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Farming with trees January 19th, 2020 by

Vea la versión en español a continuación.

On a rocky hillside an hour from the city of Cochabamba, agronomist Germán Vargas points out a molle tree. It’s growing from a crack in a sandstone boulder with little or no soil. Native trees are well adapted to such conditions and don’t need much to survive, Germán observes.

Molle can be cut for good firewood, but it also casts an inviting shade, with a thick carpet of fallen leaves. Trees grown on farms also have multiple uses. Some have deep roots that bring up nutrients from beneath the top soil. Even in places like Cochabamba, with a long dry season, many trees stay green all year round. The trees have found water to keep their leaves moist, despite the bone-dry subsoil. Germán explains that farming with trees, or agroforestry, mimics natural forests, where rich soils are created without irrigation or fertilizer.

Four years ago, Germán and two colleagues bought some land to put their ideas on agroforestry into practice. They now have 1500 apple trees in a 4-hectare orchard, on a former onion farm, where the intensive use of chemical fertilizers and pesticides had depleted the soil of nutrients.

Germán and his friends bought some apple seedlings from a local nursery. They chose improved Brazilian apple varieties, such as Eva and Princesa, which do well in the highland tropics of South America, where it can get cool, but does not freeze.

Germán and his colleagues plant a few more trees every year. They start each new planting by digging a trench every two to three meters (depending on the slope), to let water infiltrate the soil. They throw the soil just uphill of the trench to create a barrier, slowing down the runoff of water and trapping sediment.

Germán is careful not to scrape the soil surface with hand tools; the top soil is so thin that rough handling could remove it all. They add a little compost to the soil, mimicking a natural forest, where fallen leaves and trees rot and release nutrients back into the soil. However, forests also have an understory, so potatoes, maize, lettuce, amaranth, rye and other plants are sown between the trees. After planting the vegetables, a straw mulch keeps down the weeds.

Other trees are planted among the apples, including natives like molle and exotic species, which are monitored to see if they can make a positive contribution. Germán brought seed of the chachafruto tree from Colombia, for example. The plant is adapting well. When the only date palm in Cochabamba, another non-native species, dropped a cluster of dates in a city park, Germán salvaged the seed and planted some on the farm. The non-fruit trees make useful leaf litter, adding nutrients and helping to keep the soil moist.

The apples were remarkably free of mildew, mites, fruit flies and other common pests, but even if they were to appear, Germán avoids using pesticides. The team managing the orchard makes a spray with cow manure, raw sugar, bone meal, sulfur, ash and lime. Reasoning that all stone has mineral nutrients, they add a little “rock flour,” made by grinding a soft, local, sedimentary stone (shale). A culture of beneficial microorganisms is added to ferment the mix in sealed drums. The agroforesters culture the microorganisms themselves, but they get the starting culture in the local forest, bringing in a few handfuls of fallen leaves that have started to decompose. The sulfur and the lime come from the farm supply store. This sulfur blend is sprayed about 5 times a year on the trees, and it seems to be working, since the apples have almost no pests, except for birds, and the annual plants are thriving.

This innovative agroforestry system needs regular attention and it is obviously a lot of work, especially at first, because it is established by hand, without machinery. Some of the radishes have gone to seed, and in a few beds the weeds are lush and healthy, waiting to be cut down for the next vegetable crop.

Farmers can learn from forests to make better use of water, conserve the soil and manage pest and disease naturally, thanks to the diversity of plants. Farming with trees can yield a good harvest of fruits and vegetables, while building and sustaining soils.

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Scientific names

The molle tree is Schinus molle

The chachafruto tree (widespread in South America) is Erythrina edulis

Note

Sulfur deficiency is a problem in apples. The symptoms are similar to nitrogen deficiency, including pale leaves. Sulfur deficiency can be corrected by sprays (Westwood 1993: 200-201).

Westwood, Melvin Neil 1993 Temperate-Zone Pomology: Physiology and Culture. Third edition. Portland, Oregon: Timber Press.

Acknowledgements

Thanks to Germán Vargas, Marcelina Alarcón and Freddy Vargas, the agroforesters. Germán is the executive administrator of the NGO Agroecología y Fe.

LA AGRICULTURA CON ÁRBOLES

En una ladera rocosa a una hora de la ciudad de Cochabamba, el ingeniero agrónomo Germán Vargas señala un molle. Crece en una grieta de una roca arenisca, con poca o ninguna tierra. Los árboles nativos están bien adaptados a estas condiciones y no necesitan mucho para sobrevivir, observa Germán.

El molle hace buena leña, pero también da una rica sombra, con una gruesa alfombra de hojas caídas. Los árboles en el agro también tienen múltiples usos. Algunos tienen raíces profundas que traen los nutrientes de debajo del suelo. Incluso en lugares como Cochabamba, con una larga época seca, muchos árboles se mantienen verdes durante todo el año. Los árboles han encontrado agua para mantener sus hojas húmedas, a pesar del subsuelo seco. Germán explica que la agricultura con árboles, o la agroforestería, imita a los bosques naturales, donde se crean suelos ricos sin irrigación ni fertilizantes.

Hace cuatro años, Germán y dos colegas compraron un terreno para poner en práctica sus ideas sobre agroforestería. Ahora tienen 1500 manzanos en un huerto de 4 hectáreas, en una antigua granja de cebollas, donde el uso intensivo de fertilizantes químicos y pesticidas había agotado los nutrientes del suelo.

Germán y sus compañeros compraron algunos plantines de manzana en un vivero local. Escogieron variedades mejoradas de manzanos brasileños, como Eva y Princesa, que se desarrollan bien en los trópicos de las alturas de América del Sur, donde puede hacer frío, pero no se congela.

Germán y sus colegas plantan unos pocos árboles más cada año. Comienzan cada nueva plantación cavando una zanja cada dos o tres metros (dependiendo de la pendiente), para dejar que el agua se infiltre en el suelo. Lanzan la tierra justo cuesta arriba de la zanja para crear una barrera, frenando el escurrimiento de agua y atrapando el sedimento.

Germán tiene cuidado de no raspar la superficie del suelo con herramientas; el suelo negro de la superficie es tan delgado que sin tener cuidado sería posible quitarlo todo. Añaden un poco de abono al suelo, imitando un bosque natural, donde las hojas y los árboles caídos se pudren y liberan nutrientes de nuevo al suelo. Sin embargo, los bosques también tienen un sotobosque, por lo que las papas, el maíz, la lechuga, el amaranto, el centeno y otras plantas se siembran entre los árboles. Después de plantar las verduras, un mantillo de paja mantiene las malas hierbas.

Entre las manzanas se plantan otros árboles, incluyendo especies nativas como el molle y especies exóticas, que son monitoreadas para ver si pueden hacer una contribución positiva. Germán trajo semillas del árbol de chachafruto de Colombia, por ejemplo. La planta se está adaptando bien. Cuando la única palmera datilera de Cochabamba, otra especie no nativa, dejó caer un racimo de dátiles en un parque de la ciudad, Germán recuperó algunas semillas y las plantó en la finca. Los árboles no frutales botan hojas, añadiendo nutrientes y ayudando a mantener el suelo húmedo.

Las manzanas estaban notablemente libres de mildiu, ácaros, moscas de la fruta y otras plagas comunes, pero incluso si aparecieran, Germán evita el uso de pesticidas. El equipo que maneja el huerto fumiga con un biol hecho de estiércol de vaca, chancaca, huesos molidos, azufre, cenizas y cal. Razonando que toda piedra tiene nutrientes minerales, le agregan un poco de “harina de roca”, hecha al moler una piedra sedimentaria suave, local (lutita). Para fermentar la mezcla, agregan un cultivo de microorganismos buenos a los tambores sellados. Los agroforestales cultivan sus propios microorganismos, pero obtienen la cultura inicial en el bosque local, trayendo unos pocos puñados de hojas caídas que han comenzado a descomponerse. Compran el azufre y la cal en la tienda agropecuaria. Fumigan el biol con azufre unas 5 veces al año en los árboles, y parece que funciona, ya que las manzanas casi no tienen plagas, excepto los pájaros, y las plantas anuales están prosperando.

Este innovador sistema agroforestal necesita atención regular y obviamente es mucho trabajo, especialmente al principio, porque se establece a mano, sin maquinaria. Algunos de los rábanos han empezado a echar semilla, y en algunas camas las hierbas silvestres son exuberantes y saludables, esperando ser cortadas para el siguiente cultivo de hortalizas.

Los agricultores pueden aprender de los bosques a hacer un mejor uso del agua, conservar el suelo y manejar las plagas y enfermedades de forma natural, gracias a la diversidad de plantas. La agricultura con árboles puede producir una buena cosecha de frutas y verduras, a la vez que construye y mantiene los suelos.

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Nombres científicos

El molle es Schinus molle

El chachafruto (árbol bien distribuido en Sudamérica) es Erythrina edulis

Nota

La deficiencia de azufre es un problema común en los manzanos. Los síntomas son parecidos a los de la deficiencia de nitrógeno, incluso las hojas pálidas. La deficiencia de azufre puede ser corregida con fumigaciones (Westwood 1993: 200-201).

Westwood, Melvin Neil 1993 Temperate-Zone Pomology: Physiology and Culture. Third edition. Portland, Oregon: Timber Press.

Agradecimientos

Gracias a Germán Vargas, Marcelina Alarcón y Freddy Vargas, por su ejemplo con la agroforestería. Germán es el administrador ejecutivo de la ONG Agroecología y Fe.

Toads for watermelon October 13th, 2019 by

The south coast of Jamaica is just right for growing watermelon, where I recently saw the fruit stacked under the shade trees in front of comfortable farm houses. Farmers can earn a tidy living from selling melons on the local market and to the hotels and resorts.

But the trick is to get enough water. In the dry season, a tanker truck will deliver 1000 gallons (almost 4,000 liters) for $50. Most of the farmers economize on water by using drip irrigation. For many years, farmers have saved on water by using mulch, made from the light-weight Guinea grass.

Professional crews cut and dry the grass, which is grown in small fields scattered among the patches of watermelon.  The grass crews lay out a neat carpet of mulch, which not only keeps the soil moist, but also suppresses weeds, and creates a soft, clean bed for the fruit to grow, so it develops an attractive, green rind all the way around the fruit. After harvest, the grass decomposes, enriching the soil with organic matter.

I learned about this while visiting Jamaican farmer Junior Dyer, with a group of colleagues. We asked when Junior watered his plants. He said at 9 or 10 AM. “I never water at night,” Junior explained, because if he does that frogs and toads come into the field to eat the insect pests, but then the amphibians stay for the night, digging holes into the moist soil and disturbing the roots. The frogs and toads still come and eat the insect pests when watering is done in the morning, but then they bed down on the edge of the field.

Junior also showed me some of his 13 beehives, which he moves around to pollinate his melons, cantaloupe and cucumbers. I asked Junior if he used insecticides to control major insect pests such as whiteflies, thrips and especially aphids, which transmit disease (like watermelon mosaic virus). He admitted, a bit reluctantly, that he did use insecticides. I asked how he managed that without killing his bees. Junior replied that he looks for insecticide labelled as bee-friendly. In truth, insecticides are never good for bees, but some are less toxic than others.

Junior’s extension agent, Jermaine Wilson, said that Junior belongs to a farmers’ group, but that the farmers had already observed on their own that toads and frogs are beneficial creatures. Farmers see them eating insects. Beneficial amphibians are an example of how valuable local knowledge often develops around a topic that is culturally important (like watermelon pests) and easy to observe (like toads eating bugs). I found it encouraging that Junior appreciated the frogs and toads, even though they tend to eat larger insects rather than the really small ones that are the main pests in Jamaican watermelon.

I admired the efficient system the Jamaicans have for producing watermelon, even though they still largely rely on insecticides, with little organic production. But the Jamaican farmers are moving in the right direction by encouraging frogs and toads, and beekeeping will certainly motivate them to further reduce insecticides. Watermelons are a fairly sustainable, commercial crop from family farms. The bees pollinate the melon flowers, and the fruit grows nestled in a bed of mulch, precision-watered with drip irrigation. It’s a nice blend of appropriate technology and local knowledge, with frogs and toads contributing along the way.

Acknowledgements

RADA (Rural Agricultural Development Authority) graciously hosted my visit to Saint Elizabeth Parish, Jamaica, as part of the 10th Annual Meeting of GFRAS (Global Forum for Rural Advisory Services).

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Native potatoes, tasty and vulnerable September 8th, 2019 by

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Of well over 4000 potato varieties, the great majority only grow in the Andes, a cordillera of great heights (with farming up to 4500 meters above sea level) and tropical latitudes (with little variation in daylight hours between summer and winter). Potato varieties adapted to these special conditions can rarely survive outside the Andes.

The native varieties are endangered, and if they disappear, they will take with them the genes that breeders need to create the varieties adapted to a changing world.

But the Andean farmers fear the extinction of native potatoes for other reasons. Near Cusco, Santiago Huarhua and Ernestina Huallpayunca, with their children, tell us that native potatoes are much nicer to eat than the modern varieties. The native potatoes are of many colors, even red and blue. They are floury and tasty. Don Santiago and doña Ernestina produce them only with natural fertilizer, which they say helps to preserve the potato’s special flavor. The couple grows the potatoes on the high mountain slopes above their village, while the so-called improved potatoes are white and are produced with chemical fertilizer, on the valley bottom.

Even though the family preserves native potatoes, they grow more of the improved ones, because of market demand, to make fried potatoes and chips. The native potatoes tend to be smaller and too dry to fry, but perfect for boiling.

Don Santiago says that when he was a child, there were many native potato varieties, more than he can remember, but now there are only five. He shows us where he keeps his seed potato. He has three shelves, each about one by two meters, enough to plant about 1500 square meters of each variety; that makes one small plot for each kind of potato. The survival of these vulnerable varieties depends on a few kilos of seed, curated by relatively isolated households.

In recent years, Peruvians have started to appreciate these little gourmet potatoes, and buy them. This new demand for native potatoes helps to ensure their survival, but varieties are still being lost. Yet native potatoes do have one thing in their favor: farmers like them more than other varieties.  

A note on potato varieties

The International Potato Center curates 4354 native potato varieties. Genebank.

Acknowledgments

Thanks to Ing. Raúl Ccanto, of the Grupo Yanapai, and to Ing. Willmer Pérez and Ing. Andrea Prado, both of the International Potato Center (CIP). They are writing a video script about native potatoes. I have learned a lot from them in a week of sharing and writing.  Our script writing course was generously supported by The McKnight Foundation’s Collaborative Crop Research Program (CCRP).

PAPAS NATIVAS, DELICIOSAS Y VULNERABLES

Por Jeff Bentley, 8 de septiembre del 2019

De las mucho más de 4000 variedades de papa, la gran mayoría solo viven en los Andes, una cordillera con grandes alturas (con agricultura hasta 4500 msnm) y latitudes tropicales (con poca variación de horas luz entre invierno y verano). Las variedades adaptadas a estas condiciones especiales raras veces sobreviven en otros lugares.

Las variedades nativas están en peligro de extinción, y si se desaparecen, llevarán consigo los genes que los fitomejoradores necesitarán para crear variedades aptas a un mundo cambiante.

Pero los agricultores andinos temen la extinción de la papa nativa por otras razones. Cerca de Cusco, Santiago Huarhua y Ernestina Huallpayunca, con sus hijos, nos explican que las papas nativas son mucho más ricas que las mejoradas. Las nativas son de muchos colores, hasta rojo y azul. Son harinosas y sabrosas. Don Santiago y doña Ernestina las producen solo con abono natural, que según ellos ayuda a preservar su sabor especial. Las cultivan en las alturas, en los cerros arriba de su comunidad, mientras las papas mejoradas son blancas, y se producen con fertilizante químico, en el piso del valle.

A pesar de que la familia preserva papas nativas, más producen papas mejoradas, porque es lo que el mercado demanda, para hacer papa frita. Las papas nativas tienden a ser pequeñas y no muy buenas para freír, pero perfectas para sancochar.

Don Santiago nos cuenta que cuando era un niño, había muchas variedades nativas. No se acuerda cuántas, pero ahora solo quedan cinco. Nos muestra donde guarda su papa, para semilla. Tiene tres estantes, cada uno de un metro por dos, suficiente para sembrar 1500 metros cuadrados de cada variedad; es una parcela pequeña para cada clase de papa. La sobrevivencia de estas variedades vulnerables depende de unos cuantos kilos de semilla, custodiadas por familias relativamente aisladas.

El preservar a las papas nativas será una actividad social. Nadie lo puede hacer solo. El público tendrá que aprender a apreciar estas papitas gourmet, y comprarlas. Los agricultores tendrán que tener acceso a la semilla de otros lugares cuando su papa se degenera y hay que cambiarla.

En los últimos años, los consumidores peruanos han empezado a querer a esas pequeñas papas gourmet. Esta nueva demanda para la papa nativa ayuda a asegurar su sobrevivencia, pero se siguen perdiendo variedades. Sin embargo, la mejor ficha que tienen las papas nativas es que los mismos agricultores las prefieren a las otras variedades.

Una nota sobre las variedades de papa

El Centro Internacional de la Papa conserva 4354 variedades de papa nativa. Genebank

Agradecimientos Agradezco al Ing. Raúl Ccanto, del Grupo Yanapai, y al Ing. Willmer Pérez y la Ing. Andrea Prado, ambos del Centro Internacional de la Papa (CIP). Ellos están escribiendo un guion para un video sobre las papas nativas. En una semana de convivencia y redacción he aprendido bastante de ellos.  Nuestro curso de redacción de guiones recibió el apoyo generoso del Programa Colaborativo de Investig

No word for legume September 1st, 2019 by

Vea la versión en español a continuación

I remember a story from grad school about a people in the Amazon Basin who had no word for “parrot”, because they knew the names of all the individual species of parrots.

I was reminded of that this week in Peru, where I was teaching a course on how to write fact sheets and video scripts for a popular audience.

My students are seasoned professionals, and one group was writing a fact sheet about planting legumes to fix nitrogen from the air, as a non-chemical way to improve the soil, a crucial concept for ecological agriculture. Along with the students, I struggled to say “nitrogen-fixing legumes” in words that everyone knows. “Nitrogen” was the easy part, it’s like urea fertilizer, which most smallholders know about.

But “legume” was trickier. It’s a botanical term. Like the parrot-watchers in the Amazon, smallholders in many parts of the world have a word for each species of legume, but no one word for all legumes.

“We could say ‘plants that produce pods.’” I suggested helpfully.

“No,” one of my students said, rejecting my idea out of hand.

That’s one of the advantages of teaching adults, the students know more than the teacher about a lot of topics. In this case, the student is an agronomist who has worked with farmers and legumes in northern Peru for a full career. He explained that some of the best legumes for fixing nitrogen, like alfalfa or the wild garrotilla, have pods so small that people fail to see them.

In the end, we wrote “legume” and then followed it with examples like beans and peas.

Then we drove out to the prosperous village of Piuray, about an hour from Cusco on the road to the Sacred Valley. The smallholders of Piuray value formal education. They are proud of their large, two-story school. Some of the local people work in the city as lawyers and engineers.

But after asking several local people to read our fact sheet, they often looked up and said “What’s a legume?”

Our examples had not been good enough to explain the concept. And there is no simpler word for legume. The simplest word for legume is “legume.”

This matters when writing for a global audience, because people all over the world, from Peru to Pakistan grow legumes, but different species.

In the end, the authors of this fact sheet realized that there was no short and simple way to say “nitrogen fixing legumes.” So they said “Legumes are plants like clover, lupin, vetch and alfalfa that capture nitrogen from the air in little nodules, which are pink or white balls or in the roots. The nitrogen is then used by the rest of the plant.”

Some terms have no simpler synonym, but they can be defined and explained, in words that everyone knows.  

Scientific names

Garrotilla is Medicago hispida

Acknowledgements

Thanks to Edgar Olivera and Ing. Alfredo Tito, both of the Grupo Yanapai, and to Dr. Ana Dorrego of the Centro de Investigación de Zonas Áridas (CiZA) of the Universidad Nacional Agraria La Molina and of LEISA, la Revista de Agroecología. They are writing a script for a video on pasture management. I have learned a lot from them in a week of working and writing together.  Our script writing course was generously supported by The McKnight Foundation’s Collaborative Crop Research Program (CCRP).

HACE FALTA UNA PALABRA PARA LEGUMINOSAS

por Jeff Bentley, 1 de septiembre del 2019

Recuerdo una historia de la universidad de posgrado sobre un pueblo en la Amazonía que no tenía una palabra para “loro”, porque conocían los nombres de cada especie de loro.

Me acordé de eso esta semana en el Perú, donde enseñaba un curso sobre cómo escribir hojas volantes y guiones de video para una audiencia popular.

Mis estudiantes son profesionales experimentados, y un grupo estaba escribiendo una hoja volante sobre el sembrar leguminosas para fijar el nitrógeno del aire, como una forma no química de mejorar el suelo, un concepto crucial para la agricultura ecológica. Junto con los estudiantes, luché para decir “leguminosas que finan nitrógeno” en palabras que todo el mundo conoce. El “nitrógeno” fue la parte fácil; es como la urea, que la mayoría de los campesinos conocen.

Pero “leguminosa” era más difícil. Es un término botánico. Al igual que los observadores de loros en la Amazonía, los pequeños agricultores en muchas partes del mundo tienen una palabra para cada especie de leguminosa, pero ninguna para todas ellas.

Sugerí “Podríamos decir ‘plantas que producen vainas'”.

“No”, dijo uno de mis estudiantes, rechazando de frente mi idea.

Esa es una de las ventajas de enseñar a los adultos; frecuentemente los estudiantes saben más que el profesor. En este caso, el estudiante es un ingeniero agrónomo que ha trabajado con agricultores y leguminosas en el norte del Perú durante toda su carrera. Explicó que algunas de las mejores legumbres para fijar el nitrógeno, como la alfalfa o la garrotilla silvestre, tienen vainas tan pequeñas que la gente no las ve.

Al final, escribimos “leguminosa” y luego la seguimos con ejemplos como frijoles y arvejas.

Luego nos dirigimos a la próspera comunidad rural de Piuray, a una hora de Cusco en el camino hacia el Valle Sagrado. Los pequeños agricultores de Piuray valoran la educación formal. Están orgullosos de su gran escuela de dos pisos. Algunos de los habitantes locales trabajan en la ciudad como abogados e ingenieros.

Pero después de pedirle a varias personas locales que leyeran nuestra hoja volante, a menudo levantaban la vista y decían “¿Qué es una leguminosa?”

Nuestros ejemplos no habían sido suficientes para explicar el concepto. Y no hay una palabra más sencilla para leguminosas. La palabra más simple para leguminosas es ” leguminosas”.

Esto es importante cuando se escribe para una audiencia global, porque gente de todo el mundo, desde Perú hasta Pakistán, cultiva leguminosas, pero especies diferentes.

Al final, los autores de esta hoja volante se dieron cuenta de que no había una forma corta y sencilla de decir “leguminosas que fijan nitrógeno”. Así que dijeron: “Las leguminosas son plantas como el trébol, el tarwi, la vicia, y la alfalfa que capturan el nitrógeno del aire a través de nódulos, que son bolitas rosadas o blancas en las raíces. Luego el nitrógeno es aprovechado por el resto de la planta.”

Algunos términos no tienen sinónimos más sencillos, pero pueden ser definidos y explicados, en palabras que todo el mundo conoce. 

Nombre científico

Garrotilla es Medicago hispida

Agradecimientos

Agradezco al Ing. Edgar Olivera y al Ing. Alfredo Tito, ambos, del Grupo Yanapai, y a la Dra. Ana Dorrego del Centro de Investigación de Zonas Áridas (CiZA) de la Universidad Nacional Agraria La Molina y de LEISA, la Revista de Agroecología. Ellos están escribiendo un guion para un video sobre el manejo de los pastos. En una semana de convivencia y redacción he aprendido bastante de ellos.  Nuestro curso de redacción de guiones recibió el apoyo generoso del Programa Colaborativo de Investigación sobre Cultivos (CCRP) de la Fundación McKnight.

What counts in agroecology August 18th, 2019 by

Vea la versión en español a continuación

Measuring the costs and benefits of a small farm can be harder than on a large one, especially if the small farm includes an orchard and makes many of its own inputs, as I saw on a recent visit to Sipe Sipe, near Cochabamba, Bolivia, where a faith-based organization, Agroecología y Fe (Agroecology and Faith) is setting up ecological orchards.

The director of Agroecology and Faith, Germán Vargas, explained that a forest creates soil, gradually building up rich, black earth under the trees, while agriculture usually exposes the soil to erosion. A farm based on trees, with organic fertilizer, and with vegetables growing beneath the trees, should be a way to make a profit while conserving the soil. 

Extensionist Marcelina Alarcón showed us the apple trees that she and local farmers planted in August, 2018. They started by terracing the one hectare of gently sloping land. In one week of hard work they built a 200,000 liter, circular water reservoir of stone and concrete (gravity-fed with stream water) to irrigate the terraces and three additional hectares. The cost was 64,000 Bs. ($9,275), which seems like a big investment, but similar reservoirs built 30 years ago are still working.

Lush beds of lettuce, cabbage, broccoli, wheat, onions (some plants grown for their seed) are thriving beneath the apple trees. When one crop is harvested another takes its place, in complex rotations over small spaces. No chemicals are used, but the group makes calcium sulphate spray and liquid organic fertilizers to improve the soil, prevent crop diseases and enhance the production and quality of the apples and vegetables.

The group has harvested vegetables four times and sold them directly to consumers at fairs organized by Agroecology and Faith for a total gross receipt of 4,380 Bolivianos ($635).

I was visiting the farm at Sipe Sipe with a small group organized by Agroecology and Faith and some of their allies. Some of the lettuce, onions and tomatoes from the farm end up in a tub during our visit, to make a salad for the visitors—part of a fabulous lunch (complete with fresh potatoes and mutton cooked underground) offered at a modest cost. Produce cooked on site and sold informally on the farm are probably not counted when estimating profitability. After the tour of the farm and before the lunch, Marcelina set up a table with some vegetables for sale. She was kept quite busy writing down each transaction as we bought small bags of tomatoes and other produce for amounts less than a dollar each.

The sale of half a kilo of tomatoes is as much work to document as the sale of twenty tons of rice. A small farm has many more sales than a large farm and it takes a lot of administrative work to keep track of produce that is not sold because it goes into seed, feed or onto the family table.

The cost:benefit of a conventional field is simpler to tabulate: so much labor, machinery, seed and chemicals, all purchased, and single crop yields measured with relative ease. Yet this doesn’t tell the whole story. Loss of soil due to erosion, or carbon and nitrogen to the atmosphere, or pollution from fertilizer run-off all have a cost, even if they are often dismissed as “externalities.”

An agroforestry system like the hectare of apples and vegetables we visited starts with a large investment in irrigation and terracing. Many of the inputs are labor, or home-made fertilizers, and their cost is not always counted. The apple trees have not yet borne fruit, and some of the vegetables may escape the bookkeeper’s tally. Yet here the “externalities” have a positive and valuable contribution: soil is being created, chemical pollution is nil, and livelihoods are enriched as local farmers, mostly women, learn to work together to produce healthy food to sell. Classical economic comparisons with conventional farms fail to take account of these benefits.

Even a small farm can have a lot to consider in estimating returns, with many crops and activities and environmental services. Until we learn to measure the environmental efficiency as well as financial profitability of agroforestry or agroecological farms properly, they will never look as good as they really are.

Further reading

A recent report from the FAO (the UN’s Food and Agriculture Organization) concludes that yield data is too poor a parameter to compare conventional (over-plowed, chemical intensive) agriculture with agroecology, a beyond-organic agriculture with soil conservation and respect for local communities.

HLPE Report on Agroecological and other innovative approaches for sustainable agriculture and food systems that enhance food security and nutrition. Extract from the Report: Summary and Recommendations (19 June 2019). Rome: FAO http://www.csm4cfs.org/summary-recommendations-hlpe-report-agroecology-innovations/

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LO QUE CUENTA EN LA AGROECOLOGÍA

Por Jeff Bentley, 18 de agosto del 2019

Medir los costos y los beneficios de una pequeña finca puede ser más difícil que en una grande, especialmente si la pequeña incluye árboles y produce muchos de sus propios insumos, como vi en una reciente visita a Sipe Sipe, cerca de Cochabamba, Bolivia, donde la organización eclesial “Asociación Agroecología y Fe” (AAF) está estableciendo huertos ecológicos agroforestales.

El director de la AAF, Germán Vargas, explicó que un bosque crea suelo, acumulando gradualmente tierra negra y rica bajo los árboles, mientras que la agricultura suele exponer el suelo a la erosión. Una finca basada en árboles, con abonos orgánicos, y con hortalizas que crecen debajo de los árboles, debería ser una forma de obtener beneficios al mismo tiempo que se conserva el suelo. 

La extensionista Marcelina Alarcón nos mostró los manzanos que ella y la gente local plantaron en agosto del 2018. Comenzaron haciendo terrazas en una hectárea en suave pendiente. En una semana de trabajo duro construyeron un reservorio circular de agua de 200.000 litros de piedra y concreto (llenado por gravedad de agua de riachuelo) para regar las terrazas y tres hectáreas adicionales. El costo fue de 64.000 Bs. ($9,275), que parece una inversión grande, pero reservorios similares construidos hace 30 años siguen funcionando.

Camellones exuberantes de lechuga, repollo, brócoli, trigo, cebollas (algunas cultivadas para su semilla) prosperan bajo los manzanos. Cuando se cosecha un cultivo, otro ocupa su lugar, en complejas rotaciones sobre pequeños espacios. No aplican productos químicos, pero el grupo fabrica caldo mineral sulfocálcico y abonos orgánicos líquidos para mejorar el suelo, prevenir las enfermedades de los cultivos y mejorar la producción y calidad de los manzanos y de las hortalizas.

El grupo ha cosechado verduras cuatro veces y las ha vendido directamente a los consumidores en ferias organizadas por la AAF (en una canasta solidaria y saludable) por un total de 4.380 bolivianos (635 dólares).

Yo visitaba la finca agroforestal de Sipe Sipe con un pequeño grupo organizado por la AAF y algunos de sus aliados. Algunas de las lechugas, cebollas y tomates de la finca terminaron en una bañera durante nuestra visita, para hacer una ensalada para los visitantes, parte de un fabuloso almuerzo (con papas frescas y cordero cocido bajo tierra en un pampaku) ofrecido a un precio modesto. Los productos cocinados en el sitio y vendidos informalmente en la finca probablemente no se contabilizan. Después del recorrido por la finca y antes del almuerzo, Marcelina organizó una mesa para vender algunas verduras. Se mantuvo ocupada apuntando cada transacción mientras comprábamos pequeñas bolsas de tomates y otros productos por cantidades menos de un dólar cada una.

La venta de medio kilo de tomates es tanto trabajo como la venta de veinte toneladas de arroz. Una finca pequeña tiene muchas más ventas que una grande y se requiere mucho trabajo administrativo para hacer un seguimiento de los productos que no se venden porque van a parar como semilla, para alimentar a los animales o a la mesa de la familia.

El costo:beneficio de un campo convencional es más simple de tabular: tanta mano de obra, maquinaria, semillas y productos químicos, todos comprados, y el rendimiento de un solo cultivo medido con relativa facilidad. Sin embargo, esto no cuenta toda la historia. La pérdida de suelo debido a la erosión, o el carbono y nitrógeno a la atmósfera, o la contaminación por la escorrentía de los fertilizantes, todos ellos tienen un costo, aunque a menudo se desestimen como “externalidades”.

Un sistema agroforestal, como la hectárea de manzanas y hortalizas que visitamos comienza con una gran inversión en riego y terrazas. Muchos de los insumos son mano de obra, o abonos caseros, y su costo no siempre se cuenta. Los manzanos aún no han dado fruto, y algunas de las verduras pueden escaparse de la cuenta del contable. Sin embargo, aquí las “externalidades” tienen una contribución positiva y valiosa: se está creando el suelo, la contaminación química es nula y los medios de subsistencia se enriquecen a medida que los agricultores locales, en su mayoría mujeres, aprenden a trabajar juntas para producir alimentos saludables para vender. Las comparaciones económicas clásicas con las explotaciones convencionales no tienen en cuenta estos beneficios.

Incluso una pequeña granja puede tener mucho que considerar al estimar los rendimientos, con muchos cultivos y actividades y servicios ambientales. Hasta que no aprendamos a medir la eficiencia ambiental y la rentabilidad financiera de las granjas agroforestales o agroecológicas de manera adecuada, nunca se verán tan bien como realmente son.

Para leer más

Un informe reciente de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) concluye que los datos sobre el rendimiento son muy pobres para poder comparar la agricultura convencional (sobre arado, con uso intensivo de químicos) con la agroecología, una agricultura que vas más allá de la orgánica, con conservación del suelo y respeto para las comunidades locales.

Resumen y recomendaciones del informe del GANESAN sobre Agroecología y otras innovaciones (19 de junio 2019). Roma: FAO. http://www.csm4cfs.org/es/summary-recommendations-hlpe-report-agroecology-innovations/

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