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From family farm to family firm August 21st, 2022 by

Vea la versión en español a continuación

In Peru, one way to save endangered, native potatoes is by selling and eating them. I recently learned that some restaurant owners are buying native potatoes directly from farmers. Paul and Marcella and I went with local agronomist Raúl Ccanto to meet Guido Villegas, the Huancayo city official in charge of promoting food security and local commerce. He told us that the government of Peru has a program to feed children (Qali Wamru: “vigorous child”) where the national government sends foodstuffs that can be easily stored and transported. The city of Huancayo supplements these by buying local fresh food and vegetables, including native potatoes, to prepare school breakfasts and lunches for the kids. “We were pioneers in these direct purchases,” explained Mr. Guido.

He added that the city is also interested in supporting biodiversity, agroecology and family farming. Every year on National Potato Day (30 May), there is a fair in the city of Huancayo, where the local government puts individual restaurant owners in touch with smallholder farmers.

So we drove over to El Costillar, a family restaurant in downtown Huancayo, and introduced ourselves to Percy Bráñez, the owner. The place was spotless, well-lit and it only had four tables, making it a perfect place for a quite lunch. Percy seemed delighted to have a film crew drop by uninvited, and he thoughtfully went from table to table, asking the customers if they minded if we filmed while they ate.

Percy graciously gave us some of his signature, local food: mote (hominy), boiled native potatoes, fresh salsa, fried sweetpotatoes and possibly the world’s finest chicharrón (pork fried in its own fat).

Percy explained that he has been in business for 20 years, following in the tradition of his father, who started a similar restaurant 50 years ago. Confirming what Guido had said, Percy told how he met two farmers at the fair on national potato day. He asked for their phone numbers, and now, whenever he needs potatoes, he gives them a ring, and they bring the produce right to the restaurant’s door.

Percy buys a little over 100 kilos a week. He takes whatever variety of native potatoes the farmers have. He seems to enjoy serving this diversity in his locally-themed restaurant.

There is a transaction cost for the farmers, who have to make the trip to town, but the drivers of small, country buses are usually happy to take a sack of potatoes as luggage. The two farmers have a ready market; the restaurant gets a steady supply, and by cutting out the middleperson, they reach a price higher than what the farmer would get from the wholesaler, but lower than what the restaurant would pay in the market.

Restaurants and other family firms are a natural outlet for family farms, bringing fresh, local food to nearby cities. And local governments can help to put smallholders in touch with potential customers, who can then deal directly with each other. Restaurant owners can simply phone the farmers when they need produce. This kind of direct marketing was unthinkable thirty years ago, when Latin American farmers barely had access to any phones at all, let alone to a handset in their pocket.

Previous Agro-Insight blogs

A market to nurture local food culture

Choosing to farm

Watch the video

Recovering native potatoes

DE LA AGRICULTURA FAMILIAR AL RESTAURANTE FAMILIAR

Jeff Bentley, 21 de agosto del 2022

En Perú, una forma de rescatar las papas nativas en peligro de extinción es venderlas y comerlas. Hace poco me enteré de que algunos dueños de restaurantes compran papas nativas directamente a los agricultores. Paul, Marcella y yo fuimos con el Ing. Raúl Ccanto a conocer a Guido Villegas, el funcionario de la ciudad de Huancayo encargado de promover la seguridad alimentaria y el comercio local. Nos contó que el gobierno de Perú tiene un programa para alimentar a los niños (Qali Wamru: “niño vigoroso”) en el que el gobierno nacional envía alimentos que se pueden almacenar y transportar fácilmente. La ciudad de Huancayo los complementa comprando alimentos y verduras frescas locales, incluidas las papas nativas, para preparar los desayunos y almuerzos escolares de los niños. “Fuimos pioneros en estas compras directas”, explicó el Sr. Guido.

Añadió que la ciudad también está interesada en apoyar la biodiversidad, la agroecología y la agricultura familiar. Todos los años, en el Día Nacional de la Papa (30 de mayo), se celebra una feria en la ciudad de Huancayo, donde el gobierno local pone en contacto a dueños de restaurantes con agricultores familiares.

Así que nos dirigimos a El Costillar, un restaurante familiar en el centro de Huancayo, y nos presentamos a Percy Bráñez, el propietario. El local estaba impecable, bien iluminado y sólo tenía cuatro mesas, lo que lo convertía en un lugar perfecto para un almuerzo tranquilo. El Sr. Percy parecía encantado de que un equipo de rodaje se pasara por allí sin ser invitado, y fue de mesa en mesa preguntando atentamente a los clientes si les importaba que les grabáramos mientras comían.

El Sr. Percy amablemente nos invitó algunos de sus platos típicos: mote, papas cocidas, salsa fresca, camote frito y posiblemente el mejor chicharrón del mundo.

Percy explicó que lleva 20 años en el negocio, siguiendo la tradición de su padre, que abrió un restaurante similar hace 50 años. Confirmando lo que Guido había dicho, Percy contó que conoció a dos agricultores en la feria el día nacional de la papa. Les pidió sus números de teléfono y ahora, cada vez que necesita papas, les llama y le traen el producto a la puerta del restaurante.

Percy compra algo más de 100 kilos a la semana. Acepta cualquier variedad de papas nativas que tengan los agricultores. Parece que le gusta servir esta diversidad en su restaurante de típico.

Hay un costo de transacción para los agricultores, que tienen que hacer el viaje a la ciudad, pero los conductores de los buses rurales llevan de buena gana un saco de papas como equipaje. Los dos agricultores tienen un mercado a mano; el restaurante obtiene un suministro constante y, al eliminar al intermediario, alcanzan un precio superior al que el agricultor obtendría del mayorista, pero inferior al que el restaurante pagaría en el mercado.

Los restaurantes y otras empresas familiares son una salida natural para las fincas familiares, que llevan alimentos frescos y locales a las ciudades cercanas. Y las administraciones locales pueden ayudar a conectar a los pequeños agricultores con los clientes potenciales, que pueden tratar directamente entre ellos. Los dueños de restaurantes pueden llamar por teléfono a los agricultores cuando necesiten productos. Este tipo de comercialización directa era impensable hace treinta años, cuando los agricultores latinoamericanos tenían poco acceso a teléfonos, y mucho menos a un celular en su bolsillo.

Previamente en el blog de Agro-Insight

A market to nurture local food culture

Optando por la agricultura

Vea el video

Recuperemos las papas nativas

 

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