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No land, no water, no problem December 17th, 2017 by

Vea la versión en español a continuación.

A hot, parched gravel patch on the edge of the city of Cochabamba, Bolivia may seem like a poor place to grow high value vegetables, but a group of agricultural students and a local entrepreneur are making it happen.

The entrepreneur, René Cabezas, is an agronomist who gives training courses in hydroponics, where vegetables are produced in tubes of water. Mr. Cabezas also produces hydroponic vegetables himself, and he recently bought in three metal frame houses—each about the size of a modest suburban home, about 7 by 15 meters—at a cost of 45,000 Bolivianos ($6400) each. Aldo Chipana and Arturo Siles, two thesis students, were showing Ana and I how the vegetables are grown. The metal frames were covered in a fine, plastic mesh, a fabric which keeps out insects, such as aphids and whiteflies. The structures were a big investment, and making them pay off will depend on using them carefully for a long time. Several agronomy students are working in the vegetable houses, writing their theses on the experience, and keeping some of the profits from the produce.

One house was full of tomatoes watered with drip irrigation three times a day, carefully regulated by an electronic timer and a humidity-measuring device. Mineral fertilizer had been dissolved in the water, feeding the plants with every drop. The tomatoes had no obvious health problems: which is astounding for the tropics, where the plants grow year round, and so do the pests and diseases. I thought of some of the commercial farms I had seen in Bolivia and elsewhere, where the tomatoes were under constant attack by pests and diseases and dripping with pesticides.

These tomatoes are planted in small pots of soil with lots of organic matter. The dry climate of the Southern Andes helps to avoid disease, but Aldo and his colleagues also prune off any unhealthy leaves. The fine mesh covering will limit the fungal spores that blow in, though in this sprawling neighborhood, houses are more common than fields, so there are few other vegetables in the vicinity to act as sources of infections. Ana and I were lucky to visit; Aldo and colleagues allow few visitors, who might carry pathogens on their shoes or clothing.

Like much of peri-urban Cochabamba, this south-side lot has no city water. People have to buy expensive water from tank trucks, from 7 Bs. to 15 Bs. ($1 – $2) for a 200 liter barrel. It seems like madness to irrigate vegetables with water at this price, but these tomatoes only use about 200 liters of water a day, for some 800 plants, thanks to the carefully controlled drip irrigation, which makes the most of every drop.

In another metal frame house, Aldo showed us the lettuce growing in plastic (PVC) tubes filled with water, laced with mineral fertilizer. Unlike the tomatoes, which are growing in pots, the lettuce was growing only in water, with no soil. Like the tomato plants, the lettuce was free of disease and of pesticides, producing the kind of vegetables that demanding consumers really want.

There was one unforeseen problem: the sun. There was simply too much light for the lettuce. Even with the roots sitting in water, the little plants were wilting. Aldo and his colleagues had found that a thick, black net provided the best shade while still allowing the lettuce to thrive.

I had seen hydroponics before, but usually at universities, research centers (and once even at an amusement park), so until seeing these vegetables I doubted that plants could be grown for a profit in tubes of water. Now I was starting to change my mind, seeing these young people invest their time and energy to make it work, raising a commercial crop on a stony lot that was unfit for conventional gardening. They were saving so much water that they could afford to irrigate even when water is expensive.

My dad was a hydrologist and used to be fond of saying that agriculture could never compete with a city for water. City dwellers could always outbid farmers for water. But dad was thinking of old-fashioned ditch irrigation. As irrigation technology improves and becomes more efficient in using water, agriculture can afford to buy water at high prices.

As climate change continues to make for a warmer, thirstier planet it is good to see creative solutions providing healthy produce, and doing so without pesticides.

Watch some related training videos

Drip irrigation for tomato

Hydroponic fodder

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SIN TIERRA, SIN AGUA, NO HAY PROBLEMA

Por Jeff Bentley

Una parcela pedregosa, caliente y reseca en las afueras de la ciudad de Cochabamba, Bolivia, puede parecer un lugar equivocado para cultivar verduras de alto valor, pero un grupo de estudiantes de agronomía y un empresario local lo están logrando.

El empresario, René Cabezas, es un agrónomo que imparte cursos de formación en hidroponía, donde las verduras se producen en tubos de agua. El Sr. Cabezas también es productor de verduras hidropónicas, y hace poco compró tres casas de marcos de metal, cada una del tamaño de una modesta casa suburbana, de aproximadamente 7 por 15 metros, a un costo de 45,000 bolivianos ($ 6400) cada una. Aldo Chipana y Arturo Siles, dos tesistas, nos estaban mostrando a Ana y a mí cómo se cultivan las hortalizas. Los marcos metálicos estaban cubiertos por una fina malla de plástico, una tela que impide la entrada de insectos, como los áfidos y las moscas blancas. Las estructuras fueron una gran inversión y para rescatarlo hay que hacer un uso cuidadoso durante mucho tiempo. Varios estudiantes de agronomía están trabajando en las casas de malla, escribiendo sus tesis sobre la experiencia y manteniendo algunas de las ganancias del producto.

Una casa estaba llena de tomates regados con riego por goteo tres veces al día, cuidadosamente regulados por un control electrónico y un medidor de la humedad. Se había disuelto fertilizante mineral en el agua, alimentando a las plantas con cada gota. Por lo visto, los tomates no tenían ningún problema de salud: lo cual es asombroso en los trópicos, donde las plantas crecen durante todo el año, igual que las plagas y enfermedades. Me acordé de algunas parcelas comerciales que había visto en Bolivia y en otros lugares, donde los tomates estaban bajo constante ataque de plagas y enfermedades y la fruta chorreaba plaguicidas.

Estos tomates se habían plantado en macetitas con suelo rico en materia orgánica. El clima seco de los Andes sureños ayuda a prevenir las enfermedades, pero Aldo y sus colegas también podan las hojas enfermas. Lo cobertura de malla fina limitará la entrada de las esporas de hongos por aire, aunque en este vecindario en expansión, las casas son más comunes que los campos, por lo que hay pocas otras verduras en la zona que serían fuentes de infección. Ana y yo tuvimos la suerte de visitar; Aldo y sus colegas permiten pocos visitantes, que pueden llevar patógenos en sus zapatos o en su ropa.

Al igual que gran parte de la parte peri-urbana de Cochabamba, este lote de la zona sur no tiene agua potable. La gente tiene que comprar agua cara de camiones cisternas, desde 7 Bs. a 15 Bs. ($ 1 – $ 2) por un barril de 200 litros. Parece una locura regar las verduras con agua a este precio, pero estos tomates solo usan unos 200 litros de agua al dĂ­a, para unas 800 plantas, gracias al riego por goteo cuidadosamente controlada, que aprovecha al máximo cada gota.

En otra casa metálica, Aldo nos mostró la lechuga creciendo en tubos de plástico (PVC) llenos de agua mezclada con fertilizante mineral. A diferencia de los tomates, que crecen en macetas, la lechuga crece solo en agua, sin tierra. Al igual que los tomates, la lechuga estaba libre de enfermedades y de plaguicidas, produciendo el tipo de verduras que los consumidores exigentes realmente quieren.

Hubo un problema inesperado: el sol. Simplemente había demasiada luz para la lechuga. Incluso con las raíces en el agua, las pequeñas plantas se marchitaban. Aldo y sus colegas descubrieron que una gruesa red negra proporcionaba la mejor sombra y permitía que la lechuga prosperara.

Yo habĂ­a visto hidroponĂ­a antes, pero generalmente en universidades, centros de investigaciĂłn (y una vez incluso en un parque de diversiones), asĂ­ que hasta ver estas verduras, yo dudaba que las plantas en tubos de agua fueran rentables. Ahora estaba empezando a cambiarme de opiniĂłn, viendo a estos jĂłvenes invertir su tiempo y energĂ­a para hacerlo funcionar, sacando un producto comercial en un terreno pedregoso que no era apto para la horticultura convencional. Estaban ahorrando tanta agua que podĂ­an regar incluso cuando el agua es cara.

Mi papá era hidrólogo y solía decir que la agricultura nunca podría competir con una ciudad por el agua. Los citadinos siempre podrían pagar más que los agricultores por el agua. Pero mi papá estaba pensando en las zanjas de tierra, al estilo viejo. A medida que la tecnología de riego mejora y se vuelve más eficiente en el uso del agua, la agricultura sí puede comprar agua a precios altos.

A medida que el cambio climático continúa generando un planeta más cálido y sediento, es bueno ver soluciones creativas que proporcionen productos saludables y sin plaguicidas.

Aprender más de los videos

Riego de goteo para tomate

Hydroponic fodder

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