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Validating local knowledge July 26th, 2020 by

Vea la versión en español a continuación

Paul and I have written earlier stories in this blog about the yapuchiris, expert farmer-researcher-extensionists on the semi-arid, high plains of Bolivia. At 4000 meters above sea level (over 13,000 feet), seasoned farmers know how to observe plants and animals, clouds and stars, to predict the weather, especially to answer the Big Question on their minds: when will the rains start, so I can plant my crop?

All of the yapuchiris know some traditional ways of predicting the weather. Some yapuchiris also write their observations on a special chart they have designed with their agronomist colleagues at Prosuco, an organization in La Paz. The chart, called a Pachagrama, allows the yapuchiris to record the weather each day of the year, just by penciling in a few dots, so they can see if their predictions come true, and how the rains, frosts and hail affect their crops.

It can be daunting to prove the value of local knowledge, but it is worth trying.

Eleodoro Baldivieso is an agronomist with Prosuco, which has spent much of the past year studying the results of the Pachagrama weather-tracking charts. As he explained to me recently, Prosuco took four complete Pachagramas (each one filled out over seven years) containing 42 cases; each case is a field observed over a single season by one of the yapuchiris. Comparing the predicted weather with the recorded weather allowed Prosuco to see if the Pachagramas had helped to manage risk, mainly by planting a couple of weeks early, on time, or two weeks late.

Frost, hail and unpredictable rainfall are the three main weather risks to the potato and quinoa crops on the Altiplano. In October, a little rain falls, hopefully enough to plant a crop, followed by more rain in the following months. Average annual rainfall is only 800 mm (about 30 inches) in the northern Altiplano, and a dry year can destroy the crop.

For the 42 cases the study compared the yapuchiri’s judgement on the harvest (poor, regular, or good) with extreme weather events (like frost), and the planting date (early, middle or late) to see if variations in the planting date (based on weather predictions) helped to avoid losses and bring in a harvest.

The study found that crops planted two weeks apart can suffer damage at different growth stages of the plant. For example, problems with rainfall are especially risky soon after potatoes are planted, affecting crops planted early and mid-season. Frost is more of a risk for early potatoes at the start of the season, and for late potatoes when they are flowering. Hail is devastating when it falls as the mid and late planted potatoes are flowering.

The yapuchiris are often able to accurately predict frost, hail, and rainfall patterns months in advance. Scientific meteorology does a good job predicting such weather a few days away, but not several months in advance. When you plant your potatoes, modern forecasts cannot tell you what the weather will be like when the crop is flowering. Forecasting the weather in a challenging environment is helpful, at least some of the time. Planting two weeks early or two weeks late may help farmers take best advantage of the rain, but then expose the crop to frost or hail. Changing the planting dates can help farmers avoid one risk, but not another.

The weather is so complicated that risk can never be completely managed. And because scientific meteorology cannot predict hail and frost months in advance, local knowledge fills a void that science may never replace.

Previous blog stories

Cultivating pride in the Andes

To see the future

Predicting the weather

Watch the video

Recording the weather

Watch the presentation by Eleodoro Baldivieso (in Spanish)

http://andescdp.org/cdp16/seminarios/seminario_4_respondiendo_amenazas_productivas/yapuchiris_Prosuco

Acknowledgement

This work with weather is funded by the McKnight Foundation’s Collaborative Crop Research Program (CCRP). Francisco Condori, Luciano Mamani, Félix Yana and Santos Quispe are the yapuchiris who participated in this research. Thanks to Eleodoro Baldivieso, María Quispe, and Sonia Laura of Prosuco for reading and commenting on a previous version of this story. The first two photos are courtesy of Prosuco.

VALIDANDO LOS CONOCIMIENTOS LOCALES

Por Jeff Bentley

26 de julio del 2020

Paul y yo hemos escrito historias anteriores en este blog sobre los Yapuchiris, expertos agricultores-investigadores y extensionistas en el Altiplano semiárido boliviano. A los 4000 metros sobre el nivel del mar, los agricultores experimentados saben cómo observar plantas y animales, nubes y estrellas para predecir el clima, especialmente para responder a la Gran Pregunta en sus mentes ¿cuándo comenzarán las lluvias para yo pueda sembrar mi chacra?

Todos los Yapuchiris conocen algunas formas tradicionales de predecir el tiempo. Algunos Yapuchiris también apuntan sus observaciones en un cuadro especial que han diseñado con sus colegas, los ingenieros agrónomos de Prosuco, una organización en La Paz. El cuadro, llamado Pachagrama, permite a los Yapuchiris registrar el tiempo cada día del año, con sólo dibujar algunos puntos, para que puedan ver si sus predicciones se hagan realidad y como las lluvias, heladas y granizadas afectan sus cultivos.

Puede ser difícil comprobar ese conocimiento local, pero vale la pena intentarlo.

El Ing. Eleodoro Baldivieso, de Prosuco, ha pasado gran parte del año pasado estudiando los resultados de los Pachagramas. Cómo él me explicó hace poco, Prosuco tomó cuatro Pachagramas completos (de siete campañas agrícolas) y 42 casos; cada caso es una parcela observada durante una campaña por uno de los yapuchiris. El comparar el tiempo previsto con el tiempo registrado permitió a Prosuco ver si los Pachagramas habían ayudado a manejar el riesgo, principalmente mediante la siembra temprana (dos semanas antes), intermedia y tardía (dos semanas después).

Las heladas, el granizo y la lluvia impredecible son los tres principales riesgos meteorológicos para los cultivos de papa y quinua en el Altiplano. En octubre cae un poco de lluvia, con la esperanza de que sea suficiente para sembrar un cultivo, seguida hasta marzo por más lluvia. La precipitación media anual es sólo 800 mm en el Altiplano Norte, y un año seco puede destruir la cosecha, lo mismo que un año con mucha lluvia.

Para los 42 casos el estudio comparó la evaluación del Yapchiri de la cosecha (malo, regular, o bueno) con eventos extremos de tiempo (como heladas), con las fechas de siembra (temprano, mediano, o tarde) para ver si el variar la fecha de siembra (basado en el pronóstico del Yapuchiri) ayudó a evitar pérdidas y lograr una cosecha.

El estudio halló que los cultivos sembrados a dos semanas de diferencia pueden sufrir daño en diferentes etapas de crecimiento da las plantas. Por ejemplo, los problemas con las lluvias son especialmente arriesgados poco después de la siembra de la papa, afectando más a la siembra tempran, a principios y mediados de la temporada. Las heladas son más riesgosas para las papas tempranas al comienzo de la temporada, y para las papas tardías justo en la época de floración. El granizo es devastador para las siembras intermedias y tardías, si la papa está en flor.

Los Yapuchiris a menudo son capaces de predecir con certeza las heladas, el granizo y los patrones de lluvia, con meses de antelación. La meteorología científica a menudo puede predecir ese tiempo a unos pocos días, pero con meses de anticipación. Cuando siembras tu papa, el pronóstico moderno no te puede decir cómo será el tiempo cuando tu cultivo está en flor. Pronosticar el tiempo en un entorno desafiante es útil, al menos parte del tiempo. Sembrar dos semanas antes o dos semanas después puede ayudar a los agricultores a aprovechar mejor la lluvia, pero se expone el cultivo a las heladas o granizo, cuando es más vulnerable. Cambiar las fechas de siembra puede ayudar a los agricultores a evitar uno de los riesgos, pero no siempre a todos.

El clima es tan complicado que el riesgo nunca puede ser manejado completamente. Y debido a que la meteorología científica no puede predecir el granizo y las heladas con meses de anticipación, el conocimiento local llena un vacío que la ciencia tal vez nunca reemplace.

Historias previas del blog

Cultivando orgullo en los Andes

Conocer el futuro

Prediciendo el clima

Ver el video

Hacer un registro del clima

Vea la presentación por Eleodoro Baldivieso (en español)

http://andescdp.org/cdp16/seminarios/seminario_4_respondiendo_amenazas_productivas/yapuchiris_Prosuco

Agradecimiento

Este trabajo con el clima es financiado por el Programa Colaborativo de Investigación sobre Cultivos (CCRP) de la Fundación McKnight. Francisco Condori, Luciano Mamani, Félix Yana y Santos Quispe son los Yapuchiris que participaron en esta investigación. Gracias a Eleodoro Baldivieso, María Quispe, y Sonia Laura de Prosuco por leer y hacer comentaros sobre una versión previa de esta historia. Las primeras dos fotos son cortesía de Prosuco.

Trying it yourself May 24th, 2020 by

Helping to write a script for a farmer training video on vermiwash triggered my interest in trying it out myself, as I began to wonder if ideas from tropical India could work in temperate Belgium.

As the video explains, vermiwash is the liquid that is collected after water passes through compost made by earthworms. It is rich in plant growth hormones, micro-nutrients like iron and zinc, and major nutrients like nitrogen, phosphorous and potassium. Vermiwash increases the number of beneficial micro-organisms in the soil and helps plants to grow healthy.

After showing the problem of declining soil health due to the overuse of agrochemicals, the video quickly moves on to some powerful, motivational interviews by some local farmers in Tamil Nadu, in southern India.

“When you want to mix vermicompost with the soil, you need large quantities. But vermiwash can be applied directly to plant leaves, so you need less and you can see the effect on plant growth faster. It is also cheaper than compost,” says farmer Sivamoorthi.

Besides the liquid vermiwash, I had also helped another of our Indian partners, WOTR, develop a video on vermicompost, which is solid, and stronger than normal compost . But, I was more attracted to the idea of making vermiwash, as it requires little space and I could easily use it as a foliar spray on my vegetables, berry shrubs and fruit trees.

At the local hardware store, I bought a barrel with a tap at the bottom. The first drafts of the script mentioned that it is best to fill the bottom of the barrel with small stones, so the tap doesn’t get blocked. I did exactly that. In the final version of the video, this part was removed. When I asked Shanmuga Priya, who made this video, she said: “After I talked to farmers it seems no one is doing this, because after three months they empty the barrel, remove the earthworms and then put the compost on their field. Of course, they don’t want stones to be mixed with the compost.”

Indian farmers just use a small piece of mosquito netting or cotton cloth as a filter. Right, that was a good lesson; farmers always find a way to improve any technique they learn from extension staff. I still have the bottom of my barrel filled with pebbles, and so far so good. I will have to make the extra effort of sorting out the stones when setting up a new batch of vermiwash.

The video says to fill the bottom with some 10-15 centimetres of dried leaves, not green ones, which would slow down decomposition. As I had plenty of dried oak leaves, and even though they decompose slowly, I wondered if they would work, but hey, that’s what I have, so that’s what I will try.

Then the video shows how an equal amount of rice straw is added. Instead, I used wheat straw, as I still have plenty of bundles in the attic of our shed.

The next part was also a little tricky. While the video suggested using 5 to 10 kg of decomposed cow dung, I wondered if the dung of my sheep would work just as well. It was a discussion I had had several times with Indian partners, who always say that only cow dung is a useful source of beneficial microorganisms. I asked a friend of mine, who is soil scientist, and still did not get a clear answer to this. Soil scientists are trained more in the physical and chemical properties of soil and are less familiar with its complex biology. But that is food for another blog story.

After adding some water to the barrel, I collected a few handfuls of earthworms from my compost and put them into the barrel. I would soon see if my set up would work or not. While farmers in India can collect vermiwash after just 10 days, I realised that the early days of spring in Belgium are still too cold, so the worms are not that active yet. Six weeks later, though, we happily collected our first litre of brown vermiwash.

After diluting it with ten litres of water, I sprayed the vermiwash on the leaves of my rhubarb as an experiment, before putting it on any other plants. In just a few days the leaves turned a shiny, dark green. The plants looked so healthy, that neighbours even remarked on it and asked what I had given them.

My wife, Marcella, had been rearing vegetable seedlings in a small glass house, and when the time came to transplant them to the garden, she decided to set up a small experiment. One batch of mustard leaf seedlings would be planted straight in the soil, the other batch she would soak the roots of the seedlings for 15 minutes in pure vermiwash. After all, the video shows that this works with rice seedlings, so why not with vegetable seedlings?

And again, the effect was striking: all of the seedlings dipped in the vermiwash took root quickly, while in the other batch only a fraction did.

As Jeff has written in some earlier blogs, the Covid-19 crisis has stopped people from travelling, affecting many farmers (see: Travelling farmers), students (see: A long walk home) and society at large. It has also forced people to creatively use their time. Like many other people, we have been able to spend more time in the garden, and in our case, we were able try out some of the things we learned from farmers in the global South.

As we tried oak leaves, wheat straw and sheep dung instead of the ingredients used by Indian farmers, we found that vermiwash works as well in Flanders as it does in Tamil Nadu. Good training videos inspire people to experiment with new ideas and adapt these to their own conditions. That is the philosophy and approach of Access Agriculture: using video as a global source of inspiration.

Related blogs

Earthworms from India to Bolivia

Encouraging microorganisms that improve the soil

Effective micro-organisms

Friendly germs

Related videos, freely downloadable from www.accessagriculture.org

Vermiwash: an organic tonic for crops

Making a vermicompost bed

Good microbes for plants and soil

American bees March 1st, 2020 by

Vea la versión en español a continuación

When the Spanish conquered the New World, the colonists who followed them brought honey bees. These European bees carried out their own version of the conquest, displacing a wide variety of stingless, native American bees. The native American people had known about these stingless bees and used their honey for centuries. Some, such as the Maya, kept bees for their honey, and many other peoples gathered honey from the wild.

The European honey bee is more aggressive and bigger than the American bees. The African honey bee and the European honey bee are sub-species of the same species, Apis mellifera. The European bee lives in large colonies of some 80,000 individuals, while the native bees live in smaller hives, of 3,000 or so. The American bees have suffered from the loss of forest habitat, and from competition with the European bees, which gather nectar from the same sources that the native bees need.

But the native American bees are making a comeback, as I learned recently on a course taught by two biologists who are experts in native American bees: Marcia Adler Yáñez from the Gabriel René Moreno Museum of Natural History in Bolivia and Oscar “Rupa” Amaya, who is Colombian, but a long-time resident of Brazil.

The American honey bees are a diverse lot, of at least 400 species. Some of the larger ones are as big as European honey bees, while some of the smaller ones are the size of a grain of rice.

The native American bees are gentle (some more than others) and although they do not have stingers, some species will bite to defend their nests. Unlike European bees, which put their honey in combs, native American bees keep their honey and pollen in little wax pots. The American bees have a complex nest structure. The queen lays her eggs in cells in a horizontal comb (unlike the vertical ones the European bees make). The combs of native bees can be disk shaped, or spiral or amorphous. The brood chambers, full of eggs in cells, are surrounded by a wax labyrinth, the involucrum, made to discourage ants and other predators. The pots of honey and pollen are placed around the involucrum.

One species of bee, called señorita, is known from Mexico to Argentina for its fine honey, widely regarded to be an eye ointment. A drop in each eye relieves pain and irritation.

Rupa and Marcia teach their students various techniques to care for native American bees. While keepers of European honey bees have made wooden boxes, or hives, for bee colonies, this was not a common practice for native American bees. In the past 30 years, bee experts in Brazil have adapted bee boxes for native American bees. These bee hives are smaller than those for European bees, but the boxes have thicker walls to keep the bees warm in the winter and cool in the summer.

Rupa and Marcia also teach the use of a simple trap for capturing wild colonies. A plastic soda pop bottle, two-liters or larger, is covered in newspaper (to keep the nest warm) and black plastic (to keep it dark). A tube is placed in a small opening in the side of the bottle, making an inviting door to entice a young queen to set up her nest in the bottle. The bottle is hung on a tree in a forest with bees. In good bee habitat, bees may colonize the bottle within weeks. A skilled beekeeper can later transfer the colony to a proper, wooden hive.

Struggling colonies can be encouraged with an extra food supply. On the bee course, we learned how to make wax pots and fill them with honey or pollen gathered by European honey bees, which you can buy in the store. The native bees will eat the honey and convert the pollen to “bee bread” by using special enzymes. They will also use the wax from the pots to make their own brood cells and food pots.

Bees make wax with an organ in their abdomen, but wax is expensive. The bees need six or eight grams of honey to make a gram of wax. So, putting wax in the nests gives the bees a head-start and lets them start a colony faster.

Brazilian universities have been studying native American bees since the 1950s, and the techniques for keeping these bees are slowly spreading to other Latin American countries. There are also native bees in Australia, where some quite keen beekeepers use bee boxes similar to the Brazilian ones.

Native honey is thin, but sweet and it has a fine flavor. The larger species of native bees can make up to eight liters of honey a year, but the small species can only make about one liter, so this honey is expensive, but it is starting to appear in specialty shops.

We also met a Bolivian forester, Juan Carlos Aruquipa, who works on a project to teach women in the rainforest (the Yungas) to manage native bees, and to sell the honey. This is important, because many of the small flowers of tropical American trees must be pollinated by bees to set seed. And the bees feed on the nectar from the trees. So, without bees there are no trees, and without trees there are no bees.

This is a case where agriculture is moving forward in an imaginative direction, learning to care for wild bees, and to produce valuable honey. Bees need a lot of care, so they are difficult to handle on a massive, corporate scale. But they are perfect for smallholders, especially for women, who find the smaller hives and the gentle bees easier to handle. The little hives are ideal to keep at home. Native American bees are a new, creative direction for agroecological farming.

Scientific names

All bees, American, European, and others, belong to the family Apidae. The European, African and Asian bees with stingers belong to the genus Apis. The stingless, American, Australian and African bees belong to the tribe Meliponini. The large native bees are in the genus Melipona and the small ones are grouped into several genera, including Trigona, Scaptotrigona, Nannotrigona, and Tetratrigonisca. The señorita is Tetragonisca angustula. All of these bees are social. In the Americas and elsewhere there are many other bee species that are solitary, such as bumble bees.

Further reading

I have been interested in Native American bees for a long time, and give a short account of them in:

Bentley, Jeffery, W. and Gonzalo Rodríguez 2001 “Honduran Folk Entomology.” Current Anthropology,42(2):285-300.

LAS ABEJAS AMERICANAS

Por Jeff Bentley, el primero de marzo del 2020

Cuando los españoles conquistaron el Nuevo Mundo, los colonos que los siguieron trajeron abejas. Estas abejas europeas hicieron su propia versión de la conquista, desplazando a una gran variedad de abejas nativas americanas sin aguijón. Los indígenas conocían a estas abejas nativas y usaron su miel durante siglos. Algunos, como los mayas, guardaban abejas para su miel, y muchos otros pueblos recolectaban miel de la naturaleza.

La abeja europea es más agresiva y más grande que las abejas americanas. La abeja africana y la abeja europea son subespecies de la misma especie, Apis mellifera. La abeja europea vive en grandes colonias de unos 80.000 individuos, mientras que las abejas nativas viven en colmenas más pequeñas, de unos 3.000. Las abejas americanas han sufrido la pérdida de su hábitat forestal, y la competencia con las abejas europeas, que recogen el néctar de las mismas flores que las abejas nativas.

Pero hay nueva esperanza para las abejas nativas americanas, como aprendí recientemente en un curso impartido por dos biólogos expertos en abejas nativas americanas: Marcia Adler Yáñez del Museo de Historia Natural Gabriel René Moreno de Bolivia y Oscar “Rupa” Amaya, que es colombiano pero residente en Brasil desde hace mucho tiempo.

La abeja americana es un grupo muy diverso, de al menos 400 especies. Algunas de las más grandes son del tamaño de las abejas europeas, mientras que algunas de las más chicas son tan pequeñas como un grano de arroz.

Las abejas nativas americanas son relativamente mansos y a pesar de que no tienen aguijones, algunas especies muerden para defender sus nidos. A diferencia de las abejas europeas, que ponen su miel en panales, las abejas nativas americanas guardan su miel y polen en pequeños potes de cera. Las abejas americanas tienen un nido con estructura complicada. La reina pone sus huevos en celdas en un panal horizontal (a diferencia de los verticales que hacen las abejas europeas). Los panales de las abejas nativas pueden tener forma de disco, o de espiral o amorfo. Las celdas de las crías (huevos y larvas), están rodeadas por un laberinto de cera, llamado el involucre, hecho para confundir a las hormigas y otros depredadores. Los potes de miel y polen están fuera y alrededor del involucre.

Una especie de abeja, llamada la señorita, es conocida desde México hasta Argentina por su fina miel, ampliamente considerada como un ungüento para los ojos. Una gota en cada ojo alivia el dolor y la irritación.

Rupa y Marcia enseñan a sus estudiantes varias técnicas para cuidar a las abejas nativas americanas. Mientras que los guardianes de las abejas europeas han hecho cajas de madera, o colmenas, para las colonias de abejas, esta no era una práctica común para las abejas nativas americanas. En los últimos 30 años, los expertos en abejas de Brasil han adaptado colmenas para las abejas nativas. Estas colmenas son más pequeñas que las de las abejas europeas, pero las cajas tienen paredes más gruesas para mantener a las abejas calientes en el invierno y frescas en el verano.

Rupa y Marcia también enseñan el uso de una simple trampa para capturar colonias salvajes. Una botella de refresco de plástico, de dos litros o más grande, se cubre con papel de periódico (para mantener el nido tibio) y plástico negro (para mantenerlo oscuro). Se coloca un tubo en una pequeña apertura en el costado de la botella, haciendo una puerta atractiva para atraer a una joven reina a establecer su nido en la botella. La botella se cuelga de un árbol en un bosque con abejas; en un buen hábitat para las abejas, la botella puede albergar abejas en unas semanas. Un hábil apicultor puede más tarde transferir la colonia a una colmena de madera adecuada.

Las colonias débiles pueden ser fortalecidas con comida extra. En el curso de las abejas nativas, aprendimos a hacer potes de cera y llenarlas con miel o polen recolectado por las abejas europeas, que se puede comprar en la tienda. Las abejas nativas comerán la miel y convertirán el polen en “pan de abeja” usando enzimas especiales. También usarán la cera de los potes para hacer sus propias celdas de cría y ollas de comida.

Las abejas hacen cera con un órgano en su abdomen, pero la cera es cara de hacer. Las abejas necesitan seis u ocho gramos de miel para hacer un gramo de cera. Por lo tanto, poner cera en los nidos ayuda a las abejas a establecer una colonia más fuerte, más rápido.

Las universidades brasileñas han estudiado las abejas nativas americanas desde la década de los 1950, y las técnicas para mantener estas abejas se están extendiendo lentamente a otros países de América Latina. También hay abejas nativas de Australia, donde unos ávidos apicultores hacen cajas parecidas a las brasileñas, para criar abejas.

La miel nativa es menos espesa, pero dulce y tiene un sabor fino. Las especies más grandes de abejas nativas pueden hacer hasta ocho litros de miel al año, pero las especies pequeñas sólo pueden hacer un litro, por lo que esta miel es cara, pero está empezando a aparecer en tiendas especializadas.

También conocimos a un ingeniero forestal boliviano, Juan Carlos Aruquipa, que trabaja en un proyecto para enseñar a las mujeres del bosque lluvioso (los Yungas) a manejar las abejas nativas y vender la miel. Esto es importante, porque muchas de las pequeñas flores de los árboles tropicales americanos deben ser polinizados por las abejas para que formen semilla. Y las abejas se alimentan del néctar de los árboles. Así que sin abejas no hay árboles, y sin árboles no hay abejas.

Este es un caso en el que la agricultura avanza en una dirección imaginativa, aprendiendo a cuidar a las abejas silvestres, y a producir una valiosa miel. Las abejas necesitan cierto cuidado, por lo que son perfectas para los pequeños agricultores, especialmente para las mujeres. Las colmenas más pequeñas y las abejas más mansas son más fáciles de manejar. Sería difícil que las empresas grandes las manejan, pero las colmenas pequeñas son ideales para tener en casa. Las abejas nativas americanas son una nueva y creativa dirección para la agricultura agroecológica.

Nombres científicos

Todas las abejas, americanas y europeas, pertenecen a la familia Apidae. Las abejas europeas, africanas y asiáticas con aguijón pertenecen al género Apis. Las abejas americanas, australianas, y africanas sin aguijón pertenecen a la tribu Meliponini. Las abejas nativas grandes pertenecen al género Melipona y las pequeñas se agrupan en varios géneros, entre ellos Trigona, Scaptotrigona, Nannotrigona y Tetratrigonisca. La señorita es Tetragonisca angustula. Además de estas abejas sociales, en las Américas y en otros continentes hay muchas otras especies que son solitarias, como los abejorros.

Más información

Me han interesado las abejas nativas americanas por mucho tiempo, y doy una breve reseña de ellas en: Bentley, Jeffery, W. and Gonzalo Rodríguez 2001 “Honduran Folk Entomology.” Current Anthropology,42(2):285-300.

The right way to distribute trees February 23rd, 2020 by

Vea la versión en español a continuación.

There is a right way and a wrong way to distribute tree seedlings, as I realized recently.

The wrong way. Some 30 years ago, I was visiting a family in a Honduran village, Galeras, when a pickup truck from the Ministry of Agriculture pulled up. Two men unloaded little black plastic bags, each holding a strange, broad-leafed tree seedling.

A woman emerged from the car and without pausing to greet us, she made a breathless speech. “We are giving you little trees to plant. They are good for shade, for timber, for firewood, and cattle can eat the leaves. They are called …” and she rattled off a long, cumbersome scientific name.

“What is the common name?” I asked.

“Oh, I don’t know that, just plant them.”

And then the Ministry people got back in their car and drove off to the next house. In the following weeks, I saw little seedlings piled in front of many homes in Galeras. These trees, which came unannounced and uninvited, were all left to die.

The right way. This week, I visited the communities of Collpa Cala Cala and Collpa Centro, with extensionists from a Bolivian NGO, Fundación Agrecol Andes, which has 20 years of experience in high Andean communities.

This time I was inside the pickup, with the project staff. The team had gone in the day before with a bigger truck, to deliver 5000 pine seedlings to Collpa Cala Cala, and 3600 to Collpa Centro, and more trees to two other villages.  This morning, the little trees were glistening with dew in a cow pasture—the cows were tethered out of reach of the seedlings. The locals soon gathered around us, and in the native language, Quechua, Tito Villarroel (the project coordinator) reminded them that the goal was for “each family to plant the trees that they ordered.” He went on, “Please count out the number of trees you ordered.” Each family had asked for 100 to 500 seedlings.

Tito asked if anyone from the community wanted to speak. Two local men, don Marco and don Juevenal both thanked the project, and said they were sorry it was ending. They said they would like to get trees for two more years.

I asked some of the farmers why they wanted pine trees. “For the timber,” they said. “Either to sell or to use ourselves.”

The project team read the names of each subscribed family, to make sure they were all there, and gave each one a new steel pick, a wooden handle and a hoe, so they would have the right tools to plant the trees. Each family also got a bag of bread rolls and a whole, raw chicken, and a two-liter bottle of soda pop. This food will help to feed the family for the day they take off from their other work to plant the trees.

Each family has agreed to plant the trees in a place of their choosing, where they can protect the trees from roaming livestock. Many of the trees will be planted near people’s homes, or in other places where it is easy to see the animals from the village. The previous year, these same villagers also planted trees, now growing in small stands.

Tito and his colleagues will come back the following week. Each village gets a follow up visit every week. Over the next few visits, the NGO extensionists will make sure that there are no unforeseen problems. But there is little doubt that these folks will plant their trees.

The team hopes that the trees will help to keep the soil on the steep slopes and out of the streams that provide drinking water to the valley below. Almost all of the land around these communities is quite steep, so no matter where the trees are planted, they should help to manage soil erosion. The NGO would have liked to have planted native trees, rather than pines, which are not native to South America. But the local people wanted pine trees, and so that’s what they got.

The moral of the story is, local people will plant and manage forestry trees if:

  • The tree species is of interest to the communities
  • The trees are accompanied by tools, food or other things of value that stimulate folks to invest in planting trees
  • Local people are consulted about the project beforehand and organized

Cynics complain that development work is going in circles, but that’s not true. Like any skill, community development work improves with practice.

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Farmer managed forest regeneration

Further reading

Bentley, Jeffery W. & Jorge Valencia 2003 “Learning about Trees in a Quechua-Speaking Andean Community in Bolivia,” pp. 69-134. In Paul Van Mele (ed.) Way Out of the Woods: Learning How to Manage Trees and Forests. Newbury, UK: CPL Press. 143 pp.

Acknowledgements

Thanks to Fundación Agrecol Andes, for inviting me to see their work. Thanks to the project team, including Alexandra Flores, David Torrico, Nelson Daga and Edgar Hinojosa. This project was funded by CRS (Catholic Relief Services) with additional funding by the Coca Cola Foundation. The soft drinks distributed on this visit were from a Bolivian bottler, not Coke.

LA MANERA CORRECTA DE DISTRIBUIR LOS ÁRBOLES

Por Jeff Bentley

23 de febrero del 2020

Los plantines de árboles se pueden distribuir de forma correcta, o incorrecta, como me di cuenta recientemente.

La manera incorrecta. Hace unos 30 años, yo estaba visitando a una familia en una aldea hondureña, Galeras, cuando llegó una camioneta del Ministerio de Agricultura. Dos hombres descargaron pequeñas bolsas de plástico negro. Cada bolsa tenía el plantín de un árbol desconocido, de hoja ancha.

Una mujer se bajó del carro y sin tomar la molestia de saludarnos, hizo un discurso rápido, memorizado. “Les estamos dejando unos pequeños árboles para que los planten. Sirven para la sombra, para la madera, para la leña, y el ganado puede comer las hojas. Se llaman …” y nos dio un largo y engorroso nombre científico.

“¿Cuál es el nombre común?” Pregunté.

“Oh, no lo sé, sólo plántenlas.”

Y sin más ceremonia, la gente del Ministerio volvió a su carro y se fue a la próxima casa. En las semanas siguientes, vi bultos de plantitas frente a muchas casas en Galeras. Estos árboles, que llegaron sin aviso y sin invitación, lentamente se murieran.

La manera correcta. Esta semana, visité las comunidades de Collpa Cala Cala y Collpa Centro, con extensionistas de una ONG boliviana, Fundación AGRECOL Andes, que tiene 20 años de experiencia en comunidades altoandinas.

Esta vez, estuve dentro de la camioneta, con la gente del proyecto. El equipo había entrado el día anterior con un camión más grande, para entregar 5000 plantines de pino a Collpa Cala Cala, y 3600 arbolitos a la Collpa Centro, y más plantines a otras dos comunidades.  Esa mañana, los arbolitos brillaban con el rocío en el prado de las vacas, las cuales estaban atadas fuera del alcance de los plantines. Los comuneros pronto se reunieron a nuestro alrededor, y hablando en el idioma ancestral, quechua, Tito Villarroel (el coordinador del proyecto) les recordó que el objetivo era que “cada familia plante los árboles que había ordenado”. Continuó: “Por favor, cuenten el número de plantines que pidieron”. Cada familia había pedido de 100 a 500 plantines.

Tito preguntó si alguien de la comunidad quería hablar. Dos hombres locales, don Marco y don Juvenal, agradecieron el proyecto y dijeron que no querían que se acabara. Dijeron que les gustaría tener árboles durante dos años más.

Pregunté a algunos de los agricultores por qué querían pinos. “Por la madera”, dijeron. “Para venderla o para usarla nosotros mismos”.

El equipo pasó lista y dio a cada familia suscrita una nueva picota, un mango de madera y un azadón, para que tuvieran las herramientas adecuadas para plantar los árboles. Cada familia también recibió una bolsa de pan, un pollo crudo entero, y una botella de refresco de dos litros. Esta comida ayudará a alimentar a la familia el día que planten los árboles.

Cada familia ha acordado plantar los árboles en un lugar de su elección, donde puedan proteger los árboles del ganado suelto. Muchos de los árboles se plantan cerca de las casas de la gente, o en otros lugares donde es fácil ver los animales de la comunidad. El año anterior, estos mismos vecinos también plantaron árboles, que ahora crecen en pequeños manchones alrededor de las comunidades.

Tito y sus colegas volverán la semana siguiente. Cada comunidad recibe una visita de seguimiento cada semana. En las próximas visitas, los extensionistas de la ONG se asegurarán de que no haya problemas imprevistos. Pero hay pocas dudas de que la gente plantará sus árboles.

El equipo espera que los árboles ayuden a conservar el suelo en las laderas empinadas, para proteger a las quebradas que dan agua potable al valle de abajo. Casi toda la tierra alrededor de estas comunidades es bastante escarpada, por lo que no importa dónde se planten los árboles, ayudará a manejar la erosión del suelo. A la ONG le hubiera gustado plantar árboles nativos, en lugar de pinos, que no son nativos de Sudamérica. Pero la gente local quería pinos, y eso es lo que obtuvieron.

La moraleja es que la gente local plantará y manejará los árboles forestales si:

– Las especies de árboles son de interés para las comunidades

– Los árboles van acompañados de herramientas, alimentos u otras cosas de valor que estimulan a la gente a invertir en la plantación de árboles

– Se consulta a la población local sobre el proyecto de antemano y se organiza

Los cínicos se quejan de que el trabajo de desarrollo sólo da vueltas, pero eso no es cierto. Como cualquier habilidad, el trabajo de desarrollo de la comunidad mejora con la práctica.

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Lectura

Bentley, Jeffery W. & Jorge Valencia 2003 “Aprendiendo sobre Árboles en una Comunidad Andina de Habla Quechua en Bolivia,” pp. 69-134. In Paul Van Mele (ed.) Way Out of the Woods: Learning How to Manage Trees and Forests. Newbury, UK: CPL Press. 143 pp.

Agradecimientos

Gracias a la Fundación AGRECOL Andes, por invitarme a ver este trabajo. Gracias al equipo de trabajo, incluyendo a Alexandra Flores, Nelson Daga, David Torrico y Edgar Hinojosa. Este proyecto fue financiado por CRS (Catholic Relief Services) con fondos adicionales de la Fundación Coca Cola. Los refrescos distribuidos en esta visita fueron de una embotelladora boliviana, no de la Coca Cola.

Farming with trees January 19th, 2020 by

Vea la versión en español a continuación.

On a rocky hillside an hour from the city of Cochabamba, agronomist Germán Vargas points out a molle tree. It’s growing from a crack in a sandstone boulder with little or no soil. Native trees are well adapted to such conditions and don’t need much to survive, Germán observes.

Molle can be cut for good firewood, but it also casts an inviting shade, with a thick carpet of fallen leaves. Trees grown on farms also have multiple uses. Some have deep roots that bring up nutrients from beneath the top soil. Even in places like Cochabamba, with a long dry season, many trees stay green all year round. The trees have found water to keep their leaves moist, despite the bone-dry subsoil. Germán explains that farming with trees, or agroforestry, mimics natural forests, where rich soils are created without irrigation or fertilizer.

Four years ago, Germán and two colleagues bought some land to put their ideas on agroforestry into practice. They now have 1500 apple trees in a 4-hectare orchard, on a former onion farm, where the intensive use of chemical fertilizers and pesticides had depleted the soil of nutrients.

Germán and his friends bought some apple seedlings from a local nursery. They chose improved Brazilian apple varieties, such as Eva and Princesa, which do well in the highland tropics of South America, where it can get cool, but does not freeze.

Germán and his colleagues plant a few more trees every year. They start each new planting by digging a trench every two to three meters (depending on the slope), to let water infiltrate the soil. They throw the soil just uphill of the trench to create a barrier, slowing down the runoff of water and trapping sediment.

Germán is careful not to scrape the soil surface with hand tools; the top soil is so thin that rough handling could remove it all. They add a little compost to the soil, mimicking a natural forest, where fallen leaves and trees rot and release nutrients back into the soil. However, forests also have an understory, so potatoes, maize, lettuce, amaranth, rye and other plants are sown between the trees. After planting the vegetables, a straw mulch keeps down the weeds.

Other trees are planted among the apples, including natives like molle and exotic species, which are monitored to see if they can make a positive contribution. Germán brought seed of the chachafruto tree from Colombia, for example. The plant is adapting well. When the only date palm in Cochabamba, another non-native species, dropped a cluster of dates in a city park, Germán salvaged the seed and planted some on the farm. The non-fruit trees make useful leaf litter, adding nutrients and helping to keep the soil moist.

The apples were remarkably free of mildew, mites, fruit flies and other common pests, but even if they were to appear, Germán avoids using pesticides. The team managing the orchard makes a spray with cow manure, raw sugar, bone meal, sulfur, ash and lime. Reasoning that all stone has mineral nutrients, they add a little “rock flour,” made by grinding a soft, local, sedimentary stone (shale). A culture of beneficial microorganisms is added to ferment the mix in sealed drums. The agroforesters culture the microorganisms themselves, but they get the starting culture in the local forest, bringing in a few handfuls of fallen leaves that have started to decompose. The sulfur and the lime come from the farm supply store. This sulfur blend is sprayed about 5 times a year on the trees, and it seems to be working, since the apples have almost no pests, except for birds, and the annual plants are thriving.

This innovative agroforestry system needs regular attention and it is obviously a lot of work, especially at first, because it is established by hand, without machinery. Some of the radishes have gone to seed, and in a few beds the weeds are lush and healthy, waiting to be cut down for the next vegetable crop.

Farmers can learn from forests to make better use of water, conserve the soil and manage pest and disease naturally, thanks to the diversity of plants. Farming with trees can yield a good harvest of fruits and vegetables, while building and sustaining soils.

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Scientific names

The molle tree is Schinus molle

The chachafruto tree (widespread in South America) is Erythrina edulis

Note

Sulfur deficiency is a problem in apples. The symptoms are similar to nitrogen deficiency, including pale leaves. Sulfur deficiency can be corrected by sprays (Westwood 1993: 200-201).

Westwood, Melvin Neil 1993 Temperate-Zone Pomology: Physiology and Culture. Third edition. Portland, Oregon: Timber Press.

Acknowledgements

Thanks to Germán Vargas, Marcelina Alarcón and Freddy Vargas, the agroforesters. Germán is the executive administrator of the NGO Agroecología y Fe.

LA AGRICULTURA CON ÁRBOLES

En una ladera rocosa a una hora de la ciudad de Cochabamba, el ingeniero agrónomo Germán Vargas señala un molle. Crece en una grieta de una roca arenisca, con poca o ninguna tierra. Los árboles nativos están bien adaptados a estas condiciones y no necesitan mucho para sobrevivir, observa Germán.

El molle hace buena leña, pero también da una rica sombra, con una gruesa alfombra de hojas caídas. Los árboles en el agro también tienen múltiples usos. Algunos tienen raíces profundas que traen los nutrientes de debajo del suelo. Incluso en lugares como Cochabamba, con una larga época seca, muchos árboles se mantienen verdes durante todo el año. Los árboles han encontrado agua para mantener sus hojas húmedas, a pesar del subsuelo seco. Germán explica que la agricultura con árboles, o la agroforestería, imita a los bosques naturales, donde se crean suelos ricos sin irrigación ni fertilizantes.

Hace cuatro años, Germán y dos colegas compraron un terreno para poner en práctica sus ideas sobre agroforestería. Ahora tienen 1500 manzanos en un huerto de 4 hectáreas, en una antigua granja de cebollas, donde el uso intensivo de fertilizantes químicos y pesticidas había agotado los nutrientes del suelo.

Germán y sus compañeros compraron algunos plantines de manzana en un vivero local. Escogieron variedades mejoradas de manzanos brasileños, como Eva y Princesa, que se desarrollan bien en los trópicos de las alturas de América del Sur, donde puede hacer frío, pero no se congela.

Germán y sus colegas plantan unos pocos árboles más cada año. Comienzan cada nueva plantación cavando una zanja cada dos o tres metros (dependiendo de la pendiente), para dejar que el agua se infiltre en el suelo. Lanzan la tierra justo cuesta arriba de la zanja para crear una barrera, frenando el escurrimiento de agua y atrapando el sedimento.

Germán tiene cuidado de no raspar la superficie del suelo con herramientas; el suelo negro de la superficie es tan delgado que sin tener cuidado sería posible quitarlo todo. Añaden un poco de abono al suelo, imitando un bosque natural, donde las hojas y los árboles caídos se pudren y liberan nutrientes de nuevo al suelo. Sin embargo, los bosques también tienen un sotobosque, por lo que las papas, el maíz, la lechuga, el amaranto, el centeno y otras plantas se siembran entre los árboles. Después de plantar las verduras, un mantillo de paja mantiene las malas hierbas.

Entre las manzanas se plantan otros árboles, incluyendo especies nativas como el molle y especies exóticas, que son monitoreadas para ver si pueden hacer una contribución positiva. Germán trajo semillas del árbol de chachafruto de Colombia, por ejemplo. La planta se está adaptando bien. Cuando la única palmera datilera de Cochabamba, otra especie no nativa, dejó caer un racimo de dátiles en un parque de la ciudad, Germán recuperó algunas semillas y las plantó en la finca. Los árboles no frutales botan hojas, añadiendo nutrientes y ayudando a mantener el suelo húmedo.

Las manzanas estaban notablemente libres de mildiu, ácaros, moscas de la fruta y otras plagas comunes, pero incluso si aparecieran, Germán evita el uso de pesticidas. El equipo que maneja el huerto fumiga con un biol hecho de estiércol de vaca, chancaca, huesos molidos, azufre, cenizas y cal. Razonando que toda piedra tiene nutrientes minerales, le agregan un poco de “harina de roca”, hecha al moler una piedra sedimentaria suave, local (lutita). Para fermentar la mezcla, agregan un cultivo de microorganismos buenos a los tambores sellados. Los agroforestales cultivan sus propios microorganismos, pero obtienen la cultura inicial en el bosque local, trayendo unos pocos puñados de hojas caídas que han comenzado a descomponerse. Compran el azufre y la cal en la tienda agropecuaria. Fumigan el biol con azufre unas 5 veces al año en los árboles, y parece que funciona, ya que las manzanas casi no tienen plagas, excepto los pájaros, y las plantas anuales están prosperando.

Este innovador sistema agroforestal necesita atención regular y obviamente es mucho trabajo, especialmente al principio, porque se establece a mano, sin maquinaria. Algunos de los rábanos han empezado a echar semilla, y en algunas camas las hierbas silvestres son exuberantes y saludables, esperando ser cortadas para el siguiente cultivo de hortalizas.

Los agricultores pueden aprender de los bosques a hacer un mejor uso del agua, conservar el suelo y manejar las plagas y enfermedades de forma natural, gracias a la diversidad de plantas. La agricultura con árboles puede producir una buena cosecha de frutas y verduras, a la vez que construye y mantiene los suelos.

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Nombres científicos

El molle es Schinus molle

El chachafruto (árbol bien distribuido en Sudamérica) es Erythrina edulis

Nota

La deficiencia de azufre es un problema común en los manzanos. Los síntomas son parecidos a los de la deficiencia de nitrógeno, incluso las hojas pálidas. La deficiencia de azufre puede ser corregida con fumigaciones (Westwood 1993: 200-201).

Westwood, Melvin Neil 1993 Temperate-Zone Pomology: Physiology and Culture. Third edition. Portland, Oregon: Timber Press.

Agradecimientos

Gracias a Germán Vargas, Marcelina Alarcón y Freddy Vargas, por su ejemplo con la agroforestería. Germán es el administrador ejecutivo de la ONG Agroecología y Fe.

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