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Exit strategy 2.0 October 2nd, 2022 by

Vea la versión en español a continuación

I’ve written before that a program to support a network of local food producers and consumers needs an exit strategy (An exit strategy). I’ve seen various projects that do a good job at mentoring smallholders, to produce chemical-free food, package it attractively and distribute it to discriminating consumers in the city. This usually relies on hidden subsidies: the university-educated technical staff who broker the food, promote it and transport it in cars, also paid for out of the project budget. It’s a way to show that there is demand for agroecological food, but not a business model.

In the Tungurahua province of Ecuador, last February, I saw what it takes for farmers and consumers to come together in a robust, self-sustaining way.

In the municipality of Pelileo, a city of about 50,000 people, the NGO SWISSAID started 13 years ago to teach 600 farmers and gardeners about agroecology, according to the current country director, Oscar Quillupangui. The second year, SWISSAID organized the farmers to sell their produce in a fair in the city. This was only possible thanks to the mayor at the time, who understood the importance of a market for local, organic produce. As Fernando Jácome of SWISSAID told me, “you can’t run a market without local government support. If you set up a food fair in a public space, the mayor can ask the police to throw you out. In fact, farmer fairs in some other Ecuadorian cities did not thrive, because of this lack of municipal support.”

The current mayor, Ing. Leonardo Maroto, has a vision for healthy food systems: “the countryside gives life to the city.”

When Paul and Marcella and I visited the weekly agroecological fair in Pelileo, on Thursday, 10 February, we were delighted to see a living market, supported by a whole social structure. The space itself is the size of a large basketball court, with a cement floor and a high, awning roof, no walls, but with a stage on one end and step-like seats on the other. Seventy-seven farmer-sellers, almost all women (with two or three supportive husbands), set out their fresh produce on tables in neat rows. Each table was covered with an orange tablecloth. The sellers wore green smocks and orange caps, which helped the organized women (with some help from a couple of municipal cops) to keep out free riders trying to sell conventional food in the market.

The food is of great diversity: potatoes and other Andean roots and tubers, leafy vegetables, pulses like peas and broad beans, giant squash, butchered ducks, rabbits, chickens and guinea pigs. It’s all fresh off the farm and of the highest quality, attracting a steady stream of middle-class consumers who appreciate the value of local feed, free of toxic chemicals.

“Well, it is for our health, right? We always have to be natural. Because you know that now there are so many illnesses because of the chemicals that they put in the fruits and the vegetables. So, for us, for me, and for everyone it is very good that the food is natural, to avoid illnesses,” says Maricela Herrera, one of the consumers.

There are some touches of local personality, like the ten-man brass band, from the municipal government. They don’t play every week, but they come about once a month to attract customers with their beat. There is some free food tasting (potatoes with a slice of egg, peanut sauce and a bit of boiled pork skin).

Mayor Maroto makes an appearance, offering encouraging words over the loudspeaker. The band starts again and people begin to dance, eventually dragging Paul and I onto the dance floor as well.

Through all of this, the staff from SWISSAID, including Fernando and Oscar, keep a low profile. They stand on the sidelines, but they are observant, and I would have missed one of the most important parts of the fair, if they had not pointed it out to me. The farmers who sell at the fair have elected a president, vice-president, secretary and treasurer, Martha Cunalata who quietly goes from one table to the next, collecting one dollar from each member, to meet the association’s expenses.

Self-financed, organized and supported by paying customers and the local government, this market could survive even without an NGO to nurture it. This is what a healthy, local food system looks like. Hopefully it will grow and plant seeds in other cities. As Paul told mayor Maroto of Pelileo, “you are an inspiration to other cities of the world.”

Watch the video

Creating agroecological markets

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Acknowledgement

Thanks to Oscar Quillupangui and Paul Van Mele for their helpful comments on a previous version of this blog.

ESTRATEGIA DE SALIDA 2.0

Jeff Bentley, 2 de octubre del 2022

Ya he escrito antes que un programa de apoyo a una red de productores y consumidores de alimentos locales necesita una estrategia de salida (Una estrategia de salida). He visto varios proyectos que hacen un buen trabajo de orientación a los pequeños productores para que produzcan alimentos sin productos químicos, los envasen de forma atractiva y los distribuyan a los consumidores exigentes de la ciudad. Esto suele tener subvenciones ocultas: el personal técnico con formación universitaria que se encarga ayudar con la venta de los alimentos, de su promoción y de su transporte en vehículos, también pagados con el presupuesto del proyecto. Es una forma de demostrar que hay demanda de alimentos agroecológicos, pero no un modelo de negocio.

En la provincia ecuatoriana de Tungurahua, el pasado mes de febrero, vi lo que hace falta para que agricultores y consumidores se unan de forma sólida y autosostenible.

En el municipio de Pelileo, una ciudad de unos 50.000 habitantes, la ONG SWISSAID empezó hace 13 años a enseñar agroecología a 600 agricultores y dueños de huertos, según el actual director nacional, Oscar Quillupangui. El segundo año, SWISSAID organizó a los agricultores para que vendieran sus productos en una feria en la ciudad. Esto sólo fue posible gracias al alcalde de la época, que comprendió la importancia de un mercado para los productos locales y ecológicos. Como me dijo Fernando Jácome, de SWISSAID, “no se puede hacer un mercado sin el apoyo del gobierno local. Si montas una feria de alimentos en un espacio público, el alcalde puede pedir a la policía que te boten. De hecho, las ferias agrícolas de otras ciudades ecuatorianas no prosperaron por esta falta de apoyo municipal”.

El actual alcalde, Ing. Leonardo Maroto, tiene una visión de los sistemas alimentarios saludables: “el campo da vida a la ciudad”.

Cuando Paul, Marcella y yo visitamos la feria agroecológica semanal de Pelileo, el jueves 10 de febrero, nos encantó ver un mercado vivo, apoyado por toda una estructura social. El espacio en sí tiene el tamaño de una gran cancha de baloncesto, con un piso de cemento y un techo alto de calamina, sin paredes, pero con un escenario en un extremo y asientos escalonados en el otro. Setenta y siete vendedores de productos agrícolas, casi todas mujeres (con dos o tres maridos colaboradores), colocaban sus productos frescos en mesas en hileras ordenadas. Cada mesa estaba cubierta con un mantel naranja. Las vendedoras usaban batas verdes y gorras naranjas, lo que ayudó a las mujeres organizadas (con algo de ayuda de un par de policías municipales) a mantener alejados a los que intentaban vender alimentos convencionales en el mercado.

La comida es muy variada: papas y otras raíces y tubérculos andinos, verduras de hoja, legumbres como frijoles y habas, calabazas gigantes, patos, conejos, pollos y cuyes. Todo está recién salido de la granja y es de la primera calidad, lo que atrae a un flujo constante de consumidores de clase media que aprecian el valor de los alimentos locales, libres de productos químicos tóxicos.

“Bueno, es que, por la salud ¿no? Siempre tenemos que estar a lo natural. Sabe que ahora hay tantas enfermedades por los químicos que ponen a las frutas, a las legumbres. Entonces, para nosotros, para mí, y para todos, es muy bueno que sea natural. Porque nos evitamos de muchas enfermedades”, dice Maricela Herrera, una de las consumidoras.

Hay algunos toques de personalidad local, como la banda de música de diez hombres, del gobierno municipal. No tocan todas las semanas, pero vienen una vez al mes para atraer a los clientes con su ritmo. Hay una degustación gratuita de comida (papas con una rodaja de huevo, salsa de maní y un poco de piel de cerdo hervida).

El alcalde Maroto hace su aparición, ofreciendo palabras de aliento por la megafonía. La banda vuelve a sonar y la gente empieza a bailar, arrastrándonos a Paul y a mí a la pista de baile.

Durante todo esto, el personal de SWISSAID, incluidos Fernando y Óscar, mantienen un perfil bajo. Se mantienen al margen, pero son observadores, y me habría perdido una de las partes más importantes de la feria si no me la hubieran señalado. Los agricultores que venden en la feria han elegido un presidente, un vicepresidente, un secretario y un tesorero, Martha Cunalata, que va tranquilamente de una mesa a otra, recogiendo un dólar de cada miembro, para hacer frente a los gastos de la asociación.

Autofinanciado, organizado y apoyado por los clientes que pagan y por el gobierno local, este mercado podría sobrevivir incluso sin una ONG que lo alimente. Este es el aspecto de un sistema alimentario local saludable. Esperemos que crezca y siembre semillas en otras ciudades. Como dijo Paul al alcalde Maroto de Pelileo, “ustedes son una inspiración para otras ciudades del mundo”.

Vea el video

Creando ferias agroecológicas

Otro video relacionado

Previamente en el blog de Agro-Insight

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Algo bonito para vender

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Agradecimientos

Gracias a Oscar Quillupangui y Paul Van Mele por sus valiosos comentarios sobre una versión previa de este blog.

 

 

200 Guinea pigs August 7th, 2022 by

Vea la versión en español a continuación

Paul and Marcella and I recently met Lucía Ávila in Quilcas, a small town in Junín, Peru. After 2013, agronomists from an NGO, Yanapai, began to show her and her neighbors how to raise a mix of fodders, including rye grass, alfalfa, clover and others. Animals like the mix more than just one fodder, but the plants need water. With support from the government of Peru, the farmers of Quilcas dug an irrigation canal from some 7 km away, and the people began growing small patches of fodder which they could cut for several years, fertilizing it with ash and manure until the grass aged. Then the fodder patch would be dug up, and planted in potatoes, which prospered in the soil where the grass had been grown.

Every day, doña Lucía has been able to cut two large blankets full of fodder, enough for a milk cow, or in her case, enough for 200 guinea pigs.

Doña Lucía had started cautiously. In 2014 she got her first pair of guinea pigs from an NGO called CEDAL. The rodents reproduce pretty fast, so she soon had dozens of the animals. Every year she gets some new males, to avoid inbreeding. She specializes in a large, meaty breed called Mi Perú (my Peru), which is white and reddish, like the Peruvian flag.

As doña Lucía explains, guinea pigs are easy to sell, so they give her a steady income. Plenty of customers come to her house, and she sells the guinea pigs for 20 soles (over $5). She now has 200 guinea pigs.

She says that before she got the big, red-and-white guinea pigs, she had some other which she describes as “small, like rats, and the color of rats.” She adds “When you have grass you can have nice, fat guinea pigs, and you can sell them and have a little money. You can improve your standard of living.” While guinea pigs are thought of as pets in many northern countries, in places like Peru they are small livestock. They are easy to raise at home, in the courtyard, under the shade of a porch.

Formal development is often criticized as being prone to failure. So, it’s only fair to recognize its successes. In this case, three different projects happened to come together from different institutions to ensure that people not only had fodder, but water to irrigate it, and guinea pigs to eat it. The innovations worked together, even if they weren’t designed that way.

Acknowledgements

The visit to Peru to film various farmer-to-farmer training videos, including this one, was made possible with the kind support of the Collaborative Crop Research Program (CCRP) of the McKnight Foundation. Thanks to Edgar Olivera, Raúl Ccanto, Jhon Huaraca and colleagues of the Grupo Yanapai for introducing us to Quilcas and for sharing their knowledge with us. Raúl Ccanto and Paul Van Mele read and made valuable comments on an earlier version of this story.

200 CUYES

Jeff Bentley, 24 de julio del 2022

Hace poco, Paul, Marcella y yo conocimos a Lucía Ávila en Quilcas, un pequeño pueblo de Junín, Perú. A partir de 2013, los agrónomos de una ONG, Yanapai, empezaron a enseñarle a ella y a sus vecinos cómo sembrar una mezcla de forrajes, que incluye ray gras, alfalfa, trébol y otros. A los animales les gusta más la mezcla que un solo forraje, pero las plantas necesitan agua. Con el apoyo del gobierno de Perú, los campesinos de Quilcas cavaron un canal de riego a unos 7 km de distancia, y la gente empezó a cultivar pequeñas parcelas de 200 metros cuadrados, que podían cortar durante varios años, abonándolas con ceniza y estiércol hasta que la hierba envejeciera, y se pudiera desenterrar, plantando papas, que prosperaron en la tierra donde había crecido la hierba.

Doña Lucía descubrió que cada día podía cortar dos grandes mantas llenas de forraje, suficiente para una vaca lechera, o en su caso, suficiente para 200 cuyes.

Doña Lucía había empezado con cautela. En 2014 consiguió su primer par de cuyes de una ONG llamada CEDAL. Los roedores se reproducen bastante rápido, así que pronto tuvo decenas de estos animales. Cada año consigue algunos machos nuevos, para evitar cruzar animales parientes. Está especializada en una raza grande y carnosa llamada Mi Perú, que es blanca y rojiza, como la bandera peruana.

Como explica doña Lucía, los cuyes son fáciles de vender, por lo que le dan unos ingresos constantes. A su casa llegan muchos clientes y vende los cuyes a 20 soles (más de 5 dólares). Ahora tiene 200 cuyes.

Dice que antes de tener los cuyes grandes, rojos y blancos, tenía otros que describe como “pequeños, como ratas, y del color de las ratas”. Añade: “Cuando tienes pasto puedes tener cuyes bonitas y gordas, y puedes venderlas y tener un poco de dinero. Puedes mejorar tu nivel de vida”. Mientras que en muchos países del norte se considera a los cuyes como mascotas, en lugares como Perú son ganado menor. Viven en el corredor de la casa de la gente, y son fáciles de criar.

A menudo se critica el desarrollo formal por siempre fracasar. Es importante reconocer también sus éxitos. En este caso, se unieron varios esfuerzos para garantizar que la gente no sólo tuviera forraje, sino también agua para regarlo y cuyes para alimentarlos. Las innovaciones funcionaron conjuntamente, aún si no se diseñaron juntos.

Agradecimiento

Nuestra visita al Perú para filmar varios videos, incluso este, fue posible gracias al generoso apoyo del Programa Colaborativo de Investigación de Cultivos (CCRP) de la Fundación McKnight. Gracias a Edgar Olivera, Raúl Ccanto, Jhon Huaraca y colegas del Grupo Yanapai por presentarnos a Quilcas y por compartir su conocimiento con nosotros. Raúl Ccanto y Paul Van Mele hicieron comentarios valiosos sobre una versión previa de este relato.

Language or dialect? It’s complicated March 13th, 2022 by

Vea la versión en español a continuación

People who speak different dialects of the same language can understand each other. Unlike different languages, the dialects of those tongues are “mutually intelligible.” Americans and the British understand each other (almost always), because the US and the UK speak dialects of the same English language.

However, it’s complicated, as David Shariatmadari explains. Shariatmadari, non-fiction books editor at the Guardian, starts with the old joke: a language is a dialect with an army. The classic example is Danish, Norwegian and Swedish, which are all fairly similar, but for political reasons and national pride their governments use the schools and the media to maintain the uniqueness of these languages, which are often mutually intelligible.

Arabic is an example in the other direction. Spoken in some 20 countries with important differences between each nation, the Arab countries consider themselves speakers of one language, based on a shared tradition in classical Arabic literature, and other ties.

Shariatmadari doesn’t mention Quechua, a native language still spoken in the Andes, in Ecuador, Peru and Bolivia. Once the language of the Inca Empire, Quechua has lacked its own national army since the Spanish Conquest. Even so, sixteenth century Spanish clergy encouraged the Quechua language, because it was already widely spoken, and could be used for missionary work. When the Jesuits arrived in the Andes in the 16th century, they quickly learned Quechua, published a dictionary of the language and began teaching it in their universities.

After the Spanish-American wars of independence (1810-1825), the new republican governments largely dismissed Quechua, ignoring it in schools and discouraging anyone from writing it.

Quechua is now enjoying a comeback of sorts in Bolivia, Peru and Ecuador. For example, it is being taught in some schools. Google is available in Quechua, and there are articles in Wikipedia in Quechua (look for “Runa Simi”). Opinion is divided on whether Quechua is one language with different dialects or if it has evolved to be separate, closely related languages. The Bolivian government insists that Quechua is one language. In Ecuador, “Quechua” is called “Kichwa,” to emphasize that it is a language in its own right, and not a dialect of Quechua.

With Paul and Marcella, from Agro-Insight, we visited the province of Cotopaxi, in the Andes of Ecuador, Where the agronomists Diego Mina and Mayra Coro study the lupin bean with several communities. Diego and Mayra took us to a Kichwa-speaking community, Cuturiví Chico, where we got a chance to find out if the local people understood the Quechua version of our video on lupines. During a meeting with the community, Diego and Mayra invited them to watch the video, explaining that it had been filmed in Bolivia.

As the Quechua version of the video played, I watched the audience for their reaction. They smiled in appreciation. After all, videos in Quechua or Kichwa are rare. The farmers were absorbed in the 15-minute video all the way to the end.

Afterwards, Diego asked if they understood it. One person said he understood half. Another said “More than half, maybe 60%.” Then Diego asked the crucial question, “What was the video about?”

The villagers neatly summarized the video. Diseases of the lupin bean could be controlled by selecting the healthiest grains as seed, and burying the sick ones. But the video had also sparked their imaginations. One said that in a previous experience they had learned to sort healthy seed potatoes, and now that they had seen the same idea with lupin beans, they wondered if the seed of broad beans could also be sorted, to produce a healthier crop.

Diego still felt that the farmers hadn’t quite understood the video, so he showed the Spanish version. But this time, the reaction was muted. People watched politely, but they seemed a bit bored and at the end there was no new discussion.

Language and dialect are valid concepts, but “mutual intelligibility” can be influenced by visual communication, enunciation, and motivation. For example in this video, carefully edited images showed people separating healthy and diseased lupin beans, which may have helped the audience to understand the main idea, even if some of the words were unfamiliar.

Clarity of the speech also counts; this video was narrated by professional broadcasters who spoke Quechua as their native language, so it was well enunciated. Motivation also matters; if a topic is of interest, people will strain to understand it. Lupin beans are widely grown in Cuturiví Chico, and these farmers really wanted to know about managing the crop’s diseases.

Whether Ecuadorian Kichwa and Bolivian Quechua are separate languages or dialects of the same tongue is still up for debate among linguists. Fortunately, people also communicate visually (for example, with excellent photography); they understand more if the words are carefully and distinctly pronounced, and if the listeners are motivated by a topic that interests them.

Watch the video

You can see the video, Growing lupin without disease, in Quechua, Spanish, and English (besides other languages).

Further reading

Shariatmadari, David 2019 Don’t Believe a Word: The Surprising Truth about Language. London: Weidenfeld and Nicolson.

Note on names

The lupine bean (Lupinus mutabilis) is called chocho in Ecuador, and tarwi in Bolivia.

Acknowledgements

Thanks to Diego Mina and Mayra Coro for introducing us the farmers in Cotopaxi, and for sharing their knowledge with us. Thanks also to Mayra and Diego, and to Eric Boa and Paul Van Mele for their valuable comments on a previous version of this blog. Diego and Mayra work for IRD (Institut de Recherche pour le Développement) with the AMIGO project. Our work was funded by the McKnight Foundation’s Collaborative Crop Research Program (CCRP).

Photos

Photos by Paul Van Mele and Jeff Bentley. Map from Wikimedia Commons

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Quechua_(with_country_names).svg.

¿IDIOMA O DIALECT? ES COMPLICADO

Jeff Bentley, 13 de marzo del 2021

Cuando la gente habla diferentes dialectos de una misma lengua, se entiende. A diferencia de los idiomas distintos, los dialectos de esas lenguas son “mutuamente inteligibles”. Los estadounidenses y los británicos se entienden (casi siempre), porque los Estados Unidos y el Reino Unido hablan dialectos de la misma lengua inglesa.

Sin embargo, es complicado, como explica David Shariatmadari, editor de libros de no ficción en The Guardian. Él comienza con el viejo chiste: un idioma es un dialecto con un ejército. El ejemplo clásico es el danés, el noruego y el sueco, que son bastante similares, pero por razones políticas y de orgullo nacional sus gobiernos usan las escuelas y los medios de comunicación para mantener cierta separación entre estas lenguas, que a menudo son mutuamente inteligibles.

El árabe es un ejemplo en la otra dirección. Hablado con importantes diferencias en una veintena de países, los países árabes se consideran hablantes de una sola lengua, basándose en su tradición compartida de la literatura árabe clásica, entre otras cosas.

Shariatmadari no menciona el quechua, una lengua nativa que todavía se habla en los Andes, en el Ecuador, Perú y Bolivia. El quechua, que fue la lengua del Imperio Inca, no ha tenido un ejército propio desde la conquista española. Pero los sacerdotes españoles del siglo XVI fomentaron la lengua quechua, porque ya mucha gente la hablaba, y era útil para la labor misionera. Cuando los jesuitas llegaron a los Andes en el siglo XVI, aprendieron rápidamente el quechua, publicaron un diccionario de la lengua y comenzaron a enseñarla en sus universidades.

Después de las guerras de independencia hispanoamericanas (1810-1825), los nuevos gobiernos republicanos desprestigiaron en gran medida el quechua, ignorándolo en las escuelas y fueron olvidando su escritura.

En la actualidad, el quechua está resurgiendo un poco en Bolivia, Perú y Ecuador. Por ejemplo, en algunos colegios lo están enseñando. Google está disponible en quechua, y Wikipedia tiene artículos en quechua (busque “Runa Simi”). Algunos discuten si el quechua es una lengua con varios dialectos o si son varios idiomas estrechamente relacionados. El gobierno boliviano insiste en que el quechua es una sola lengua. En Ecuador, el “quechua” se llama “kichwa”, para subrayar que es una lengua propia y no un dialecto del quechua.

Con Paul y Marcella, de Agro-Insight, visitamos la provincia de Cotopaxi, en los Andes del Ecuador, donde trabajan los ingenieros agrónomos Diego Mina y Mayra Coro, quienes investigan el chocho (lupino) con algunas comunidades. Diego y Mayra nos llevaron a una comunidad kichwa-hablante, Cuturiví Chico, donde pudimos averiguar si la gente local entendería la versión de nuestro video en quechua sobre lupino o tarwi. Durante una reunión con la comunidad, Diego y Mayra les pidieron que observen el video explicándoles que se había filmado en Bolivia.

Mientras se reproducía la versión quechua del video, observé la reacción del público. Sonrieron del puro gusto de ver el video. Después de todo, hay pocos videos en quechua o kichwa. Los campesinos estuvieron bien metidos en el video de 15 minutos hasta el final.

Después, Diego les preguntó si lo habían entendido. Uno de ellos dijo que había entendido la mitad. Otro dijo: “Más de la mitad, quizá el 60%”. Entonces Diego hizo la pregunta crucial: “¿De qué trataba el video?”.

Resumieron claramente el video. Las enfermedades del lupino podían controlarse seleccionando los granos más sanos como semilla y enterrando los enfermos. Pero el video también había despertado su imaginación. Uno de ellos dijo que en una experiencia anterior habían aprendido a clasificar semilla sana de papa, y ahora que habían visto la misma idea con el lupino, se preguntaban si la semilla de las habas también podría clasificarse, para producir una cosecha más sana.

Diego aún dudaba si los agricultores habían entendido bien el video, así que les mostró la versión en español. Esta vez la reacción fue más silenciosa. La gente parecía un poco aburrida, y al final no hubo ninguna nueva discusión.

La diferencia entre idioma y dialecto es real, pero la “inteligibilidad mutua” a menudo se influye por la comunicación visual, la pronunciación clara, y la motivación. Por ejemplo, en este video, las imágenes cuidadosamente editadas mostraban a personas que separaban los granos de lupino sanos de los enfermos, lo que puede haber ayudado a la audiencia a entender la idea principal, aunque desconocían algunas de las palabras.

La claridad del discurso también cuenta; este video fue narrado por locutores profesionales que hablaban quechua como lengua materna, por lo que estaba bien enunciado. La motivación también importa; si un tema es de interés, la gente se esfuerza por entenderlo. Los lupinos se cultivan ampliamente en Cuturiví Chico, y estos agricultores realmente querían saber cómo manejar las enfermedades del cultivo.

Si el kichwa ecuatoriano y el quechua boliviano son distintos idiomas o dialectos de una sola lengua es algo que los lingüistas todavía pueden discutir. Afortunadamente, las personas también se comunican visualmente (por ejemplo, con una excelente fotografía); entienden mejor si las palabras se pronuncian con cuidado y nitidez, y si los oyentes están motivados por un tema que les interesa.

Para ver el video

Puede ver el video, Producir tarwi sin enfermedad, en quechua, español, e inglés (además de otros idiomas).

Lectura adicional

Shariatmadari, David 2019 Don’t Believe a Word: The Surprising Truth about Language. Londres: Weidenfeld and Nicolson.

Una nota sobre los nombres

El lupino (Lupinus mutabilis) se llama chocho en el Ecuador, y tarwi en Bolivia.

Agradecimientos

Gracias a Diego Mina y Mayra Coro por presentarnos a la gente de Cotopaxi, y por compartir su conocimiento con nosotros. Gracias a Mayra y Diego, y a Eric Boa y Paul VAn Mele por sus valiosos comentarios sobre una versión previa de este blog. Diego y Mayra trabajan para IRD (Institut de Recherche pour le Développement), con el proyecto AMIGO. Nuestro trabajo fue financiado por Programa Colaborativo de Investigación de Cultivos (CCRP) de la Fundación McKnight.

Fotos

Fotos por Paul Van Mele y Jeff Bentley. Mapa de Wikimedia Commons

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Quechua_(with_country_names).svg.

 

Farmers without borders February 6th, 2022 by

Nederlandse versie hieronder

Blanca Chancusig is a dynamic woman who manages a diverse farm in the village of Yugshiloma, in Cotopaxi province, at 2,800 meters above sea level in the Ecuadorean Andes. As we film doña Blanca for a farmer-to-farmer training video, she talks about all the benefits of living hedgerows and flowering plants, which she uses not just for medicine and to feed her guinea pigs, rabbits, her two cows and a pig, but also to attract beneficial insects that pollinate and protect her crops.

Winding up our visit, Jeff and I tell Blanca that the video in which she will feature will be ready in a few months. On the ballpoint pen that we give her we point to the Access Agriculture website address, where she can find over a hundred different training videos in Spanish.

“Also on biofertilizer and good microbes,” she replies. I interpret it as a question, but soon find out that it actually was a statement. She guides me to a little shed behind her house from where she brings out a plastic drum. As she opens the lid, I see she has prepared liquid biofertilizer.

“We learned a lot through the video on good microbes for the soil and the plants. It is very easy to do and not very costly. The only thing that is hard for me to get is broad bean flour, only that. Everything else I have at home,” Blanca says.

Two years ago, Diego Mina and his wife Mayra Coro, our local collaborators from IRD (Institut de Recherche pour le Développement) who manage the AMIGO project on agroecology, showed several women’s groups a video on good microbes that was made with farmers in India (and which was translated into Spanish). The women liked the video so much that Diego sent them a copy of it through their WhatsApp group.

In a follow up visit, Diego and Mayra decided to organize a live demonstration on how to make the mix of good microbes, with cow urine and raw sugar and other locally available ingredients, which the women provided. While the video shows chickpea flour as one of the ingredients, Diego and Mayra bought broad bean flour to use instead of chickpea flour, which is not available in Ecuador. The broad bean is a pulse which many of the women grow at this high altitude.

A year after the demonstration, at least some of the women are still experimenting with this new technology, which they learned through the video from fellow farmers in India. With a big smile on her face, Blanca tells me that she already tried it once on her maize and lupine crop, and that the results were good, so this planting season she has again prepared another 10 litres to try on her field for a second year.

Unlike what most researchers and extensionists think, smallholder farmers deeply appreciate learning from fellow farmers, even if they are thousands of kilometres away, on other continents, especially if the technologies work well, are easy to apply, and cost little money.

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Acknowledgements

The visit to Ecuador to film various farmer-to-farmer training videos with farmers like Blanca, as well as the video translations into Spanish, were made possible with the kind support of the Collaborative Crop Research Program (CCRP) of the McKnight Foundation.

Videos on how to improve the soil

See the many training videos on soil management hosted on the Access Agriculture video platform.

 

Boeren zonder Grenzen

Blanca Chancusig is een dynamische vrouw die een diverse boerderij beheert in het dorp Yugshiloma, in de provincie Cotopaxi, op 2.800 meter boven de zeespiegel in de Ecuadoraanse Andes. Terwijl we doña Blanca filmen voor een ‘boer-tot-boer’ trainingsvideo, vertelt ze over alle voordelen van houtkanten rond haar veld en bloeiende planten, die ze niet alleen gebruikt voor medicijnen en om haar cavia’s, konijnen, haar twee koeien en een varken te voeden, maar ook om nuttige insecten aan te trekken die haar gewassen bestuiven en beschermen.

Ter afsluiting van ons bezoek vertellen Jeff en ik Blanca dat de video waarin zij te zien zal zijn, over een paar maanden klaar zal zijn. Op de balpen die we haar geven wijzen we naar het adres van de website van Access Agriculture, waar ze meer dan honderd verschillende trainingsvideo’s in het Spaans kan vinden.

“Ook over bio-meststoffen en goede microben,” antwoordt ze. Ik interpreteer het als een vraag, maar kom er al snel achter dat het eigenlijk een constatering was. Ze leidt me naar een schuurtje achter haar huis van waaruit ze een plastic vat tevoorschijn haalt. Als ze het deksel opent, zie ik dat ze vloeibare bio-meststof heeft klaargemaakt.

“We hebben veel geleerd via de video over goede microben voor de bodem en de planten. Het is heel gemakkelijk te doen en niet erg duur. Het enige waar ik moeilijk aan kan komen is tuinbonenmeel, alleen dat. Al het andere heb ik thuis,” zegt Blanca.

Twee jaar geleden hebben Diego Mina en zijn echtgenote Mayra Coro, onze plaatselijke medewerkers van het IRD (Institut de Recherche pour le Développement) die het AMIGO-project over agro-ecologie beheren, aan verschillende vrouwengroepen een video over goede microben getoond die met boeren in India was gemaakt (en die in het Spaans werd vertaald). De vrouwen vonden de video zo goed dat Diego hen er een kopie van stuurde via hun WhatsApp-groep.

In een vervolgbezoek besloten Diego en Mayra een demonstratie te organiseren over hoe de mix van goede microben gemaakt kan worden, met koeienurine en ruwe suiker en andere lokaal beschikbare ingrediënten, die de vrouwen ter beschikking stelden. Hoewel op de video kikkererwtenmeel als een van de ingrediënten wordt getoond, kochten Diego en Mayra tuinbonenmeel om te gebruiken in plaats van kikkererwtenmeel, dat niet verkrijgbaar is in Ecuador. De tuinboon is een peulvrucht die veel van de vrouwen op deze grote hoogte verbouwen.

Een jaar na de demonstratie experimenteren ten minste sommige vrouwen nog steeds met deze nieuwe technologie, die zij via de video hebben geleerd van collega-boeren in India. Met een grote glimlach op haar gezicht vertelt Blanca me dat ze het al een keer heeft uitgeprobeerd op haar maïs- en lupinegewas, en dat de resultaten goed waren, dus dit plantseizoen heeft ze weer 10 liter klaargemaakt om het een tweede jaar op haar akker te proberen.

In tegenstelling tot wat de meeste onderzoekers en landbouwvoorlichters denken, stellen kleine boeren het zeer op prijs om te leren van collega-boeren, zelfs als die duizenden kilometers ver weg zijn, op andere continenten, vooral als de technologieën goed werken, gemakkelijk toe te passen zijn, en weinig geld kosten.

From potatoes to cows December 26th, 2021 by

Vea la versión en español a continuación

Last week I wrote about women farmers who felt a need to take a more active role in decision-making.

During the script-writing workshop, besides validating fact sheets, the writers went back to the field to share their ideas for scripts with the communities. Because once is not enough: you have to talk to several people to get a more complete vision of your topic.

In Carrillo, Cotopaxi, Ecuador, some of our script writers had interacted with the community for years. This village had a lot of experience with organization. The writers in our workshop managed to bring together a large group of women who had held leadership roles for years.

It was raining and even though we were almost on the equator, in the high Andes it soon became chilly. I was in Carrillo with Diego Montalvo, agronomist, and Guadalupe Padilla, environmental engineer, who works in the community. As we clustered on the porch of the community center, a local woman, doña Verónica, told her story. She left Carrillo to study agronomy. After graduation she lived in the city for two years, but she came home when her dad became ill. Because of her education, she was assigned a leading role in a local organization, one she has kept for years. Not that it’s always easy; the men in the group tend to listen more to male leaders, and at times they make noise to disrupt the meeting when women leaders are speaking.

At the end of a frank and useful meeting, the women farmers spontaneously began discussing another topic among themselves, something more interesting: animal health.

The whole group wanted to learn how to vaccinate, give medicines and even do minor surgery on dairy cattle.  Verónica explained that she had learned almost all there was to know about cattle at university, even artificial insemination, and she would like to help this group receive training on livestock.

The women’s group had demanded that Guadalupe prepare more information for them on how to make their own cattle feed.

It caught my attention that these outspoken, well-organized women wanted to talk so much about cows.

Later I realized why, when I spoke with some of our other writers in the workshop. Israel, Nancy, Mishel and Mayfe had met with a group of women to talk about how to manage seed potatoes.

Israel was kind of surprised when he came out of the meeting. These farmers, whose ancestors had grown potatoes for centuries, wanted to abandon the crop, to raise cattle.

The potatoes were being destroyed by a mysterious new disease called purple top, still poorly understood by scientists. The disease ruins the potatoes. The farmers have fought back against purple top by spraying insecticides every week to kill the psyllid, a small insect which may vector the disease. But even by spending a thousand dollars a year, per farm, the disease was out of control.

On the other hand, the rolling fields of Carrillo are perfect for alfalfa and other fodder crops. And cities like Quito, growing explosively, buy all the milk that Ecuador’s farmers can provide. The weekly payment from the dairy would allow the women farmers to buy food for their families.

This is why the women leaders are so interested in cattle.

Smallholders, ever adaptable, are willing to change from one farming system to another, completely different one. From potatoes to cows, to adapt to changes in the natural environment. Women farmers often value training on leadership, but farming constantly requires new technical information, which smallholders want to receive.

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Acknowledgements

Thanks to Guadalupe Padilla, Diego Montalvo, Israel Navarrete and Paul Van Mele for their comments on an earlier version of this story. Our work was supported by the Collaborative Crop Research Program (CCRP) of the McKnight Foundation.

DE PAPAS A VACAS

Por Jeff Bentley, 26 de diciembre del 2021

La semana pasada escribí que las agriculturas sienten la necesidad de jugar un rol más grande en la toma de decisiones.

Dos días después de leer las hojas volantes en una comunidad, los escritores volvieron al campo y compartieron sus ideas para los guiones con las comunidades. Porque una sola vez no es suficiente: hay que hablar con varias personas para tener una visión más completa de cualquier tema.

En Carrillo, Cotopaxi, Ecuador, algunos de nuestros escritores de guiones habían interactuado con la comunidad durante años. Esta comunidad tenía mucha experiencia con la organización. En Carrillo, nuestros escritores lograron reunir un grupo grande de mujeres quienes hace años habían ejercido roles de liderazgo.

Llovía, y a pesar de que estábamos casi en la línea ecuatorial, hace frío en los altos Andes. Estuve con Diego Montalvo, ingeniero agrónomo, y Guadalupe Padilla, ingeniera ambiental, quien trabaja en Carillo. Nos reunimos en el corredor de una sede comunitaria, mientras una comunera, doña Verónica, nos contó su historia. Ella dejó Carrillo para estudiar agronomía. De ingeniera vivía en la ciudad por dos años, pero volvió a su comunidad cuando su papá se enfermó. Debido a su escolaridad, ella fue asignada un rol de lideresa en una organización local, y lo ha ejercido durante años. No siempre le toca muy fácil; los hombres en el grupo suelen escuchar a los líderes varones, y a veces hacen bulla, para molestar cuando las lideresas hablan.

Al final de nuestra conversación franca y útil con las agricultoras, ellas mismas espontáneamente pasaron a otro tema, aún más interesante: la salud animal.

El grupo entero quería aprender sobre vacunar, dar medicamentos y hasta hacer cirugía menor en el ganado lechero. Verónica explicó que ella aprendió casi todo sobre el ganado en la universidad, hasta la inseminación artifició, y que le gustaría ayudar al grupo a recibir capacitación pecuaria.

El grupo de mujeres ha demandado que Guadalupe las prepare más información sobre cómo hacer su propio concentrado para el ganado.

Me llamó la atención que estas mujeres expresivas, y bien organizadas quieren hablar tanto sobre las vacas.

Luego me di cuenta porque, al hablar con otros escritores en el taller, Israel, Nancy, Mishel y Mayfe se reunieron con un grupo de mujeres para hablar sobre el buen manejo de la semilla de papa.

Israel estaba un poco sorprendido cuando salió de la reunión. Estas agricultoras que han cultivado la papa durante siglos querían abandonar el cultivo, para criar ganado.

Las papas se están destruyendo por una misteriosa nueva enfermedad llamada punta morada, todavía poco comprendida por los científicos. La enfermedad arruina la papa. Los agricultores luchan contra la punta morada fumigando insecticida cada semana para matar al psílido, un pequeño insecto que posiblemente es el vector de la enfermedad. Pero aun gastando más de mil dólares al año, por finca, la enfermedad estaba afuera de control.

Por otro lado, los ondulados campos de Carrillo son perfectos para alfalfa y otros forrajes. Y las ciudades como Quito, en crecimiento explosivo, compran toda la leche que se puede producir. El pago semanal de la lechería permite a las agricultoras comprar comida para sus familias.

Es por eso que las lideresas locales están tan interesadas en el ganado.

Los campesinos, siempre adaptándose, están dispuestos a cambiar de un sistema de producción a otro completamente diferente. De papas a vacas, para adaptarse a los cambios en su ambiente natural. Las agricultoras sí aprecian la capacitación sobre el liderazgo, pero la agricultura constantemente requiere de nueva información técnica, la cual ellas también demandan.

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Agradecimientos

Gracias a Guadalupe Padilla, Diego Montalvo, Israel Navarrete y Paul Van Mele por sus comentarios sobre una versión anterior de este relato. Nuestro trabajo ha sido auspiciado por el Programa Colaborativo de Investigación sobre Cultivos (CCRP) de la Fundación McKnight.

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