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Seeing with your hands April 10th, 2022 by

Vea la versión en español a continuación

Potatoes sold at the market have to be sorted by size, which sounds more tedious than it is. This past February, Nancy Herrera, a farmer in Locoa, near Latacunga, explained that sorting is easy, because the hands know how to do it.

This seemed odd to me, until I saw people selecting potatoes that way in Cuturiví Chico, near Pujilí, in Cotopaxi. Agronomist Victoria López had convinced a farm family to let us film them harvesting a field of potatoes. They used their hoes to gently break open the ridges of earth, and reveal the tubers inside.

The potatoes were tossed into little piles in the field, and the family immediately sorted them, which is important because each size has its own use. But the family does not sit at a pile, tossing each tuber into smaller piles. They have a more efficient strategy.

First, don Abelardo took a bag and moved from pile to pile, taking out the largest potatoes, about the size of his fist. These are the “gruesas,” that is, the “thick” or big ones. These will be sold immediately. His daughter-in-law collected the next smallest size, “la segunda,” about the size of an egg. These would be kept for seed, or they could be sold, if the price was right. Their cousin collected the smallest ones, in another bag, “la tercera,” which would be seed if the bigger ones were all sold. It took a few minutes for three people to sort out this small harvest. The potatoes that were left are “kuchi,” from the Kichwa word for “pig;” these were gathered up last and would be used as animal feed. They included not just the smallest tubers, but also bigger ones that were damaged. Sorting this way efficiently grades the potatoes by size while culling the unhealthy ones.

Finally, don Abelardo sewed each bag shut with blue twine. Each bag was tied in a different knot to indicate its size. The bag with the big gruesas had two ears. The segundas were in a one-eared bag. The tercera bag has no ears at all, and the kuchi potatoes are in a bag with one ear, but with blue twine tied to the ear itself (in case the kuchi is ever sold). There is a potential market for all potatoes and the ears on the bag communicate the size all the way down the market chain, from farmers to wholesalers to retailers.

As the family sorts the potatoes, Marcella films them for a video on seed potato. The farmers’ practiced hands move quickly, and gracefully, accurately sorting the potatoes while barely glancing at them.

Like everything that family farmers do, there is art in these bags of potatoes, neatly and accurately sorted by size, and bagged, some for sale, some for animals, and two medium sizes that will be stored for a while and eaten, sold or used as seed, depending on the rise and fall of market prices.

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Acknowledgements

Thanks to Ing. Victoria López (Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias—INIAP) for sharing her knowledge of Ecuador and farming with us, and for introducing us to the farmers she works with.

LAS MANOS CONOCEN

Jeff Bentley, 10 de abril del 2022

Las papas que se venden en el mercado tienen que clasificarse por tamaño, lo que parece más tedioso de lo que es. El pasado mes de febrero, Nancy Herrera, una agricultora de Locoa, cerca de Latacunga, explicó que la clasificación es fácil, porque las manos saben cómo hacerlo.

Esto me pareció extraño, hasta que vi a gente seleccionando papas de esa manera en Cuturiví Chico, cerca de Pujilí, en Cotopaxi. La ingeniera agrónoma Victoria López había convencido a una familia de agricultores para que les dejáramos filmar la cosecha de un campo de papas. Usaron sus azadones para abrir suavemente las crestas de tierra y revelar los tubérculos que había dentro.

Las papas se colocan en pequeños montones en el campo y la familia las clasifica inmediatamente, lo que es importante porque cada tamaño tiene su propio uso. Pero la familia no se sienta junto a un montón, echando cada tubérculo en montones más pequeños. Tienen una estrategia más eficaz.

En primer lugar, don Abelardo agarra una bolsa y pasa de un montón a otro, sacando las papas más grandes, del tamaño de su puño. Estas son las “gruesas”, es decir, las “gruesas” o grandes. Se venden inmediatamente. Su nuera recogía el siguiente tamaño más pequeño, “la segunda”, del tamaño de un huevo. Estas se guardan como semilla o se venden, si el precio está bien. Su prima recogía las más pequeñas, en otra bolsa, “la tercera”, que sería semilla si se vendían todas las más grandes. Las tres personas tardaron unos minutos en recoger esta pequeña cosecha. Las papas que quedaron son “kuchi”, palabra kichwa que significa “cerdo”; se recogieron en último lugar y se usarían como alimento para animales. Las papas kuchis no solo incluían los tubérculos más pequeños, sino también los grandes que estaban dañados. La clasificación de este modo permite separar eficazmente las papas por su tamaño, al tiempo que se eliminan las que están mal.

Por último, don Abelardo cosía cada bolsa con una cabuya azul. Cada bolsa estaba atada con un nudo diferente para indicar su tamaño. La bolsa con las gruesas tenía dos orejas. Las segundas estaban en una bolsa de una oreja. La tercera bolsa no tenía ninguna oreja, y las papas kuchis estaban en una bolsa con una oreja, pero con cabuya azul atada a la oreja (por si alguna vez se vende la kuchi). Hay un mercado potencial para todas las papas y las orejas de la bolsa comunican el tamaño a lo largo de toda la cadena de mercado, desde los agricultores hasta los mayoristas y los minoristas.

Mientras la familia clasifica las papas, Marcella las filma para un video sobre las papas de semilla. Las manos expertas de los agricultores se mueven con rapidez y elegancia, clasificando las papas con precisión y sin apenas mirarlas.

Como todo lo que hacen las familias agrícolas, hay arte en estas bolsas de papas, ordenadas con precisión por tamaños, y embolsadas, algunas para la venta, otras para los animales, y dos tamaños medianos que se almacenarán durante un tiempo y se comerán, venderán o usarán como semilla, dependiendo de las subidas y bajadas de los precios del mercado.

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Agradecimientos

Gracias a la Ing. Victoria López (Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias-INIAP), y a por compartir su conocimiento del agro ecuatoriano, y por presentarnos a las familias con las cuales trabaja.

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