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Refugee farm August 29th, 2021 by

Vea la versión en español a continuación

It takes skill and knowledge to be a farmer. Hard work alone won’t always make you a farmer, as shown by an experiment in Bolivia in the early 1940s.

In 1938 and 1939, when most of the world’s countries were closing their borders to the victims of Nazism in Central Europe, Bolivian consulates were one of the few places where refugees could get a visa. Many were “agricultural visas,” and others were obtained by making extra payments to consular officials.

In Hotel Bolivia, Leo Spitzer tells the story of the thousands of people who found a safe haven in Bolivia. Spitzer is well placed to write the story. He is a professional historian, born in La Paz in 1939 to a family recently arrived from Austria. Although the refugees arrived penniless and traumatized, once in Bolivia they received some help from organizations like the American Jewish Joint Distribution Committee (JDC, based in New York), and from Mauricio (Moritz) Hochschild, a Jewish immigrant who had left his village near Frankfurt in the 1920s to become one of Bolivia’s three wealthy tin barons.

Hochschild was sensitive to what we would now call optics. He thought the German-speaking refugees were too visible in what were then Bolivia’s two big cities, La Paz and Cochabamba. Many refugees had opened small businesses. Spitzer’s own father, Eugen, ran a successful plumbing and electrical shop near the Plaza del Estudiante, in the heart of La Paz.

The tin baron feared that seeing so many recently arrived foreigners might spark anti-Semitism, especially since it was becoming something of a scandal that the consulates had demanded bribes. It turned out that Hochschild’s worries were exaggerated. The Bolivians were neither very welcoming, nor very hostile. They patronized the newcomers’ shops and allowed them to set up their own school, where children were taught in German.

Nevertheless, the concerned Hochschild convinced the JDC to buy three haciendas, some 1,000 hectares of mountainous land in a place called Charobamba, near the small town of Coroico, just 100 km from La Paz, but three thousand meters lower, down a narrow, winding, treacherous road.

The colony was called Buena Tierra (Good Land) and it got off to a good start in 1940. The settlers had a clinic, staffed with a refugee doctor and nurse. The settlers met often for social events, and they were organized. They received a stipend of about 1,000 bolivianos ($23, which was worth more in the 1940s). This bit of money allowed the would-be farmers to survive as they built themselves small adobe houses with cement floors and sheet metal roofs.

Unfortunately, few if any of the settlers had experience with agriculture or even with rural life. One year they were strolling down the avenues of Vienna, and the next year they were blasting a road with dynamite from Charobamba to Coroico.  Their guide for farming was an Italian-Argentine agronomist, Felipe Bonoli, who tried to repeat his success of leading an Italian colony on the temperate plains of Argentina, but the steep, tropical hillsides of Charobamba were another matter, and Bonoli soon left. A German agronomist, Otto Braun, fared no better and left in 1942 after a year after trying to teach the colonists to plant coffee and bananas, crops that Braun had no experience with. Finally, Tierra Buena hired two local farmers, Luis Solís and Luis Gamarra, and the colony did begin producing small amounts of citrus, coffee and bananas, but these are all perennial crops, and the settlers seem to have been frustrated that they took so long to bear fruit.

At the height of the experience, in 1943 there were 180 adult refugees living and working in Tierra Buena, and some hired laborers, Aymara-speaking people (some from the area, and others from Lake Titicaca). But as the World War II ended, most of the colonists returned to the city, applied for visas, and emigrated, mainly to the United States, Palestine, Chile and Brazil.

One colonist did stay. Hans Homburger lived in Tierra Buena until the farm was disbanded in 1960. By then it was being successfully farmed by the former laborers, who worked on the farm for two days a week in exchange for the right to use some of the land to grow their own crops. With their farming skills, and local knowledge, the former employees were able to make hard work pay off, and they harvested fruit and coffee to sell.

It takes more than hard work and enthusiasm to be a successful farmer. Farming takes skill and know-how, much of which must be local, and grounded in practice.

Further reading

Spitzer, Leo 2019 Hotel Bolivia: The Culture of Memory in a Refuge from Nazism. Plunkett Lake Press. (Especially Chapter 4).

UN REFUGIO AGRÍCOLA

Por Jeff Bentley, 22 de agosto del 2021}

Ser agricultor quiere habilidad y conocimiento. El trabajo duro por sí solo no siempre es suficiente, como demuestra un experimento hecho en Bolivia a principios de la década de 1940.

En 1938 y 1939, cuando la mayoría de los países del mundo cerraban sus fronteras a las víctimas del nazismo en Europa Central, los consulados bolivianos eran uno de los pocos lugares donde los refugiados podían obtener una visa. Muchas eran “visas agrícolas” y otras se obtuvieron con una coima al funcionario consular.

En Hotel Bolivia, Leo Spitzer cuenta la historia de los miles de personas que encontraron un refugio en Bolivia. Spitzer está bien situado para escribir esta historia. Es un historiador profesional, nacido en La Paz en 1939 en una familia recién llegada de Austria. Aunque los refugiados llegaron sin dinero y traumatizados, una vez en Bolivia recibieron cierta ayuda de organizaciones como el Comité Conjunto Judío Americano de Distribución (JDC, con sede en Nueva York), y de Mauricio (Moritz) Hochschild, un inmigrante judío que había dejado su pueblo cerca de Frankfurt en la década de 1920 para convertirse en uno de los tres ricos barones del estaño de Bolivia.

Hochschild era sensible a lo que ahora llamaríamos la óptica. Pensaba que los refugiados de habla alemana eran demasiado visibles en las dos grandes ciudades de Bolivia, La Paz y Cochabamba. Muchos refugiados habían abierto pequeños negocios. El propio padre de Spitzer, Eugen, tenía una exitosa tienda de plomería y electricidad cerca de la Plaza del Estudiante, en el corazón de La Paz.

El barón del estaño temía que la presencia de tantos extranjeros recién llegados pudiera desencadenar el antisemitismo, sobre todo porque se estaba convirtiendo en un escándalo el hecho de que los oficiales habían vendido las visas con un sobreprecio. Resultó que las preocupaciones de Hochschild eran exageradas. Los bolivianos no eran ni muy acogedores ni muy hostiles. Patrocinaron las tiendas de los recién llegados y les permitieron establecer su propia escuela, en la que se enseñaba a los niños en alemán.

Sin embargo, el preocupado Hochschild convenció al JDC para que comprara tres haciendas, unas mil hectáreas de tierra montañosa en un lugar llamado Charobamba, cerca de la pequeña ciudad de Coroico, a sólo 100 km de La Paz, pero tres mil metros más abajo, por una carretera estrecha, sinuosa y traicionera.

La colonia se llamó Tierra Buena y comenzó bien en el 1940. Los colonos tenían una clínica, atendida por un médico y una enfermera refugiados. Los colonos se reunían a menudo para celebrar actos sociales y estaban organizados. Recibían un estipendio de unos 1.000 bolivianos (23 dólares, que valían más en la década de 1940). Este dinero les permitía sobrevivir mientras construían pequeñas casas de adobe con pisos de cemento y techos de calamina corrugada.

Infelizmente, pocos o ninguno de los colonos tenían experiencia en la agricultura o incluso en la vida rural. Un año paseaban por las avenidas de Viena y al año siguiente construían una carretera a dinamitazos desde Charobamba hasta Coroico.  Su guía para la agricultura era un agrónomo italo-argentino, Felipe Bonoli, que intentó repetir su éxito al frente de una colonia italiana en las pampas templadas de Argentina, pero las empinadas laderas tropicales de Charobamba eran otra cosa, y Bonoli pronto se marchó. A un agrónomo alemán, Otto Braun, no le fue mejor y se fue en 1942 tras un año de intentar enseñar a los colonos a plantar café y plátanos, cultivos en los que Braun no tenía experiencia. Finalmente, Tierra Buena contrató a dos agricultores locales, Luis Solís y Luis Gamarra, y la colonia empezó a producir pequeñas cantidades de cítricos, café y plátanos, pero todos son cultivos perennes, y los colonos parecen haberse sentido frustrados porque tardaran tanto en dar fruto.

En su apogeo, en 1943 había 180 refugiados adultos viviendo y trabajando en Tierra Buena, y algunos trabajadores contratados, gente de habla aymara (algunos de la zona y otros del Lago Titicaca). Pero al terminar la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los colonos regresaron a la ciudad, solicitaron visados y emigraron, principalmente a Estados Unidos, Palestina, Chile y Brasil.

Un colono se quedó. Hans Homburger vivió en Buena Tierra hasta que la finca se disolvió en 1960. Para entonces, los antiguos jornaleros la explotaban con éxito, trabajando en la granja dos días a la semana a cambio del derecho a usar parte de la tierra para cultivar sus propios productos. Con sus habilidades agrícolas y sus conocimientos locales, los antiguos empleados consiguieron que el trabajo duro diera sus frutos, y cosecharon fruta y café para vender.

Se necesita algo más que trabajo duro y entusiasmo para ser un agricultor de éxito. La agricultura requiere destreza y conocimientos, muchos de los cuales deben ser locales y estar basados en la práctica.

Lectura adicional

Spitzer, Leo 2021 Hotel Bolivia: La Cultura de la Memoria en un Refugio del Nazismo. La Paz: Plural Editores. (Especialmente el Capítulo 4).

Zoom to Titicaca June 6th, 2021 by

Vea la versión en español a continuación

Covid may be the world’s most spectacular emerging disease, but agriculture has its own new pests and diseases. Fortunately, collaboration between agronomists and farmers can offer solutions, as I saw in a recent meeting on the shores of Lake Titicaca.

This is 2021, so we met on Zoom, but I was struck by how much the meeting resembled others I have attended in person with farmers and agronomists.

Ing. Sonia Laura, a researcher from Prosuco who works closely with farmers, had driven out to the village of Iquichachi, a couple of hours from La Paz. Sonia set up the call on her laptop, and the farmers (Sra. Cristina, Sra. Arminda, Sr. Juan, Sr. Paulino, Sr. Zenobio, and Sr. Fidel) all managed to squeeze onto the screen. Bundled up in coats and hats against the high Andean cold, they explained how several years ago, they noticed a new worm eating the potatoes they store at home.

The moth lays its eggs on stored potatoes, and on potato plants in the field. The eggs hatch into caterpillars that go back and forth: from field to home in the harvest, and from storage to field with the seed.

The farmers showed some graphs of data they had been collecting with Sonia, under advice from Ing. Reinaldo Quispe, an agronomist from Proinpa, who joined the call from his office in La Paz. Reinaldo and the farmers had been using the sex scent (pheromone) of female moths to attract and trap the male moths. Each moth species has its own unique sex pheromone. Reinaldo had identified the pests, two related species of tuber moths, native to the Andes, but usually found in the lower, warmer valleys. Both species belong to a moth family that specializes in infesting stored foods.

The agronomist Raúl Ccanto joined us from Peru, from the NGO Yanapai. Raúl explained that Peruvian farmers had suffered from these two moths for many years. Over the years of working with the farmers, Yanapai and others had developed some practical solutions.

As Raúl explained, select the seed carefully. When you take seed from the house to plant in the field, make sure that you only plant healthy tubers, not the ones full of worms.

Also rotate your crops. “This is something you farmers have always done, but it’s important to say that it is a good thing.” Growing potatoes one year, followed by other roots and tubers (such as oca and papalisa, which are not of the potato family), and then other legumes and cereals, helps to keep the soil free of potato pests.

Raúl’s PowerPoint included the results of experiments, done in collaboration with Peruvian farmers, where they tried various ways to manage the moths in stored seed potato. One idea that worked well, and was also cheap, was to dust healthy seed potatoes with talc, which keeps the moths from laying their eggs in potatoes. The talc worked almost as well as malathion, the insecticide.

Raúl skipped lightly over the malathion, barely mentioning it, and for good reason. He had included the chemical treatment in the experiment as a comparison, but he was not promoting it. As Reinaldo explained, farmers often prefer insecticides and use them even in stored potatoes, which one should not do.

In fact, medical schools in Bolivia teach their third-year students to diagnose and treat malathion poisoning, because it is common. “This is something you’ll see,” the older doctors tell their students.

With any new pest or disease, it’s important to know where it came from. Raúl explained that the moths may have recently colonized the cold Altiplano, not just because of climate change, but also because people are bringing wormy seed in from fairs in distant parts of the country. And they are growing more potatoes. As more of the land is planted more often and over larger areas, to meet market demand, a more attractive environment is created for potato pests.

Yes, the farmers agreed, potatoes are being grown more often. And that is why it is crucial for scientists and farmers to put their heads together, to confirm useful ideas, from different perspectives.

The farmers wanted to know if there was something they could apply to their potatoes, to kill the moth. Raúl and Reinaldo both explained that there is no one thing that will manage the pest. It will have to be managed by rotating crops, and by selecting healthy seed. Other ideas like dusting the potatoes with talc will also help. The good news is that the moths can be managed.

It may be in human nature to yearn for simple solutions. Many of us have simply wished that Covid would go away, and that things would go back to normal. Like Covid, managing the tuber moth will require several good ideas, well explained, widely shared and applied.

In this case, the new information motivated the farmers to set up their own experiments. Sonia told me that after our call, the farmers met to reflect and take action. They decided that each one of them would select their seed, clean their potato storeroom, and sprinkle talc on the selected seed. They will keep using the pheromone traps, among other things. Later, they will explain these practices to their other community members, to take action as a group.

Scientific names

The tuber moths are Phthorimaea operculella and Symmetrischema tangolias (Lepidoptea: Gelechiidae).

Oca (Oxalis tuberosa) and papalisa (Ullucus tuberosus) are native Andean crops, not widely grown outside the region. The papalisa is also called “olluco” in Peru.

Talc is a clay mineral, magnesium silicate, a natural stone that is ground to make a powder.

Acknowledgements

Sonia Laura works with María Quispe at Prosuco (Promoción de la Sustentabilidad y Conocimientos Compartidos) in La Paz.

Raúl Ccanto works at Grupo Yanapai (meaning “to help” in Quechua), in Peru.

Reinaldo Quispe works at Proinpa (Fundación para la Promoción e Investigación de Productos Andinos), Bolivia.

The work with the Andean tuber moths is supported by the McKnight Foundation’s CCRP (Collaborative Crop Research Program).

Thanks to Sonia Laura and to Paul Van Mele for reading a previous version of this story.

Photos

Thanks also to Sonia Laura for her beautiful photographs.

ZOOM AL TITICACA

Por Jeff Bentley, 6 de junio del 2021

El Covid-19 podría ser la enfermedad nueva más espectacular del mundo, pero la agricultura tiene sus propias plagas y enfermedades emergentes. Afortunadamente, la colaboración entre agrónomos y agricultores puede ofrecer soluciones, como vi en una reciente reunión a orillas del Lago Titicaca.

Estamos en el 2021, así que nos reunimos por Zoom, pero me sorprendió lo mucho que se parecía la reunión a otras a las que he asistido en persona con agricultores y agrónomos.

La Ing. Sonia Laura, una investigadora de Prosuco, que trabaja estrechamente con los agricultores, había ido en camioneta hasta la comunidad rural de Iquicachi, a un par de horas de La Paz. Sonia organizó la llamada en su laptop, y los agricultores (las y los señores Cristina, Arminda y Juan, Paulino, Zenobio, Fidel,) se hicieron entrar todos en la pantalla. Abrigados con chompas y gorros contra el frío altoandino, explicaron que hace pocos años se dieron cuenta de que un nuevo gusano se comía las papas que almacenaban en sus casas.

La polilla de papa pone sus huevos en las papas almacenadas y en las plantas de papas en el campo. De los huevos nacen gusanos del campo, que van a casa en la cosecha, y del almacén regresan a la chacra con la semilla.

Los agricultores mostraron algunos gráficos de datos que habían estado recopilando con Sonia, bajo la orientación del Ing. Reinaldo Quispe, de Proinpa, quien se unió a la llamada desde su oficina en La Paz. Sonia y los agricultores habían estado usando el olor sexual (feromona) de las polillas hembras para atraer y atrapar a las polillas macho. Cada especie de polilla tiene su propia feromona sexual. Reinaldo había identificado las plagas, dos especies relacionadas de polillas del tubérculo, nativas de los Andes, pero que suelen encontrarse en los valles más bajos y cálidos. Ambas especies pertenecen a una familia de polillas especializada en infestar alimentos almacenados.

Desde Perú nos acompañó el agrónomo Raúl Ccanto, de la ONG Yanapai. Raúl explicó que los agricultores peruanos habían sufrido estas dos polillas durante muchos años. A lo largo de sus años de trabajo con los agricultores, Yanapai y otros han desarrollado algunas soluciones prácticas.

Como explicó Raúl, hay que seleccionar la semilla con cuidado. Cuando saques la semilla de la casa para sembrarla, asegúrate de plantar sólo los tubérculos sanos, no los que están llenos de gusanos.

También hay que rotar los cultivos. “Esto es algo que ustedes los agricultores siempre han hecho, pero es importante decir que es bueno que lo hagan”. Lo que ayuda a mantener el suelo libre de plagas de la papa es cultivarlas solo un año, seguido de otras raíces y tubérculos (como la oca y la papalisa, que no son de la familia de la papa), y luego sembrar leguminosas y cereales.

La presentación de Raúl incluyó los resultados de los experimentos, realizados en colaboración con agricultores peruanos, en los que se probaron varias formas de controlar las polillas en los almacenes de semillas de papa. Una idea que funcionó bien, y que además era barata, fue rociar la papa seleccionada con talco, que impide que las polillas pongan sus huevos en las papas. El talco funcionaba casi tan bien como el malatión, el insecticida.

Raúl pasó por alto el malatión; apenas lo mencionó, y con razón. Había incluido el tratamiento químico en el experimento como comparación, pero no lo promovía. Como explicó Reinaldo, los agricultores suelen preferir los insecticidas y los usan incluso en las papas almacenadas, lo cual no se debe hacer.

De hecho, las facultades de medicina de Bolivia enseñan a sus estudiantes de tercer año a diagnosticar y tratar la intoxicación por malatión, porque es algo común. “Esto es algo que van a ver”, dicen los doctores a sus alumnos.

Con cualquier plaga o enfermedad nueva, es importante saber de dónde viene. Raúl explicó que las polillas pueden haber colonizado recientemente el frío Altiplano, no sólo por el cambio climático, sino también porque la gente está trayendo semillas agusanadas de ferias en otras partes del país. Y están cultivando más papas sobre mayor superficie. A medida que se siembra más seguido y en más área, para satisfacer la demanda del mercado, se crea un ambiente más atractivo para las plagas de la papa.

Sí, los agricultores reconocieron que hoy en día las papas se cultivan más seguido. Y por eso es crucial que científicos y agricultores compartan sus ideas, para confirmar las que son útiles.

Los agricultores querían saber si había algo que pudieran aplicar a sus papas para matar la polilla. Raúl y Reinaldo explicaron que no hay una sola cosa que la pueda manejar. Habrá que controlar la plaga mediante la rotación de cultivos y la buena selección de semillas. Otras ideas, como aplicar talco a las papas, también ayudarán. La buena noticia es que las polillas sí tienen solución.

Tal vez algo en la naturaleza humana anhela las soluciones sencillas. Muchos hemos deseado que el Covid desaparezca de una sola vez, y que las cosas vuelvan a la normalidad. Al igual que el Covid, el manejo de la polilla de la papa requerirá varias buenas ideas, bien explicadas, ampliamente compartidas y competentemente aplicadas.

En este caso, la nueva información motivó la gente a armar sus propios experimentos. Sonia me informa que se reunieron para reflexionar y tomar acuerdos. Decidieron que cada persona del grupo haría la selección de semilla. Limpiaría su almacén de papas, y pondría talco en las papas seleccionadas. Seguirán con las trampas con feromonas, entre otras cosas. Luego comunicarán estas prácticas en una reunión con toda la comunidad para tener un trabajo comunal en el control de esta plaga.

Nombres científicos

Las polillas de la papa son Phthorimaea operculella y Symmetrischema tangolias (Lepidoptea: Gelechiidae).

La oca (Oxalis tuberosa) y la papalisa (Ullucus tuberosus) son cultivos nativos andinos, poco cultivados fuera de la región. La papalisa también se llama “olluco” en el Perú.

El talco es silicato de magnesio. Es una piedra natural que se muele para obtener el polvo. Como explica Raúl Ccanto, es un “mineral no metálico”.

Agradecimientos

Sonia Laura trabaja con María Quispe en Prosuco (Promoción de la Sustentabilidad y Conocimientos Compartidos) en La Paz.

Raúl Ccanto trabaja en el Grupo Yanapai (que significa “ayudar” en quechua), en el Perú.

Reinaldo Quispe trabaja en Proinpa (Fundación para la Promoción e Investigación de Productos Andinos), en Bolivia.

El trabajo con las polillas de la papa está apoyado por el CCRP (Programa Colaborativo de Investigación de Cultivos) de la Fundación McKnight.

Gracias a Sonia Laura y a Paul Van Mele por leer una versión previa de este relato.

Fotos

Gracias también a Sonia Laura por sus hermosas fotos.

An exit strategy April 4th, 2021 by

Vea la versión en español a continuación

Development projects often die when the money runs out. Many of these efforts often have no exit strategy in mind, but that’s changing, as I saw on a recent visit to Villa Taquiña, on the mountain slopes above Cochabamba, Bolivia.

Once an independent peasant community, Villa Taquiña has now largely been swallowed by the city of Cochabamba, but until recently, many farmers still managed to grow small plots of cut flowers.

When I lived in Villa Taquiña, years ago, if I caught the bus before dawn I would share the ride with older women taking huge bundles of carnations, gladiolas, and chrysanthemums to sell in the central market. But on my recent visit a local farmer, doña Nelly, explained that when Covid put a stop to big weddings and funerals, it wiped out the demand for cut flowers. Adaptable as ever, the smallholders turned to fresh vegetables, but there was a catch. The flowers had been grown with lots of pesticides. Now the farmers hoped to produce in a more environmentally friendly way, “so we can leave something for our children and grandchildren,” doña Nelly explained.

Two agronomists, Ing. Alberto Cárdenas and Ing. Alexander Espinoza, from Fundación Agrecol Andes, are helping a dozen farm families transition to agroecology. The farmers plant broccoli, cabbage and other vegetables with seeds they buy at the shop. The seeds come dusted in pink fungicide, but the farmers harvest seeds from some of the plants they grow, and are now producing 80% of their own seed. If they need a fungicide, they can make sulfur-lime or Bordeaux mix, which are accepted by most organic agricultural programs. The farmers also plant basil, quilquiña and other aromatic plants among their vegetables to discourage insect pests. Many different plants are grown together; this is called intercropping and it also keeps the pests away. The farmers are also bringing their soils back to life by incorporating compost.

Although the plots are tiny (some farmers have as little as 700 square meters) with hard work even a small piece of land can produce a lot of vegetables. Then the problem becomes where to sell it. Folks could take their produce to the big market in the city, but they would have to compete with conventionally-grown vegetables brought in by the truck load. Alberto and Alex have organized the farmers to work together. They often meet at doña Nelly’s house to package the produce with attractive labels. Besides saving on the costs of agrochemicals, these organic farmers have a close link with consumers, so they listen to what their clients want, and try to offer them a rich diversity of vegetables.

Belonging to a group also helps the farmers to reach customers who appreciate organic produce. In Bolivia the niches for organic food are still in their infancy, so producers and consumers need a little help finding each other. Alberto and Alex have organized the farmers with their consumers. Every week a group of consumers (including my family) gets a WhatsApp message with this week’s menu of what is on offer. We order what we want, everything from crisp vegetables to a perfect whole wheat flour to the best cactus fruit I’ve ever had. Two days later Alberto and Alex cheerfully arrive at our door with the produce.

Unfortunately, this is not sustainable marketing. Vegetable growers can’t always depend on the good graces of a project to sell their produce for them, but Alberto and Alex have an exit strategy.  They are organizing volunteer farmers and consumers to meet occasionally and inspect the farms, to guarantee that they are agroecologically sound. It is called the “participatory guarantee system,” (SPG) a kind of people’s organic certification. With time, Alberto hopes to make the marketing profitable enough that someone, perhaps the farmers themselves, will take it over as a private enterprise.  To that end, the farmers are organizing themselves into a legally-recognized association. Letting the farmers and the consumers get to know each other is also an innovation to make sure that we keep buying and selling.

I visit Villa Taquiña with two-dozen mask-wearing consumers, who were delighted to meet some of the farmers who grow the food we eat. One of those farmers, Elsa Bustamante, has an exit strategy of her own. She is feeding guinea pigs on the vegetable waste from her small plot, and she plans to start a restaurant featuring organic vegetables and homegrown guinea pigs. “You will all be my customers,” Elsa tells us. And then she serves up golden brown quarters of fried guinea pig on a bed of rice, potatoes and salad. The consumers love it.

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Strawberry fields once again

Further reading

Bentley, Jeffery W. 2015 “Flowers Watered with Beer.” Agriculture for Development 26:20-22.

Acknowledgements

Thanks to Nelly Camacho, Elsa Bustamante, and her brother Pastor for letting us into their homes and their fields. Doña Nelly is the representative of the SPG Cercado. (Cercado is a province in the Department of Cochabamba. Cercado has only one municipality, which is also called Cochabamba, and it is the Department’s capital). The SPG Cercado is backed up by Law 3525, “Regulation and promotion of ecological production of agriculture, livestock and non-timber forest products” and by the National Technical Norm (NTN) which supports the participatory guarantee systems (SPG) which is used to accredit urban, peri-urban and rural groups of ecological farmers. The SPG Cercado works via an MOU with the municipal government of Cochabamba and the Fundación Agrecol Andes, with funding from the Italian Agency for Development Cooperation. Ing. Alberto Cárdenas and Ing. Alexander Espinoza work for the Fundación Agrecol Andes, in Cochabamba. A big thanks to them for organizing this visit, and thanks as well to Alberto for his comments on an earlier version of this story.

Scientific name

Quilquiña (Porophyllum ruderale) is a pungent herb used for making salsas.

Videos on the agroecological way to produce vegetables

Using sack mounds to grow vegetables

Managing black rot in cabbage

Managing vegetable nematodes

Insect nets in seedbeds

ESTRATEGIA DE SALIDA

Jeff Bentley, 4 de abril del 2021

Los proyectos de desarrollo suelen morir cuando se acaba el dinero. A muchos de estos esfuerzos les falta una estrategia de salida, pero eso está cambiando, como vi hace poco en una visita a Villa Taquiña, al pie de la cordillera andina, en Cochabamba, Bolivia.

Villa Taquiña, que era una comunidad agrícola independiente, hoy en día ha sido prácticamente tragada por la ciudad de Cochabamba, pero hasta hace poco, muchos agricultores cultivaban pequeñas parcelas de flores cortadas para vender.

Cuando yo vivía en Villa Taquiña, hace algunos años, si salía antes del amanecer compartía el micro (bus) con mujeres mayores de edad que llevaban enormes bultos de claveles, gladiolos y crisantemos para vender en el mercado central. Pero en mi última visita, una agricultora local, doña Nelly Camacho, me explicó que cuando el Covid acabó con las bodas y los funerales bien asistidos, dio fin a la demanda de flores cortadas. Tan bien adaptables como siempre, los pequeños agricultores empezaron a producir verduras frescas, pero había un problemita. Las flores se cultivaban con muchos plaguicidas. Ahora los agricultores esperan producir de forma más ecológica, “porque queremos dejar algo para nuestros hijos, y nietos”, explica doña Nelly.

Los ingenieros agrónomos Alberto Cárdenas y Alexander Espinoza, de la Fundación Agrecol Andes, les están ayudando a una decena de familias en la transición a la agroecología. Los agricultores siembran brócoli, repollo lechugas, vainas y otras hortalizas con semillas que compran en la agropecuaria. Las semillas vienen recubiertas con un fungicida rosado, pero los agricultores guardan algunas de las semillas de las plantas que cultivan, y ahora están produciendo el 80% de sus propias semillas. Si necesitan un fungicida, pueden hacer sulfocálcico o caldo bordelés, que son aceptados por la mayoría de los programas de agricultura orgánica. Los agricultores también siembran albahaca, quilquiña y otras plantas aromáticas entre sus hortalizas para ahuyentar a las plagas insectiles. Cultivan una mezcla de muchas plantas diferentes; esto se llama policultivo y también evita tener plagas. Además, los agricultores están recuperando sus suelos, incorporando compost.

A pesar de que las parcelas que quedan son pequeñas (alguna gente cultiva sólo 700 metros cuadrados), con trabajo se puede producir muchas verduras. Luego viene el problema de dónde venderlas. Los agricultores podrían llevar sus productos al gran mercado, la Cancha de Cochabamba, pero tendrían que competir con las camionadas de hortalizas convencionales. Alberto y Alex han organizado a los agricultores para que trabajen juntos. A menudo se reúnen en la casa de doña Nelly para embolsar los productos con etiquetas atractivas. Además de ahorrarse los costos de los agroquímicos, estos agricultores orgánicos tienen un estrecho vínculo con los consumidores, y saben lo que sus clientes quieren y tratan de ofrecerles una rica diversidad de verduras.

Pertenecer a un grupo también ayuda a los agricultores a encontrar los clientes que aprecian los productos orgánicos. En Bolivia, los nichos de los alimentos orgánicos todavía están en pañales, entonces los productores y consumidores necesitan un poco de ayuda para encontrarse. Alberto y Alex han organizado a los agricultores con sus consumidores. Cada semana, un grupo de consumidores (incluyendo a mi familia) recibe un mensaje de WhatsApp con la oferta semanal. Pedimos lo que queremos, desde verduras súper frescas, una perfecta harina integral, y la mejor tuna que jamás he probado. Dos días después, Alberto y Alex puntualmente nos dejan una “bolsa saludable” (Bolsaludabe) de productos en la puerta.

Lastimosamente, este tipo de comercialización no es sostenible. Los horticultores no siempre pueden depender de la buena voluntad de un proyecto para vender sus productos, pero Alberto y Alex tienen una estrategia de salida. Están organizando a agricultores y consumidores voluntarios para que se reúnan de vez en cuando e inspeccionen las parcelas, a fin de garantizar que son agroecológicas de verdad. Se llama “sistema participativo de garantías” (SPG), y es una especie de certificación orgánica popular. Con el tiempo, Alberto espera que la comercialización sea lo suficientemente rentable como para que alguien, tal vez los mismos productores, se haga cargo de vender la producción de manera particular. Para hacer eso, los productores se están organizando en una asociación con personería jurídica. El hacer que los agricultores y los consumidores nos conozcamos es también una innovación para asegurar que sigamos comprando y vendiendo.

En mi visita a Villa Taquiña éramos dos docenas de consumidores con barbijos, que estábamos encantados de conocer a algunos de los agricultores que producen los alimentos que comemos. Una de esas agricultoras, Elsa Bustamante, tiene su propia estrategia de salida. Ella está alimentando a cuys con los residuos vegetales de su pequeña parcela, y planifica abrir un restaurante con verduras ecológicas y cuys producidos en casa. “Todos ustedes serán mis clientes”, nos dice Elsa. Y luego sirve cuartos de cuy fritos y dorados y aún calientes sobre un lecho de arroz, papas y ensalada. A los consumidores les encanta.

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En el frutillar de nuevo

Lectura adicional

Bentley, Jeffery W. 2015 “Flowers Watered with Beer.” Agriculture for Development 26:20-22.

Agradecimientos

Gracias a Nelly Camacho, Elsa Bustamante, y su hermano Pastor por recibirnos en sus hogares y sus parcelas. Doña Nelly es la representante del SPG Cercado. (Cercado es una provincia del Departamento de Cochabamba. Cercado tiene un solo municipio, que también se llama Cochabamba, el cual es la capital del Departamento). El SPG Cercado es respaldado por la Ley 3525, “Regulación y promoción de la producción agropecuaria y forestal no maderable ecológica” y por la Norma Técnica Nacional (NTN) que apoya a los sistemas participativos de garantía (SPG) a través de la cual se acredita grupos de productores ecológicos a nivel urbano, periurbano y rural. El SPG Cercado trabaja a través de un convenio entre el gobierno municipal de Cochabamba y la Fundación Agrecol Andes, con financiamiento de la Cooperación Italiana. Los Ing. Alberto Cárdenas y Alexander Espinoza trabajan para la Fundación Agrecol Andes, en Cochabamba. Gracias a ellos por organizar el viaje, y gracias a Alberto por sus comentarios sobre una versión anterior de este blog.

Vocabulario

El cuy es el conejillo de las Indias.

La quilquiña es una hierba con un fuerte olor usada para hacer salsas, Porophyllum ruderale.

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Redes contra insectos en almácigo

The next generation of farmers March 28th, 2021 by

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Whether in Europe or in the global South, young farmers, unless they are born into a farm family, often lack three key things: land, finance and knowledge. But a new breed of farmers has risen, fuelled by passion to produce food in a healthy way, free from agrochemicals. Their journeys are often difficult, but with support from the community and by helping each other, they are heading towards a fairer and brighter future, as I learned this week on a revealing road trip.

Recently, I joined my farmer friends Johan Hons and Vera Kuijpers on their weekly trip to deliver and buy organic produce from wholesalers and fellow farmers to stock up their farm shop that opens from Friday afternoon until Saturday noon. Johan and Vera have been pioneer organic farmers in north-eastern Belgium.

“When we started some 30 years ago, it was just us and one other family who had a basic food packaging machine. Whenever needed, we could use their machine,” Johan said. In the meantime, the number of organic farmers has grown, and an amazing informal network is coming to life.

The back of the van is loaded with freshly harvested potatoes, a few crates of cabbages and leek seedlings that Johan and Vera had reared for the new season. Having left their farm before 6 am, by 8 o’clock we finished our first delivery. Biofresh, a main organic retailer, bought their potatoes. At the same time, we collect the produce they had ordered online a few days earlier. Vera guides me through the warehouse, explaining how the whole system works.

I see crates of organic pineapples from Côte d’Ivoire, bright mangoes from Ghana, ginger from Peru, fava beans, artichokes and oranges from Italy, and various local products, including their potatoes, amongst other things.

“At first, our name was mentioned on the label,” Vera says, “but they have now replaced our name with a number, so people no longer know who has produced them. I think it is to protect themselves from their competitors.” This may well be the case, but as we continue our road trip it dawns on me that the effectiveness of this strategy may only be short-lived.

As we load the van in the parking lot, Floriaan D’Hulster, a young fellow organic farmer whom we had met indoors 10 minutes earlier arrives. He has come to buy Johan and Vera’s crates of cabbages and hands over a little carton box. My curiosity triggered, Johan proudly opens it and shows little seed packages.

“This is from our group of farmers with whom we started to produce vegetable seed. The seed has been cleaned, nicely labelled and packaged at the premises of Akelei, the organic farm where Floriaan works, and will be available in our farm shop as of tomorrow,” Johan smiles. Their non-profit association “Vitale Rassen” was formalised in 2019 and regroups organic farmers across Flanders who produce seed under EU organic standards.

On to the next destination. Like Biofresh, Sinature is a wholesaler, but they also have their own greenhouses behind their warehouse. “We like to buy as much locally produced food as possible,” Vera says, “as that is in line with our philosophy and many clients also ask me about this.”

As we walk through the warehouse, Vera carefully goes over various lists. I learn that they are at the same time buying produce for other fellow farmers. “Many of us have started to sell our produce ourselves directly to consumers, whether at farm markets or farm shops,” Vera says, “and it is good to be able to offer clients a rich diversity of food on top of your own produce. As we have a van and a trailer, we provide this service to our fellow farmers against a small fee to cover our costs.”

At Bernd Vandersmissen’s farm I am excited to see how even in greenhouses, they successfully integrate crops and livestock. Two pigs are happily sleeping under a trailer in an area secured by a temporary electric fence. While the pigs feed on the green manure (a mixture of rye and phacelia), they keep the soil loose and fertile.

Many of the new generation of farmers have managed one way or the other to secure some land. To gain knowledge and become professional growers, the non-profit organisation Landwijzer has been offering both short and two-year long courses on organic and biodynamic farming for the past 20 years.

The remainder of the day we make various stops to buy and deliver fresh produce at some inspiring farms. As Johan and Vera are pioneers, they know everyone involved in the organic food system. Many of the new generation of farmers have also done their internship with them as part of their Landwijzer course, so they have a strong bond. By providing this weekly service, they also get a chance to chat with their colleagues and exchange ideas and recent news.

When I ask Johan how the new generation of farmers is coping with the purchasing power of large buyers that push down prices, he explains that price formation and market diversification are key aspects covered in the courses offered by Landwijzer.

A few days earlier I had an online meeting with one of the coordinators of the Fairtrade Producers’ Organisation from Latin America. To secure a living income, cocoa and coffee growers are also forced to increasingly look at income and market diversification. While the food industry may gradually come to realize that paying a fair price for food is needed to keep farmers in business, it is reassuring to see that farmers continue to innovate by pro-actively strengthening ties between themselves and the community of consumers. Belonging to a network may make a vital difference for new farmers, who often lack land and a family connection to agriculture.

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Access Agriculture: hosts over 220 training videos in over 85 languages. Each video describes underlying principles, as such encouraging people to experiment with new ideas.

EcoAgtube: a new social media platform where anyone can upload their own videos related to natural farming and circular economy.

 

De volgende generatie boeren

Of ze nu in Europa of in het Zuiden zijn geboren, het ontbreekt jonge boeren, tenzij ze in een boerenfamilie zijn geboren, vaak aan drie belangrijke dingen: land, financiën en kennis. Maar er is een nieuwe generatie boeren opgestaan, gedreven door de passie om op een gezonde manier voedsel te produceren, vrij van landbouwchemicaliën. Hun reis is vaak moeilijk, maar met steun van de gemeenschap en door elkaar te helpen, zijn ze op weg naar een eerlijkere en mooiere toekomst, zoals ik deze week leerde tijdens een onthullende road trip.

Onlangs vergezelde ik mijn boerenvrienden Johan Hons en Vera Kuijpers op hun wekelijkse reis om biologische producten te leveren en te kopen van groothandelaars en collega-boeren om hun boerderijwinkel te bevoorraden die open is van vrijdagmiddag tot zaterdagmiddag. Johan en Vera zijn pioniers op het gebied van biologische landbouw in het noordoosten van België. “Toen we zo’n 30 jaar geleden begonnen, waren we alleen met één andere familie die een basisverpakkingsmachine voor levensmiddelen had. Als het nodig was, konden we hun machine gebruiken,” zei Johan. Intussen is het aantal biologische boeren gegroeid en is er een geweldig informeel netwerk ontstaan.

De achterbak van het busje is volgeladen met vers geoogste aardappelen, een paar kratten kool en prei-zaailingen die Johan en Vera hadden opgekweekt voor het nieuwe seizoen. We zijn al voor 6 uur vertrokken van hun boerderij en tegen 8 uur zijn we klaar met onze eerste levering. Biofresh, een belangrijke biologische detailhandelaar, kocht hun aardappelen. Tegelijkertijd halen we de producten op die ze een paar dagen eerder online hadden besteld. Vera leidt me door het magazijn en legt uit hoe het hele systeem werkt.

Ik zie kratten met biologische ananassen uit Ivoorkust, mango’s uit Ghana, gember uit Peru, tuinbonen, artisjokken en sinaasappels uit Italië, en verschillende lokale producten, waaronder hun aardappelen. “In het begin stond onze naam op het etiket,” zegt Vera, “maar nu hebben ze onze naam vervangen door een nummer, zodat de mensen niet meer weten wie ze heeft geproduceerd. Ik denk dat het is om zichzelf te beschermen tegen hun concurrenten.” Dat kan wel zo zijn, maar terwijl we onze reis voortzetten, dringt het tot me door dat de doeltreffendheid van deze strategie wel eens van korte duur zou kunnen zijn.

Terwijl we het busje inladen op de parkeerplaats, arriveert Floriaan D’Hulster, een jonge bio-boer die we 10 minuten eerder binnen hadden ontmoet. Hij is gekomen om de kratten kolen van Johan en Vera te kopen en overhandigt een kartonnen doosje. Mijn nieuwsgierigheid is gewekt, Johan maakt het trots open en laat kleine zaadverpakkingen zien. “Dit is van onze groep boeren met wie we begonnen zijn groentezaad te produceren. Het zaad is geschoond, mooi geëtiketteerd en verpakt op het terrein van Akelei, de biologische boerderij waar Floriaan werkt, en zal vanaf morgen verkrijgbaar zijn in onze boerderijwinkel”, lacht Johan. Hun vzw “Vitale Rassen” werd in 2019 geformaliseerd en groepeert bioboeren over heel Vlaanderen die zaaigoed produceren volgens de biologische normen van de EU.

Op naar de volgende bestemming. Net als Biofresh is Sinature een groothandel, maar ze hebben ook eigen kassen achter hun magazijn. “We kopen graag zoveel mogelijk lokaal geproduceerd voedsel”, zegt Vera, “want dat ligt in de lijn van onze filosofie en veel klanten vragen me daar ook naar.”

Terwijl we door het magazijn lopen, neemt Vera zorgvuldig verschillende lijsten door. Ik leer dat ze tegelijkertijd producten inkopen voor andere collega-boeren. “Velen van ons zijn onze producten zelf rechtstreeks aan de consument gaan verkopen, op boerenmarkten of in boerderijwinkels”, vertelt Vera, “en het is goed om klanten naast je eigen producten ook een rijke diversiteit aan voedsel te kunnen bieden. Omdat we een bestelwagen en een aanhangwagen hebben, verlenen we deze service aan onze collega-boeren tegen een kleine vergoeding om onze kosten te dekken.”

Op de boerderij van Bernd Vandersmissen leer ik hoe ze zelfs in kassen met succes gewassen en vee integreren. Twee varkens slapen tevreden onder een trailer in een ruimte die beveiligd is met een tijdelijk elektrisch hek. Terwijl de varkens zich voeden met de groenbemesting (een mengsel van rogge en phacelia), houden ze de grond los en vruchtbaar.

Veel van de nieuwe generatie boeren zijn er op de een of andere manier in geslaagd om wat land in handen te krijgen. Om kennis op te doen en professionele telers te worden, biedt de vzw Landwijzer al 20 jaar zowel korte als tweejarige cursussen aan over biologische en biodynamische landbouw.

De rest van de dag maken we verschillende stops om verse producten te kopen en af te leveren bij enkele inspirerende boerderijen. Omdat Johan en Vera pioniers zijn, kennen ze iedereen die betrokken is bij het biologische voedselsysteem. Veel van de nieuwe generatie boeren hebben ook bij hen stage gelopen in het kader van hun Landwijzer opleiding, dus ze hebben een sterke band. Door deze wekelijkse service krijgen ze ook de kans om met hun collega’s bij te praten en ideeën en recent nieuws uit te wisselen.

Als ik Johan vraag hoe de nieuwe generatie boeren omgaat met de koopkracht van grote afnemers die de prijzen drukken, legt hij uit dat prijsvorming en marktdiversificatie belangrijke aspecten zijn die in de cursussen van Landwijzer aan de orde komen.

Een paar dagen eerder had ik een online-ontmoeting met een van de coördinatoren van de Fairtrade Producers’ Organisation uit Latijns-Amerika. Om in hun levensonderhoud te kunnen voorzien, worden ook cacao- en koffietelers gedwongen steeds meer te kijken naar inkomens- en marktdiversificatie. Terwijl de voedingsindustrie geleidelijk tot het inzicht komt dat het betalen van een eerlijke prijs voor voedsel nodig is om boeren in bedrijf te houden, is het geruststellend om te zien dat boeren blijven innoveren door pro-actief de banden tussen henzelf en de gemeenschap van consumenten aan te halen. Deel uitmaken van een netwerk kan een wezenlijk verschil maken voor nieuwe boeren, die vaak niet over land beschikken en geen familieband met de landbouw hebben.

Staying grounded while on the air in Ghana March 21st, 2021 by

It’s a simple matter to play a soundtrack about farming on the radio. The tricky part is making sure that the program connects with the audience, as I learned recently from Gideon Kwame Sarkodie Osei at ADARS FM, a commercial station in Kintampo, a town in central Ghana.

Since 2010 Gideon has been pleased to be part of an effort by Farm Radio International (FRI) that supported radio stations in Ghana, including ADARS FM, to reach out to farmers. With encouragement from FRI, Gideon started a weekly magazine show for farmers, where he plays Access Agriculture audio tracks. The magazine, Akuafo Mo, means “Thank You Farmers” in the Twi language. Before he started the show, Gideon (together with FRI) did a baseline study of the farmers in his audience. He found that they had more time on Monday evenings. Farm women do more work and have less time than most people, but they told Gideon that they were usually done with their chores by 8 PM, so that’s when he airs Akuafo Mo, every Monday for an hour.

The show starts with recorded interviews, where farmers explain their own knowledge of a certain topic, like aflatoxin, which is so important that Gideon had several episodes on this hidden toxin that can contaminate stored foodstuffs. After the interviews, Gideon plays an audio track, to share fresh ideas with his audience. Gideon has played Access Agriculture audios so often he can’t remember how many he has played. “It’s a lot more than 50,” he explains.

Gideon plays a portion of the audio in English, and then he stops to translate that part into Twi, the language of the Ashanti people. Every week there is a guest on the show, an extension agent who can discuss the topic and take questions from listeners who call in.

Gideon’s experience with the magazine inspired him to start listener groups, in coordination with FRI. Visiting listener communities, Gideon found that some did not have a radio set. So, with project support, he bought them one. “We give them radio sets so they can come together weekly and listen to the magazine,” Gideon told me. He has 20 groups, each with 12 to 30 people. Five groups are only for women, especially in areas where males and females don’t casually mingle. The other listener groups have men and women.

Gideon visits at least some of the groups every week. Because of these visits, Gideon is now downloading videos as well as audio from Access Agriculture. “Sometimes I see if they have electricity, and I rent a projector, to show them the video they have heard on the air.” Gideon says. “This is my initiative, going the extra mile.”

Some of the farmers are learning to sell their groundnuts, maize and other cereals as a group, netting them extra money and helping them to be self-sustaining.

Gideon is also a trainer for FRI. Before Covid, he would travel to other towns and cities in Ghana, meet other broadcasters, and go to the field with them to show them how to improve their interview skills and to craft their own magazine shows. Now he continues to train broadcasters, but online.

Working with the farmer listening groups gives Gideon insights into farmers’ needs and knowledge, making his magazine so authentic that 60,000 people tune in. That experience gives Gideon the confidence to train other broadcasters all over Ghana.

When I was in Ghana a few years ago, I met excellent extension agents who told me how frustrated they were to be responsible for reaching 3,000 farmers. It was impossible to have a quality interaction with all those farmers.

However, there are ways to communicate a thoughtful message with a large audience, for example with a good radio magazine.

Gideon has creatively blended his own expertise with resources from two communication-oriented non-profit organisations: Farm Radio International and Access Agriculture. Hopefully, his experience will inspire other broadcasters.

Videos in the languages of Ghana

Find videos and soundtracks in these languages of Ghana: Buli, Dagaari, Dagbani, Ewe, Frafra, Gonja, Hausa, Kabyé, Kusaal, Moba, Sisaala, Twi, Zarma and English.

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