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A better way to make holes June 12th, 2022 by

Vea la versión en español a continuación

Eleven heads think better than one, as I saw recently in the northern Andes. While filming a video with Paul and Marcella, local people in Ancash, Peru were telling us that they plant pasture seed by “making a hole” and sprinkling in some grass seed and a bit of composted manure. It sounded pretty mundane until I saw someone do it.

Local livestock owners, Feliciano Cruz and Estela Balabarca, took us to see them plant grass in their pasture. Don Feliciano grabbed what looked like a pick, swung it into the ground and pulled up a perfect, fist-sized plug of sod. With a practiced hand, he moved quickly across the pasture, swinging his pick, with lumps of sod flying over his shoulder. In a second or two he could make a perfect, round hole about three inches deep (10 cm).

Doña Estela sprinkled some dry manure into the hole, and added a bit of rye grass seed she had harvested herself, and that was it. The seed wasn’t buried, but enough earth fell in from the sides of the hole to gently cover it.

When the seed sprouts at the bottom of its little hole, it is protected from the wind and animals, but will let in the rain water. Don Feliciano calls his invention the sacabocada (bite-taker), because it takes little bites out of the soil. He designed it to have a way to plant improved fodder grass without plowing the soil.

In a previous blog (The committee of the commons) I mentioned the CIAL, a committee for local, farmer experimenters. I asked don Feliciano how he invented the bite-taker. He said that in the CIAL, they realized that they need to avoid plowing, to conserve the soil. So, they designed a tool, based on the pick, but it made a big crack in the earth, and it did not release the clod. So the CIAL members kept talking about how to improve the bite-taker.

Don Feliciano said these discussions were “almost like a game,” until they came up with the idea of welding a short tube to a pick head. That design worked. The CIAL got the municipality to fund them to make 25 copies for 25 soles (about $6) each. Don Feliciano is not sure how many people use the bite-taker, but we did hear about the technique from at least one other community member.

The CIAL itself was an innovation, created by a team in Colombia, to bring together farmers and agronomists to dream up fresh ideas. The CIAL reached this corner of Peru through Vidal Rondán, an adult educator who read about the farmer committee, and contacted its creators for advice. He organized several of the CIALs. Nearly 25 years later, this community of farmers in the northern Peruvian Andes is still using the CIALs as a way to bring people together to stimulate creative thought.

In agricultural development, useful ideas, like CIALs, tend to blossom and then die, instead of evolving. This is partly because it is more rewarding to think of new tools and give them cool names than to tinker with an old concept. Like the bite-taker, the CIAL may have deserved a wider application than it got. But then, the bite-taker and the CIAL are both still available to be dusted off, or to provide inspiration for the next Big Idea.

Related Agro-Insight blogs

The committee of the commons

Moveable pasture

Further reading

Ashby, Jacqueline Anne 2000 Investing in farmers as researchers: Experience with local agricultural research committees in Latin America. Cali, Colombia: CIAT.

Video on another idea for research in rural communities

Succeed with seeds

Acknowledgements

The visit to Peru to film various farmer-to-farmer training videos with farmers like don Feliciano was made possible with the kind support of the Collaborative Crop Research Program (CCRP) of the McKnight Foundation. Thanks to Vidal Rondán of the Mountain Institute for introducing us to the community.

MEJORES AGUJEROS PARA SEMBRAR PASTO

Jeff Bentley, 12 de junio del 2023

Once cabezas piensan mejor que una, como confirmé hace poco en el norte de los Andes. Mientras grabábamos un video con Paul y Marcella, la gente de Ancash (Perú) nos contaba que ellos sembraban los pastos “haciendo un hueco” y echando algunas semillas de pasto y un poco de estiércol compostado. Sonaba bastante mundano hasta que vi a alguien hacerlo.

Los ganaderos locales, Feliciano Cruz y Estela Balabarca, nos llevaron a ver cómo sembraban el pasto. Don Feliciano agarró lo que parecía una picota, la clavó en la tierra y sacó un tapón de césped, del tamaño de un puño. Con una mano experta, se movió rápidamente sobre el pasto, moviendo la picota de arriba para abajo, con trozos de césped volando sobre su hombro. En un segundo o dos pudo hacer un agujero perfecto y redondo de unos 10 cm de profundidad.

Doña Estela esparció un poco de estiércol seco en el agujero y añadió un poco de semilla de ray gras que ella misma había cosechado, y eso fue todo. La semilla no se enterró, pero cayó suficiente tierra por los lados del agujero para cubrirla ligeramente.

Cuando la semilla brota en el fondo de su agujerito, queda protegida del viento y de los animales, pero deja entrar el agua de la lluvia. Don Feliciano llama a su invento la sacabocada, porque saca pequeñas bocadas de la tierra. Lo diseñó para poder sembrar pasto forrajero mejorado sin arar la tierra.

En un blog anterior (Comité campesino) mencioné el CIAL, un comité de experimentadores locales y campesinos. Le pregunté a don Feliciano cómo había inventado la sacabocada. Me dijo que en el CIAL se dieron cuenta de que necesitaban evitar arar el suelo, para conservarlo. Así que diseñaron una herramienta, basada en el pico, pero que hacía una gran grieta en la tierra, y no soltaba el terrón. Así que los miembros del CIAL siguieron hablando de cómo mejorar la sacabocada.

Don Feliciano dijo que estas discusiones eran “casi como un juego”, hasta que se les ocurrió soldar un tubo corto a la cabeza de la picota. Ese diseño funcionó. El CIAL consiguió que la municipalidad les financiara la fabricación de 25 ejemplares por 25 soles (unos 6 dólares) cada uno. Don Feliciano no está seguro de cuántas personas usan la sacabocada, pero nos enteramos de la técnica por al menos otro miembro de la comunidad.

El CIAL en sí mismo fue una innovación, creada por un equipo de Colombia, para reunir a agricultores y agrónomos con el fin de experimentar con nuevas ideas. El CIAL llegó a este rincón de Perú a través de Vidal Rondán, un educador de adultos que leyó sobre el comité de agricultores y se puso en contacto con sus creadores para pedirles consejo. Él organizó varios de los CIALes. Casi 25 años después, esta comunidad de agricultores del norte de los Andes peruanos sigue usando los CIALes como forma de reunir a la gente para estimular el pensamiento creativo.

En el desarrollo agrícola, las ideas útiles, como los CIAL, tienden a florecer y luego morir, en vez de evolucionarse. Esto se debe, en parte, a que es más gratificante pensar en nuevas herramientas y darles nombres atractivos que retocar un concepto antiguo. Al igual que la sacabocada, el CIAL podría haber merecido una aplicación más amplia de la que tuvo. Pero tanto la sacabocada como el CIAL siguen estando disponibles para ser desempolvados, o para servir de inspiración para la próxima Gran Idea.

Otros blogs de Agro-Insight

Comité campesino

Pasto movible

Lectura adicional

Ashby, Jacqueline A., Ann R. Braun, Teresa Gracia, M. D. P. Guerrero, Luis Alfredo Hernández Romero, Carlos Arturo Quirós Torres, y J. A. Roa. 2001.La comunidad se organiza para hacer investigación: experiencias de los comités de investigación agrícola local, CIAL en América Latina. CIAT: Cali, Colombia

Video sobre otra idea para investigación en comunidades

Succeed with seeds

Agradecimientos

Nuestra visita al Perú para filmar varios videos agricultor-a-agricultor con agricultoras como don Feliciano fue posible gracias al generoso apoyo del Programa Colaborativo de Investigación de Cultivos (CCRP) de la Fundación McKnight. Gracias a Vidal Rondán del Instituto Montaño por presentarnos a la comunidad.

 

 

 

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