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Give bokashi a chance April 3rd, 2022 by

Vea la versión en español a continuación

I admit that I once took a dim view of bokashi, a hand-crafted organic fertilizer made from barnyard manure and some store-bought materials, like molasses, bran, yeast, or even yoghurt (recipes vary). It takes work to make it, because it has to be stirred every day or two. I once wrote about a bokashi factory I saw in Nepal that impressed me, because I thought it might be easier for busy farmers to buy bokashi, and skip all the work of mixing it.

But this past February I met an innovative farmer, Héctor Casa, in Tunicuchí, in the Andes of central Ecuador. Don Héctor does not have a lot of time or money, but he is able to use bokashi on his small, mixed farm of pigs, guinea pigs, potatoes and vegetables. He graciously took time off from his job in a plywood factory to let Marcella and Paul film him for a video on seed potatoes.

Don Héctor starts his bokashi by making compost from his animals’ manure. He adds soil, rice husks, rock phosphate, lime, molasses and whey. He also adds microorganisms: a water solution that includes a few handfuls of forest soil. For good measure he puts in some biol, a fermented, liquified manure which is also rich in beneficial germs.

I watched as don Héctor deftly stirred each ingredient one at a time into a pile, shoveling it all over again with each addition, thoroughly blending it. It’s hard work, but he makes it look easy. But when he turned over a large, plastic sheet, I realized he had a second pile, with about five tons of finished bokashi. I’ve rarely seen that much of the stuff in one place, because it is requires some patience to make, and some store-bought materials.

Don Héctor had made his five tons of bokashi over two weeks, shoveling it over thoroughly every day, but now his work was about to pay off. It was ready to take to the field, and he was pleased that his bokashi was more than fertilizer; it would also protect his crops from pests and diseases. He explained that the good microbes he cultured in the bokashi would help to control potato diseases. “The microorganisms eat the bad fungi. They eliminate them.”

Then don Héctor took us to see his potato crop, not a garden, but a commercial field of healthy potatoes. These are some of the few potatoes grown in an environmentally-friendly way in the whole of highland Ecuador, where chemical fertilizer is commonly used along with fungicides and insecticides.

Don Héctor does use bokashi to keep the soil fertile. But bokashi also acts as a fungicide of sorts, as it adds good microbes to the earth, which help to keep down soil-borne diseases.

Bokashi alone would not be enough to keep pests and diseases away. To manage the Andean potato weevil and the potato tuber moth, don Héctor hills up the potatoes. Three times per season he and his helpers heap soil up around the base of each potato plant. The third time, they pile the soil really high, just as the potatoes are flowering and the plants have reached their full height.

“The tuber moth lays its eggs at the base of the potato plant, and when the worms hatch, they move down into the potato,” don Héctor explains. “By hilling up lots of soil I make a barrier that protects the potatoes from the moths and its worms.” As an added advantage, the extra soil around each potato plant gives the tubers room to grow. They can’t develop unless they are blanketed in soft earth.

We visited don Héctor with Ecuadorian seed researcher Israel Navarrete, who was especially taken by rows of maize that Héctor had planted around his crop. Don Héctor said that the rows of corn formed a barrier that kept disease out of the potato crop. Israel called it positive deviance: “being odd, but in a good way.”

The idea may be odd, but it also seemed to be working. We saw that the neighboring fields were not doing as well as this healthy one. One neighbor sprayed insecticide on his potatoes, and the leaves were damaged by the potato tuber moth, while don Héctor’s crop had little visible insect damage. Other nearby potato plants were stunted by herbicides, where farmers tried to spray to avoid the work of weeding and hilling up their crop. Don Héctor’s organic potato plants were larger, and a healthy green.

I used to doubt the value of bokashi, because I saw it as fertilizer, expensive and tedious to make. But in reality, bokashi also acts as a fungicide, replenishing some of the good microorganisms that conventional agriculture kills. Innovative farmers combine bokashi with other techniques, like carefully hilling up the potatoes, and encircling them with a protective crop of maize. This integrated approach seems to be working, and is worthy of formal study by researchers.

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Acknowledgements

Thanks to Ing. Victoria López (Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias—INIAP), and Ing. Nancy Panchi and Dr. Israel Navarrete (both of the International Potato Center—CIP) for introducing us to innovative potato farmers in Cotopaxi, Ecuador. Victoria, Israel and Paul Van Mele read a previous version and made valuable comments

BOKASHI ES MÁS QUE FERTILIZANTE

Jeff Bentley, 3 de abril del 2022

Yo antes veía con escepticismo al bokashi, un abono orgánico hecho a mano con estiércol y algunos materiales comprados en la tienda, como melaza, salvado, levadura o incluso yogurt (las recetas varían). También requiere trabajo, porque hay que removerlo cada día o dos. Una vez escribí sobre una fábrica de bokashi que vi en Nepal y que me impresionó, porque pensé que sería más fácil para los atareados agricultores comprar bokashi y evitar el trabajo de mezclarlo.

Pero el pasado febrero conocí a un agricultor innovador, Héctor Casa, en Tanicuchí, en los Andes centrales de Ecuador. Don Héctor no tiene mucho tiempo ni dinero, pero logra usar el bokashi en su pequeña granja mixta de cerdos, cuyes, papas y verduras. Él amablemente tomó un tiempo libre de su trabajo en una fábrica de madera para dejar que Marcella y Paul le filmaran para un video sobre la semilla de papa.

Don Héctor empieza su bokashi haciendo compost con el estiércol de sus animales. Añade suelo, cáscara de arroz, fosfato de roca, cal, melaza y suero. También añade microorganismos: una solución de agua con unos puñados de tierra del bosque. Además, agrega un poco de biol, un estiércol fermentado y licuado que también es rico en microbios beneficiosos.

Observé cómo don Héctor revolvía hábilmente cada ingrediente, de uno en uno, en un montón, removiéndolo todo de nuevo con cada adición, mezclándolo completamente. Es un trabajo duro, pero él lo hace parecer fácil. Me sorprendió que, al destapar un bulto que había tapado con un toldo de plástico, tenía unas cinco toneladas más de bokashi terminado. Rara vez he visto tanto, porque hacerlo requiere cierta paciencia y algunos materiales comprados en la tienda.

Don Héctor había hecho sus cinco toneladas de bokashi durante dos semanas, moviéndolo cada día, pero ahora su trabajo estaba a punto de dar sus frutos. Estaba listo para llevarlo al campo, y se alegró de que su bokashi fuera más que un fertilizante: también protegería sus cultivos de las plagas y enfermedades. Explicó que los microbios buenos que cultivó en el bokashi ayudarían a controlar las enfermedades de la papa. “Los microorganismos se comen los hongos malos. Los eliminan”.

Luego don Héctor nos llevó a ver su cultivo de papas, no un huerto, sino un campo comercial de papas sanas. Estas son algunas de las pocas papas que se cultivan de manera amigable con la naturaleza en todo el altiplano ecuatoriano, donde suelen usar fertilizantes químicos junto con fungicidas e insecticidas.

Don Héctor sí usa el bokashi para mantener la fertilidad del suelo. Pero el bokashi también actúa como una especie de fungicida, ya que añade microbios buenos a la tierra, que ayudan a evitar las enfermedades transmitidas por el suelo.

El bokashi solito no es suficiente para evitar las plagas y enfermedades. Para controlar el gorgojo de los Andes y la polilla de la papa, don Héctor aporca las papas. Tres veces por campaña, él y sus ayudantes aporcan suelo alrededor de la base de cada planta de papa. La tercera vez, amontonan la tierra muy alta, justo cuando las papas están floreciendo y las plantas han alcanzado su máxima altura.

“La polilla de la papa pone sus huevos en la base de la planta de la papa, y cuando los gusanos nacen del huevo, bajan a la papa”, explica don Héctor. “Al poner mucha tierra hago una barrera que protege a las papas de la polilla y sus gusanos”. Como ventaja adicional, la tierra extra alrededor de cada planta de papa da a los tubérculos espacio para crecer. No pueden desarrollarse si no están cubiertos de tierra blanda.

Visitamos a don Héctor con el investigador ecuatoriano en semillas Israel Navarrete, a quien le llamaron especialmente la atención las hileras de maíz que Héctor había plantado alrededor de su cultivo. Don Héctor dijo que las hileras de maíz formaban una barrera que mantenía las enfermedades fuera del cultivo de papas. Israel lo llamó desviación positiva: “ser raro, pero en el buen sentido”.

La idea podría parecer extraña, pero por lo visto, funcionaba. Vimos que a los campos vecinos no les iba tan bien como a este sano. Un vecino fumigó sus papas con insecticida y las hojas fueron dañadas por la polilla de la papa, a diferencia del cultivo de don Héctor. Otras plantas de papa cercanas están marchitadas por los herbicidas, donde los agricultores intentaron fumigar para evitar el trabajo de deshierbar y aporcar su cultivo. A cambio las plantas de don Héctor eran grandes y un verde exuberante.

Yo antes dudaba del valor del bokashi, porque lo veía como un fertilizante, que costaba trabajo y dinero. Pero en realidad, el bokashi también actúa como fungicida, reponiendo algunos de los microorganismos buenos que la agricultura convencional mata. Los agricultores innovadores combinan el bokashi con otras técnicas, como aporcar cuidadosamente las papas y rodearlas de un cultivo protector de maíz. Este enfoque integrado parece funcionar, y merece ser estudiado formalmente por los investigadores.

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Agradecimientos

Gracias a la Ing. Victoria López (Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias-INIAP), y a la Ing. Nancy Panchi y al Dr. Israel Navarrete (ambos del Centro Internacional de la Papa-CIP) por presentarnos a los innovadores productores de papa de Cotopaxi, Ecuador. Victoria, Israel y Paul Van Mele leyeron una versión previa e hicieron comentarios valiosos.

 

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