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Exit strategy 2.0 October 2nd, 2022 by

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I’ve written before that a program to support a network of local food producers and consumers needs an exit strategy (An exit strategy). I’ve seen various projects that do a good job at mentoring smallholders, to produce chemical-free food, package it attractively and distribute it to discriminating consumers in the city. This usually relies on hidden subsidies: the university-educated technical staff who broker the food, promote it and transport it in cars, also paid for out of the project budget. It’s a way to show that there is demand for agroecological food, but not a business model.

In the Tungurahua province of Ecuador, last February, I saw what it takes for farmers and consumers to come together in a robust, self-sustaining way.

In the municipality of Pelileo, a city of about 50,000 people, the NGO SWISSAID started 13 years ago to teach 600 farmers and gardeners about agroecology, according to the current country director, Oscar Quillupangui. The second year, SWISSAID organized the farmers to sell their produce in a fair in the city. This was only possible thanks to the mayor at the time, who understood the importance of a market for local, organic produce. As Fernando Jácome of SWISSAID told me, “you can’t run a market without local government support. If you set up a food fair in a public space, the mayor can ask the police to throw you out. In fact, farmer fairs in some other Ecuadorian cities did not thrive, because of this lack of municipal support.”

The current mayor, Ing. Leonardo Maroto, has a vision for healthy food systems: “the countryside gives life to the city.”

When Paul and Marcella and I visited the weekly agroecological fair in Pelileo, on Thursday, 10 February, we were delighted to see a living market, supported by a whole social structure. The space itself is the size of a large basketball court, with a cement floor and a high, awning roof, no walls, but with a stage on one end and step-like seats on the other. Seventy-seven farmer-sellers, almost all women (with two or three supportive husbands), set out their fresh produce on tables in neat rows. Each table was covered with an orange tablecloth. The sellers wore green smocks and orange caps, which helped the organized women (with some help from a couple of municipal cops) to keep out free riders trying to sell conventional food in the market.

The food is of great diversity: potatoes and other Andean roots and tubers, leafy vegetables, pulses like peas and broad beans, giant squash, butchered ducks, rabbits, chickens and guinea pigs. It’s all fresh off the farm and of the highest quality, attracting a steady stream of middle-class consumers who appreciate the value of local feed, free of toxic chemicals.

“Well, it is for our health, right? We always have to be natural. Because you know that now there are so many illnesses because of the chemicals that they put in the fruits and the vegetables. So, for us, for me, and for everyone it is very good that the food is natural, to avoid illnesses,” says Maricela Herrera, one of the consumers.

There are some touches of local personality, like the ten-man brass band, from the municipal government. They don’t play every week, but they come about once a month to attract customers with their beat. There is some free food tasting (potatoes with a slice of egg, peanut sauce and a bit of boiled pork skin).

Mayor Maroto makes an appearance, offering encouraging words over the loudspeaker. The band starts again and people begin to dance, eventually dragging Paul and I onto the dance floor as well.

Through all of this, the staff from SWISSAID, including Fernando and Oscar, keep a low profile. They stand on the sidelines, but they are observant, and I would have missed one of the most important parts of the fair, if they had not pointed it out to me. The farmers who sell at the fair have elected a president, vice-president, secretary and treasurer, Martha Cunalata who quietly goes from one table to the next, collecting one dollar from each member, to meet the association’s expenses.

Self-financed, organized and supported by paying customers and the local government, this market could survive even without an NGO to nurture it. This is what a healthy, local food system looks like. Hopefully it will grow and plant seeds in other cities. As Paul told mayor Maroto of Pelileo, “you are an inspiration to other cities of the world.”

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Creating agroecological markets

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Acknowledgement

Thanks to Oscar Quillupangui and Paul Van Mele for their helpful comments on a previous version of this blog.

ESTRATEGIA DE SALIDA 2.0

Jeff Bentley, 2 de octubre del 2022

Ya he escrito antes que un programa de apoyo a una red de productores y consumidores de alimentos locales necesita una estrategia de salida (Una estrategia de salida). He visto varios proyectos que hacen un buen trabajo de orientación a los pequeños productores para que produzcan alimentos sin productos químicos, los envasen de forma atractiva y los distribuyan a los consumidores exigentes de la ciudad. Esto suele tener subvenciones ocultas: el personal técnico con formación universitaria que se encarga ayudar con la venta de los alimentos, de su promoción y de su transporte en vehículos, también pagados con el presupuesto del proyecto. Es una forma de demostrar que hay demanda de alimentos agroecológicos, pero no un modelo de negocio.

En la provincia ecuatoriana de Tungurahua, el pasado mes de febrero, vi lo que hace falta para que agricultores y consumidores se unan de forma sólida y autosostenible.

En el municipio de Pelileo, una ciudad de unos 50.000 habitantes, la ONG SWISSAID empezó hace 13 años a enseñar agroecología a 600 agricultores y dueños de huertos, según el actual director nacional, Oscar Quillupangui. El segundo año, SWISSAID organizó a los agricultores para que vendieran sus productos en una feria en la ciudad. Esto sólo fue posible gracias al alcalde de la época, que comprendió la importancia de un mercado para los productos locales y ecológicos. Como me dijo Fernando Jácome, de SWISSAID, “no se puede hacer un mercado sin el apoyo del gobierno local. Si montas una feria de alimentos en un espacio público, el alcalde puede pedir a la policía que te boten. De hecho, las ferias agrícolas de otras ciudades ecuatorianas no prosperaron por esta falta de apoyo municipal”.

El actual alcalde, Ing. Leonardo Maroto, tiene una visión de los sistemas alimentarios saludables: “el campo da vida a la ciudad”.

Cuando Paul, Marcella y yo visitamos la feria agroecológica semanal de Pelileo, el jueves 10 de febrero, nos encantó ver un mercado vivo, apoyado por toda una estructura social. El espacio en sí tiene el tamaño de una gran cancha de baloncesto, con un piso de cemento y un techo alto de calamina, sin paredes, pero con un escenario en un extremo y asientos escalonados en el otro. Setenta y siete vendedores de productos agrícolas, casi todas mujeres (con dos o tres maridos colaboradores), colocaban sus productos frescos en mesas en hileras ordenadas. Cada mesa estaba cubierta con un mantel naranja. Las vendedoras usaban batas verdes y gorras naranjas, lo que ayudó a las mujeres organizadas (con algo de ayuda de un par de policías municipales) a mantener alejados a los que intentaban vender alimentos convencionales en el mercado.

La comida es muy variada: papas y otras raíces y tubérculos andinos, verduras de hoja, legumbres como frijoles y habas, calabazas gigantes, patos, conejos, pollos y cuyes. Todo está recién salido de la granja y es de la primera calidad, lo que atrae a un flujo constante de consumidores de clase media que aprecian el valor de los alimentos locales, libres de productos químicos tóxicos.

“Bueno, es que, por la salud ¿no? Siempre tenemos que estar a lo natural. Sabe que ahora hay tantas enfermedades por los químicos que ponen a las frutas, a las legumbres. Entonces, para nosotros, para mí, y para todos, es muy bueno que sea natural. Porque nos evitamos de muchas enfermedades”, dice Maricela Herrera, una de las consumidoras.

Hay algunos toques de personalidad local, como la banda de música de diez hombres, del gobierno municipal. No tocan todas las semanas, pero vienen una vez al mes para atraer a los clientes con su ritmo. Hay una degustación gratuita de comida (papas con una rodaja de huevo, salsa de maní y un poco de piel de cerdo hervida).

El alcalde Maroto hace su aparición, ofreciendo palabras de aliento por la megafonía. La banda vuelve a sonar y la gente empieza a bailar, arrastrándonos a Paul y a mí a la pista de baile.

Durante todo esto, el personal de SWISSAID, incluidos Fernando y Óscar, mantienen un perfil bajo. Se mantienen al margen, pero son observadores, y me habría perdido una de las partes más importantes de la feria si no me la hubieran señalado. Los agricultores que venden en la feria han elegido un presidente, un vicepresidente, un secretario y un tesorero, Martha Cunalata, que va tranquilamente de una mesa a otra, recogiendo un dólar de cada miembro, para hacer frente a los gastos de la asociación.

Autofinanciado, organizado y apoyado por los clientes que pagan y por el gobierno local, este mercado podría sobrevivir incluso sin una ONG que lo alimente. Este es el aspecto de un sistema alimentario local saludable. Esperemos que crezca y siembre semillas en otras ciudades. Como dijo Paul al alcalde Maroto de Pelileo, “ustedes son una inspiración para otras ciudades del mundo”.

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Creando ferias agroecológicas

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Previamente en el blog de Agro-Insight

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Algo bonito para vender

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Agradecimientos

Gracias a Oscar Quillupangui y Paul Van Mele por sus valiosos comentarios sobre una versión previa de este blog.

 

 

From family farm to family firm August 21st, 2022 by

Vea la versión en español a continuación

In Peru, one way to save endangered, native potatoes is by selling and eating them. I recently learned that some restaurant owners are buying native potatoes directly from farmers. Paul and Marcella and I went with local agronomist Raúl Ccanto to meet Guido Villegas, the Huancayo city official in charge of promoting food security and local commerce. He told us that the government of Peru has a program to feed children (Qali Wamru: “vigorous child”) where the national government sends foodstuffs that can be easily stored and transported. The city of Huancayo supplements these by buying local fresh food and vegetables, including native potatoes, to prepare school breakfasts and lunches for the kids. “We were pioneers in these direct purchases,” explained Mr. Guido.

He added that the city is also interested in supporting biodiversity, agroecology and family farming. Every year on National Potato Day (30 May), there is a fair in the city of Huancayo, where the local government puts individual restaurant owners in touch with smallholder farmers.

So we drove over to El Costillar, a family restaurant in downtown Huancayo, and introduced ourselves to Percy Bráñez, the owner. The place was spotless, well-lit and it only had four tables, making it a perfect place for a quite lunch. Percy seemed delighted to have a film crew drop by uninvited, and he thoughtfully went from table to table, asking the customers if they minded if we filmed while they ate.

Percy graciously gave us some of his signature, local food: mote (hominy), boiled native potatoes, fresh salsa, fried sweetpotatoes and possibly the world’s finest chicharrón (pork fried in its own fat).

Percy explained that he has been in business for 20 years, following in the tradition of his father, who started a similar restaurant 50 years ago. Confirming what Guido had said, Percy told how he met two farmers at the fair on national potato day. He asked for their phone numbers, and now, whenever he needs potatoes, he gives them a ring, and they bring the produce right to the restaurant’s door.

Percy buys a little over 100 kilos a week. He takes whatever variety of native potatoes the farmers have. He seems to enjoy serving this diversity in his locally-themed restaurant.

There is a transaction cost for the farmers, who have to make the trip to town, but the drivers of small, country buses are usually happy to take a sack of potatoes as luggage. The two farmers have a ready market; the restaurant gets a steady supply, and by cutting out the middleperson, they reach a price higher than what the farmer would get from the wholesaler, but lower than what the restaurant would pay in the market.

Restaurants and other family firms are a natural outlet for family farms, bringing fresh, local food to nearby cities. And local governments can help to put smallholders in touch with potential customers, who can then deal directly with each other. Restaurant owners can simply phone the farmers when they need produce. This kind of direct marketing was unthinkable thirty years ago, when Latin American farmers barely had access to any phones at all, let alone to a handset in their pocket.

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A market to nurture local food culture

Choosing to farm

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Recovering native potatoes

DE LA AGRICULTURA FAMILIAR AL RESTAURANTE FAMILIAR

Jeff Bentley, 21 de agosto del 2022

En Perú, una forma de rescatar las papas nativas en peligro de extinción es venderlas y comerlas. Hace poco me enteré de que algunos dueños de restaurantes compran papas nativas directamente a los agricultores. Paul, Marcella y yo fuimos con el Ing. Raúl Ccanto a conocer a Guido Villegas, el funcionario de la ciudad de Huancayo encargado de promover la seguridad alimentaria y el comercio local. Nos contó que el gobierno de Perú tiene un programa para alimentar a los niños (Qali Wamru: “niño vigoroso”) en el que el gobierno nacional envía alimentos que se pueden almacenar y transportar fácilmente. La ciudad de Huancayo los complementa comprando alimentos y verduras frescas locales, incluidas las papas nativas, para preparar los desayunos y almuerzos escolares de los niños. “Fuimos pioneros en estas compras directas”, explicó el Sr. Guido.

Añadió que la ciudad también está interesada en apoyar la biodiversidad, la agroecología y la agricultura familiar. Todos los años, en el Día Nacional de la Papa (30 de mayo), se celebra una feria en la ciudad de Huancayo, donde el gobierno local pone en contacto a dueños de restaurantes con agricultores familiares.

Así que nos dirigimos a El Costillar, un restaurante familiar en el centro de Huancayo, y nos presentamos a Percy Bráñez, el propietario. El local estaba impecable, bien iluminado y sólo tenía cuatro mesas, lo que lo convertía en un lugar perfecto para un almuerzo tranquilo. El Sr. Percy parecía encantado de que un equipo de rodaje se pasara por allí sin ser invitado, y fue de mesa en mesa preguntando atentamente a los clientes si les importaba que les grabáramos mientras comían.

El Sr. Percy amablemente nos invitó algunos de sus platos típicos: mote, papas cocidas, salsa fresca, camote frito y posiblemente el mejor chicharrón del mundo.

Percy explicó que lleva 20 años en el negocio, siguiendo la tradición de su padre, que abrió un restaurante similar hace 50 años. Confirmando lo que Guido había dicho, Percy contó que conoció a dos agricultores en la feria el día nacional de la papa. Les pidió sus números de teléfono y ahora, cada vez que necesita papas, les llama y le traen el producto a la puerta del restaurante.

Percy compra algo más de 100 kilos a la semana. Acepta cualquier variedad de papas nativas que tengan los agricultores. Parece que le gusta servir esta diversidad en su restaurante de típico.

Hay un costo de transacción para los agricultores, que tienen que hacer el viaje a la ciudad, pero los conductores de los buses rurales llevan de buena gana un saco de papas como equipaje. Los dos agricultores tienen un mercado a mano; el restaurante obtiene un suministro constante y, al eliminar al intermediario, alcanzan un precio superior al que el agricultor obtendría del mayorista, pero inferior al que el restaurante pagaría en el mercado.

Los restaurantes y otras empresas familiares son una salida natural para las fincas familiares, que llevan alimentos frescos y locales a las ciudades cercanas. Y las administraciones locales pueden ayudar a conectar a los pequeños agricultores con los clientes potenciales, que pueden tratar directamente entre ellos. Los dueños de restaurantes pueden llamar por teléfono a los agricultores cuando necesiten productos. Este tipo de comercialización directa era impensable hace treinta años, cuando los agricultores latinoamericanos tenían poco acceso a teléfonos, y mucho menos a un celular en su bolsillo.

Previamente en el blog de Agro-Insight

A market to nurture local food culture

Optando por la agricultura

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Recuperemos las papas nativas

 

200 Guinea pigs August 7th, 2022 by

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Paul and Marcella and I recently met Lucía Ávila in Quilcas, a small town in Junín, Peru. After 2013, agronomists from an NGO, Yanapai, began to show her and her neighbors how to raise a mix of fodders, including rye grass, alfalfa, clover and others. Animals like the mix more than just one fodder, but the plants need water. With support from the government of Peru, the farmers of Quilcas dug an irrigation canal from some 7 km away, and the people began growing small patches of fodder which they could cut for several years, fertilizing it with ash and manure until the grass aged. Then the fodder patch would be dug up, and planted in potatoes, which prospered in the soil where the grass had been grown.

Every day, doña Lucía has been able to cut two large blankets full of fodder, enough for a milk cow, or in her case, enough for 200 guinea pigs.

Doña Lucía had started cautiously. In 2014 she got her first pair of guinea pigs from an NGO called CEDAL. The rodents reproduce pretty fast, so she soon had dozens of the animals. Every year she gets some new males, to avoid inbreeding. She specializes in a large, meaty breed called Mi Perú (my Peru), which is white and reddish, like the Peruvian flag.

As doña Lucía explains, guinea pigs are easy to sell, so they give her a steady income. Plenty of customers come to her house, and she sells the guinea pigs for 20 soles (over $5). She now has 200 guinea pigs.

She says that before she got the big, red-and-white guinea pigs, she had some other which she describes as “small, like rats, and the color of rats.” She adds “When you have grass you can have nice, fat guinea pigs, and you can sell them and have a little money. You can improve your standard of living.” While guinea pigs are thought of as pets in many northern countries, in places like Peru they are small livestock. They are easy to raise at home, in the courtyard, under the shade of a porch.

Formal development is often criticized as being prone to failure. So, it’s only fair to recognize its successes. In this case, three different projects happened to come together from different institutions to ensure that people not only had fodder, but water to irrigate it, and guinea pigs to eat it. The innovations worked together, even if they weren’t designed that way.

Acknowledgements

The visit to Peru to film various farmer-to-farmer training videos, including this one, was made possible with the kind support of the Collaborative Crop Research Program (CCRP) of the McKnight Foundation. Thanks to Edgar Olivera, Raúl Ccanto, Jhon Huaraca and colleagues of the Grupo Yanapai for introducing us to Quilcas and for sharing their knowledge with us. Raúl Ccanto and Paul Van Mele read and made valuable comments on an earlier version of this story.

200 CUYES

Jeff Bentley, 24 de julio del 2022

Hace poco, Paul, Marcella y yo conocimos a Lucía Ávila en Quilcas, un pequeño pueblo de Junín, Perú. A partir de 2013, los agrónomos de una ONG, Yanapai, empezaron a enseñarle a ella y a sus vecinos cómo sembrar una mezcla de forrajes, que incluye ray gras, alfalfa, trébol y otros. A los animales les gusta más la mezcla que un solo forraje, pero las plantas necesitan agua. Con el apoyo del gobierno de Perú, los campesinos de Quilcas cavaron un canal de riego a unos 7 km de distancia, y la gente empezó a cultivar pequeñas parcelas de 200 metros cuadrados, que podían cortar durante varios años, abonándolas con ceniza y estiércol hasta que la hierba envejeciera, y se pudiera desenterrar, plantando papas, que prosperaron en la tierra donde había crecido la hierba.

Doña Lucía descubrió que cada día podía cortar dos grandes mantas llenas de forraje, suficiente para una vaca lechera, o en su caso, suficiente para 200 cuyes.

Doña Lucía había empezado con cautela. En 2014 consiguió su primer par de cuyes de una ONG llamada CEDAL. Los roedores se reproducen bastante rápido, así que pronto tuvo decenas de estos animales. Cada año consigue algunos machos nuevos, para evitar cruzar animales parientes. Está especializada en una raza grande y carnosa llamada Mi Perú, que es blanca y rojiza, como la bandera peruana.

Como explica doña Lucía, los cuyes son fáciles de vender, por lo que le dan unos ingresos constantes. A su casa llegan muchos clientes y vende los cuyes a 20 soles (más de 5 dólares). Ahora tiene 200 cuyes.

Dice que antes de tener los cuyes grandes, rojos y blancos, tenía otros que describe como “pequeños, como ratas, y del color de las ratas”. Añade: “Cuando tienes pasto puedes tener cuyes bonitas y gordas, y puedes venderlas y tener un poco de dinero. Puedes mejorar tu nivel de vida”. Mientras que en muchos países del norte se considera a los cuyes como mascotas, en lugares como Perú son ganado menor. Viven en el corredor de la casa de la gente, y son fáciles de criar.

A menudo se critica el desarrollo formal por siempre fracasar. Es importante reconocer también sus éxitos. En este caso, se unieron varios esfuerzos para garantizar que la gente no sólo tuviera forraje, sino también agua para regarlo y cuyes para alimentarlos. Las innovaciones funcionaron conjuntamente, aún si no se diseñaron juntos.

Agradecimiento

Nuestra visita al Perú para filmar varios videos, incluso este, fue posible gracias al generoso apoyo del Programa Colaborativo de Investigación de Cultivos (CCRP) de la Fundación McKnight. Gracias a Edgar Olivera, Raúl Ccanto, Jhon Huaraca y colegas del Grupo Yanapai por presentarnos a Quilcas y por compartir su conocimiento con nosotros. Raúl Ccanto y Paul Van Mele hicieron comentarios valiosos sobre una versión previa de este relato.

Agroecology for kids July 31st, 2022 by

Nederlandse versie hieronder

May 3rd, is a special day for the people of Tres de Mayo, Huayllacán, in Huánuco, in the highlands of central Peru, as they celebrate the community’s anniversary.

When we reach the village at 7.30 am, half an hour before the school starts, local women in their beautiful traditional dresses and hats with colourful flowers are already frying trout in a big pan over a wood fire.

Soon after, breakfast is served in one of the classrooms of the local school. Jeff, Marcella and I take our seats on the small chairs and we are soon joined by the teachers. Large pots with steaming food have been carried into the classroom in a wheelbarrow. We all enjoy the trout with a diversity of boiled potatoes, four or five different varieties on each plate. And diversity will be the theme of the day, as the school has organised a fair on agrobiodiversity and local food.

After raising the flag of Peru and singing the national anthem, children from all classes perform a variety of songs, poems and sketches, all related to their rich farming, food and herbal health traditions. The school walls are lined with drawings of the pupils from kindergarten to secondary school. Later on, a jury evaluates the children’s art work. When I ask Dante Flores, one of the jury members how they make a selection, he says: they will all get a prize. This is a nice way to ensure all kids feel appreciated.

The school has a specially designed classroom, which they call the Seed Room or Muru Huasi in the local Quechua language. The name is a little confusing as it is not a seed storage room, but rather it sows the seeds of respect and love for local culture, agrobiodiversity and ecological farming.

Besides a library with books on Peru and its natural richness, the room also displays drawings and models made by the school children that show the different plants and animals their parents have on their farms. Various games, such as an adaptation of Monopoly, trigger the children to learn in a joyful way about their rich farming and food traditions. On one of the tables, a variety of clay-made tubers are on display, in all sorts of shapes and colours that I have never seen before.

Outside, at the fair, I realize that these kids have not improvised, but that Andean tubers indeed are incredibly diverse. For potatoes alone, of which Peru is the centre of origin, the country has some 4,000 varieties.

The fair is also visited by parents, of which several are “conservationistas”. Jeff and I talk to one of the them. Eustaquio Hilario Ponciano tells us that he and his family has about 300 potato varieties that he mixes all together in his fields. This strategy offers diverse food, but also spreads risks as one is never sure what the weather will be like.

A day earlier, we went with some joyful, singing children up to the high country at about 4,000 meters altitude, to meet don Eustaquio and his wife at the time when they were harvesting one of their potato fields. From the steep slopes they unearth red, yellow, black and purple spotted potatoes in all shapes. The children repeat in loud voice the Quechua names of each variety. It is clear how much the children enjoy being out in the field and listen to some of the stories behind the names of the local varieties.

At the fair, long tables display a selection of the potato varieties along with other Andean tubers, such as oca, olluco and mashua.

From the children’s drawings, songs and poems it is clear how much pride the school director, Luz Valverde, and the teachers take in their rich culture, and how they have successfully passed this on to the children.

We hope that the video that we made on teaching ecological farm and food culture in schools will inspire educators around the world. Children deserve healthy, nutritious food that is grown locally, without any chemicals.

Note

The scientific name of oca is Oxalis tuberosa; olluco is Ullucus tuberosus and mashua is Tropaeolum tuberosum. For more info, see: https://cipotato.org/roots-and-tubers/oca-ulluco-mashua/

Watch the video: Teaching agroecology in schools

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The visit to Peru to film various farmer-to-farmer training videos was made possible with the kind support of the Collaborative Crop Research Program (CCRP) of the McKnight Foundation. Thanks to the school director Luz Valverde, faculty, students and parents of School No. 32677, Tres de Mayo de Huayllacayán, to Aldo Cruz – Centro de Investigaciones de Zonas Áridas (CIZA) and Dante Flores – Instituto de Desarrollo y Medio Ambiente (IDMA) for supporting our field work.

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See the many training videos on agroecology hosted on the Access Agriculture video platform.

 

Agroecologie voor kinderen

3 mei is een speciale dag voor de inwoners van Tres de Mayo, Huayllacán, in Huánuco, in de hooglanden van centraal Peru, omdat ze de verjaardag van de gemeenschap vieren.

Als we om 7.30 uur in het dorp aankomen, een half uur voordat de school begint, zijn de plaatselijke vrouwen in hun prachtige traditionele jurken en hoeden met kleurige bloemen al forel aan het bakken in een grote pan boven een houtvuur.

Kort daarna wordt het ontbijt geserveerd in een van de klaslokalen van de plaatselijke school. Jeff, Marcella en ik nemen plaats op de kleine stoeltjes en al snel voegen de leraren zich bij ons. Grote potten met dampend eten zijn in een kruiwagen de klas binnengereden. We genieten allemaal van de forel met een verscheidenheid aan gekookte aardappelen, vier of vijf verschillende soorten op elk bord. En diversiteit zal het thema van de dag zijn, want de school heeft een beurs georganiseerd over agrobiodiversiteit en lokaal voedsel.

Na het hijsen van de Peruaanse vlag en het zingen van het volkslied, voeren kinderen uit alle klassen een aantal liedjes, gedichten en sketches op, die allemaal te maken hebben met hun rijke tradities op het gebied van landbouw, voeding en kruidengeneeskunde. De muren van de school zijn bekleed met tekeningen van de leerlingen van de kleuterschool tot de middelbare school. Later beoordeelt een jury de kunstwerken van de kinderen. Als ik Dante Flores, een van de juryleden, vraag hoe zij een selectie maken, zegt hij: ze krijgen allemaal een prijs. Dit is een leuke manier om ervoor te zorgen dat alle kinderen zich gewaardeerd voelen.

De school heeft een speciaal ontworpen klaslokaal, dat ze de Zaadkamer noemen of Muru Huasi in de lokale Quechua taal. De naam is een beetje verwarrend omdat het geen opslagruimte voor zaden is, maar eerder de zaden zaait van respect en liefde voor de lokale cultuur, agrobiodiversiteit en ecologische landbouw.

Naast een bibliotheek met boeken over Peru en zijn natuurlijke rijkdom, worden in het lokaal ook tekeningen en modellen tentoongesteld die door de schoolkinderen zijn gemaakt en die de verschillende planten en dieren laten zien die hun ouders op hun boerderij hebben. Verschillende spelletjes, zoals een bewerking van Monopoly, zetten de kinderen aan om op een vrolijke manier te leren over hun rijke landbouw- en voedseltradities. Op een van de tafels worden allerlei knollen van klei tentoongesteld, in allerlei vormen en kleuren die ik nog nooit eerder heb gezien.

Buiten, op de beurs, realiseer ik me dat deze kinderen niet geïmproviseerd hebben, maar dat de knollen uit de Andes inderdaad ongelooflijk divers zijn. Alleen al voor aardappelen, waarvan Peru het centrum van herkomst is, kent het land zo’n 4.000 variëteiten.

De beurs wordt ook bezocht door ouders, waarvan er verschillende “conservationistas” zijn. Jeff en ik praten met een van hen. Eustaquio Hilario Ponciano vertelt ons dat hij en zijn familie zo’n 300 aardappelrassen hebben die hij allemaal door elkaar mengt op zijn velden. Deze strategie biedt gevarieerd voedsel, maar spreidt ook risico’s, want men weet nooit zeker wat voor weer het zal zijn.

Een dag eerder zijn we met een aantal vrolijk zingende kinderen naar het hooggelegen land op zo’n 4.000 meter hoogte gegaan, om don Eustaquio en zijn vrouw te ontmoeten op het moment dat ze een van hun aardappelvelden aan het oogsten waren. Van de steile hellingen halen zij rood, geel, zwart en paars gevlekte aardappelen in allerlei vormen. De kinderen herhalen met luide stem de Quechua namen van elke variëteit. Het is duidelijk hoe leuk de kinderen het vinden om op het veld te zijn en te luisteren naar de verhalen achter de namen van de lokale variëteiten.

Op de beurs staan op lange tafels een selectie van de aardappelrassen uitgestald, samen met andere knollen uit de Andes, zoals oca, olluco en mashua.

Uit de tekeningen, liedjes en gedichten van de kinderen blijkt hoe trots de directrice van de school, Luz Valverde, en de leerkrachten zijn op hun rijke cultuur, en hoe ze die met succes op de kinderen hebben overgebracht.

We hopen dat de video die we hebben gemaakt over het onderwijzen van de ecologische landbouw- en voedselcultuur op scholen, opvoeders over de hele wereld zal inspireren. Kinderen verdienen gezond, voedzaam voedsel dat lokaal verbouwd is, zonder chemicaliën.

Bekijk de video: Teaching agroecology in schools

Making farmers anonymous July 24th, 2022 by

Nederlandse versie hieronder

Short food chains narrow the gap between producers and consumers, but when food is traded through wholesalers and when supermarkets sell their own brands, active efforts are undertaken to make farmers anonymous. This never really occurred to me until Vera Kuijpers, from the organic farm and farm shop Het Eikelenhof in north-eastern Limburg, told me about her latest experience with Biofresh, one of the major organic wholesalers in Belgium.

Every Thursday at 4.30 am, Vera and her husband Johan Hons, load their van with their freshly harvested vegetables and other produce and drive about 100 km to sell to Biofresh among a few other places. Last week they also took over 60 crates of new potatoes. Their red Aloette is a firm and delicious potato variety that withstands the common Phytophthora disease. Each crate is nicely labelled with the family name of Johan (Hons), and the variety. “The moment we deliver our crates, staff at Biofresh remove the labels and attach their own, so that other people who come and buy organic produce will not know who has produced it. But this time, they also removed the name of the variety,” Vera says, “they just put ‘red potato’. I really wonder why they would do that?”

Vera and Johan strongly disagree with this new development, as one cannot compare one red variety with all the others. “If customers in a supermarket want to buy the delicious Aloette, one week it may be this variety, but if the next week it is a different red variety that has a very different taste or is not tasty, they may stop buying red potatoes all together, and then the farmer who grows Aloette will no longer be able to sell their potatoes,” Johan says. From a producer’s perspective he surely has a point.

When discussing this matter with my wife, Marcella, she points out that the contrast of how Oxfam markets Fairtrade products is very stark. On almost all packaging, you see the face of a farmer and often a personal story that goes with it. Supermarkets also sell Fairtrade products, and seemingly have no problem with an occasional personal touch. A coffee drinker in Europe is unlikely to meet many coffee growers in the distant African highlands or Latin America. The photo and the blurb on the coffee package are a mere virtual connection. There is no risk of consumers buying directly from producers, whereas a Belgian retailer or consumer would be able to contact a farmer in Belgium.

Naming the farmers and the varieties is important when selling produce, as it helps consumers relate to the food they eat and the people who produce it. As consumers increasingly turn to farm shops, farmers’ markets and other short food chains, wholesalers and supermarkets are now taking steps to make farmers and varieties anonymous. The farmers are potential competitors, and the big buyers want to make sure the customers never meet the farmers. It is like a trade secret to stay in business, but also yet another tactic whereby farmers’ ability to negotiate prices with middlepersons and supermarkets are undermined.

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Landbouwers anoniem maken

Korte voedselketens verkleinen de kloof tussen producent en consument, maar als voedsel via de groothandel wordt verhandeld en als supermarkten hun eigen merken verkopen, wordt er actief geprobeerd om boeren anoniem te maken. Dit was nooit echt bij me opgekomen totdat Vera Kuijpers, van de biologische boerderij en boerderijwinkel Het Eikelenhof in Noordoost-Limburg, me vertelde over haar laatste ervaring met Biofresh, een van de grote biologische groothandels in België.

Elke donderdag om 4.30 uur laden Vera en haar man Johan Hons hun bestelwagen vol met hun vers geoogste groenten en andere producten en rijden dan zo’n 100 km om te verkopen aan onder andere Biofresh. Vorige week namen ze ook meer dan 60 kratten nieuwe aardappelen mee. Hun rode Aloette is een vast en lekker aardappelras dat bestand is tegen de veel voorkomende schimmelziekte Phytophthora. Elke krat is mooi geëtiketteerd met de familienaam van Johan (Hons), en het ras. “Op het moment dat wij onze kratten afleveren, verwijderen de medewerkers van Biofresh de etiketten en plakken hun eigen etiketten erop, zodat andere mensen die biologische producten komen kopen, niet weten wie ze heeft geproduceerd. Maar deze keer hebben ze ook de naam van het ras verwijderd,” zegt Vera, “ze hebben er alleen ‘rode aardappel’ op gezet. Ik vraag me echt af waarom ze dat doen?”

Vera en Johan zijn het absoluut niet eens met deze nieuwe ontwikkeling, want je kunt het ene rode ras niet vergelijken met alle andere. “Als klanten in een supermarkt de lekkere Aloette willen kopen, kan dat de ene week dit ras zijn, maar als het de volgende week een ander rood ras is dat heel anders smaakt of niet lekker is, zullen ze misschien helemaal geen rode aardappelen meer kopen, en dan kan de boer die Aloette teelt zijn aardappelen niet meer verkopen”, zegt Johan. Vanuit het oogpunt van de teler heeft hij zeker een punt.

Als ik deze kwestie met mijn vrouw Marcella bespreek, wijst zij erop dat het contrast met de manier waarop Oxfam Fairtrade-producten op de markt brengt, erg groot is. Op bijna alle verpakkingen zie je het gezicht van een boer en vaak een persoonlijk verhaal dat erbij hoort. Supermarkten verkopen ook Fairtrade-producten, en lijken geen probleem te hebben met af en toe een persoonlijk tintje. Een koffiedrinker in Europa zal waarschijnlijk niet veel koffietelers in de verre Afrikaanse hooglanden of Latijns-Amerika ontmoeten. De foto en de verhaaltjes op de koffieverpakking zijn niet meer dan een virtuele verbinding. Er is geen risico dat de consument rechtstreeks bij de producent koopt, terwijl een Belgische detailhandelaar of consument wel contact kan opnemen met een boer in België.

Het noemen van de boeren en de rassen is belangrijk bij de verkoop van producten, omdat het de consumenten helpt een band te krijgen met het voedsel dat zij eten en de mensen die het produceren. Nu consumenten zich steeds meer wenden tot boerderijwinkels, boerenmarkten en andere korte voedselketens, nemen groothandelaren en supermarkten maatregelen om boeren en rassen anoniem te maken. De boeren zijn potentiële concurrenten, en de grote inkopers willen er zeker van zijn dat de klanten de boeren nooit ontmoeten. Het is als een handelsgeheim om in business te blijven, maar ook de zoveelste tactiek waardoor het vermogen van boeren om met tussenpersonen en supermarkten over prijzen te onderhandelen wordt ondermijnd.

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