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Khipu: A story tied in knots September 27th, 2020 by

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Writing was linked to farming from the time of the first scribes, when Sumerian accountants made wedge-shaped marks in wet clay tablets to keep track of trade in grain and livestock. These numbers and symbols were first used around 5,000 BC as a simple notational system for counting sheep and jars of olive oil, eventually evolving into true writing by at least 3,500 BC as shown by recorded hymns and myths. Original writing systems were rare: only the Chinese and the Mesoamericans invented writing independently of the Sumerians.

All writing systems use a flat surface, and until factories made cheap paper in the nineteenth century, material to write on was a limitation. Clay was bulky. Stone was hard. Papyrus was expensive. Parchments from animal skins were so valuable that old ones were often scraped clean to write something new; the old text was often still visible and called a palimpsest. Buddhist monks in Sri Lanka took the trouble to write scriptures on palm leaves, painstakingly arranged in books, while rare Sanskrit manuscripts survive on birch bark.

High in the Andes, the Inka state was using its own system for recording data, based on a completely different medium: knotted twine, a technique that had been evolving since at least the time of the Wari Empire (450-1000 AD), long before the Inka (1400-1533). The multilingual empire of the Inka reached from Ecuador to Chile, with millions of subjects. Conquered communities paid tax to the empire, as textiles, and as maize and freeze-dried potatoes kept in storehouses (qollqa) and as a one-year labor turn every seven years (mit’a).

To tabulate all of these obligations, the empire used the khipu, knots on a string. The khipu maker (khipu kamayoq, or knot-master) started with long central cord, with secondary and tertiary twine fanning out from it like branches of a tree. Each string told a story. Meaning was distinguished by type of fiber (cotton vs llama hair), whether it was twisted left or right, by the type of knot, by a hundred different colors of twine and by the position of the knots.

Conquered nobles were forced to send their sons to live in the capital city, Cusco, where the boys took a four-year course on Inka myth and history, and on the official language (Quechua). Two years of their education were devoted to a study of the khipu.

The khipu was accurate enough to record the census data of a whole province, the soldiers of an army, or tax obligations. Knot-masters also used the khipus to help memorize and recite myths and narratives.

The Spanish conquistadores understood that khipus stored data accurately, and had them dictated and transcribed as sources of Inka history. Khipus were even allowed as evidence in colonial courts, where the litigants would argue over the ownership of land or titles, or sue for reimbursement for foodstuffs supplied to Spanish soldiers, as recorded in the knotted strings.

Knowledge of how to make a khipu died out a generation after the conquest, but Harvard anthropologist, Gary Urton, a specialist in the khipus, argues that they were not an adding machine (as some thought), nor were they true writing. They were however, a superb mnemonic device, perfectly accurate for recording exact numbers in the hundreds of thousands.

Moderately simple khipus could be interpreted on their own, without memorizing the content. The Inka organized a network of runners radiating out from Cusco across the realm. Each messenger (chaski) would run for about 20 km, before relaying his information to the next courier. A team could cover as much as 240 km a day, but perhaps 150 chaskis were needed to run from Quito to Cusco, some 2900 km. To avoid garbling their message entirely, each chaski handed the next one a khipu, which travelled independently of its maker, and must have been capable of bearing meaning alone.

I wonder what would have happened if the khipus had evolved for a much longer time? Given a few more centuries, would they have evolved into a full writing system to record human language, not with marks on a flat surface, but in three dimensions? It would have been a truly unique writing system, unlike any other the world has used.

Further reading

Urton´s study of the khipus is discussed at length in:

D’Altroy, Terence N. 2015. The Incas. New York: Wiley Blackwell. 547 pp.

Photo credit

Khipu on display at the Museo Larco, in Lima. Photo by Claus Ableiter.

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DESENREDANDO LA HISTORIA DEL KHIPU

Por Jeff Bentley, 27 de septiembre del 2020

La escritura estuvo vinculada a la agricultura desde los tiempos de los primeros escribas, cuando los contadores sumerios hacían marcas en forma de cuña en tablillas de arcilla húmeda para llevar la cuenta del comercio de granos y ganado. Estos números y símbolos se usaron por primera vez alrededor del 5.000 a.C. como un simple sistema de anotación para contar ovejas y cántaros de aceite de oliva, que con el tiempo evolucionó hasta convertirse en escritura verdadera por lo menos para el 3.500 a.C., como lo demuestran los himnos y mitos registrados. Los sistemas de escritura originales eran pocos: sólo los chinos y los mesoamericanos inventaron la escritura independientemente de los sumerios.

Todos los sistemas de escritura usan una superficie plana, y hasta que las fábricas hacían papel barato en el siglo XIX, el material para escribir era una limitación. La arcilla era voluminosa. La piedra era dura. El papiro era caro. Los pergaminos de pieles de animales eran tan valiosos que los viejos a menudo se raspaban para escribir algo nuevo; el texto antiguo era a menudo todavía visible y se llamaba palimpsesto. Los monjes budistas de Sri Lanka se tomaban la molestia de escribir escrituras en hojas de palma, cuidadosamente dispuestas en libros, mientras que raros manuscritos sánscritos sobreviven en corteza de abedul.

En las alturas de los Andes, el estado Inca usaba su propio sistema de registro de datos, basado en un medio completamente diferente: el hilo anudado, una tĂ©cnica que habĂ­a estado evolucionando desde por lo menos la Ă©poca del Imperio Wari (450-1000 d.C.), mucho antes del Inka (1400-1533). El imperio multilingĂĽe del Inca llegĂł desde Ecuador hasta Chile, con millones de sĂşbditos. Las comunidades conquistadas pagaban impuestos al imperio, en forma de textiles, maĂ­z y chuño guardados en almacenes (qollqa) y como un turno de trabajo de un año cada siete años (mit’a).

Para tabular todas estas obligaciones, el imperio usaba el khipu, nudos en una cuerda. El entendido en la materia, el khipu kamayoq, o maestro de nudos, comenzó con un largo cordón central, con cuerdas secundarias y terciarias que se abrían en abanico como las ramas de un árbol. Cada cuerda contaba una historia. El significado se distinguía por el tipo de fibra (algodón vs pelo de llama), si se retorcía a la izquierda o a la derecha, por el tipo de nudo, por cien colores diferentes de hilo y por la posición de los nudos.

Los nobles conquistados eran obligados a enviar a sus hijos a vivir en la ciudad capital, Cusco, donde los muchachos tomaban un curso de cuatro años sobre el mito y la historia del Inca, y sobre el idioma oficial (el quechua). Dos años de su educación se dedicaron al estudio del khipu.

El khipu era lo suficientemente preciso como para registrar los datos del censo de toda una provincia, los soldados de un ejército, o los impuestos. Los maestros de nudos también usaban los khipus para ayudar a memorizar y recitar mitos e historias.

Los conquistadores españoles entendieron que los khipus guardaban datos con precisión, y los hicieron dictar para transcribirlos como fuentes de la historia de los incas. Los khipus fueron incluso permitidos como evidencia en las cortes coloniales, donde los litigantes discutían quién era el dueño de tal terreno o título, o demandaban el reembolso de los alimentos suministrados a los soldados españoles, según lo registrado en las cuerdas anudadas.

El conocimiento de cómo hacer un khipu se extinguió una generación después de la conquista, pero el antropólogo de Harvard, Gary Urton, especialista en los khipus, argumenta que no eran una máquina de sumar (como algunos pensaban), ni tampoco eran redacción. Sin embargo, eran un magnífico dispositivo mnemotécnico, perfectamente preciso para registrar números exactos en los cientos de miles.

Los khipus moderadamente simples podían ser interpretados por sí mismos, sin memorizar el contenido. Los Incas organizaron una red de corredores que irradiaban desde Cusco a través del reino. Cada mensajero (chaski) correría durante unos 20 km, antes de transmitir su información al siguiente mensajero. Un equipo podía cubrir hasta 240 km al día, pero tal vez se necesitaban 150 chaskis para correr de Quito a Cusco, unos 2900 km. Para evitar tergiversar su mensaje por completo, cada chaski entregó al siguiente un khipu, que viajó solito, sin su creador, y debe haber sido capaz de llevar el significado por sí solo.

Me pregunto qué habría pasado si los khipus hubieran evolucionado durante mucho más tiempo. Dados unos pocos siglos más ¿habría evolucionado hacia un sistema de escritura completo para registrar el lenguaje humano, no con marcas en una superficie plana, sino en tres dimensiones? Habría sido un sistema de escritura verdaderamente único, como ningún otro que el mundo haya usado.

Para leer más

El estudio de Urton de los khipus está ampliamente descrito en:

D’Altroy, Terence N. 2015. The Incas. Nueva York: Wiley Blackwell. 547 pp.

Crédito de la foto

Khipu exhibido en el Museo Larco, en Lima. Foto por Claus Ableiter.

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