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New water October 31st, 2021 by

New water

Vea la versión en español a continuación

After some 50 years of work, in 2017 the Misicuni Project in Bolivia began to bring water from the humid, north side of the Cochabamba Andes, through the mountains to the dry south side. A trade journal called it the slowest tunnel project in the world, but the job was still an impressive feat of engineering. A 180 million cubic meter reservoir high in the Andes collects water and funnels it into a 19.2 km tunnel, which emerges high on the south side of the mountain. From there the water drops a full kilometer in altitude, over just 4 linear km to reach a hydroelectric plant at Molle Molle, on the valley bottom. Seen from the ground, it looks almost like a straight, vertical fall. A special chimney had to be built to release pressure from the water, to keep the aqueduct from exploding.

In 2017, the president of Bolivia, Evo Morales, ceremoniously opened the water valve at the plant in Molle Molle.

But then, after generating electricity at the plant, most of the crystal-clear water from the Andes is dumped into the dry bed of the Chijllaviri river. The seven municipalities that need the drinking water had not started building the distribution systems, largely because of the expense. Four of the seven municipalities have been building aqueducts for several years. The four distribution systems were budgeted at $486 million (more or less the cost of building the tunnel, the dam and the reservoir).

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Ingenious farmers began to tap into the suddenly flowing Chijllaviri. Some used pumps. Others tied the river into existing canals. I was glad to see family farmers getting some good water, but I was afraid they would be disappointed to lose it again if the project ever started to distribute the drinking water.

Not long ago, my wife Ana and I visited the spot on the southern slope where the aqueduct emerges from the mountain. We were lucky enough to run across two engineers who were visiting the tunnel to turn a water valve back on. (Because the high pressures are dangerous, the flow can be automatically turned off, but a person has to go turn it back on again).

While the engineers were explaining this to us, they mentioned something I had never heard before: the water was supposed to be for irrigation, not just for electricity and drinking water. So, when the hydroelectric plant turned on the lights in 2017, they did so by using the share of water destined for irrigation.

Because of the expense of distributing the water, plans have been shelved to feed some of the water into irrigation systems.

While the initial plan was to water 1600 ha of land, for the moment at least some farmers are getting some water, although it is not clear how many, or how much land they are irrigating.

Policy has failed to provide these family farmers with irrigation water. It’s good to know that they have a right to the water, even if they have to use their own ingenuity to take it.

AGUA NUEVA

Por Jeff Bentley 31 de octubre del 2021

Después de unos 50 años de trabajo, en 2017 el Proyecto Misicuni en Bolivia comenzó a llevar el agua desde el húmedo lado norte de los Andes de Cochabamba, a través de la cordillera hasta el árido lado sur. Una revista especializada lo calificó como el proyecto de túnel más lento del mundo, pero en realidad la obra es una impresionante hazaña de ingeniería. Un embalse de 180 millones de metros cúbicos en los altos Andes recoge el agua y la canaliza hacia un túnel de 19,2 km, que emerge en lo alto de la ladera sur de la montaña. Desde allí, el agua desciende un kilómetro entero de altitud, en apenas 4 km lineales, para llegar a una central hidroeléctrica en Molle Molle, en el fondo del valle. Visto desde el suelo, parece una caída casi recta y vertical. Hubo que construir una chimenea especial para liberar la presión del agua y evitar que el acueducto explotara.

En 2017, el presidente de Bolivia, Evo Morales, abrió ceremoniosamente la válvula de agua en la planta de Molle Molle.

Pero entonces, después de generar electricidad en la planta, la mayor parte del agua cristalina de los Andes se vierte sin pena ni gloria en el lecho seco del río Chijllaviri. Los siete municipios que necesitan el agua potable no habían empezado a construir los sistemas de distribución, en gran parte por el costo. Cuatro de los siete municipios llevan varios años construyendo acueductos. Los cuatro sistemas de distribución fueron presupuestados en 486 millones de dólares (más o menos el costo de la construcción del túnel, la presa y el embalse).

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Los ingeniosos agricultores empezaron a aprovechar el Chijllaviri, que apareció repentinamente. Algunos usan bombas. Otros conectaron el río a las acequias existentes. Me alegré de ver que los agricultores familiares conseguían un poco de agua buena, pero temí que se decepcionaran al perderla de nuevo si el proyecto empezaba a distribuir el agua potable.

Hace poco, mi esposa Ana y yo visitamos el lugar de la ladera sur donde el acueducto emerge de la montaña. Tuvimos la suerte de encontrarnos con dos ingenieros que visitaban el túnel para volver a abrir una válvula de agua. (Debido a que las altas presiones son peligrosas, el flujo puede cerrarse automáticamente, pero una persona tiene que volver a abrirla).

Mientras los ingenieros nos explicaban esto, mencionaron algo que nunca había oído antes: parte del agua tenía que destinarse siempre al riego, no sólo a la electricidad y al agua potable. Así que, cuando la central hidroeléctrica encendió las luces en 2017, lo hizo usando la parte de agua destinada al riego.

Debido a los gastos de distribuciĂłn del agua, se han archivado los planes para alimentar con parte del agua los sistemas de riego.

Aunque el plan inicial era regar 1.600 hectáreas de tierra, por el momento al menos algunos agricultores están recibiendo algo de agua, aunque no está claro cuántos ni cuánta tierra están regando.

La polĂ­tica no ha podido proveer agua de riego a estos agricultores familiares. Me alegro saber que los regantes tienen el derecho al agua, aun si tienen que darse modos para aprovecharla.

 

 

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