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Exit strategy 2.0 October 2nd, 2022 by

Vea la versión en español a continuación

I’ve written before that a program to support a network of local food producers and consumers needs an exit strategy (An exit strategy). I’ve seen various projects that do a good job at mentoring smallholders, to produce chemical-free food, package it attractively and distribute it to discriminating consumers in the city. This usually relies on hidden subsidies: the university-educated technical staff who broker the food, promote it and transport it in cars, also paid for out of the project budget. It’s a way to show that there is demand for agroecological food, but not a business model.

In the Tungurahua province of Ecuador, last February, I saw what it takes for farmers and consumers to come together in a robust, self-sustaining way.

In the municipality of Pelileo, a city of about 50,000 people, the NGO SWISSAID started 13 years ago to teach 600 farmers and gardeners about agroecology, according to the current country director, Oscar Quillupangui. The second year, SWISSAID organized the farmers to sell their produce in a fair in the city. This was only possible thanks to the mayor at the time, who understood the importance of a market for local, organic produce. As Fernando Jácome of SWISSAID told me, “you can’t run a market without local government support. If you set up a food fair in a public space, the mayor can ask the police to throw you out. In fact, farmer fairs in some other Ecuadorian cities did not thrive, because of this lack of municipal support.”

The current mayor, Ing. Leonardo Maroto, has a vision for healthy food systems: “the countryside gives life to the city.”

When Paul and Marcella and I visited the weekly agroecological fair in Pelileo, on Thursday, 10 February, we were delighted to see a living market, supported by a whole social structure. The space itself is the size of a large basketball court, with a cement floor and a high, awning roof, no walls, but with a stage on one end and step-like seats on the other. Seventy-seven farmer-sellers, almost all women (with two or three supportive husbands), set out their fresh produce on tables in neat rows. Each table was covered with an orange tablecloth. The sellers wore green smocks and orange caps, which helped the organized women (with some help from a couple of municipal cops) to keep out free riders trying to sell conventional food in the market.

The food is of great diversity: potatoes and other Andean roots and tubers, leafy vegetables, pulses like peas and broad beans, giant squash, butchered ducks, rabbits, chickens and guinea pigs. It’s all fresh off the farm and of the highest quality, attracting a steady stream of middle-class consumers who appreciate the value of local feed, free of toxic chemicals.

“Well, it is for our health, right? We always have to be natural. Because you know that now there are so many illnesses because of the chemicals that they put in the fruits and the vegetables. So, for us, for me, and for everyone it is very good that the food is natural, to avoid illnesses,” says Maricela Herrera, one of the consumers.

There are some touches of local personality, like the ten-man brass band, from the municipal government. They don’t play every week, but they come about once a month to attract customers with their beat. There is some free food tasting (potatoes with a slice of egg, peanut sauce and a bit of boiled pork skin).

Mayor Maroto makes an appearance, offering encouraging words over the loudspeaker. The band starts again and people begin to dance, eventually dragging Paul and I onto the dance floor as well.

Through all of this, the staff from SWISSAID, including Fernando and Oscar, keep a low profile. They stand on the sidelines, but they are observant, and I would have missed one of the most important parts of the fair, if they had not pointed it out to me. The farmers who sell at the fair have elected a president, vice-president, secretary and treasurer, Martha Cunalata who quietly goes from one table to the next, collecting one dollar from each member, to meet the association’s expenses.

Self-financed, organized and supported by paying customers and the local government, this market could survive even without an NGO to nurture it. This is what a healthy, local food system looks like. Hopefully it will grow and plant seeds in other cities. As Paul told mayor Maroto of Pelileo, “you are an inspiration to other cities of the world.”

Watch the video

Creating agroecological markets

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Acknowledgement

Thanks to Oscar Quillupangui and Paul Van Mele for their helpful comments on a previous version of this blog.

ESTRATEGIA DE SALIDA 2.0

Jeff Bentley, 2 de octubre del 2022

Ya he escrito antes que un programa de apoyo a una red de productores y consumidores de alimentos locales necesita una estrategia de salida (Una estrategia de salida). He visto varios proyectos que hacen un buen trabajo de orientación a los pequeños productores para que produzcan alimentos sin productos químicos, los envasen de forma atractiva y los distribuyan a los consumidores exigentes de la ciudad. Esto suele tener subvenciones ocultas: el personal técnico con formación universitaria que se encarga ayudar con la venta de los alimentos, de su promoción y de su transporte en vehículos, también pagados con el presupuesto del proyecto. Es una forma de demostrar que hay demanda de alimentos agroecológicos, pero no un modelo de negocio.

En la provincia ecuatoriana de Tungurahua, el pasado mes de febrero, vi lo que hace falta para que agricultores y consumidores se unan de forma sólida y autosostenible.

En el municipio de Pelileo, una ciudad de unos 50.000 habitantes, la ONG SWISSAID empezó hace 13 años a enseñar agroecología a 600 agricultores y dueños de huertos, según el actual director nacional, Oscar Quillupangui. El segundo año, SWISSAID organizó a los agricultores para que vendieran sus productos en una feria en la ciudad. Esto sólo fue posible gracias al alcalde de la época, que comprendió la importancia de un mercado para los productos locales y ecológicos. Como me dijo Fernando Jácome, de SWISSAID, “no se puede hacer un mercado sin el apoyo del gobierno local. Si montas una feria de alimentos en un espacio público, el alcalde puede pedir a la policía que te boten. De hecho, las ferias agrícolas de otras ciudades ecuatorianas no prosperaron por esta falta de apoyo municipal”.

El actual alcalde, Ing. Leonardo Maroto, tiene una visión de los sistemas alimentarios saludables: “el campo da vida a la ciudad”.

Cuando Paul, Marcella y yo visitamos la feria agroecológica semanal de Pelileo, el jueves 10 de febrero, nos encantó ver un mercado vivo, apoyado por toda una estructura social. El espacio en sí tiene el tamaño de una gran cancha de baloncesto, con un piso de cemento y un techo alto de calamina, sin paredes, pero con un escenario en un extremo y asientos escalonados en el otro. Setenta y siete vendedores de productos agrícolas, casi todas mujeres (con dos o tres maridos colaboradores), colocaban sus productos frescos en mesas en hileras ordenadas. Cada mesa estaba cubierta con un mantel naranja. Las vendedoras usaban batas verdes y gorras naranjas, lo que ayudó a las mujeres organizadas (con algo de ayuda de un par de policías municipales) a mantener alejados a los que intentaban vender alimentos convencionales en el mercado.

La comida es muy variada: papas y otras raíces y tubérculos andinos, verduras de hoja, legumbres como frijoles y habas, calabazas gigantes, patos, conejos, pollos y cuyes. Todo está recién salido de la granja y es de la primera calidad, lo que atrae a un flujo constante de consumidores de clase media que aprecian el valor de los alimentos locales, libres de productos químicos tóxicos.

“Bueno, es que, por la salud ¿no? Siempre tenemos que estar a lo natural. Sabe que ahora hay tantas enfermedades por los químicos que ponen a las frutas, a las legumbres. Entonces, para nosotros, para mí, y para todos, es muy bueno que sea natural. Porque nos evitamos de muchas enfermedades”, dice Maricela Herrera, una de las consumidoras.

Hay algunos toques de personalidad local, como la banda de música de diez hombres, del gobierno municipal. No tocan todas las semanas, pero vienen una vez al mes para atraer a los clientes con su ritmo. Hay una degustación gratuita de comida (papas con una rodaja de huevo, salsa de maní y un poco de piel de cerdo hervida).

El alcalde Maroto hace su aparición, ofreciendo palabras de aliento por la megafonía. La banda vuelve a sonar y la gente empieza a bailar, arrastrándonos a Paul y a mí a la pista de baile.

Durante todo esto, el personal de SWISSAID, incluidos Fernando y Óscar, mantienen un perfil bajo. Se mantienen al margen, pero son observadores, y me habría perdido una de las partes más importantes de la feria si no me la hubieran señalado. Los agricultores que venden en la feria han elegido un presidente, un vicepresidente, un secretario y un tesorero, Martha Cunalata, que va tranquilamente de una mesa a otra, recogiendo un dólar de cada miembro, para hacer frente a los gastos de la asociación.

Autofinanciado, organizado y apoyado por los clientes que pagan y por el gobierno local, este mercado podría sobrevivir incluso sin una ONG que lo alimente. Este es el aspecto de un sistema alimentario local saludable. Esperemos que crezca y siembre semillas en otras ciudades. Como dijo Paul al alcalde Maroto de Pelileo, “ustedes son una inspiración para otras ciudades del mundo”.

Vea el video

Creando ferias agroecológicas

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Previamente en el blog de Agro-Insight

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Agradecimientos

Gracias a Oscar Quillupangui y Paul Van Mele por sus valiosos comentarios sobre una versión previa de este blog.

 

 

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