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200 Guinea pigs August 7th, 2022 by

Vea la versión en español a continuación

Paul and Marcella and I recently met Lucía Ávila in Quilcas, a small town in Junín, Peru. After 2013, agronomists from an NGO, Yanapai, began to show her and her neighbors how to raise a mix of fodders, including rye grass, alfalfa, clover and others. Animals like the mix more than just one fodder, but the plants need water. With support from the government of Peru, the farmers of Quilcas dug an irrigation canal from some 7 km away, and the people began growing small patches of fodder which they could cut for several years, fertilizing it with ash and manure until the grass aged. Then the fodder patch would be dug up, and planted in potatoes, which prospered in the soil where the grass had been grown.

Every day, doña Lucía has been able to cut two large blankets full of fodder, enough for a milk cow, or in her case, enough for 200 guinea pigs.

Doña Lucía had started cautiously. In 2014 she got her first pair of guinea pigs from an NGO called CEDAL. The rodents reproduce pretty fast, so she soon had dozens of the animals. Every year she gets some new males, to avoid inbreeding. She specializes in a large, meaty breed called Mi Perú (my Peru), which is white and reddish, like the Peruvian flag.

As doña Lucía explains, guinea pigs are easy to sell, so they give her a steady income. Plenty of customers come to her house, and she sells the guinea pigs for 20 soles (over $5). She now has 200 guinea pigs.

She says that before she got the big, red-and-white guinea pigs, she had some other which she describes as “small, like rats, and the color of rats.” She adds “When you have grass you can have nice, fat guinea pigs, and you can sell them and have a little money. You can improve your standard of living.” While guinea pigs are thought of as pets in many northern countries, in places like Peru they are small livestock. They are easy to raise at home, in the courtyard, under the shade of a porch.

Formal development is often criticized as being prone to failure. So, it’s only fair to recognize its successes. In this case, three different projects happened to come together from different institutions to ensure that people not only had fodder, but water to irrigate it, and guinea pigs to eat it. The innovations worked together, even if they weren’t designed that way.

Acknowledgements

The visit to Peru to film various farmer-to-farmer training videos, including this one, was made possible with the kind support of the Collaborative Crop Research Program (CCRP) of the McKnight Foundation. Thanks to Edgar Olivera, Raúl Ccanto, Jhon Huaraca and colleagues of the Grupo Yanapai for introducing us to Quilcas and for sharing their knowledge with us. Raúl Ccanto and Paul Van Mele read and made valuable comments on an earlier version of this story.

200 CUYES

Jeff Bentley, 24 de julio del 2022

Hace poco, Paul, Marcella y yo conocimos a Lucía Ávila en Quilcas, un pequeño pueblo de Junín, Perú. A partir de 2013, los agrónomos de una ONG, Yanapai, empezaron a enseñarle a ella y a sus vecinos cómo sembrar una mezcla de forrajes, que incluye ray gras, alfalfa, trébol y otros. A los animales les gusta más la mezcla que un solo forraje, pero las plantas necesitan agua. Con el apoyo del gobierno de Perú, los campesinos de Quilcas cavaron un canal de riego a unos 7 km de distancia, y la gente empezó a cultivar pequeñas parcelas de 200 metros cuadrados, que podían cortar durante varios años, abonándolas con ceniza y estiércol hasta que la hierba envejeciera, y se pudiera desenterrar, plantando papas, que prosperaron en la tierra donde había crecido la hierba.

Doña Lucía descubrió que cada día podía cortar dos grandes mantas llenas de forraje, suficiente para una vaca lechera, o en su caso, suficiente para 200 cuyes.

Doña Lucía había empezado con cautela. En 2014 consiguió su primer par de cuyes de una ONG llamada CEDAL. Los roedores se reproducen bastante rápido, así que pronto tuvo decenas de estos animales. Cada año consigue algunos machos nuevos, para evitar cruzar animales parientes. Está especializada en una raza grande y carnosa llamada Mi Perú, que es blanca y rojiza, como la bandera peruana.

Como explica doña Lucía, los cuyes son fáciles de vender, por lo que le dan unos ingresos constantes. A su casa llegan muchos clientes y vende los cuyes a 20 soles (más de 5 dólares). Ahora tiene 200 cuyes.

Dice que antes de tener los cuyes grandes, rojos y blancos, tenía otros que describe como “pequeños, como ratas, y del color de las ratas”. Añade: “Cuando tienes pasto puedes tener cuyes bonitas y gordas, y puedes venderlas y tener un poco de dinero. Puedes mejorar tu nivel de vida”. Mientras que en muchos países del norte se considera a los cuyes como mascotas, en lugares como Perú son ganado menor. Viven en el corredor de la casa de la gente, y son fáciles de criar.

A menudo se critica el desarrollo formal por siempre fracasar. Es importante reconocer también sus éxitos. En este caso, se unieron varios esfuerzos para garantizar que la gente no sólo tuviera forraje, sino también agua para regarlo y cuyes para alimentarlos. Las innovaciones funcionaron conjuntamente, aún si no se diseñaron juntos.

Agradecimiento

Nuestra visita al Perú para filmar varios videos, incluso este, fue posible gracias al generoso apoyo del Programa Colaborativo de Investigación de Cultivos (CCRP) de la Fundación McKnight. Gracias a Edgar Olivera, Raúl Ccanto, Jhon Huaraca y colegas del Grupo Yanapai por presentarnos a Quilcas y por compartir su conocimiento con nosotros. Raúl Ccanto y Paul Van Mele hicieron comentarios valiosos sobre una versión previa de este relato.

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