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Concrete negotiations January 1st, 2023 by

Vea la versión en español a continuación

When smallholders receive aid, they often find ways to negotiate, sometimes with actions rather than with words.

During the Covid lockdown, when webinars bloomed, Bolivian agronomist Germán Vargas attended one on irrigation, and made some new contacts with an organization in Europe that wanted to support small-scale irrigation, using a solar pump. Two Dutch engineers, a physicist and an agronomist, volunteered their time, and helped Germán find funding.

Finding a community to accept a solar-powered irrigation system proved to be a little trickier. Germán’s colleague, agronomist Basilio Caspa, approached a community he worked with in the high Andes of Cochabamba. They wanted the solar pump, but they didn’t have a source of water, so they visited a neighboring village that had a large canal. Basilio knew both communities well, so he organized a meeting. It ended when one community offered to smash the photovoltaic cells if their neighbors tried to take any water from the canal.

Germán and Basilio had better luck negotiating with another community, Miro. A well could be dug near the river bed, which would provide water for the whole community.

For most of the year, in this part of the Andes, the river bed is almost dry, except for a thin ribbon of water. When it rains, the river runs high, filling the whole bed, carrying a load of silt. Local people have learned to capture some of this precious soil. During the dry season they build stone-and-concrete walls in the river bed, near the bank. About two meters high, the walls form a long graceful arc. When the river floods, water flows behind the wall; the current slows down and drops its load, forming a rich layer of soil. The system is called “lameo” and Miro has one, six hectares of good soil where potatoes, vegetables and apples grow, and every household has a small plot of 2,000 square meters (half an acre).

With the Dutch money, Basilio and Germán had a well dug near the lameo, by the river. A shop in Cochabamba installed an underwater (submergible) pump inside the well, powered by an array of solar panels. The water is pumped uphill to a new reservoir.

Germán took me to Miro recently, along with Toño, a young journalist. The reservoir was freshly completed, and even though it was a cloudy day, the solar-powered pump was filling the reservoir with crystal-clear water. About a dozen local farmers were working expertly, without supervision, chatting and joking as they laid PVC pipe from the reservoir down the steep slope to the lameo. The drop in altitude would give the water enough pressure to run irrigation sprinklers.

Now, a word about the irrigation reservoir. It’s a special design, cylindrical. Square tanks often leak at the corners. Round tanks distribute the water pressure more evenly, and are less likely to leak. Germán learned to make round tanks early in his career, from a campesino, and he has been perfecting the design ever since. He teaches local people to use adobe blocks to make a large, round mold, which they fill with concrete. Later they remove the adobe mold, and stucco the concrete walls.

Local people, working in groups of about 18, had spent two days gathering the sand and stone to make the tank. They built it in another four days. During our visit they were unwinding large rolls of PVC and rapidly connecting the last bit of the system.

It’s crucial for a local community to provide the labor, and the local materials, like sand, adobe and stone. Their investment means that the locals will keep the system running. One of the men, don Jorge, told us that they had also received training in how to maintain the system, which will be managed by the community’s water committee.

How big is the reservoir? asked Toño, the journalist.

With a gleam in his eye, don Jorge explained that it was supposed to be 70,000 liters, but the day they were finishing the reservoir, the people of Miro decided to make the tank walls another 50 centimeters taller, so they did. Reasoning that more is better, the villagers simply changed the reservoir design on their own, without waiting for their agronomists’ approval. So now it’s an 86,000 liter tank.

I thought that Germán might be upset, but he took it philosophically. “They had enough material left over to do it,” he said.

So different points of view are resolved sometimes by verbal negotiations, and sometimes simply by concrete actions without waiting for approval from the aid agency. Even when smallholders receive aid, they manage to adapt it to their own agenda. And the best aid workers understand, and help the farmers to make the changes.

Acknowledgements

Germán Vargas and Basilio Caspa work for the NGO Asociación Agroecología y Fe, based in Cochabamba, Bolivia.

NEGOCIACIONES CONCRETAS

Jeff Bentley 1 de enero del 2023

Cuando los pequeños agricultores reciben ayuda, suelen encontrar formas de negociar, a veces no con palabras sino con hechos.

Durante el bloqueo de Covid, cuando florecieron los seminarios en web, el ingeniero agrónomo boliviano Germán Vargas asistió a uno sobre el riego, e hizo nuevos contactos con una organización en Europa que quería apoyar el riego a pequeña escala, usando una bomba solar. Dos ingenieros holandeses, un físico y un agrónomo, se ofrecieron a ayudar a Germán a encontrar financiamiento.

Encontrar una comunidad que aceptara un sistema de riego solar resultó un poco más complicado. El agrónomo Basilio Caspa, colega de Germán, se puso en contacto con una comunidad con la que trabajaba en las alturas andinas de Cochabamba. Querían la bomba solar, pero no tenían una fuente de agua, así que visitaron una comunidad vecina que tenía un canal grande. Basilio conocía bien ambas comunidades, así que organizó una reunión. Terminó cuando una de las comunidades se ofreció a romper las células fotovoltaicas si sus vecinos intentaban tomar agua del canal.

Germán y Basilio tuvieron mejor suerte con otra comunidad, Miro. Pudieron cavar un pozo cerca del lecho del río, que proporcionaría agua a toda la comunidad.

La mayor parte del año, en esta parte de los Andes, el lecho del río está casi seco, salvo por un pequeño chorro de agua. Cuando llueve, el río crece y llena todo el lecho, arrastrando una carga de lama. La población local ha aprendido a capturar parte de este precioso suelo. Durante la estación seca construyen muros de piedra y hormigón en el lecho del río, cerca de la orilla. Los muros, de unos dos metros de alto, forman un arco alargado y elegante. Cuando el río se llena, el agua fluye por detrás del muro; la corriente disminuye su velocidad y deja caer su carga, formando una rica capa de suelo. El sistema se llama “lameo” y Miro tiene una, seis hectáreas de buena tierra donde crecen patatas, verduras y manzanas, y cada hogar tiene una pequeña parcela de 2.000 metros cuadrados

Con el dinero holandés, Basilio y Germán hicieron cavar un pozo cerca del lameo, junto al río. Una tienda de Cochabamba instaló una bomba sumergible dentro del pozo, accionada por un juego de paneles solares. El agua se bombea cuesta arriba hasta un nuevo reservorio, o tanque.

Germán me llevó hace poco a Miro, junto con Toño, un joven periodista. El embalse estaba recién terminado y, aunque el día estaba nublado, la bomba solar lo llenaba de agua cristalina. Una docena de lugareños trabajaban expertamente, sin supervisión, charlando y bromeando mientras tendían tuberías de PVC desde el reservorio por la empinada ladera hasta el lameo. El descenso de altitud daría al agua presión suficiente para que funcionaran los aspersores de riego.

Ahora, unas palabras sobre el reservorio. Es un diseño especial, cilíndrico. Los tanques cuadrados suelen gotear agua en las esquinas. Los tanques redondos distribuyen la presión del agua más uniformemente, y es menos probable que tengan fugas. Germán aprendió a hacer depósitos redondos al principio de su carrera, de un campesino, y desde entonces ha perfeccionado el diseño. Enseña a los lugareños a usar bloques de adobe para hacer un molde grande y redondo, que rellenan con hormigón. Después quitan el molde de adobe y estucan las paredes de hormigón.

Los lugareños, trabajando en grupos de unos 18, habían pasado dos días juntando la arena y la piedra para hacer el tanque. Lo construyeron en otros cuatro días. Durante nuestra visita estaban desenrollando grandes rollos de PVC y conectando el reservorio con los aspersores de riego, el toque final del sistema de riego.

Es imprescindible que la comunidad local proporcione la mano de obra y los materiales locales, como arena, adobes y piedra. Su inversión significa que los comuneros mantendrán el sistema en buen estado. Uno de los hombres, don Jorge, nos dijo que también habían recibido formación sobre cómo mantener el sistema, que será gestionado por el comité de agua de la comunidad.

¿Qué tamaño es el reservorio? preguntó Toño, el periodista.

Con un brillo en los ojos, don Jorge nos explicó que tenía que ser de 70.000 litros, pero el día que estaban terminando el reservorio, los de Miro decidieron agregar 50 centímetros más a la altura de las paredes del tanque, y así lo hicieron. Razonando que más es mejor, los aldeanos simplemente cambiaron el diseño del reservorio por su cuenta, sin esperar la aprobación de sus ingenieros agrónomos. Así que ahora es un depósito de 86.000 litros.

Pensé que Germán se enfadaría, pero se lo tomó con filosofía. “Les sobraba material para hacerlo”, dijo.

Así que los diferentes puntos de vista se resuelven a veces mediante negociaciones verbales, y a veces simplemente con acciones concretas sin esperar la aprobación de la agencia de ayuda. Incluso cuando los pequeños agricultores reciben ayuda, se las arreglan para adaptarla a su propia agenda. Y los mejores técnicos les entienden, y facilitan los cambios que los campesinos hacen.

Agradecimiento

Los ingenieros Germán Vargas and Basilio Caspa trabajan para la ONG Asociación Agroecología y Fe, con sede en Cochabamba, Bolivia.

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