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Slow recovery March 3rd, 2019 by

Vea la versión en español a continuación.

When a landscape has been stripped and ravished, like the southern Altiplano of Bolivia, recovery can take decades. In a previous story we met Dr. Alejandro Bonifacio and colleagues who were figuring out how to rear the wild native species of plants. But reforestation also takes social innovation.

Milton Villca is an agronomist from Chita, a village 45 kilometers from the town of Uyuni. Now he has returned to Chita to teach his relatives and former neighbors how to grow native plants as windbreaks to keep the fierce winds from carrying off the soil and burying the young quinoa plants.

The local farmers are starting to see the need to conserve the soil. It has taken a while. People are scattered thinly over the landscape, so when they first started plowing up the brushland to grow quinoa, in the 1970s, they thought of the land as a freebie, like air, so abundant that it had no value. They didn’t see that in the long run they would lose their fertile soil.

That is changing. Milton explains that two of the local farmers’ associations (APROA, AFNAQUI) are encouraging farmers to grow organic quinoa, and one requirement is to conserve the soil with live barriers of plants.

Just learning to establish live barriers like this can take years. First, people have to see the need. Community member Nilda Paucar explains that until 20 years ago, the wind came reliably after 4 October and for the rest of the year the wind was gentle enough to winnow the harvested quinoa grain, not like now, when the wind can blow up a dust cloud at any time of year, burying crops.

After seeing the need for windbreaks, people have to learn how to grow the native plants that form the live barriers. That is where a little local knowledge and some agronomic help can be a good thing. Paul and Marcella and I went with Milton and the community of Chita as they collected the tiny seed of khiruta, a wild shrub. Local people knock the seed off the plant into tubs. Then they sift and winnow the thousands of tiny seeds from the chafe.

As we watch, the people go right to work. This is a relatively new task for them, but they have mastered it.

The seed still has to be germinated in a nursery, which Milton manages in the nearby village of Chacala, with a local farmer, Teodocia Vásquez. Local farmer and llama herder, Ever Villca (Milton’s brother), explains that planting live barriers is only possible if people have support from an organization, for rearing the native plants in nurseries and delivering them to the community.

The experience with native plants has caught farmers’ imagination. Local resident Crecencio Laime has tried experimenting with wild plant seed, spreading it by hand on the ground and watering it, but germination was poor. “We have to keep trying,” he said, “We won’t always have the support of Milton or of an institution.”

Later, Modesta Villca (Milton’s aunt) told us that her husband has left five-meter wide, unplowed strips of native vegetation every 25 meters or so in his fields. We went to see these natural live barriers and they were beautiful, green hedgerows where wild vicuñas could browse and birds could nest. The family’s quinoa is also doing well, protected from the wind by these natural windbreaks.

As we watch (and film), the community plants seedlings of wild plants to make another live barrier. We see again that they know exactly what they are doing. Two people put the little shrubs in two parallel lines, while two men dig planting holes and two women gently lower the plants into the soil, removing the little black plastic bags from the nursery and thoughtfully collecting them so as not to leave any trash.

In the future it will be important to show the value of leaving natural windbreaks, and to appreciate the native flora. Making live barriers will still need to be made easier, but experiences like this are how farmers and researchers learn together to solve a problem. Their good attitudes and close-knit community will also go a long way. Next, the people of Chita are thinking of banding together to start their own nursery to grow native plants, so save their soil from the wind.

Watch the video

This video on live barriers has just been released. You can watch it or download it from free in English, or Spanish.

Living windbreaks to protect the soil

Barreras vivas para proteger el suelo

Acknowledgement

Agronomist Milton Villca works for the Proinpa Foundation. His work is funded in part by the Collaborative Crop Research Program of the McKnight Foudation.

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RECUPERACIÓN LENTA

por Jeff Bentley, 3 de marzo del 2019

Cuando la vegetación natural ha sido despojada y destruida, como el sur del Altiplano boliviano, la regeneración puede tomar décadas. En una historia anterior conocimos al Dr. Alejandro Bonifacio y sus colegas que están descubriendo cómo multiplicar plantas silvestres nativas. Pero la reforestación también requiere innovación social.

Milton Villca es un agrónomo de Chita, un pueblo a 45 kilómetros de la ciudad de Uyuni. Ahora ha regresado a Chita para enseñar a sus parientes y antiguos vecinos cómo cultivar plantas nativas como rompevientos o barreras vivas para evitar que los fuertes vientos se lleven la tierra y entierren a las jóvenes quinuas.

Los agricultores locales están empezando a ver la necesidad de conservar el suelo. Ha sido un aprendizaje costoso en tiempo. La gente vive dispersa sobre el paisaje, así que cuando comenzaron a arar la tierra para cultivar quinua, en la década de 1970, pensaron que la tierra era gratis, como el aire, tan abundante que no tenía valor. No vieron venir las consecuencias a largo plazo, especialmente la pérdida de suelo fértil.

Eso está cambiando. Milton explica que dos de las asociaciones de agricultores locales (APROA, AFNAQUI) están alentando a los agricultores a cultivar quinua orgánica, y un requisito es conservar el suelo con barreras vivas de plantas.

Aprender a establecer barreras vivas puede llevar años. Primero, la gente tiene que ver la necesidad. Nilda Paucar, miembro de la comunidad, explica que hasta hace 20 años, el viento venía siempre después del 4 de octubre y que durante el resto del año el viento era suave como para aventar el grano de quinua cosechado, no como ahora, cuando el viento puede soplar con una nube de polvo en cualquier época del año, enterrando los cultivos.

Después de ver la necesidad de las barreras vivas, la gente tiene que aprender a cultivar las plantas nativas que las forman. Ahí es donde un poco de conocimiento local y ayuda agronómica sirve mucho. Paul, Marcella y yo fuimos con Milton y la comunidad de Chita mientras recogían la pequeña semilla de khiruta, un arbusto nativo, silvestre. Los lugareños ponen la semilla de la planta en bañadores. Avientan y limpian los miles de diminutas semillas.

Mientras observamos, la gente se pone manos a la obra. Esta es una actividad nueva para ellos, pero lo saben hacer muy bien.

La semilla es germinada en un vivero, que Milton maneja en la cercana aldea de Chacala, con una agricultora local, Teodocia Vásquez. Ever Villca (hermano de Milton), agricultor local y pastor de llamas, explica que plantar barreras vivas sólo es posible si la gente tiene el apoyo de una organización, para cultivar las plantas nativas en viveros y entregar las plantas a la comunidad.

La experiencia con plantas nativas ha captado la imaginación de los agricultores. Crecencio Laime, un agricultor de la zona, ha intentado experimentar con semillas de plantas silvestres, esparciéndolas a mano en el suelo y regándolas, pero la germinación fue pobre. “Tenemos que seguir intentándolo”, dijo, “No siempre tendremos el apoyo de Milton o de una institución”.

Más tarde, Modesta Villca (tía de Milton) nos dijo que su marido ha dejado franjas de vegetación nativa sin ararlas de cinco metros de ancho a más o menos cada 25 metros en sus parcelas. Fuimos a ver estas barreras naturales vivas y eran hermosos arbustos verdes donde las vicuñas salvajes podían comer y los pájaros podían anidar. La quinua está protegida del viento por estos rompevientos naturales.

Mientras vemos (y filmamos), la comunidad planta plantines de arbustos nativos para hacer otra barrera viva. Vemos de nuevo que saben exactamente lo que están haciendo. Dos personas colocan los pequeños arbustos en dos líneas paralelas, mientras que dos hombres cavan agujeros para plantar y dos mujeres bajan suavemente las plantas en el suelo, sacando las pequeñas bolsas de plástico negro del vivero y recolectándolas cuidadosamente para no dejar basura.

En el futuro se valorará el dejar barreras vivas naturales. Y a apreciar la flora nativa. Tendrá que ser más fácil plantas barreras vivas, pero gracias a experiencias como ésta, los agricultores y los investigadores aprenden juntos a resolver un problema. Su buena disposición y su comunidad unida también serán de gran ayuda. Después, la gente de Chita está pensando en unirse para comenzar su propio vivero para cultivar plantas nativas, para salvar su suelo del viento.

Ver el video

Para ver más sobre el contexto de este blog, puede ver el video recién publicado en inglés y en español

Barreras vivas para proteger el suelo

Living windbreaks to protect the soil

Agradecimientos

El Ing. Milton Villca trabaja para la Fundación Proinpa. Su trabajo es financiado en parte por el Programa Colaborativo de Investigación de Cultivos de la Fundación McKnight.

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Show farmers and real innovators February 17th, 2019 by

Fellow anthropologist Glenn Stone has written a charming story about the “show farmer,” one who uses a technology proposed by a project, and is always ready to give visitors a glowing account of it. Stone once visited a show farmer who was growing organic cotton with help from a project in Andhra Pradesh. Eight years later, Stone’s student, Andrew Flachs, visited the same farmer, but by then the project had ended and the farmer had given up on organic cotton. As Stone says, “It usually takes a lot of external support to function as a show farmer.”

Stone’s story rings true. I’ve seen many show farmers over the years.

I recall one such farmer in Chuquisaca, Bolivia, years ago, that I visited for a project evaluation. He had a small barn, built with wood, cement and other hardware donated by a well-funded project. At the time I doubted if rural people would make these livestock shelters on their own, because the materials were expensive and had to be trucked in from town. The farmer clearly liked his barn, and was happy to spend time answering my questions. Perhaps he saw my visit as part of his payment for getting a valuable structure.

The same NGO that built the barn in Chuquisaca was also encouraging people to establish group gardens with imported vegetable seed. The project encouraged the villagers to plant lettuce and carrots, ostensibly because local people were eating no vegetables. The solutions offered to the farmers transferred the model of a backyard garden from suburban USA to the sandstone canyons of Chuquisaca. But, unnoticed by the project, the farm families had been growing nutritious vegetables all along. They had patches of chilli and they grew squash between their rows of maize. Both of these vegetables were stored and available during the off-season.

As a benefit of living in Bolivia, and working on a lot of projects, I have been able to go back to this part of Chuquisaca several times. As I have returned to the area over the years, I have always been curious about the vegetables and looked to see if they caught on.  Once I saw a single row of cabbage as a dividing line in a field planted half in maize and half in potatoes, but this never caught on. I also saw a family growing a few lettuce plants in the moist soil near their outdoor water faucet. For some years a few families kept their sheep and goats inside the chicken-wire fences the NGOs built had built around the old gardens, but the backyard vegetable garden died out and the Chuquisaqueños continued to grow chilli and squash.

But some innovations do keep going even after the outsiders leave.

For example, in the 2000s, researchers at ICRISAT (International Crops Research Institute for the Semi-Arid Tropics) in Mali created simple techniques for controlling Striga, the parasitic weed. Over several years, ICRISAT taught ideas like crop rotation and organic fertilizer in farmer field schools from Mali to Tanzania. In 2010 they invited Paul Van Mele and Agro-Insight to make videos with some of the farmer field school graduates. These were not show farmers; they hadn’t just copied what they learned at the FFS, but had adapted the ideas to suit their own conditions. Years after learning about these innovations, farmers were still using them.

Later, ICRISAT and others showed the Striga videos to thousands of farmers. In 2013 and 2014 I visited farmers who had not participated in the farmer field schools, but had seen the videos. They were still experimenting with control methods, years after watching the videos. They did this on their own, without project support, for example inventing new ways to intercrop legumes and cereals. Women who had seen the videos banded together in groups to pull Striga weeds for other farmers, for a fee.

Show farmers give time and labor to a project, and often loan a bit of land. In return, the show farmer usually receives some goods, such as a bit of seed, but they also get a chance to learn new ideas, which is a motivation for some farmers. And sometimes these new ideas do mature enough to become practical solutions to real problems, especially when the farmers engage with competent agricultural scientists. Even so, it may take years of research and adaptation to make the innovations affordable, practical and functional. Such ideas are too good for a show; they can be made into a 15-minute video of the real.

Further reading

Bentley, Jeffery, Paul Van Mele, Sidi Touré, Tom van Mourik, Samuel Guindo and Gérard Zoundji 2017 “Seeds of the devil weed: Local Knowledge and Learning from Videos in Mali,” pp 75-85. In Paul Sillitoe (Ed.) Indigenous Knowledge: Enhancing its Contribution to Natural Resources Management. Wallingford, UK: CAB International. 227 pp.

Stone, Glenn, 2014, Theme park farming in Japan

Zoundji, Gérard C., Simplice D. Vodouhê, Florent Okry, Jeffery W. Bentley & Rigobert C. Tossou 2017 “Beyond Striga Management: Learning Videos Enhanced Farmers’ Knowledge on Climate-Smart Agriculture in Mali.” Sustainable Agriculture Research 7(1): 80-92. https://www.accessagriculture.org/publications

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Videos Striga videos: https://www.accessagriculture.org/search/striga/all/

Death of the third flowers January 13th, 2019 by

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Uncertainty is a way of life for farmers.  But the better they can predict what’s going to happen, the more successfully they will adapt. One of the main uncertainties is the weather, particularly in harsh environments like the Bolivian Altiplano, the high plains, where the periods and patterns of rain, hail and frost are different each year. Miguel Ortega, Enrique Huallpa and Constantino Franco explained to me last December how they try to forecast what is going to happen by observing when the t’ola plant flowers. They live in the municipality of Waldo Ballivián, in the Altiplano, where the t’ola plant usually flowers in three bursts in August. According to Miguel, Enrique and Constantino each of these three blooms indicates what the frosts will be like later in November. The farmers then use this information to schedule potato planting.

These farmers of the southern hemisphere plant potatoes three times in the springtime between August and late September, roughly one or two weeks apart.

As don Bernabé, another local farmer, explained in last week’s blog, if the flowers get wet from the rain, they die. Which flowers survive the rains of August foretells which potatoes will survive the frosts of November. Or so farmers like Miguel, Enrique and Constantino believe. But is this happenstance? Or maybe even wishful thinking? Another explanation is that a lifetime of living in the elements has given observant rural people the skills to predict the weather.

Miguel Ortega is a yapuchiri or farmer extensionist, and one of his jobs is to share information with other farmers. In 2018, don Miguel told his neighbors that there would be a frost late in the spring because he had seen that the third flowering of the t’ola had withered. Not everyone listened. When it froze, on the last two nights of November, some people lost the potatoes that they had planted late. Don Miguel had planted early, and he avoided the frost.

Modern meteorology can tell farmers relatively little about the weather two months away. Being able to forecast crucial weather events two months in the future is a crucial survival skill for smallholders who must rely on their own knowledge to plan their crop every year.

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DE T’OLAS Y PAPAS

Jeff Bentley, 13 de enero del 2014

Los campesinos conviven con la incertidumbre.  Pero cuanto mejor puedan predecir lo que va a pasar, mejor se adaptarán. Una de las principales incertidumbres es el clima, particularmente en ambientes hostiles como el Altiplano boliviano, donde los períodos y patrones de la lluvia, del granizo y de las heladas son diferentes cada año. Miguel Ortega, Enrique Huallpa y Constantino Franco me explicaron el pasado mes de diciembre cómo intentan pronosticar lo que va a pasar observando cuándo florece una planta, la t’ola. Viven en el municipio de Waldo Ballivián, en el Altiplano, donde la t’ola florece tres veces en agosto. Según don Miguel, don Enrique y don Constantino, cada una de estas tres floraciones indica cómo serán las heladas a finales de noviembre. Los agricultores usan esta información para programar la siembra de papas.

Estos agricultores del hemisferio sur siembran sus papas tres veces en primavera, entre agosto y finales de septiembre, con una o dos semanas de diferencia.

Como explicó don Bernabé, otro agricultor del Altiplano, en el blog de la semana pasada, si las flores se mojan por la lluvia, mueren. Las flores que sobreviven a las lluvias de agosto pronostican qué papas sobrevivirán a las heladas de noviembre. O eso creen los agricultores como don Miguel, don Enrique y don Constantino. Pero, ¿es esto una casualidad? ¿O hasta una ilusión? Otra explicación es que la gente rural es observante, y después de toda una vida viviendo en los elementos, han desarrollado las habilidades para predecir el tiempo.

Miguel Ortega es un yapuchiri o extensionista agrícola, y uno de sus trabajos es compartir información con otros agricultores. En el 2018, don Miguel dijo a sus vecinos que habría una helada a finales de la primavera porque había visto que la tercera floración del t’ola se había marchitado. No todos escucharon. Cuando se congeló, en las últimas dos noches de noviembre, algunas personas perdieron las papas que habían plantado tarde. Don Miguel había plantado temprano, y evitó la helada.

La meteorología moderna puede informar relativamente poco a los agricultores sobre el tiempo a dos meses de distancia. Poder pronosticar eventos climáticos cruciales dos meses en el futuro es una habilidad crucial para la supervivencia de los pequeños agricultores que deben confiar en sus propios conocimientos para planificar sus cultivos cada año.

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Cultivando orgullo en los Andes

Cultivating pride in the Andes November 4th, 2018 by

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“When we first started working with these innovative farmers, they were embarrassed to list ‘farmer’ as their occupation on their national ID card.” María Quispe, head of a Bolivian NGO called Prosuco, reminded a large crowd of villagers and visitors in the village of Cutusuma, La Paz.

Last week yapuchiris from many communities along with the famers in Cutusuma were celebrating the launch of a new book about themselves, published by Prosuco, with Swiss support.

Swiss diplomats, local people and government officials took turns at the microphone to express their pride in the changes over the years. A national TV station, Channel 7, was recording the event while a professional broadcaster from Radio San Gabriel in El Alto moderated the event in Aymara, a native language of the High Andes.

Food was served as an aphtapi, an old buffet style that is making a comeback in Bolivia. Boiled native potatoes, chuño, broad beans and oca are wrapped in wool blankets, then spread out on the earth or on a table. Diners serve themselves. Most put the food in little plastic bags saved from their last trip to the shop. It’s an Andean lunch with attitude, and it saves on plastic plates.

There was also dancing to Andean flute music; the local High School marching band belted out the national anthem with confidence and enthusiasm.

The striking feature of the book launch was that no one seemed ashamed to be a farmer anymore. It had been a long trip. The book, printed on high quality paper and illustrated with professional photography, explained that in 2004, Prosuco had set out to train innovative farmers as extension agents. One of the first steps was to give these innovative farmers a name. They settled on “yapuchiri,” an Aymara word for “farmer.” Calling the new expert farmers “yapuchiris” was a way of saying that farming was an important job. During the next 14 years, yapuchiris were trained all over the Altiplano as well as the valleys of Chuquisaca. Seventy of them were certified as “Yapuchiri Community Facilitators” by the Vice-Ministry of Alternative Education (such an original and creative name for a branch of government).

The book explains how the yapuchiris and Prosuco tried new ideas on farms, adapting several organic fertilizers, such as bokashi and biol, to local conditions, along with mineral mixes and natural repellents. Non-chemical controls of Andean potato weevil were also adapted to local conditions.

The book has numerical data to show that the yapuchiris’ yields are higher than those of other farmers and higher than those achieved by farmers who received conventional agricultural training. This is important, as organic agriculture is often dismissed (famously by The Economist in 2016) as low yielding and incapable of feeding the World’s growing population.

Over the years, the yapuchiris developed the Pachagrama, a large chart for listing the yapuchiris’ weather forecast, while planning and documenting the year’s weather as it unfolds, day by day. We have discussed the Pachagrama in earlier blogs To see the future, and  Predicting the weather. The yapuchiris started the Pachagrama as a table with some drawings, then refined it over the years.

At first, some of the yapuchiris’ neighbors scoffed at the idea of farmers as extensionists, saying that they wanted a real agronomist to train them. But eventually the yapuchiris convinced the others and were able to work with up to 50% of the farmers in their own villages. As Mark Twain put it, “an expert is someone with a brief case who is 50 miles from home.”

In fact, it can be an advantage to offer advisory services “50 miles (70 km) from home”. Projects began hiring yapuchiris to teach other communities. The yapuchiris crisscrossed the Altiplano, promoting productive, organic agriculture to appreciative audiences.

It is foolish of anyone to denigrate the people who feed us and care for the land. Building pride in a profession takes time and creating a more productive, sustainable agriculture is only part of it. Twelve years of support and training were important to develop a cadre of self-confident yapuchiris. Events with music, speeches and a splendid lunch also help to display that confidence while books in an attractive format also help to show how the work evolved over the years.

The book

Quispe, María, Eleodoro Baldiviezo and Sonia Laura 2018 Yapuchiris: Un Legado para Afrontar los Impactos del Cambio Climático. La Paz: Prosuco, Cosude & Helvetas Swiss Intercooperation.

Blog stories about yapuchiris

Inspiration from Bangladesh to Bolivia

Farmers produce electronic content

Forty farmer innovations

Acknowledgement  

Thanks to María Quispe, Eleodoro Baldiviezo, Sonia Laura, Eric Boa and Paul Van Mele for their comments on an earlier version.

CULTIVANDO ORGULLO EN LOS ANDES

por Jeff Bentley, 4 de noviembre del 2018

“Cuando empezamos a trabajar con estos agricultores innovadores, les daba vergüenza poner ‘agricultor’ como su oficio en su carnet.” María Quispe, directora de una ONG boliviana llamada Prosuco, recordó a una gran multitud de campesinos y visitantes en la comunidad de Cutusuma, La Paz.

La semana pasada, Yapuchiris de diferentes comunidades junto con los agricultores de Cutusuma celebraron el lanzamiento de un nuevo libro sobre sí mismos, publicado por Prosuco, con el apoyo suizo. Los diplomáticos suizos, la población local y los funcionarios del gobierno se turnaron al micrófono para expresar su orgullo por los cambios a lo largo de los años. Una televisión nacional, Canal 7, grababa el evento mientras que una locutora profesional de Radio San Gabriel de El Alto moderaba el evento en aymara, un idioma nativo de los Andes Altos.

La comida fue servida como un aphtapi, un antiguo estilo de buffet que de nuevo se está poniendo de moda en Bolivia. Las papas nativas cocidas, el chuño, las habas y la oca son colocadas en aguayos de lana y se extienden sobre la tierra o sobre una mesa. Los comensales se sirven solos. La mayoría pone la comida en pequeñas bolsas de plástico guardadas de su última visita a la tienda. Es un almuerzo andino con actitud, y ahorra en platos de plástico.

También hubo baile con música de flauta andina; la banda del colegio local entonó el himno nacional con confianza y entusiasmo.

Al presentar el libro ya era claro que a nadie le apenaba ser agricultor. Había sido un largo viaje. El libro, impreso en papel de alta calidad e ilustrado con fotografías profesionales, explica que en 2004, Prosuco se había propuesto formar a agricultores innovadores como agentes de extensión agrícola. Uno de los primeros pasos fue poner un nombre a estos agricultores innovadores Ellos mismos eligieron “yapuchiri”, que es simplemente una palabra aymara que significa “agricultor”. Llamar a los nuevos expertos agricultores “yapuchiris” era una forma de decir que la agricultura era un oficio importante. Durante los siguientes 14 años, se formaron nuevos yapuchiris desde todo el Altiplano y hasta los valles de Chuquisaca. Setenta de ellos recibieron un certificado como “Yapuchiris Facilitadores Comunitarios” del Viceministerio de Educación Alternativa (un nombre tan original y creativo por una instancia gubernamental).

El libro explica cómo los yapuchiris y Prosuco probaron nuevas ideas en finca, adaptando los fertilizantes orgánicos, como el bokashi, los bioles, a las condiciones locales, junto con caldos minerales, y repelentes naturales. Los controles no químicos del gorgojo andino de la papa también se adaptaron a las condiciones locales.

El libro tiene datos numéricos para mostrar que los rendimientos de los yapuchiris son más altos que los de otros agricultores y más altos que los logrados por los agricultores que recibieron capacitación agrícola convencional. Esto es importante, ya que la agricultura orgánica es a menudo descartada (por ejemplo en un caso famoso por The Economist en 2016) como de bajo rendimiento e incapaz de alimentar a la creciente población mundial.

A lo largo de los años, los yapuchiris desarrollaron el Pachagrama, una ficha para sistematizar el pronóstico del tiempo de los yapuchiris, mientras planifican y documentan el tiempo del año a medida que se desarrolla, día a día. Hemos discutido el Pachagrama en blogs anteriores Conocer el futuro, y Prediciendo el clima. Los yapuchiris iniciaron el Pachagrama como un cuadro con algunos dibujos, luego lo refinaron con el paso de los años.

Al principio, algunos de los vecinos de los yapuchiris se burlaron de la idea de los agricultores como extensionistas, diciendo que querían que un ingeniero agrónomo los capacitara. Pero finalmente los yapuchiris convencieron a los demás y pudieron trabajar con hasta el 50% de los agricultores de sus propias comunidades. Como dijo Mark Twain, “un experto es alguien con un maletín que está a 50 millas de casa”.

De hecho, puede ser una ventaja ofrecer servicios de asesoramiento a “50 millas (70 km) de casa”. Los proyectos comenzaron a contratar yapuchiris para enseñar a otras comunidades. Los yapuchiris cruzaron el Altiplano, promoviendo la agricultura orgánica y productiva a audiencias apreciativas.

Es una tontería denigrar a la gente que nos alimenta y cuida de la tierra. Crear orgullo en una profesión lleva tiempo y crear una agricultura más productiva y sostenible es sólo una parte de la tarea. Doce años de apoyo y capacitación fueron importantes para desarrollar un grupo de yapuchiris seguros de sí mismos. Los eventos con música, discursos y un espléndido almuerzo también ayudan a mostrar esa confianza, mientras que los libros en un formato atractivo también ayudan a mostrar cómo ha evolucionado el trabajo a lo largo de los años.

El libro

Quispe, María, Eleodoro Baldiviezo y Sonia Laura 2018 Yapuchiris: Un Legado para Afrontar los Impactos del Cambio Climático. La Paz: Prosuco, Cosude & Helvetas Swiss Intercooperation.

Historias del blog sobre los yapuchiris

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Agricultores producen contenido electrónico

Forty farmer innovations

Agradecimiento

Gracias a María Quispe, Eleodoro Baldiviezo, Sonia Laura, Eric Boa y Paul Van Mele por sus comentarios sobre una versión anterior.

To see the future October 7th, 2018 by

Vea la versión en español a continuación

When Francisco Condori stopped working as a bricklayer in La Paz, Bolivia, he returned as a 23-year old to his home village of Cutusuma, near Lake Titicaca. He felt that because of his years in the big city he was missing some agricultural knowhow. So he consulted with the older people of Cutusuma.

More than anything, the elders taught Francisco what are now called “the indicators” that is, the signs of nature that tell when to plant and if it will be a good year. This is indispensable information in a place like the Altiplano, generally good land for farming, but sometimes hostile.  Frost, hail and drought can destroy crops at any time. That is why forecasting the weather is a specialty on the Altiplano.

For example a bird, the quiri quiri, makes nests like little ovens in the totora reeds of Titicaca and the small lake of Cutusuma. The bird seems to know how high the water will rise. In dry years it builds its nest low, and in rainy years it makes a nest high on the totora plant. Francisco learned to take a raft into the lake and seek out the nests. The height of the nest in the dry season indicates the level that the water will reach in the rainy season.

Don Francisco also learned to look for the sank’ayu cactus. If it bears fruit early, one should plant potatoes early, in October. If it fruits late, one should plant in November.

Besides looking for his own indicators, Francisco also listened to the weather forecast on the radio and on the TV, but it wasn’t always reliable. He and his friend Antonio remember that once the radio announced that there was going to be a frost and the farmers should “take care of their potato crop.” Francisco and Antonio just laughed, because it was June—winter and the dry season—and nobody had potatoes in the field.

In 1998 Francisco met Edwin Yucra, an agronomist with an interest in climate and in local knowledge. Edwin worked in Prosuko, a project that was supporting the development of sukukollus (planting beds inspired by the agriculture of the ancient civilization of Tiwanaku).

Edwin collaborated for years with Francisco and Antonio and their neighbors. In recent years, Edwin taught them that there was a free app on the Internet that farmers could download to predict the weather with the help of satellites and weather stations. Many farmers have smart phones nowadays which give them access to apps like this one, called Weather Underground.

By 2017 Edwin, now a professor at the Public University of San Andrés, worked in seven communities, including Cutusuma. They managed to build a small weather station in Cutusuma to register the weather, including temperature, wind and rain.

Francisco and Antonio go over the data from the station constantly. They log onto Weather Underground every day on their cell phones. They still listen to the forecast on the radio and on TV and they still make their own forecast based on the indicators, which their write on their Pachagrama (see blog story Predicting the weather), so they can track the weather over the year.

Don Francisco and don Antonio are conducting a deep study of the weather. They combine local knowledge with modern science. Thanks to this, Francisco has become a sort of expert and celebrity. His neighbors frequently ask him what the weather will be like. When don Francisco goes to market in the town of Batallas, the people there recognize him and ask him about the weather. In recent years Francisco has appeared on several TV channels explaining the weather, the indicators and describing climate change.

It is an example of how one can respect local, even ancestral knowledge, while still appreciating modern science.

CONOCER EL FUTURO

Por Jeff Bentley, 7 de octubre del 2018

Cuando don Francisco Condori dejó de trabajar como albañil en La Paz, Bolivia, volvió a sus 23 años a su aldea natal de Cutusuma, cerca del Lago Titicaca. Sintió que debido a sus años en la gran ciudad le hacía falta saber de la agricultura. Así que se fue consultando con la gente mayor de Cutusuma.

Los ancianos más que nada le enseñaron a Francisco lo que se llaman los “indicadores” o sea los señales de la naturaleza que dicen cuándo sembrar y si va a ser un año bueno. Esa información es indispensable en un lugar como el Altiplano, tierra productiva para el agro, pero a veces también hostil.  Heladas, granizadas y sequías pueden destruir los cultivos en cualquier momento. Por eso el pronóstico del tiempo es una especializad en el Altiplano.

Por ejemplo, una pájaro, el quiri quiri, hace sus pequeños nidos como hornito en las totoras de Titicaca y de la pequeña Laguna de Cutusuma. El pájaro parece que sabe dónde llegará el agua. En años secos hace su nido bajo, y en años lluviosos hace su nido en la parte alta de la planta de totora. Francisco aprendió a entrar en balsa a la laguna y buscar los nidos. La altura del nido en la época seca indica el nivel que el agua llegará en la época lluviosa.

Don Francisco también aprendió a revisar el cactus sank’ayu. Si daba fruto temprano habría que sembrar la papa temprano, en octubre. Si daba su fruto tarde, habría que sembrar en noviembre.

Además de buscar sus propios indicadores, Francisco también miraba el pronóstico de tiempo en la radio, y en la tele, pero no era siempre confiable. El y su amigo Antonio recuerdan que una vez la radio anunció que iba a haber helada y que los agricultores deberían “cuidar su papa.” Francisco y Antonio solo se reían, porque era junio—invierno y época seca—y nadie tenía papa sembrada.

In 1998 Francisco conoció a Edwin Yucra, ingeniero agrónomo con interés en el clima y el conocimiento local. Edwin trabajaba en Prosuko, un proyecto que apoyaba en desarrollar a los sukukollus (camellones agrícolas, inspiradas por el agro del antiguo imperio de Tiwanaku).

Edwin colaboró durante años con Francisco y Antonio y sus vecinos. Edwin, en los últimos años, les enseñó que había una aplicación gratis en el Internet que los agricultores podrían bajar y pronosticar el tiempo en base a satélites y estaciones meteorológicas. Muchos agricultores tienen smart phones hoy en día que les da acceso a estas aplicaciones como este, llamado el Weather Underground.

Para el año 2017 Edwin, ahora catedrático en la Universidad Mayor de San Andrés, trabajaba con siete comunidades, incluso Cutusuma. Lograron poner una pequeña estación meteorológica en Cutusuma para medir el tiempo, como la temperatura, viento y lluvia.

Francisco y Antonio revisan los datos de la estación constantemente. Chequean el Weather Underground cada día en sus celulares. Siguen escuchando el pronóstico en la radio y la tele y todavía hacen su propio pronóstico en base a los indicadores, lo cual apuntan en su Pachagrama (vea blog sobre Prediciendo el tiempo), para seguirlo durante el año.

Don Francisco y don Antonio están haciendo un estudio profundo del clima. Combinan el conocimiento local con la ciencia moderna. Gracias a eso Francisco se ha convertido en una especie de experto y celebridad. Sus vecinos frecuentemente le preguntan cómo va a ser el tiempo. Cuando don Francisco va al pueblo de Batallas para hacer mercado le reconocen los del pueblo y le preguntan sobre el tiempo. En los últimos años Francisco ha salido en la tele y en varios de los canales explicando el tiempo, los indicadores y que el clima está cambiando.

Es un ejemplo de que se puede respetar el conocimiento local y hasta ancestral, con amor a la ciencia moderna.

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