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What counts in agroecology August 18th, 2019 by

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Measuring the costs and benefits of a small farm can be harder than on a large one, especially if the small farm includes an orchard and makes many of its own inputs, as I saw on a recent visit to Sipe Sipe, near Cochabamba, Bolivia, where a faith-based organization, Agroecología y Fe (Agroecology and Faith) is setting up ecological orchards.

The director of Agroecology and Faith, Germán Vargas, explained that a forest creates soil, gradually building up rich, black earth under the trees, while agriculture usually exposes the soil to erosion. A farm based on trees, with organic fertilizer, and with vegetables growing beneath the trees, should be a way to make a profit while conserving the soil. 

Extensionist Marcelina Alarcón showed us the apple trees that she and local farmers planted in August, 2018. They started by terracing the one hectare of gently sloping land. In one week of hard work they built a 200,000 liter, circular water reservoir of stone and concrete (gravity-fed with stream water) to irrigate the terraces and three additional hectares. The cost was 64,000 Bs. ($9,275), which seems like a big investment, but similar reservoirs built 30 years ago are still working.

Lush beds of lettuce, cabbage, broccoli, wheat, onions (some plants grown for their seed) are thriving beneath the apple trees. When one crop is harvested another takes its place, in complex rotations over small spaces. No chemicals are used, but the group makes calcium sulphate spray and liquid organic fertilizers to improve the soil, prevent crop diseases and enhance the production and quality of the apples and vegetables.

The group has harvested vegetables four times and sold them directly to consumers at fairs organized by Agroecology and Faith for a total gross receipt of 4,380 Bolivianos ($635).

I was visiting the farm at Sipe Sipe with a small group organized by Agroecology and Faith and some of their allies. Some of the lettuce, onions and tomatoes from the farm end up in a tub during our visit, to make a salad for the visitors—part of a fabulous lunch (complete with fresh potatoes and mutton cooked underground) offered at a modest cost. Produce cooked on site and sold informally on the farm are probably not counted when estimating profitability. After the tour of the farm and before the lunch, Marcelina set up a table with some vegetables for sale. She was kept quite busy writing down each transaction as we bought small bags of tomatoes and other produce for amounts less than a dollar each.

The sale of half a kilo of tomatoes is as much work to document as the sale of twenty tons of rice. A small farm has many more sales than a large farm and it takes a lot of administrative work to keep track of produce that is not sold because it goes into seed, feed or onto the family table.

The cost:benefit of a conventional field is simpler to tabulate: so much labor, machinery, seed and chemicals, all purchased, and single crop yields measured with relative ease. Yet this doesn’t tell the whole story. Loss of soil due to erosion, or carbon and nitrogen to the atmosphere, or pollution from fertilizer run-off all have a cost, even if they are often dismissed as “externalities.”

An agroforestry system like the hectare of apples and vegetables we visited starts with a large investment in irrigation and terracing. Many of the inputs are labor, or home-made fertilizers, and their cost is not always counted. The apple trees have not yet borne fruit, and some of the vegetables may escape the bookkeeper’s tally. Yet here the “externalities” have a positive and valuable contribution: soil is being created, chemical pollution is nil, and livelihoods are enriched as local farmers, mostly women, learn to work together to produce healthy food to sell. Classical economic comparisons with conventional farms fail to take account of these benefits.

Even a small farm can have a lot to consider in estimating returns, with many crops and activities and environmental services. Until we learn to measure the environmental efficiency as well as financial profitability of agroforestry or agroecological farms properly, they will never look as good as they really are.

Further reading

A recent report from the FAO (the UN’s Food and Agriculture Organization) concludes that yield data is too poor a parameter to compare conventional (over-plowed, chemical intensive) agriculture with agroecology, a beyond-organic agriculture with soil conservation and respect for local communities.

HLPE Report on Agroecological and other innovative approaches for sustainable agriculture and food systems that enhance food security and nutrition. Extract from the Report: Summary and Recommendations (19 June 2019). Rome: FAO http://www.csm4cfs.org/summary-recommendations-hlpe-report-agroecology-innovations/

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LO QUE CUENTA EN LA AGROECOLOGÍA

Por Jeff Bentley, 18 de agosto del 2019

Medir los costos y los beneficios de una pequeña finca puede ser más difícil que en una grande, especialmente si la pequeña incluye árboles y produce muchos de sus propios insumos, como vi en una reciente visita a Sipe Sipe, cerca de Cochabamba, Bolivia, donde la organización eclesial “Asociación Agroecología y Fe” (AAF) está estableciendo huertos ecológicos agroforestales.

El director de la AAF, Germán Vargas, explicó que un bosque crea suelo, acumulando gradualmente tierra negra y rica bajo los árboles, mientras que la agricultura suele exponer el suelo a la erosión. Una finca basada en árboles, con abonos orgánicos, y con hortalizas que crecen debajo de los árboles, debería ser una forma de obtener beneficios al mismo tiempo que se conserva el suelo. 

La extensionista Marcelina Alarcón nos mostró los manzanos que ella y la gente local plantaron en agosto del 2018. Comenzaron haciendo terrazas en una hectárea en suave pendiente. En una semana de trabajo duro construyeron un reservorio circular de agua de 200.000 litros de piedra y concreto (llenado por gravedad de agua de riachuelo) para regar las terrazas y tres hectáreas adicionales. El costo fue de 64.000 Bs. ($9,275), que parece una inversión grande, pero reservorios similares construidos hace 30 años siguen funcionando.

Camellones exuberantes de lechuga, repollo, brócoli, trigo, cebollas (algunas cultivadas para su semilla) prosperan bajo los manzanos. Cuando se cosecha un cultivo, otro ocupa su lugar, en complejas rotaciones sobre pequeños espacios. No aplican productos químicos, pero el grupo fabrica caldo mineral sulfocálcico y abonos orgánicos líquidos para mejorar el suelo, prevenir las enfermedades de los cultivos y mejorar la producción y calidad de los manzanos y de las hortalizas.

El grupo ha cosechado verduras cuatro veces y las ha vendido directamente a los consumidores en ferias organizadas por la AAF (en una canasta solidaria y saludable) por un total de 4.380 bolivianos (635 dólares).

Yo visitaba la finca agroforestal de Sipe Sipe con un pequeño grupo organizado por la AAF y algunos de sus aliados. Algunas de las lechugas, cebollas y tomates de la finca terminaron en una bañera durante nuestra visita, para hacer una ensalada para los visitantes, parte de un fabuloso almuerzo (con papas frescas y cordero cocido bajo tierra en un pampaku) ofrecido a un precio modesto. Los productos cocinados en el sitio y vendidos informalmente en la finca probablemente no se contabilizan. Después del recorrido por la finca y antes del almuerzo, Marcelina organizó una mesa para vender algunas verduras. Se mantuvo ocupada apuntando cada transacción mientras comprábamos pequeñas bolsas de tomates y otros productos por cantidades menos de un dólar cada una.

La venta de medio kilo de tomates es tanto trabajo como la venta de veinte toneladas de arroz. Una finca pequeña tiene muchas más ventas que una grande y se requiere mucho trabajo administrativo para hacer un seguimiento de los productos que no se venden porque van a parar como semilla, para alimentar a los animales o a la mesa de la familia.

El costo:beneficio de un campo convencional es más simple de tabular: tanta mano de obra, maquinaria, semillas y productos químicos, todos comprados, y el rendimiento de un solo cultivo medido con relativa facilidad. Sin embargo, esto no cuenta toda la historia. La pérdida de suelo debido a la erosión, o el carbono y nitrógeno a la atmósfera, o la contaminación por la escorrentía de los fertilizantes, todos ellos tienen un costo, aunque a menudo se desestimen como “externalidades”.

Un sistema agroforestal, como la hectárea de manzanas y hortalizas que visitamos comienza con una gran inversión en riego y terrazas. Muchos de los insumos son mano de obra, o abonos caseros, y su costo no siempre se cuenta. Los manzanos aún no han dado fruto, y algunas de las verduras pueden escaparse de la cuenta del contable. Sin embargo, aquí las “externalidades” tienen una contribución positiva y valiosa: se está creando el suelo, la contaminación química es nula y los medios de subsistencia se enriquecen a medida que los agricultores locales, en su mayoría mujeres, aprenden a trabajar juntas para producir alimentos saludables para vender. Las comparaciones económicas clásicas con las explotaciones convencionales no tienen en cuenta estos beneficios.

Incluso una pequeña granja puede tener mucho que considerar al estimar los rendimientos, con muchos cultivos y actividades y servicios ambientales. Hasta que no aprendamos a medir la eficiencia ambiental y la rentabilidad financiera de las granjas agroforestales o agroecológicas de manera adecuada, nunca se verán tan bien como realmente son.

Para leer más

Un informe reciente de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) concluye que los datos sobre el rendimiento son muy pobres para poder comparar la agricultura convencional (sobre arado, con uso intensivo de químicos) con la agroecología, una agricultura que vas más allá de la orgánica, con conservación del suelo y respeto para las comunidades locales.

Resumen y recomendaciones del informe del GANESAN sobre Agroecología y otras innovaciones (19 de junio 2019). Roma: FAO. http://www.csm4cfs.org/es/summary-recommendations-hlpe-report-agroecology-innovations/

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