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Peasants, not princes: the potato finds a home in Europe April 18th, 2021 by

The French philosopher Antoine Parmentier (1730-1815) introduced the potato into his country by having it planted with great fanfare in the king’s gardens. Guards were posted to protect the new crop, ostensibly to prevent thefts, but really to draw attention to it. When the guards were withdrawn overnight from the now mature crop, curious farmers snuck in and dug up the potatoes to plant in their own fields, just as the clever Parmentier had intended.

Some years ago I told this story from the podium of the National Potato Congress in Bolivia. My audience of Andean potato experts loved the tale, which is one reason why I must retract it now, for it is simply a bit of fake history, penned by Parmentier’s friend and biographer, Julien-Joseph Virey.

Perhaps I should have known better, but in the potato story I learned in grad school, European peasants resisted the tuber brought back by Spanish sailors fresh from the conquest of Peru in the 1530s. Europeans were used to eating cereals, and the potato lived underground, like the devil, or so went the story.

In a recent book, British historian Rebecca Earle sets the potato record straight. She points out that European peasants did eat root crops, like carrots and turnips.

Earle also shows that European peasants embraced the potato from the start, often growing it discretely in a home garden, for once a new crop was widely grown and sold, it acquired a market value and could be taxed and tithed.

According to court records from Cornwall in 1768, a clergyman sued one of his flock because she was growing potatoes without paying him a tithe. Witnesses testified that the potato had already been grown for many generations in Cornwall. The potato was also mentioned in Marx Rumpolt’s cookbook published in Frankfurt in 1681. During the Nine Years War (1688-1697) so many potatoes were grown in Flanders that soldiers were able to survive by pilfering potatoes from peasants’ fields.

The potato was widely grown all over Europe (in France, too) before Parmentier was born. Then as now, smallholder farmers were eager to experiment with new crops. Peasants spread the potato across Europe long before the nobles paid it much attention. Earle also writes that potatoes were being grown commercially in the Canary Islands by the 1570s, and shipped to France and the Netherlands.

In Earle’s analysis, after widespread hunger in the mid-1700s fueled popular revolts, kings began to realize that a well-fed, healthy population would be more productive. Rulers finally saw that it was in their own self-interest for the state to assume some responsibility to ensure that their subjects’ had enough food to eat.

Potatoes yielded as much as three times more food per hectare than rye and other grain crops. Monarchs, like King Louis XIV (patron of Parmentier) belatedly began to understand the advantages of potatoes and entered the history books as a promotor of the new crop. Other historical inaccuracies arose. Frederick the Great is erroneously portrayed as introducing Germans to the potato.

The myth that the conservative peasants were afraid to grow and eat potatoes, or that the potato was spread across Europe by emperors and philosophers has proven a pervasive piece of fake history. These stories burnished the reputations of the elites at the expense of the peasants and home gardeners. Many of the true potato promotors were women, who tended the home gardens, ideal spaces for the experiments that helped the potato become the world’s fourth most widely grown crop, now produced in nearly every country of the world. Yet further proof that smallholder farmers have always been eager to try new crops and other innovations.

Further reading

Earle, Rebecca 2020 Feeding the People: The Politics of the Potato. Cambridge: Cambridge University Press. 306 pp.

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CAMPESINOS, NO PRĂŤNCIPES: ACOGIENDO LA PAPA EN EUROPA

Por Jeff Bentley, 18 de abril del 2021

El filósofo francés Antoine Parmentier (1730-1815) introdujo la papa en su país haciéndola sembrar a bombo y platillo en los jardines del rey. Se colocaron guardias para proteger el nuevo cultivo, aparentemente para evitar robos, pero en realidad para llamar la atención. Cuando los guardias se retiraron de la noche a la mañana del cultivo ya maduro, los campesinos curiosos se colaron y desenterraron las papas para sembrarlas en sus propios huertos, tal y como pretendía el astuto Parmentier.

Hace algunos años conté esta historia desde el podio del Congreso Nacional de la Papa en Bolivia. A mi público de expertos andinos en la papa le encantó el relato, lo cual es una de las razones por las que debo retractarme ahora, ya que es nada más que una historia falsa, escrita por el amigo y biógrafo de Parmentier, Julien-Joseph Virey.

Tal vez debería haberlo sabido, pero en la historia de la papa que aprendí en la universidad, los campesinos europeos se resistieron al tubérculo traído por los marineros españoles recién llegados de la conquista de Perú en la década de 1530. Los europeos estaban acostumbrados a comer cereales, y la papa vivía bajo tierra, como el diablo, o al menos así me contaban.

En un libro reciente, la historiadora británica Rebecca Earle aclara la historia de la papa. Señala que los campesinos europeos sí comían cultivos de raíces, como zanahorias y nabos.

Earle también demuestra que los campesinos europeos adoptaron la papa desde el principio, a menudo cultivándola discretamente en el jardín de su casa, ya que una vez que un nuevo cultivo se extendía y se vendía, adquiría un valor de mercado y podía ser gravado y diezmado.

Según las actas judiciales de Cornualles de 1768, un clérigo demandó a un miembro de su congregación, porque ella cultivaba papas sin pagarle el diezmo. Los testigos declararon que la papa ya se había cultivado durante muchas generaciones en Cornualles. La papa también se menciona en el libro de cocina de Marx Rumpolt, publicado en Frankfurt en 1681. Durante la Guerra de los Nueve Años (1688-1697) se cultivaron tantas papas en Flandes que los soldados pudieron sobrevivir robando papas de los campos de los campesinos.

La papa se cultivaba ampliamente en toda Europa (también en Francia) antes de que naciera Parmentier. En aquel entonces, igual que hoy en día, a los pequeños agricultores les gusta experimentar con nuevos cultivos. Los campesinos difundieron la papa por toda Europa mucho antes de que los nobles le prestaran mucha atención. Earle también escribe que en la década de 1570 ya se cultivaban papas comercialmente en las Islas Canarias y se enviaban a Francia y los Países Bajos.

Según el análisis de Earle, después de que el hambre generalizada a mediados del siglo XVII alimentara las revueltas populares, los reyes empezaron a darse cuenta de que una población bien alimentada y sana sería más productiva. Los gobernantes finalmente vieron que les interesaba que el Estado asumiera alguna responsabilidad para garantizar que sus súbditos tuvieran suficientes alimentos para comer.

Las papas producían hasta tres veces más alimentos por hectárea que el centeno y otros cultivos de cereales. Los monarcas, como el rey Luis XIV (mecenas de Parmentier), empezaron a comprender tardíamente las ventajas de la papa y entraron en los libros de historia como promotores del nuevo cultivo. Surgieron otras inexactitudes históricas. Federico el Grande es presentado erróneamente como el introductor de la patata para los alemanes.

El mito de que los campesinos conservadores tenían miedo de cultivar y comer papas, o que la papa fue difundida por toda Europa por emperadores y filósofos, ha resultado ser una pieza omnipresente de la historia falsa. Estos relatos han servido para engrosar la reputación de las élites a costa de los campesinos y los jardineros. Muchos de los verdaderos promotores de la papa fueron mujeres, que cuidaban los huertos caseros, espacios ideales para los experimentos que ayudaron a que la papa se convirtiera en el cuarto cultivo más extendido del mundo, que ahora se produce en casi todos los países del globo. Una prueba más de que los pequeños agricultores siempre han estado dispuestos a probar nuevos cultivos y otras innovaciones.

Lectura adicional

Earle, Rebecca 2020 Feeding the People: The Politics of the Potato. Cambridge: Cambridge University Press. 306 pp.

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