Enrique está orgulloso de que el vino de su familia sea natural. No le añade ningún producto químico, él explica.

Nos enseña a mi mujer Ana y a mí, y a otros visitantes, una muestra de sus elegantes botellas, con vinos tintos, blancos y rosados. Las más nuevas se venden a sólo 25 bolivianos (poco más de 3 dólares), mientras que las de 11 años cuestan 100 bolivianos.

“Cada año reservo algunas botellas de vino para que mis hijos y nietos las conserven lo más que puedan, explica don Enrique. Este vino añejo y un negocio familiar formarán parte del legado de don Enrique.

Los años que Enrique pasó en España le dieron una visión nueva del, mientras que su estancia en Tel Aviv le hizo apreciar el pasado. “Cuando vivía en Tel Aviv, pude viajar por toda la Tierra Santa”, explica don Enrique, y añade con tristeza: “A los lugares donde ahora están peleando”.

“Visité Belén y Jerusalén y Canaán, donde Jesús hizo su primer milagro de convertir el agua en vino”. Y añade: “El vino es sagrado”.

Don Enrique combinó sus conocimientos sobre el cultivo de la vid, aprendidos en casa, con algunas ideas españolas para comercializar un producto de alta gama, y luego experimentó por su cuenta con distintas variedades de uva a gran altitud. Los intangibles, como el cuidado del medio ambiente, el deseo de dejar algo a la familia y la búsqueda de una conexión espiritual con los propios productos, añaden significado a su trabajo.

Agradecimiento

Agradezco a Enrique Carvajal, Ana González y Paul Van Mele por leer y comentar sobre versiones previas de este relato.

Videos to encourage agroecology February 4th, 2024 by

Agrochemicals can be sold, but agroecology often has to be shared for free.  In 2012, Access Agriculture (a non-profit) began to offer free videos on agroecology for farmers. A recent review of 244 digital tools found that Access Agriculture was one of only three that offered advice to smallholders on a wide range of agroecological principles, using exemplary extension features, such as options in various languages.

In 2021 we held an online survey of the users of Access Agriculture, to find out how people were using and sharing the videos and other information. They could take the survey in English, French, or Spanish, and 2976 people did so. Most of the respondents (83%) were living in Africa, where Access Agriculture started, suggesting that there is scope to expand in Latin America and Asia. Most survey takers were extensionists, educators (who show videos in class) and farmers themselves, who are increasingly getting online.

Access Agriculture makes an effort to feature female-friendly innovations and to film women farmers (as well as men). Still, 84% of the respondents were men. This is partly because women have less access to phones and to Internet, but the videos do reach women. Many of the extensionists who were surveyed use the videos with organized groups of women farmers.

The survey asked how the videos had made a difference in farm families’ lives. Answers were multiple choice, and more than one response was allowed. Choices were randomised so that each respondent saw them in a different order, so as not to favour the first items on the list. The top response, “better yield” garnered almost 50% of the responses. This suggests that strengthening farmers’ knowledge on agroecology, through the videos, can improve farmers’ yields, an idea that is currently debated.

The other frequent answers suggest that the videos promote productive, sustainable agriculture. “Improved pests, disease and weed management”, “better soil health and soil fertility”, and “better produce” were all noted by over 40% of respondents. Only 1% thought that the videos had made no impact on farmers’ lives.

Three quarters (72%) of the farmers who download the videos also share them. Farmers would only do this if they found the videos useful. The survey estimated that since 2015, the videos reached 90 million people, mainly by mass media. That is partly because the videos are professionally filmed, and TV stations can request the broadcast quality versions and play them on the air. Radio stations also broadcast the soundtracks, which are easily downloadable. From 2012 to 2021, four million people were reached by smaller programs, often screening videos in the villages.

Smart phones make it easy to share links to videos. Over half (51%) of the respondents shared the videos this way, reaching nearly five thousand (4927) organizations. By 2021, Access Agriculture had videos in 90 languages. However, only 55% of the survey respondents knew about these other language versions. As a result, by 2024, Access Agriculture had made local language versions easier to find online. In 2021, the Access Agriculture interface was only in three languages. Now it is in six, as Hindi, Bengali and Portuguese have joined English, French and Spanish. Access Agriculture also begun to list the video title and written summary in the language of each version, not just in the languages of the interface. Now users can find videos by entering search words in languages like Kiswahili, Telegu and Quechua.

The farmers (and others) who took our survey are people who can afford the airtime to take an online survey. They are literate in English, French or Spanish, because they have had a formal education. But with time, smart phones will become less expensive to use. As today’s youngest farmers mature, they will also bring more digital skills into the farming community. The next decade will make these videos even more accessible for farmers, extensionists and others, in ways we can scarcely imagine now.

Agroecology relies on techniques such as crop rotation, organic fertilizer, and natural enemies of plant pests. Many of these practices cannot be bought and sold. They depend on knowledge that can be conveyed online, by extensionists, and in schools. Videos in many languages can effectively share agroecology with farmers, for free, on the Internet.

Previous Agro-Insight blogs adapted from the online survey

Staying grounded while on the air in Ghana

A greener revolution in Africa

Teaching the farmers of tomorrow with videos

Further reading

Our online survey:

Bentley, Jeffery, Paul Van Mele, Flora Chadare, and Mahesh Chander. 2022. Videos on agroecology for a global audience of farmers: An online survey of Access Agriculture. International Journal of Agricultural Sustainability 20(6):1100-1116.

The review of digital tools:

Burns, Sessie, Kyle M. Dittmer, Sadie Shelton, and Eva Wollenberg. 2022. Global digital tool review for agroecological transitions. Agroecological TRANSITIONS: Inclusive Digital Tools to Enable Climate-informed Agroecological Transitions (ATDT). Cali, Colombia: Alliance of Bioversity & CIAT.

 

After the camera leaves December 24th, 2023 by

At Agro-Insight, we make a lot of videos with farmer-experimenters. But experimentation can go on for years, even after we have wrapped up our video. We film many innovations that farmers have honed after learning about them from agronomists. Capturing those practices on a video makes them seem permanent. But the farmers and their extensionists keep reworking the ideas, after the video is filmed, as I saw recently in Kiphakiphani, near Viacha, in the high country around La Paz, Bolivia.

In December I was at a large, annual meeting of the McKnight Foundation. Our hosts, local research-&-development agencies, had brought in farmers from across the vast Altiplano, to a “technology fair,” where the farmers showed off their current innovations. Many of the participants were farmers who have appeared on previous videos of ours. It was a chance to catch up.

In 2018, we filmed Milton Villca, an extensionist, and farmers from the community of Chita, near Uyuni in southern Bolivia, planting live barriers to stop devastating wind erosion in quinoa fields. At the time we filmed the community, they showed us how to gather the tiny seeds of native brush, t’ola, using plastic basins. The community members worked so well and so fast that they clearly had a lot of experience gathering the tiny seeds. But anything can be improved.

At the stand I visited in 2023, five years after filming, they described a better way to collect millions of tiny seeds, with a big vacuum cleaner, powered by electricity from a car battery.

In 2018, Chita was planting windbreaks with seedlings raised in another community. But now the people of Chita have their own nursery, and they are growing and planting many more of these native t’ola plants in the fight to keep their farmland from blowing away.

In 2022, Farmers from Cebollullo, in a warm valley of La Paz, showed us how to make enriched biofertilizer, for a video. As farmer Freddy Rivero explained at the technology fair in late 2023, they also make other inputs, like a liquid ash mix, bokashi and Bordeaux mix. None of these were developed locally. As Freddy said of the Bordeaux mix “The French invented this as a fungicide for their grape vines”. But using these organic products instead of agrochemicals is still a big change for Cebollullo, where most farmers rely on agrochemicals to produce truckloads of onions and lettuce for the large wholesale markets of La Paz and El Alto, two of Bolivia’s biggest cities.

Before adopting biofertilizers, the farmers of Cebollullo had a problem. Their crop yields were declining while agrochemical costs kept going up. Now the farmers are making more money producing vegetables with organic inputs. “Of 120 of us, 22 farmers are now using these organic inputs,” Freddy said.

I asked him why more farmers were not using the alternatives to chemicals. “Because we only started using them ourselves, a year ago,” Freddy said. Actually, it was more like two years ago, but now farmers like don Freddy are showing their neighbors in Cebollullo that the alternatives to chemicals really work. Freddy and his colleagues expect more farmers to start using the homemade fertilizers and fungicides in the next few years. If the agroecological farmers can farm profitably, it will gradually convince the neighbors to change from chemicals to ecologically-sound farming.

Parts of our 2022 video on enriched biofertilizer were also filmed in Chigani Alto, a village on the shores of Lake Titicaca. The farmers from Chigani Alto, including Fernando Villca and Juana Martínez, showed us how they are using lots of other inventions as well, such as fertilizer made from earthworms. To teach Bolivian farmers how to rear earthworms, agronomist Maya Apaza is showing them videos from India and Bangladesh. The farmers in Bolivia are raising earthworms in one-meter by one-meter wooden boxes. They are also experimenting with the fertilizer derived from earthworms, comparing it side-by-side with chemical fertilizer, to see which one works best.

So the camera creates a record of farmer-agronomist collaboration, and the practical ideas they come up with together, but after the camera leaves, life goes on, and so does further innovation.

Further reading

For more on the t’ola plants and their scientific names see:

Bonifacio, Alejandro, Genaro Aroni, Milton Villca, and Jeffery W. Bentley 2023 Recovering from Quinoa: Regenerative Agricultural Research in Bolivia. Journal of Crop Improvement 37(5): 687-708. https://doi.org/10.1080/15427528.2022.2135155

Previous Agro-Insight blogs

Recovering from the quinoa boom

Organic leaf fertilizer

Watch the videos we made in Bolivia

Living windbreaks to protect the soil

Making enriched biofertilizer

The videos on earthworms from South Asia

The wonder of earthworms

Making a vermicompost bed

Acknowledgements

The technology fair in December 2023, was organized by the Proinpa Foundation, Prosuco, and the Public University of San Andrés (UMSA). The experiments in Chita, with soil conservation, was conducted by Proinpa, and the biofertilizer innovations were led by Prosuco. This work was supported by the McKnight Foundation’s Global Collaboration for Resilient Food Systems.

DESPUÉS DE GUARDAR LA CÁMARA

En Agro-Insight, hacemos muchos videos con agricultores experimentadores. Pero la experimentación puede durar años, incluso después de que hayamos terminado nuestro video. Muchas de las innovaciones que filmamos han sido pulidas por los agricultores después de haberlas aprendido de los agrónomos. Capturar esas prácticas en un video las hace parecer permanentes. Pero los agricultores y sus extensionistas siguen reelaborando las ideas, después de que se filma el video, como vi recientemente en Kiphakiphani, cerca de Viacha, en el altiplano de La Paz, Bolivia.

En diciembre estuve en una gran reunión anual de la Fundación McKnight. Nuestros anfitriones, agencias bolivianas de investigación y desarrollo, habían traído agricultores de todo el vasto Altiplano a una “feria tecnológica”, donde los agricultores mostraban sus innovaciones actuales. Varios de los participantes eran agricultores que han aparecido en videos anteriores nuestros. Fue una oportunidad para ponernos al día.

En 2018, filmamos a Milton Villca, un extensionista, y a agricultores de la comunidad de Chita, cerca de Uyuni en el sur de Bolivia, mientras plantaban barreras vivas para detener la devastadora erosión del viento en los campos de quinua. En ese momento, en la comunidad, nos mostraron cómo recolectar las pequeñísimas semillas de arbustos nativos, las t’olas, usando fuentes de plástico. Los miembros de la comunidad trabajaban tan bien y tan rápido que claramente tenían mucha experiencia recolectando las semillitas. Pero todo se puede mejorar.

En el stand que visité en 2023, cinco años después de la filmación, mostraron que habían descubierto una mejor manera de recolectar millones de semillas chiquitas, con una aspiradora grande, alimentada por electricidad de una batería de automóvil.

En 2018, Chita estaba plantando rompevientos con plántulas cultivadas en otra comunidad. Pero ahora la gente de Chita tiene su propio vivero y está cultivando y plantando muchas más de estas plantas nativas de t’ola en la lucha para evitar que sus tierras se las lleve el viento.

En 2022, los agricultores de Cebollullo, en un cálido valle de La Paz, nos mostraron cómo hacer biofertilizante enriquecido, para un video. Como explicó el agricultor Freddy Rivero en la feria tecnológica a fines de 2023, también elaboran otros insumos, como una mezcla de ceniza líquida, bokashi y caldo bordolés. Ninguno de estos fue desarrollado localmente. Como dijo don Freddy acerca del caldo bordolés: “Los franceses lo inventaron como fungicida para sus vides”. Pero usar estos productos orgánicos en lugar de agroquímicos sigue siendo un gran cambio para Cebollullo, donde la mayoría de los agricultores confían en los agroquímicos para producir camionadas de cebollas y lechugas para los grandes mercados mayoristas de La Paz y El Alto, dos de las ciudades más grandes de Bolivia.

Antes de adoptar biofertilizantes, los agricultores de Cebollullo tenían un problema. Sus rendimientos agrícolas estaban disminuyendo mientras los costos de los agroquímicos seguían subiendo. Ahora los agricultores están ganando más dinero produciendo verduras con insumos orgánicos. “De 120, 22 agricultores ahora usamos estos insumos orgánicos”, dijo Freddy.

Le pregunté por qué no más agricultores usaban las alternativas a los químicos. “Porque nosotros mismos solo comenzamos a usarlos, hace un año”, dijo Freddy. En realidad, fue más como hace dos años, pero ahora agricultores como don Freddy están mostrando a sus vecinos en Cebollullo que las alternativas a los químicos realmente funcionan. Freddy y sus colegas esperan que más agricultores comiencen a usar los fertilizantes y fungicidas caseros en los próximos años. Si los agricultores agroecológicos pueden cultivar de manera rentable, convencerán gradualmente a los vecinos de que pasen de los químicos a una agricultura ecológicamente responsable.

Partes de nuestro video de 2022 sobre biofertilizante enriquecido también se filmaron en Chigani Alto, un pueblo a orillas del lago Titicaca. Los agricultores de Chigani Alto, como Fernando Villca y Juana Martínez, nos mostraron cómo usaban otros inventos también, como un fertilizante hecho de lombrices de tierra. Para enseñar a los agricultores bolivianos a criar lombrices de tierra, la agrónoma Maya Apaza les muestra videos de India y Bangladesh. Los agricultores en Bolivia están criando lombrices de tierra en cajas de madera de un metro por un metro. También están experimentando con el fertilizante derivado de las lombrices de tierra, comparándolo lado a lado con el fertilizante químico, para ver cuál funciona mejor.

La cámara crea un registro de la colaboración entre agricultores y agrónomos, y las ideas prácticas que se les ocurren juntos. Pero después de que la cámara se guarda, la vida continúa, igual que la innovación.

Lectura adicional

Sobre las t’olas y sus nombres científicos:

Bonifacio, Alejandro, Genaro Aroni, Milton Villca, and Jeffery W. Bentley 2023 Recovering from Quinoa: Regenerative Agricultural Research in Bolivia. Journal of Crop Improvement 37(5): 687-708. https://doi.org/10.1080/15427528.2022.2135155

Previamente en el blog de Agro-Insight

Recuperándose del boom de la quinua

Abono foliar orgánico

Ver los videos que filmamos en Bolivia

Barreras vivas para proteger el suelo

Cómo hacer un abono biofoliar

Los videos del Sur de la Asia sobre la lombriz de tierra

La maravillosa lombriz de tierra

Haciendo una lombricompostera

Agradecimientos

La feria de prácticas y tecnologías agroecológicas en diciembre del 2023 se organizó por la Fundación Proinpa, Prosuco, y la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). Los experimentos en Chita, con la conservación del suelo, se realizaron con Proinpa, y las innovaciones con el biofertilizante se hicieron con Prosuco. Este trabajo fue apoyado por la Colaboración Global para Sistemas Alimentarios Resilientes de la Fundación McKnight.

 

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