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The right way to distribute trees February 23rd, 2020 by

Vea la versión en español a continuación.

There is a right way and a wrong way to distribute tree seedlings, as I realized recently.

The wrong way. Some 30 years ago, I was visiting a family in a Honduran village, Galeras, when a pickup truck from the Ministry of Agriculture pulled up. Two men unloaded little black plastic bags, each holding a strange, broad-leafed tree seedling.

A woman emerged from the car and without pausing to greet us, she made a breathless speech. “We are giving you little trees to plant. They are good for shade, for timber, for firewood, and cattle can eat the leaves. They are called …” and she rattled off a long, cumbersome scientific name.

“What is the common name?” I asked.

“Oh, I don’t know that, just plant them.”

And then the Ministry people got back in their car and drove off to the next house. In the following weeks, I saw little seedlings piled in front of many homes in Galeras. These trees, which came unannounced and uninvited, were all left to die.

The right way. This week, I visited the communities of Collpa Cala Cala and Collpa Centro, with extensionists from a Bolivian NGO, Fundación Agrecol Andes, which has 20 years of experience in high Andean communities.

This time I was inside the pickup, with the project staff. The team had gone in the day before with a bigger truck, to deliver 5000 pine seedlings to Collpa Cala Cala, and 3600 to Collpa Centro, and more trees to two other villages.  This morning, the little trees were glistening with dew in a cow pasture—the cows were tethered out of reach of the seedlings. The locals soon gathered around us, and in the native language, Quechua, Tito Villarroel (the project coordinator) reminded them that the goal was for “each family to plant the trees that they ordered.” He went on, “Please count out the number of trees you ordered.” Each family had asked for 100 to 500 seedlings.

Tito asked if anyone from the community wanted to speak. Two local men, don Marco and don Juevenal both thanked the project, and said they were sorry it was ending. They said they would like to get trees for two more years.

I asked some of the farmers why they wanted pine trees. “For the timber,” they said. “Either to sell or to use ourselves.”

The project team read the names of each subscribed family, to make sure they were all there, and gave each one a new steel pick, a wooden handle and a hoe, so they would have the right tools to plant the trees. Each family also got a bag of bread rolls and a whole, raw chicken, and a two-liter bottle of soda pop. This food will help to feed the family for the day they take off from their other work to plant the trees.

Each family has agreed to plant the trees in a place of their choosing, where they can protect the trees from roaming livestock. Many of the trees will be planted near people’s homes, or in other places where it is easy to see the animals from the village. The previous year, these same villagers also planted trees, now growing in small stands.

Tito and his colleagues will come back the following week. Each village gets a follow up visit every week. Over the next few visits, the NGO extensionists will make sure that there are no unforeseen problems. But there is little doubt that these folks will plant their trees.

The team hopes that the trees will help to keep the soil on the steep slopes and out of the streams that provide drinking water to the valley below. Almost all of the land around these communities is quite steep, so no matter where the trees are planted, they should help to manage soil erosion. The NGO would have liked to have planted native trees, rather than pines, which are not native to South America. But the local people wanted pine trees, and so that’s what they got.

The moral of the story is, local people will plant and manage forestry trees if:

  • The tree species is of interest to the communities
  • The trees are accompanied by tools, food or other things of value that stimulate folks to invest in planting trees
  • Local people are consulted about the project beforehand and organized

Cynics complain that development work is going in circles, but that’s not true. Like any skill, community development work improves with practice.

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Further reading

Bentley, Jeffery W. & Jorge Valencia 2003 “Learning about Trees in a Quechua-Speaking Andean Community in Bolivia,” pp. 69-134. In Paul Van Mele (ed.) Way Out of the Woods: Learning How to Manage Trees and Forests. Newbury, UK: CPL Press. 143 pp.

Acknowledgements

Thanks to Fundación Agrecol Andes, for inviting me to see their work. Thanks to the project team, including Alexandra Flores, David Torrico, Nelson Daga and Edgar Hinojosa. This project was funded by CRS (Catholic Relief Services) with additional funding by the Coca Cola Foundation. The soft drinks distributed on this visit were from a Bolivian bottler, not Coke.

LA MANERA CORRECTA DE DISTRIBUIR LOS ÁRBOLES

Por Jeff Bentley

23 de febrero del 2020

Los plantines de árboles se pueden distribuir de forma correcta, o incorrecta, como me di cuenta recientemente.

La manera incorrecta. Hace unos 30 años, yo estaba visitando a una familia en una aldea hondureña, Galeras, cuando llegó una camioneta del Ministerio de Agricultura. Dos hombres descargaron pequeñas bolsas de plástico negro. Cada bolsa tenía el plantín de un árbol desconocido, de hoja ancha.

Una mujer se bajó del carro y sin tomar la molestia de saludarnos, hizo un discurso rápido, memorizado. “Les estamos dejando unos pequeños árboles para que los planten. Sirven para la sombra, para la madera, para la leña, y el ganado puede comer las hojas. Se llaman …” y nos dio un largo y engorroso nombre científico.

“¿Cuál es el nombre común?” Pregunté.

“Oh, no lo sé, sólo plántenlas.”

Y sin más ceremonia, la gente del Ministerio volvió a su carro y se fue a la próxima casa. En las semanas siguientes, vi bultos de plantitas frente a muchas casas en Galeras. Estos árboles, que llegaron sin aviso y sin invitación, lentamente se murieran.

La manera correcta. Esta semana, visité las comunidades de Collpa Cala Cala y Collpa Centro, con extensionistas de una ONG boliviana, Fundación AGRECOL Andes, que tiene 20 años de experiencia en comunidades altoandinas.

Esta vez, estuve dentro de la camioneta, con la gente del proyecto. El equipo había entrado el día anterior con un camión más grande, para entregar 5000 plantines de pino a Collpa Cala Cala, y 3600 arbolitos a la Collpa Centro, y más plantines a otras dos comunidades.  Esa mañana, los arbolitos brillaban con el rocío en el prado de las vacas, las cuales estaban atadas fuera del alcance de los plantines. Los comuneros pronto se reunieron a nuestro alrededor, y hablando en el idioma ancestral, quechua, Tito Villarroel (el coordinador del proyecto) les recordó que el objetivo era que “cada familia plante los árboles que había ordenado”. Continuó: “Por favor, cuenten el número de plantines que pidieron”. Cada familia había pedido de 100 a 500 plantines.

Tito preguntó si alguien de la comunidad quería hablar. Dos hombres locales, don Marco y don Juvenal, agradecieron el proyecto y dijeron que no querían que se acabara. Dijeron que les gustaría tener árboles durante dos años más.

Pregunté a algunos de los agricultores por qué querían pinos. “Por la madera”, dijeron. “Para venderla o para usarla nosotros mismos”.

El equipo pasó lista y dio a cada familia suscrita una nueva picota, un mango de madera y un azadón, para que tuvieran las herramientas adecuadas para plantar los árboles. Cada familia también recibió una bolsa de pan, un pollo crudo entero, y una botella de refresco de dos litros. Esta comida ayudará a alimentar a la familia el día que planten los árboles.

Cada familia ha acordado plantar los árboles en un lugar de su elección, donde puedan proteger los árboles del ganado suelto. Muchos de los árboles se plantan cerca de las casas de la gente, o en otros lugares donde es fácil ver los animales de la comunidad. El año anterior, estos mismos vecinos también plantaron árboles, que ahora crecen en pequeños manchones alrededor de las comunidades.

Tito y sus colegas volverán la semana siguiente. Cada comunidad recibe una visita de seguimiento cada semana. En las próximas visitas, los extensionistas de la ONG se asegurarán de que no haya problemas imprevistos. Pero hay pocas dudas de que la gente plantará sus árboles.

El equipo espera que los árboles ayuden a conservar el suelo en las laderas empinadas, para proteger a las quebradas que dan agua potable al valle de abajo. Casi toda la tierra alrededor de estas comunidades es bastante escarpada, por lo que no importa dónde se planten los árboles, ayudará a manejar la erosión del suelo. A la ONG le hubiera gustado plantar árboles nativos, en lugar de pinos, que no son nativos de Sudamérica. Pero la gente local quería pinos, y eso es lo que obtuvieron.

La moraleja es que la gente local plantará y manejará los árboles forestales si:

– Las especies de árboles son de interés para las comunidades

– Los árboles van acompañados de herramientas, alimentos u otras cosas de valor que estimulan a la gente a invertir en la plantación de árboles

– Se consulta a la población local sobre el proyecto de antemano y se organiza

Los cínicos se quejan de que el trabajo de desarrollo sólo da vueltas, pero eso no es cierto. Como cualquier habilidad, el trabajo de desarrollo de la comunidad mejora con la práctica.

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Lectura

Bentley, Jeffery W. & Jorge Valencia 2003 “Aprendiendo sobre Árboles en una Comunidad Andina de Habla Quechua en Bolivia,” pp. 69-134. In Paul Van Mele (ed.) Way Out of the Woods: Learning How to Manage Trees and Forests. Newbury, UK: CPL Press. 143 pp.

Agradecimientos

Gracias a la Fundación AGRECOL Andes, por invitarme a ver este trabajo. Gracias al equipo de trabajo, incluyendo a Alexandra Flores, Nelson Daga, David Torrico y Edgar Hinojosa. Este proyecto fue financiado por CRS (Catholic Relief Services) con fondos adicionales de la Fundación Coca Cola. Los refrescos distribuidos en esta visita fueron de una embotelladora boliviana, no de la Coca Cola.

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