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The committee of the commons May 22nd, 2022 by

Vea la versión en español a continuación

I usually take a dim view of bureaucracy, but a committee may help stop overgrazing as much as a good fence, as I learned this April, in the community of Canrey Chico, in Ancash, Peru.

About 1993, almost 30 years ago, a young teacher, Vidal Rondán, was hired to be a ranger in the Huascarán National Park. Two years later, he had been hired by the Mountain Institute, an NGO, to work with local communities in the high Andes around the park. In 1998 Vidal organized the farmers into a local agricultural research committee, also known as a CIAL. The committee had 11 farmer-members elected by their community to do research on a pressing problem.

The community loaned the CIAL a two-hectare plot to do experiments on cattle grazing for the 120 members of the Cordillera Blanca Farmers’ Association, which collectively managed the lands of a former hacienda. The CIAL spent a year studying topics like organic fertilization, irrigation and fencing. The results were so promising that the community gave the committee 40 hectares to do more experiments

As community member Dalia Rodríguez explained, before the CIAL, the cattle roamed loose, eating whatever grasses they wanted. Such permissive grazing may seem fine, but over the years the cows and sheep eat all their favorite grasses down to the nub, and the nasty plants encroach on the pasture.

In the 1990s, when the community learned about the CIAL’s research, they began rotating the cattle between smaller, fenced areas. That obliged the livestock to eat more plant species, not just the tastiest ones. As doña Delia explained, in the dry season, folks began keeping the cattle on open pasture in the high country, and in the rainy season moving the cows to fenced grazing closer to the farmsteads.

The members of the Cordillera Blanca farmers’ association own about 600 head of cows, including 58 that are managed collectively. To avoid overgrazing, each community member is limited to a maximum of 25 cows. Movements and numbers of animals are overseen by a board of directors of the Cordillera Blanca Farmers’ Association, which has a president, vice-president, secretary, treasurer and various committees on areas like grazing, equipment, and fence. The board members and the committees meet once a month.

Paul and Marcella and I were lucky enough to visit Cordillera Blanca for one of their monthly meetings, which started promptly at 9 AM. Weather-beaten farmers, dressed in their work clothes, filled the small room of an old adobe house. After a while they sent word to Vidal, to say that we could come inside. We briefly discussed our project to film a video about grazing. They gave us permission, and then politely dismissed us. They had business to attend to, and they could manage without any advice from friendly outsiders.

These committees decide when to move cattle down from the high country. They make sure that they don’t put the livestock into a pasture until the grass has recovered, and the seed heads are mature enough to self-seed the next year’s pasture. The board and the committees decide on when to invest in repairing fences, with the members working together to dig the post holes and stretch the barbed wire. The 120 member households meet as needed, when decisions must be approved by all community members.

The board also hires a community cowboy, who along with his wife milks all of the cows in the collective herd and sells the milk back to local women, who make cheese, which they sell. Doña Delia explains that they sell the cheese locally or feed it to their families. Selling the milk allows the community to earn an income to invest in fences, sprinkler irrigation or other tools. Rotational grazing and fences save the farmers time; they no longer have to spend hours looking for their cows.

Vidal and the CIAL are still jointly researching agricultural innovations, which the community manages within their own structure of committees. Fences may be useful bits of hardware for managing livestock, but a system of farmer-managed committees can be the software that makes the  communal grazing land work.

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Further reading

Bentley, Jeffery W., Sylvie Priou, Pedro Aley, Javier Correa, Róger Torres, Hermeregildo Equise, José Luis Quiruchi & Oscar Barea 2006 “Method, Creativity and CIALs.” International Journal of Agricultural Resources, Governance and Ecology 5(1):90-105.

Acknowledgements

The visit to Peru to film various farmer-to-farmer training videos with farmers like doña Delia was made possible with the kind support of the Collaborative Crop Research Program (CCRP) of the McKnight Foundation. Thanks to Vidal Rondán of the Mountain Institute for introducing us to the community.

Videos on community organization

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Farmers’ rights to seeds: experiences from Guatemala

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COMITÉ CAMPESINO

Jeff Bentley, 22 de mayo del 2022

Normalmente no soporto la burocracia, pero un comité puede ayudar a frenar el sobrepastoreo, junto con un buen cerco, como aprendí este mes de abril en la comunidad de Canrey Chico, en Ancash, Perú.

Hacia 1993, hace casi 30 años, un joven profesor, Vidal Rondán, fue contratado como guardaparque en el Parque Nacional Huascarán. Dos años después, fue contratado por el Instituto Montaño, una ONG, para trabajar con las comunidades locales en las faldas andinas, alrededor del parque. En 1998, Vidal organizó a los agricultores en un comité local de investigación agrícola, también conocido como CIAL. El comité tenía 11 miembros agricultores elegidos por su comunidad para investigar un problema serio.

La comunidad prestó al CIAL una parcela de dos hectáreas para hacer experimentos sobre el pastoreo con los 120 miembros de la Asociación Campesina de Cordillera Blanca, que maneja colectivamente las tierras de una antigua hacienda. Después de que el CIAL pasara un año estudiando temas como la fertilización orgánica, el riego y los cercos, los resultados fueron tan prometedores que la comunidad prestó al comité 40 hectáreas para trabajar específicamente en el pastoreo.

Como explicó Dalia Rodríguez, miembro de la comunidad, antes del CIAL el ganado andaba suelto, comiendo los pastos que le daban la gana. Un pastoreo tan permisivo puede parecer agradable, pero con el paso de los años las vacas y las ovejas se comen todas sus hierbas favoritas al ras del suelo, y las plantas desagradables invaden el pasto.

En la década de los 1990, cuando la comunidad aprendió de las investigaciones del CIAL, empezaron a rotar el ganado entre secciones más pequeñas y cercadas. Eso  obliga al ganado a comer más especies, no sólo las más sabrosas. Como explicó doña Delia, la gente empezó a dejar el ganado en los pastos altos en la época seca, y en la estación lluviosa se bajaban a los pastos cercados más cercanos a las casas de la gente.

Los miembros de la Asociación Campesina  Cordillera Blanca tienen unas 600 cabezas de ganado, de las cuales 58 se manejan colectivamente. Para evitar el sobrepastoreo, cada miembro de la comunidad está limitado a un máximo de 25 vacas. Los movimientos y el número de animales son supervisados por una junta directiva de la Asociación, que tiene un presidente, un vicepresidente, un secretario, una tesorera y varios comités sobre temas como el pastoreo, los equipos y el cercado. Los miembros de la junta directiva y los comités se reúnen una vez al mes.

Paul, Marcella y yo tuvimos la suerte de visitar Cordillera Blanca para asistir a una de sus reuniones mensuales, que comenzó puntualmente a las 9 de la mañana. Los campesinos quemados del sol, vestidos con su ropa de trabajo, llenaban la pequeña sala de una vieja casa de adobe. Pasado un rato, avisaron a Vidal de que podíamos entrar. Hablamos brevemente de nuestro proyecto de filmar un video sobre el pastoreo. Nos dieron permiso, y luego nos dejaron salir. Tenían asuntos que atender, y podían arreglárselas sin el consejo de gente de afuera.

Estos comités deciden cuándo bajar el ganado de la zona alta. Se aseguran de no poner el ganado en un pasto hasta que se haya recuperado y está echando espigas, para auto-sembrar el pasto del año siguiente. La junta directiva y los comités deciden cuándo invertir en la reparación de los cercos, y los miembros trabajan juntos para plantar los postes y tender el alambre de púas. Los 120 hogares miembros se reúnen cuando es necesario, y las decisiones deben ser aprobadas por todos los miembros de la comunidad.

La junta también contrata a un vaquero de la comunidad, que junto con su esposa ordeña todas las vacas del rebaño colectivo y vende la leche a las mujeres de la zona, que hacen queso. Doña Delia explica que venden el queso localmente o se lo dan a sus familias. La venta de la leche permite a la comunidad obtener ingresos para invertir en cercos, riego por aspersión u otras herramientas. El pastoreo rotativo y los cercos ahorran tiempo a los ganaderos, que ya no tienen que pasar horas buscando a sus vacas.

Vidal y el CIAL siguen investigando conjuntamente las innovaciones agrícolas, que la comunidad gestiona dentro de su propia estructura de comités. Los cercos sirven para manejar el ganado, pero algunos comités organizados por los agricultores puede ser el software que haga funcionar el pastoreo comunal.

Previamente en el blog de Agro-Insight

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Mother and calf

Lectura adicional

Bentley, Jeffery W., Sylvie Priou, Pedro Aley, Javier Correa, Róger Torres, Hermeregildo Equise, José Luis Quiruchi & Oscar Barea 2006 “Method, Creativity and CIALs.” International Journal of Agricultural Resources, Governance and Ecology 5(1):90-105.

Agradecimientos

Nuestra visita al Perú para filmar varios videos agricultor-a-agricultor con agricultoras como doña Delia fue posible gracias al generoso apoyo del Programa Colaborativo de Investigación de Cultivos (CCRP) de la Fundación McKnight. Gracias a Vidal Rondán del Instituto Montaño por presentarnos a la comunidad.

Videos sobre organizaciones comunitarias

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Farming as a lifestyle May 1st, 2022 by

Nederlandse versie hieronder

In the Andes mountains of Peru, cattle and sheep are part of many rural families’ livelihoods. Large landowners used to own haciendas, large farms and ranches, often spanning an area of several villages. But during the land reform of the 1990s the haciendas were divided up among the families who worked the land. Some of the extensive grazing lands were given to community associations. Today, many people in the communities own a few hectares of private land. Besides grazing their animals on their private paddocks, during part of the year they also let their animals graze on communal land.

During our filming trip, Marcella, Jeff and I spent a week interacting with farmers in the village of Canrey Chico, at about 3,200 meters above sea level. We learned that the community association regulates its communal grazing land carefully, through various local committees: some in charge of managing fences, others deal with managing the pasture, or selling the milk of the 58 community cows. On top of these, individual families own their own cows, about 550, an average of 6 cows per family. To avoid overgrazing, a household is not allowed to own more than 25 cows.

One day, we drove up the rocky road to visit farmers in what locals call the high country. At over 4,300 meters, the vegetation is much drier: patches of dried ichu, or needle grass, dot the rocky soil. Lichens and some delicate flowers become apparent only when one takes a closer look. Driving through a river with crystal clear water and breath-taking landscapes with snow-capped mountains lining the horizon, we wonder where we are heading. Then, all of a sudden, after having crossed another slope, we spot a small farmhouse with a green field that turns out to be oats on closer inspection..

Robert Balabarca, president of the Cordillera Blanca farmers’ association, who is our local guide, quickly notices that no one is at home. There is no telephone signal and the farmer whom we were supposed to meet has already left with his herd. This is a good reminder that farmers anywhere in the world are busy people, and one should never be late to an appointment. (We had spent more time than we had bargained for earlier that morning, admiring some native forest trees planted by the community to stop wind erosion). As we wonder what to do, Robert spots a woman with  a flock of sheep in the distance. With a little effort, we finally see them, too.  We start walking towards the flock with all our filming gear, crossing various bofedales, high Andean wetlands, where the stones are slippery with moss and the water is cold and can quickly fill your boots. We find the landscape difficult to walk through, but the shepherdess, Trinidad León moves her animals quickly through it and invites us to follow her to her house.

I notice a small dome-shaped, woven structure raised on wooden poles and I wonder what this is for, to be told that this is their cupboard where they keep their bread, cheese and other food, out of reach of animals.

Before we interview Trinidad on camera, she explains how they manage their dairy cows and sheep. Although they bought a small house in Huaraz, the nearest city, to send their children to secondary school, the couple has been living permanently in the countryside for 30 years, leading a simple life. They are one of the few families living on the communal land.

Trinidad and her husband keep their animals overnight in a corral, where the animals defecate and urinate, forming a thick crust of organic fertilizer. After 2 to 3 months, the family makes a corral in a different place, ploughs the manure into the soil and plants oats and barley as green fodder. The water that flows nearby helps to irrigate the plot in the dry season. Every day, they cut some fodder to feed the animals a nutritious meal when they return from grazing. After cutting all the green fodder, they let the animals graze on the stubble, while planting more fodder in a different corral. Jeff and I are intrigued by this highly creative way of ensuring fodder throughout the year, so we decide to capture all this on video to inspire farmers in other parts of the world.

“My sheep are nice and fat and ready to be sold,” says Trinidad, while we give her a lift to town. When I ask her how she manages to get her sheep to town, she says that either people come with a truck to buy animals, or she walks them to the nearest village some 10 kilometres away, where she can load a few sheep onto a rural bus, going to the city.

This visit has shown once more how farming is not just a profession, but a functional lifestyle that some people are keen to preserve. Small-scale farming allows some people to live in a place they love, educate their children, and produce attractive products, like sheep and cheese, that city people want to buy.

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Acknowledgements

The visit to Peru to film various farmer-to-farmer training videos with farmers like Trinidad was made possible with the kind support of the Collaborative Crop Research Program (CCRP) of the McKnight Foundation. Thanks to Vidal Rondán of the Mountain Institute for introducing us to the community.

Videos on how to improve livestock

See the many training videos on livestock hosted on the Access Agriculture video platform.

 

Landbouw als levensstijl

In het Andesgebergte in Peru zijn runderen en schapen een onderdeel van het levensonderhoud van veel plattelandsgezinnen. Vroeger waren grootgrondbezitters eigenaar van haciënda’s, grote boerderijen en ranches, die vaak een gebied van meerdere dorpen besloegen. Maar tijdens de landhervorming van de jaren ’90 werden de haciendas verdeeld onder de families die het land bewerkten. Sommige van de uitgestrekte weidegronden werden aan gemeenschapsverenigingen gegeven. Tegenwoordig bezitten veel mensen in de dorpen een paar hectare privé-land. Naast het weiden van hun dieren op hun privéweiden, laten zij hun dieren gedurende een deel van het jaar ook grazen op gemeenschapsgronden.

Tijdens onze filmreis hebben Marcella, Jeff en ik een week lang contact gehad met boeren in het dorp Canrey Chico, op ongeveer 3.200 meter boven zeeniveau. We leerden dat de gemeenschapsvereniging haar gemeenschappelijke weidegronden zorgvuldig regelt, via verschillende lokale comités: sommigen zijn belast met het beheer van omheiningen, anderen houden zich bezig met het beheer van de weides, of met de verkoop van de melk van de 58 gemeenschappelijke koeien. Daarnaast hebben individuele gezinnen hun eigen koeien, ongeveer 550, een gemiddelde van 6 koeien per gezin. Om overbegrazing te voorkomen, mag een gezin niet meer dan 25 koeien bezitten.

Op een dag reden we de rotsachtige weg op om boeren te bezoeken in wat de plaatselijke bevolking het hoogland noemt. Op een hoogte van meer dan 4.300 meter is de vegetatie veel droger: op de rotsige bodem groeien opgedroogde ichu, of naaldgras. Korstmossen en enkele tere bloemen worden pas duidelijk als je beter kijkt. Rijdend door een rivier met kristalhelder water en adembenemende landschappen met besneeuwde bergtoppen aan de horizon, vragen we ons af waar we heen gaan. Dan, plotseling, na weer een helling te hebben overgestoken, zien we een kleine boerderij met een groen veld dat van dichterbij haver blijkt te zijn.

Robert Balabarca, voorzitter van de boerenvereniging van de Cordillera Blanca, die onze plaatselijke gids is, merkt al snel dat er niemand thuis is. Er is geen telefoonsignaal en de boer die we zouden ontmoeten is al vertrokken met zijn kudde. Dit is een goede herinnering aan het feit dat boeren overal ter wereld drukbezette mensen zijn, en dat je nooit te laat op een afspraak moet komen. (We hadden eerder die ochtend meer tijd doorgebracht dan we hadden verwacht, toen we enkele inheemse bomen bewonderden die door de gemeenschap waren geplant om winderosie tegen te gaan). Terwijl we ons afvragen wat we moeten doen, ziet Robert in de verte een vrouw met een kudde schapen. Met een beetje moeite zien wij ze eindelijk ook.  Met al onze filmspullen beginnen we naar de kudde toe te lopen, dwars door verschillende bofedales, hooggelegen wetlands in de Andes, waar de stenen glibberig zijn van het mos en het water koud is en je schoenen snel vol kunnen lopen. We vinden het landschap moeilijk begaanbaar, maar de herderin, Trinidad León beweegt haar dieren er snel doorheen en nodigt ons uit haar te volgen naar haar huis.

Ik zie een kleine koepelvormige, gevlochten structuur op houten palen staan en vraag me af waar dit voor is, om te horen te krijgen dat dit hun kast is waar ze hun brood, kaas en ander voedsel bewaren, buiten het bereik van dieren.

Voordat we Trinidad voor de camera interviewen, legt ze uit hoe ze met hun melkkoeien en schapen omgaan. Hoewel ze een huisje kochten in Huaraz, de dichtstbijzijnde stad, om hun kinderen van secundair onderwijs te laten genieten, leven het echtpaar reeds 30 jaar permanent op het platteland om een eenvoudig leven te leiden. Ze zijn een van de weinige families die op het gemeenschapsland wonen.

Trinidad en haar man houden hun dieren ‘s nachts in een kraal, waar de dieren zich ontlasten en urineren en zo een dikke korst organische meststof vormen. Na 2 tot 3 maanden maakt de familie een kraal op een andere plaats, ploegt de mest in de grond en plant haver en gerst als groenvoeder. Het water dat in de buurt stroomt, helpt om het perceel in het droge seizoen te irrigeren. Elke dag snijden ze wat groenvoer om de dieren een voedzame maaltijd te geven als ze terugkomen van het grazen. Nadat al het groenvoer is gemaaid, laten ze de dieren grazen op de stoppels, terwijl ze in een andere kraal meer voer planten. Jeff en ik zijn geïntrigeerd door deze uiterst creatieve manier om het hele jaar door voor veevoer te zorgen, dus besluiten we dit alles op video vast te leggen om boeren in andere delen van de wereld te inspireren.

“Mijn schapen zijn lekker dik en klaar om verkocht te worden,” zegt Trinidad, terwijl we haar een lift naar de stad geven. Als ik haar vraag hoe ze haar schapen naar de stad krijgt, zegt ze dat er ofwel mensen met een vrachtwagen komen om dieren te kopen, of dat ze ze naar het dichtstbijzijnde dorp zo’n 10 kilometer verderop brengt, waar ze een paar schapen op een plattelandsbus kan laden, die naar de stad gaat.

Dit bezoek heeft eens te meer aangetoond dat landbouw niet zomaar een beroep is, maar een functionele levensstijl die sommige mensen graag in stand willen houden. Kleinschalige landbouw stelt sommige mensen in staat te leven op een plek waar ze van houden, hun kinderen op te voeden, en aantrekkelijke producten te produceren, zoals schapen en kaas, die stadsmensen willen kopen.

Home delivery of organic produce March 27th, 2022 by

Nederlandse versie hieronder

While the financial crisis in 2007-2008 exposed the vulnerabilities of a global market system that put blind faith in the financial institutions, Covid has been another wakeup call: the more one depends on global trade, the more fragile local food supply becomes. In many countries weekly markets closed down and while the need for food had not diminished, many farmers struggled to harvest and sell their produce.

Online shopping got a boost across the world. A recently published video by one of our partners in India shows that when farmers are organised, they can combine the best of both worlds: build on the trust they established with clients during face-to-face interactions, and use digital marketing tools to promote and sell their farm produce.

The video shows how some organic farmers in Maharashtra, India, established a group, called Saad Agronics. They have between 80 and 200 clients a week who place orders via a digital platform. Customers receive farm produce, guaranteed to be fresh and healthy, at their doorstep, while the farmers get a higher price than they would earn in the market.

For a single farmer, it is not profitable to take a few vegetables to the homes of urban consumers. As Jalindar Jadhav, one of the group members, explains in the video: “Previously, I started a home delivery service for my organic farm produce. But consumers want different types of vegetables and other food. It was not possible for me to grow all types of vegetables. So, with only a few products to offer to customers, this home delivery service was not profitable for me.”

Before each planting season, Afrin Kale organises a meeting with 25 of her fellow organic farmers to plan who will grow what type of vegetables and other produce for the group. This avoids duplication and ensures that there is enough diversity to cater to the broad demands of their clients.

“We plan in such a way that two farmers in our group never grow the same vegetables and each of us practices crop rotation. At any given time, a farmer can grow 3, 4 or more types of crops. Not all farmers grow vegetables, some grow fruits, and some grow pulses and different rice varieties or other cereals. We also check how much water is available for each farm and for how many months each farmer can supply produce,” says Siddhesh Sakore, another group member.

While covid increased the demand for healthy organic food and for home delivery services, the organised farmers at Saad Agronics were ready to respond to these changing demands. They continue to strengthen relations with their home delivery customers through open farm visits and by using social media to expand their client base. To collect orders and delivery addresses of clients, the group also had an app developed.

As with any home delivery system, one has to avoid spending all the profits on fuel and labour costs. Saad Agronics decided to only deliver in parts of the city where they had a minimum set of orders. The young members of the group are very savvy with digital tools: they use GPS to ensure fast delivery using the shortest road; WhatsApp to inform clients of the time of delivery, and they have an e-wallet so clients can pay with their mobile upon delivery.

Many organic farmers want to join this group, so the future looks bright for farmers and consumers who are all concerned with healthy food, free of chemicals. Hopefully this video from India will inspire farmers across the world.

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Levering aan huis van biologische landbouwproducten

Terwijl de financiële crisis van 2007-2008 de kwetsbaarheden blootlegde van een mondiaal marktsysteem dat blind vertrouwen stelde in de financiële instellingen, heeft Covid een andere alarmbel doen rinkelen: hoe meer men afhankelijk is van de wereldhandel, hoe kwetsbaarder de lokale voedselvoorziening wordt. In veel landen gingen de wekelijkse markten dicht en hoewel de behoefte aan voedsel niet was afgenomen, hadden veel boeren het moeilijk om hun producten te oogsten en te verkopen.

Online winkelen kreeg over de hele wereld een impuls. Een onlangs gepubliceerde video van een van onze partners in India laat zien dat wanneer boeren georganiseerd zijn, ze het beste van twee werelden kunnen combineren: voortbouwen op het vertrouwen dat ze hebben opgebouwd met klanten tijdens persoonlijke interacties, en digitale marketingtools gebruiken om hun boerderijproducten te promoten en te verkopen.

De video laat zien hoe enkele biologische boeren in Maharashtra, India, een groep oprichtten, Saad Agronics genaamd. Zij hebben tussen 80 en 200 klanten per week die bestellingen plaatsen via een digitaal platform. De klanten krijgen de producten van de boerderij gegarandeerd vers en gezond aan huis geleverd, terwijl de boeren een hogere prijs krijgen dan ze op de markt zouden verdienen.

Voor een enkele boer is het niet rendabel om een paar groenten naar de huizen van stedelijke consumenten te brengen. Zoals Jalindar Jadhav, een van de groepsleden, in de video uitlegt: “Voorheen begon ik een thuisbezorgingsdienst voor mijn biologische boerderijproducten. Maar consumenten willen verschillende soorten groenten en ander voedsel. Het was voor mij niet mogelijk om alle soorten groenten te telen. Dus, met slechts een paar producten om aan klanten aan te bieden, was deze thuisbezorgdienst niet winstgevend voor mij.”

Voor elk plantseizoen organiseert Afrin Kale een bijeenkomst met 25 van haar collega bio-boeren om te plannen wie welk soort groenten en andere producten voor de groep zal telen. Dit voorkomt overlappingen en zorgt ervoor dat er genoeg diversiteit is om aan de brede vraag van hun klanten te voldoen.

“We plannen op zo’n manier dat twee boeren in onze groep nooit dezelfde groenten telen en dat elk van ons wisselteelt toepast. Op elk moment kan een boer 3, 4 of meer soorten gewassen telen. Niet alle boeren verbouwen groenten, sommige verbouwen fruit, en sommige verbouwen peulvruchten en verschillende rijstsoorten of andere graansoorten. We controleren ook hoeveel water er beschikbaar is voor elke boerderij en voor hoeveel maanden elke boer zijn producten kan leveren,” zegt Siddhesh Sakore, een ander groepslid.

Terwijl covid de vraag naar gezonde biologische voeding en naar thuisbezorgingsdiensten deed toenemen, waren de georganiseerde boeren van Saad Agronics klaar om op deze veranderende vraag in te spelen. Ze blijven de banden met hun thuisbezorgers aanhalen door open bedrijfsbezoeken en door gebruik te maken van sociale media om hun klantenbestand uit te breiden. Om bestellingen en leveringsadressen van klanten te verzamelen, liet de groep ook een app ontwikkelen.

Zoals bij elk thuisbezorgingssysteem moet worden voorkomen dat alle winst wordt besteed aan brandstof- en arbeidskosten. Saad Agronics besloot om alleen te leveren in delen van de stad waar ze een minimum aantal bestellingen hadden. De jonge leden van de groep zijn zeer handig met digitale hulpmiddelen: ze gebruiken GPS om snel te kunnen leveren via de kortste weg; WhatsApp om klanten te informeren over het tijdstip van levering, en ze hebben een e-wallet zodat klanten met hun mobiel kunnen betalen bij levering.

Veel biologische boeren willen zich bij deze groep aansluiten, dus de toekomst ziet er rooskleurig uit voor boeren en consumenten die allemaal belang hechten aan gezond voedsel, vrij van chemicaliën. Hopelijk zal deze video uit India boeren over de hele wereld inspireren.

Bekijk de video op Access Agriculture

Home delivery of organic produce

What is a women’s association about? March 20th, 2022 by

Vea la versión en español a continuación

When you write a story, you should know what it is about. According to this good old advice, if you know what your story is about, you’ll know what to put in and what to leave out.

In Ecuador, community organizer, Ing. Guadalupe Padilla, has told me that belonging to a group can help women gain leadership experience. Women become leaders as they work in a group, not in isolation. Guadalupe has helped to organize several such groups. Like a story, the group has to be about something. It has to have a purpose. And that purpose can easily be related to agriculture.

In Cotopaxi, Ecuador recently, while working with Paul and Marcella to film a video on women’s organizations, we met Juan Chillagana, vice-president of the parish (town) council. As an elected, local official, Mr. Chillagana has mentored several women’s organizations, each one organized around a specific product. We caught up with him on 4 February as he met with a group of women who were growing and exporting goldenberries. The fruit buyer was there, a man in a hair net explaining, “All we ask is that you don’t apply agro-chemicals.” The association members and the buyer weighed big, perfect goldenberries in clean, plastic trays, to take to the packing plant.

We talked with one of the members, Josefina Astudillo, who seemed pleased to be trying this new fruit crop. She guided us to her field, about a kilometer from the community center where the meeting was held. Doña Josefina proudly showed us her field where the fruit was ripening to a golden perfection. One woman could grow goldenberries by herself, but it takes a group to meet the buyer’s demand: 1,000 kilos a week, at a quality ready to export.

We also met Beatriz Padilla (Guadalupe’s sister), a small-scale dairy farmer, who leads 20 households as they pool their milk. The association sends a truck to each farm, collects the milk in big cans, transfers it to the group’s cold tank. Twice a day, about 1500 liters of milk is collected by two different buyers, including one who comes at 3 AM. It’s a lot of work. Doña Beatriz explained that she couldn’t do it without the group. She needs the other families so they can get a better price for their milk. A farmer with two cows has to take whatever price the dairy will give her. But an association can negotiate a price.

Margoth Naranjo is a woman in her 60s who has worked her whole adult life in associations, often in groups that included men as well. She started in her local parent-teachers’ association, helping to organize the children’s breakfast. Later, she was the secretary of a farmers’ insurance group, until she became the treasurer and then the president. Now, with the Corporation of Indigenous and Peasant Organizations (COIC), doña Margoth is helping several women’s organizations, which sell their own agroecological vegetables, to band together for added strength. Sadly, this work came to a standstill during the Covid lockdown, but doña Margoth has recently started organizing again.

All of the women’s leaders we met in Ecuador were part of a group. And each group was formed for a concrete purpose, whether for goldenberries, milk or vegetables. Like a good story, the groups were each about something, related to a dream they share: to have a quality product to sell, to improve their livelihoods.

And just as writing improves with practice, leadership sharpens with experience. The influential people we met said that any woman could be a leader if she joined a group and participated long enough.

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Acknowledgements

Thanks to Guadalupe Padilla and Sonia Zambrano for introducing us the farmers in Cotopaxi, and for sharing her knowledge with us. Thanks to Guadalupe and to Paul Van Mele for their valuable comments on a previous version of this blog. Guadalupe and Sonia work for EkoRural, an NGO. Our work was funded by the McKnight Foundation’s Collaborative Crop Research Program (CCRP).

¿DE QUÉ SE TRATA UNA ASOCIACIÓN DE MUJERES?

Por Jeff Bentley, 20 de marzo del 2022

Cuando escribes una historia, debes saber de qué trata. Según este viejo consejo, si sabes de qué trata tu historia, sabrás qué incluir y qué dejar fuera.

La Ing. Guadalupe Padilla organiza comunidades  en Ecuador, y me ha dicho que pertenecer a un grupo puede ayudar a las mujeres a adquirir experiencia de liderazgo. Las mujeres se convierten en lideresas cuando trabajan en grupo, no de forma aislada. Guadalupe ha ayudado a organizar varios grupos de este tipo. Al igual que una historia, el grupo tiene que tratar de algo. Tiene que tener un propósito, que puede estar tranquilamente relacionado con la agricultura.

Hace poco, en Cotopaxi, Ecuador, mientras yo trabajaba con Paul y Marcella para filmar un video sobre las organizaciones de mujeres, conocimos  a Juan Chillagana, vicepresidente de la junta parroquial. Como funcionario local electo, el Sr. Chillagana ha sido mentor de varias organizaciones de mujeres, cada una de ellas organizada en torno a un producto específico. Nos reunimos con él el 4 de febrero, en un encuentro con un grupo de mujeres que cultivan y exportan uvillas (uchuvas, o chiltos). El comprador de la fruta estaba allí, un hombre con su cabellera bien cubierta por una red. Explicó: “Todo lo que pedimos es que no apliquen agroquímicos”. Los miembros de la asociación y el comprador pesaron grandes y perfectas uvillas en bandejas de plástico limpias, para llevarlas a la planta de envasado.

Hablamos con una de las socias, Josefina Astudillo, que parecía encantada de probar este nuevo cultivo de fruta. Nos llevó hasta su campo, a un kilómetro de la sede comunitaria donde se celebraba la reunión. Doña Josefina nos mostró con orgullo su campo, donde su dorada fruta estaba madurándose a la perfección. Una sola mujer podría cultivar uvillas por sí sola, pero se necesita un grupo para satisfacer la demanda de los compradores: 1.000 kilos a la semana, con una calidad lista para exportar.

También conocimos a Beatriz Padilla (hermana de Guadalupe), pequeña productora de leche, que lidera 20 hogares que acopian su leche para venderla como grupo. La asociación envía un camión a cada granja, recoge la leche en grandes botes y la traslada al tanque de frío del grupo. Dos veces al día, dos distintos compradores recogen unos 1.500 litros de leche, incluido uno que viene a las 3 de la madrugada. Es mucho trabajo. Doña Beatriz explica que no podría hacerlo sin el grupo. Necesita a las otras familias para poder obtener un mejor precio por su leche. Una persona con dos vacas tiene que aceptar el precio que le dé la procesadora de leche. En cambio, una asociación puede negociar un mejor precio.

Margoth Naranjo es una mujer de 60 años que ha trabajado toda su vida adulta en asociaciones, a menudo en grupos que incluían también a los hombres. Empezó en la asociación local de padres de familia, ayudando a organizar el desayuno escolar. Más tarde, fue secretaria del Seguro Campesino, hasta llegar a ser la tesorera y luego la presidenta. Ahora, con la Corporación de Organizaciones Indígenas y Campesinas (COIC), doña Margoth está ayudando a varias organizaciones de mujeres, que venden sus propias verduras agroecológicas, a agruparse para tener más fuerza. Lamentablemente, este trabajo se paralizó durante el cierre de Covid, pero doña Margoth ha vuelto a organizarse recientemente.

Todas las mujeres líderes que conocimos en Ecuador formaban parte de un grupo. Y cada grupo se formó con un propósito concreto, ya sea para obtener fruta, leche o verduras. Como una buena historia, cada grupo trataba de algo, relacionado a un sueño conjunto: como tener un excelente producto para vender, para vivir mejor.

Y al igual que la redacción mejora con la práctica, el liderazgo es pulida con la experiencia. Las personas influyentes que conocimos decían que cualquier mujer podría llegar a ser líder si se unía a un grupo y participaba el tiempo suficiente.

Previamente en el blog de Agro-Insight

Listening to what women don’t say

El chilto, cultivo y maleza

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Agradecimientos

Gracias a Guadalupe Padilla y Sonia Zambrano por presentarnos a la gente de Cotopaxi, por compartir su conocimiento con nosotros. Gracias a Guadalupe y a Paul Van Mele por sus valiosos comentarios sobre una versión previa de este blog. Guadalupe y Sonia trabajan para EkoRural, una ONG. Nuestro trabajo fue financiado por Programa Colaborativo de Investigación de Cultivos (CCRP) de la Fundación McKnight.

From potatoes to cows December 26th, 2021 by

Vea la versión en español a continuación

Last week I wrote about women farmers who felt a need to take a more active role in decision-making.

During the script-writing workshop, besides validating fact sheets, the writers went back to the field to share their ideas for scripts with the communities. Because once is not enough: you have to talk to several people to get a more complete vision of your topic.

In Carrillo, Cotopaxi, Ecuador, some of our script writers had interacted with the community for years. This village had a lot of experience with organization. The writers in our workshop managed to bring together a large group of women who had held leadership roles for years.

It was raining and even though we were almost on the equator, in the high Andes it soon became chilly. I was in Carrillo with Diego Montalvo, agronomist, and Guadalupe Padilla, environmental engineer, who works in the community. As we clustered on the porch of the community center, a local woman, doña Verónica, told her story. She left Carrillo to study agronomy. After graduation she lived in the city for two years, but she came home when her dad became ill. Because of her education, she was assigned a leading role in a local organization, one she has kept for years. Not that it’s always easy; the men in the group tend to listen more to male leaders, and at times they make noise to disrupt the meeting when women leaders are speaking.

At the end of a frank and useful meeting, the women farmers spontaneously began discussing another topic among themselves, something more interesting: animal health.

The whole group wanted to learn how to vaccinate, give medicines and even do minor surgery on dairy cattle.  Verónica explained that she had learned almost all there was to know about cattle at university, even artificial insemination, and she would like to help this group receive training on livestock.

The women’s group had demanded that Guadalupe prepare more information for them on how to make their own cattle feed.

It caught my attention that these outspoken, well-organized women wanted to talk so much about cows.

Later I realized why, when I spoke with some of our other writers in the workshop. Israel, Nancy, Mishel and Mayfe had met with a group of women to talk about how to manage seed potatoes.

Israel was kind of surprised when he came out of the meeting. These farmers, whose ancestors had grown potatoes for centuries, wanted to abandon the crop, to raise cattle.

The potatoes were being destroyed by a mysterious new disease called purple top, still poorly understood by scientists. The disease ruins the potatoes. The farmers have fought back against purple top by spraying insecticides every week to kill the psyllid, a small insect which may vector the disease. But even by spending a thousand dollars a year, per farm, the disease was out of control.

On the other hand, the rolling fields of Carrillo are perfect for alfalfa and other fodder crops. And cities like Quito, growing explosively, buy all the milk that Ecuador’s farmers can provide. The weekly payment from the dairy would allow the women farmers to buy food for their families.

This is why the women leaders are so interested in cattle.

Smallholders, ever adaptable, are willing to change from one farming system to another, completely different one. From potatoes to cows, to adapt to changes in the natural environment. Women farmers often value training on leadership, but farming constantly requires new technical information, which smallholders want to receive.

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Acknowledgements

Thanks to Guadalupe Padilla, Diego Montalvo, Israel Navarrete and Paul Van Mele for their comments on an earlier version of this story. Our work was supported by the Collaborative Crop Research Program (CCRP) of the McKnight Foundation.

DE PAPAS A VACAS

Por Jeff Bentley, 26 de diciembre del 2021

La semana pasada escribí que las agriculturas sienten la necesidad de jugar un rol más grande en la toma de decisiones.

Dos días después de leer las hojas volantes en una comunidad, los escritores volvieron al campo y compartieron sus ideas para los guiones con las comunidades. Porque una sola vez no es suficiente: hay que hablar con varias personas para tener una visión más completa de cualquier tema.

En Carrillo, Cotopaxi, Ecuador, algunos de nuestros escritores de guiones habían interactuado con la comunidad durante años. Esta comunidad tenía mucha experiencia con la organización. En Carrillo, nuestros escritores lograron reunir un grupo grande de mujeres quienes hace años habían ejercido roles de liderazgo.

Llovía, y a pesar de que estábamos casi en la línea ecuatorial, hace frío en los altos Andes. Estuve con Diego Montalvo, ingeniero agrónomo, y Guadalupe Padilla, ingeniera ambiental, quien trabaja en Carillo. Nos reunimos en el corredor de una sede comunitaria, mientras una comunera, doña Verónica, nos contó su historia. Ella dejó Carrillo para estudiar agronomía. De ingeniera vivía en la ciudad por dos años, pero volvió a su comunidad cuando su papá se enfermó. Debido a su escolaridad, ella fue asignada un rol de lideresa en una organización local, y lo ha ejercido durante años. No siempre le toca muy fácil; los hombres en el grupo suelen escuchar a los líderes varones, y a veces hacen bulla, para molestar cuando las lideresas hablan.

Al final de nuestra conversación franca y útil con las agricultoras, ellas mismas espontáneamente pasaron a otro tema, aún más interesante: la salud animal.

El grupo entero quería aprender sobre vacunar, dar medicamentos y hasta hacer cirugía menor en el ganado lechero. Verónica explicó que ella aprendió casi todo sobre el ganado en la universidad, hasta la inseminación artifició, y que le gustaría ayudar al grupo a recibir capacitación pecuaria.

El grupo de mujeres ha demandado que Guadalupe las prepare más información sobre cómo hacer su propio concentrado para el ganado.

Me llamó la atención que estas mujeres expresivas, y bien organizadas quieren hablar tanto sobre las vacas.

Luego me di cuenta porque, al hablar con otros escritores en el taller, Israel, Nancy, Mishel y Mayfe se reunieron con un grupo de mujeres para hablar sobre el buen manejo de la semilla de papa.

Israel estaba un poco sorprendido cuando salió de la reunión. Estas agricultoras que han cultivado la papa durante siglos querían abandonar el cultivo, para criar ganado.

Las papas se están destruyendo por una misteriosa nueva enfermedad llamada punta morada, todavía poco comprendida por los científicos. La enfermedad arruina la papa. Los agricultores luchan contra la punta morada fumigando insecticida cada semana para matar al psílido, un pequeño insecto que posiblemente es el vector de la enfermedad. Pero aun gastando más de mil dólares al año, por finca, la enfermedad estaba afuera de control.

Por otro lado, los ondulados campos de Carrillo son perfectos para alfalfa y otros forrajes. Y las ciudades como Quito, en crecimiento explosivo, compran toda la leche que se puede producir. El pago semanal de la lechería permite a las agricultoras comprar comida para sus familias.

Es por eso que las lideresas locales están tan interesadas en el ganado.

Los campesinos, siempre adaptándose, están dispuestos a cambiar de un sistema de producción a otro completamente diferente. De papas a vacas, para adaptarse a los cambios en su ambiente natural. Las agricultoras sí aprecian la capacitación sobre el liderazgo, pero la agricultura constantemente requiere de nueva información técnica, la cual ellas también demandan.

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Agradecimientos

Gracias a Guadalupe Padilla, Diego Montalvo, Israel Navarrete y Paul Van Mele por sus comentarios sobre una versión anterior de este relato. Nuestro trabajo ha sido auspiciado por el Programa Colaborativo de Investigación sobre Cultivos (CCRP) de la Fundación McKnight.

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