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A positive validation December 19th, 2021 by

Vea la versión en español a continuación

To “validate” extension material means to show an advanced draft of one’s work to people from one’s target audience, to gauge their reaction. The validations work like magic to fine-tune vocabulary and often to improve the content of the message.

In our script-writers’ workshop at Agro-Insight, we validate our fact sheets, taking them to the field and asking farmers to read them. It is a great way to learn to write for our audience. But on 23 November, in Pujilí, in the Ecuadorian Andes, we saw that validation can also highlight the value of a whole topic.

My colleagues Diego Mina and Mayra Coro work in the mountains above the small city of Pujilí. So they kindly took eight of us from the course to a community where they work. Fact sheets in hand, we all spread out, ready to get constructive criticism from farmers.

One of the fact sheets explained that wasps, many flies and other insects need flowering plants to survive. Crops and even weeds that blossom with flowers can attract the right insects to kill pests. I loved the topic at first sight and I encouraged Diego and Mayra to write a fact sheet about it.

So with great optimism we approached a young couple working on a stalled motorcycle. The couple took the fact sheet and read it. Then we asked them to comment.

“It’s fine. It would be good to have a project here on medicinal plants,” the young man said.

That was off topic. The fact sheet wasn’t about a medicinal plant project, so Mayra gently asked them to say more. The young man grew quiet and the young woman wouldn’t say a word. Then they got on their motorcycle and rode off.

Diego thought we might get a more considered response from someone he knew, so he took us to meet one of his collaborating farmers, doña Alicia.

We found doña Alicia hanging up the wet laundry at home. She was reluctant to even hold the fact sheet. “My husband knows about these things”, she said. “Not me”. It was sad to hear her say that, before she even knew what the topic was.

Doña Alicia added that she did not know how to read, so Mayra read her the fact sheet. But when she finished, doña Alicia didn’t have much to say.

Fortunately, some of our other colleagues were writing a fact sheet on helping women to assume leadership roles in local organizations.  Diego Mina said “I think that doña Alicia would be interested in that fact sheet.”

As if on cue, our colleagues Diego Montalvo and Guadalupe Padilla walked around the bend in the road, with their fact sheet on women leaders. Diego Mina introduced them to doña Alicia.

I wasn’t sure that doña Alicia would be any more interested in women and organizations than she was in insects and flowers. But within minutes she was having an animated conversation with Diego and Guadalupe. Doña Alicia even shared a personal experience: the men tend to assume the community’s formal leadership positions, but once, when most of the men were working away from home, they asked doña Alicia and some of the other village women to take leading roles in some local organizations. When the men came back, they started to make all the decisions, and the women became leaders in name only.

In this community, the women had received no training in leadership. There were no women’s groups, which may have contributed to their shyness. As we will see in next week’s blog, organized women may have more self-confidence.

Diego and Guadalupe told me that on that day they got good, relevant comments from five different women, on their fact sheet about female leaders.

I have written before that some topics, like insect ecology, are difficult for local people to observe. Folks may not realize that many insects are beneficial. It may take a lot of work to spark people’s interest in topics like insect ecology. But the effort is worthwhile, because people who do not know about good insects are often too eager to buy insecticides.

Further reading

Bentley, Jeffery W. & Gonzalo Rodríguez 2001 “Honduran Folk Entomology.” Current Anthropology 42(2):285-301.

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Acknowledgements

Mayra Coro and Diego Mina work for the Institut de Recherche pour le Développement (IRD). Guadalupe Padilla and Diego Montalvo work for EkoRural. Thanks to all, and to Paul Van Mele, for reading and commenting on a previous draft of this story. Our work was supported by the Collaborative Crop Research Program (CCRP) of the McKnight Foundation.

Photo credits

First photo by Jeff Bentley. Second photo by Diego Mina

UNA VALIDACIÓN POSITIVA

Por Jeff Bentley,

“Validar” el material de extensión significa mostrar un borrador avanzado del trabajo a personas del público meta, para ver su reacción. Las validaciones son la clave para afinar el vocabulario y, a menudo, para mejorar el contenido del mensaje.

En nuestro taller de guionistas de Agro-Insight, validamos nuestras hojas volantes, llevándolas al campo y pidiendo a los agricultores que las lean. Es una buena manera de aprender a escribir para nuestro público. Pero el 23 de noviembre, en Pujilí, en los Andes ecuatorianos, vimos que la validación también puede resaltar el valor de todo un tema.

Mis colegas Diego Mina y Mayra Coro trabajan en la sierra arriba de la pequeña ciudad de Pujilí. Así que gentilmente nos llevaron a ocho personas del taller a una comunidad donde trabajan. Hojas volantes en mano, nos separamos en grupitos para recibir críticas constructivas de los agricultores.

Una de las hojas volantes explicaba que las avispas, muchas moscas y otros insectos necesitan de las plantas en flor para sobrevivir. Los cultivos e incluso las malezas que florecen pueden atraer a los insectos que matan a las plagas. El tema me encantó a primera vista y animé a Diego y a Mayra a que escribieran una hoja volante sobre el tema.

Así que, con gran optimismo, nos acercamos a una joven pareja que arreglaba su moto en el camino. Tomaron la hoja volante y la leyeron. Luego les pedimos que comentaran.

“Está bien. Sería bueno tener un proyecto aquí sobre las plantas medicinales”, dijo el joven.

Eso estaba fuera de tema. La hoja volante no trataba sobre un proyecto de plantas medicinales, así que Mayra les pidió amablemente que dijeran algo más. El joven se quedó callado y la joven no quiso decir nada. Luego se subieron a la moto y se fueron.

Diego pensó que podríamos obtener una respuesta más considerada de alguien que conocía, así que nos presentó a una de sus agricultoras colaboradoras, doña Alicia, que vivía cerca.

Encontramos a doña Alicia tendiendo la ropa mojada en su casa. Era reacia incluso a agarrar la hoja volante. “Mi marido sabe de estas cosas”, dijo. “Yo no”. Fue triste oírla decir eso, antes incluso de saber qué era el tema.

Doña Alicia añadió que no sabía leer, entonces Mayra le leyó la hoja volante. Pero cuando terminó, doña Alicia no tenía mucho que decir.

Afortunadamente, algunos de nuestros otros colegas estaban escribiendo una hoja volante sobre cómo ayudar a las mujeres a asumir funciones de liderazgo en las organizaciones locales.  Diego Mina dijo: “Creo que a doña Alicia le interesaría esa hoja volante”.

Como si fuera una señal, nuestros colegas Diego Montalvo y Guadalupe Padilla aparecieron en la curva del camino con su hoja volante sobre lideresas. Diego Mina les presentó a doña Alicia.

Yo dudaba de que doña Alicia estuviera más interesada en las lideresas y las organizaciones que en los insectos y las flores. Pero en pocos minutos estaba metida en una animada conversación con Diego y Guadalupe. Doña Alicia incluso compartió una experiencia personal: los hombres tienden a asumir los puestos de liderazgo formal de la comunidad, pero una vez, cuando la mayoría de los hombres estaban trabajando fuera de casa, pidieron a doña Alicia y a algunas de las otras mujeres de la comunidad que asumieran papeles de liderazgo en algunas organizaciones locales. Cuando los hombres volvieron, empezaron a tomar todas las decisiones, y las mujeres se convirtieron en líderes sólo de nombre.

En esta comunidad, las mujeres no habían recibido ninguna formación sobre el liderazgo. No había grupos de mujeres, lo que puede haber contribuido a su timidez. Como veremos en el blog de la próxima semana, las mujeres organizadas pueden tener más confianza en sí mismas.

Diego y Guadalupe me contaron que ese día obtuvieron buenos y relevantes comentarios de cinco mujeres diferentes, sobre su hoja informativa acerca de las mujeres líderes.

Ya he escrito antes que algunos temas, como la ecología de los insectos, son difíciles de observar para los campesinos. La gente raras veces se da cuenta de que muchos insectos son buenos. Puede costar mucho trabajo despertar el interés de la gente por temas como la ecología de los insectos. Pero el esfuerzo merece la pena, porque la gente que no conoce los insectos buenos suele estar demasiado dispuesta a comprar insecticidas.

Lectura adicional

Bentley, Jeffery W. & Gonzalo Rodríguez 2001 “Honduran Folk Entomology.” Current Anthropology 42(2):285-301.

Bentley, Jeffery W. & Peter Baker 2006 “Comprendiendo y Obteniendo lo Máximo del Conocimiento Local de los Agricultores,” pp. 67-75. In Julian Gonsalves, Thomas Becker, Ann Braun, Dindo Campilan, Hidelisa de Chavez, Elizabth Fajber, Monica Kapiriri, Joy Rivaca-Caminade & Ronnie Vernooy (eds.) Investigación y Desarrollo Participativo para la Agricultura y el Manejo Sostenible de Recursos Naturales: Libro de Consulta. Tomo 1. Comprendiendo Investigación y Desarrollo Participativo. Manila: CIP-Upward/IDRC.

Previamente en el blog de Agro-Insight

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Las mujeres en la extensión

Agradecimientos

Mayra Coro y Diego Mina trabajan para el Institut de Recherche pour le Développement (IRD). Guadalupe Padilla y Diego Montalvo trabajan para EkoRural. Gracias a ellos y a Paul Van Mele por leer y hacer comentarios sobre una versión previa de este relato. Nuestro trabajo ha sido auspiciado por el Programa Colaborativo de Investigación sobre Cultivos (CCRP) de la Fundación McKnight.

Créditos de las fotos

Primera foto por Jeff Bentley. Segunda foto por Diego Mina

Capturing carbon in our soils December 12th, 2021 by

Nederlandse versie hieronder

Participants at the recent climate summit in Glasgow (COP26) spent considerable energy discussing about ways to further reduce carbon emissions and improve regulation of carbon markets. For the first time in history, fossil fuels have been officially recognised as the main cause of heating our planet. While investments in renewable energy have been long overdue, agriculture continues to be a net polluter and contributor to greenhouse gas (GHG) emissions. Yet, with some relatively modest investment agriculture could even become a net absorber of GHGs.

Few people realise that more carbon can be captured by soils than what is stored in the wood of trees. So, paying attention to what we do with our soils is as important as protecting our forests.

A high level of organic matter is the main indicator of soil health, determining the level of resilience of farms to cope with the effects of disruption in the climate. Carbon-rich soils are essential to secure future food production, because carbon feeds soil microorganisms and helps soils to retain water and nutrients, which are all essential for growing plants.

Adding compost to soils is one common way of enriching the soil with carbon. When plants die and decompose, the living organisms of the soil, such as bacteria, fungi or earthworms, transform the plants into forms of organic matter that the earth can absorb. But also living plants transfer lots of carbon from the air to the soil in a remarkable way. In the daytime, plants absorb carbon dioxide (CO2) from the air through the pores of their leaves. During photosynthesis, plants use water and sunlight to turn the carbon into leaves, stems, seeds and roots. However, as one third of the CO2 captured is released as sugars by plant roots to the soil, one may wonder why the plants are “leaking”.

Plants, like all living creatures, cannot live in isolation; they need others to survive. The liquid sugars released by plant roots are part of a symbiotic relationship between mycorrhizal fungi and 90% of all plants, an arrangement that has developed over the past 420 million years. In fact, plants cannot survive without these soil fungi and vice versa.

Mycorrhizal fungi cannot live without a host plant and, in exchange for the plant’s sugar, the fungi will absorb and transport nutrients and water back to its host.  For every cubic meter of soil, these fungi will send out as much as 20,000 km of fungal threads, also called hyphae, so that they infiltrate every area of soil.  Fungi can access nutrients and water unavailable to the larger plant roots.

Fungi can also use their acids to release nutrients from soils and even rocks — transforming rock minerals into formats that the plant can use. The complexity of interactions between plants and soil organisms goes even further. Certain nutrients can only be extracted from soils by bacteria and fungi will exchange sugar for the nutrients requested by the plant in a complex symbiotic exchange.

Studies have shown that soils under mature, perennial crops contain more available nutrients than soils treated with agricultural chemicals, which kill soil microbes, resulting in the net loss of soil carbon. Policies that promote agroecology, regenerative farming and organic agriculture are therefore directly contributing to soil carbon sequestration and hence help to fight against climate change. But more can be done.

It has long been thought that most of the soil carbon was contained in the top 30 centimetres of the soil in the form of the organic matter in humus. In 1996, Dr. Sara Wright discovered in the USA that soils contain large amounts of carbon up to more than a meter deep. Carbon is stored in the form of glomalin, a highly persistent protein produced by mycorrhizal fungi. As the mycorrhizal fungi go deeper into the soil to mine nutrients and water for the plant, they deposit more and more carbon in the form of glomalin. The more mature this relationship is between plant and microbe the more volume of soil is accessed on behalf of the plant and the better the crop will produce and be able to cope with harsh weather conditions.

Ploughing destroys soil organic matter by oxidation and releases much of the carbon stored in the top soil as CO2, which finds its way to the atmosphere. Ploughing also depletes the micro-organisms in the soil. Reduced tillage and ensuring more permanent soil coverage by plants is therefore crucial to build up a healthy soil life and keep carbon stored in the soil.

Permanent pasture soils with healthy microbial life have been increasing the amount of carbon that they sequester beneath the grasses each year. Practices such as agroforestry and establishing field hedges are other low-cost strategies that can help turn the tide of our warming planet.

In fact, an annual increase of soil organic carbon by 0.4% would neutralise the human-caused emissions of CO2 into the atmosphere. This scientific insight was at the basis of the “4 per 1000” initiative to which many governments, research institutes, civil society and companies already subscribed during the climate summit in Paris in 2015. While the European Green Deal has set a target to be climate-neutral by 2050, the increasing natural calamities we witness year after year shows us that we have no more time to lose.

Illustration credit

Mycorrhiza by Nefronus, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=80931388

Read more

The Liquid Carbon Pathway (LCP): http://www.carbon-drawdown.com/liquid-carbon-pathway.html

The 4 per 1000 Initiative: https://www.4p1000.org/

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Inspiring knowledge platforms

Access Agriculture: https://www.accessagriculture.org is a specialised video platform with freely downloadable farmer training videos on ecological farming with a focus on the Global South.

EcoAgtube: https://www.ecoagtube.org is the alternative to Youtube where anyone from across the globe can upload their own videos related to ecological farming and circular economy.

 

Koolstof vastleggen in onze bodem

Deelnemers aan de recente klimaattop in Glasgow (COP26) besteedden veel energie aan het bespreken van manieren om de koolstofemissies verder te verminderen en de regulering van koolstofmarkten te verbeteren. Voor het eerst in de geschiedenis zijn fossiele brandstoffen officieel erkend als de belangrijkste oorzaak van de opwarming van onze planeet. Hoewel investeringen in hernieuwbare energie al lang op zich lieten wachten, blijft de landbouw een netto vervuiler en bijdrager aan de uitstoot van broeikasgassen (BKG). Maar met relatief bescheiden investeringen zou de landbouw zelfs een netto absorbeerder van broeikasgassen kunnen worden.

Weinig mensen realiseren zich dat er meer koolstof door de bodem kan worden vastgelegd dan er in het hout van bomen wordt opgeslagen. Aandacht besteden aan wat we met onze bodem doen, is dus net zo belangrijk als het beschermen van onze bossen.

Een hoog gehalte aan organische stof is de belangrijkste indicator voor de gezondheid van de bodem en bepaalt de mate van veerkracht van bedrijven om de effecten van verstoringen in het klimaat het hoofd te bieden. Koolstofrijke bodems zijn essentieel om de toekomstige voedselproductie veilig te stellen, omdat koolstof de bodemmicro-organismen voedt en de bodem helpt om water en voedingsstoffen vast te houden, die allemaal essentieel zijn voor het kweken van planten.

Het toevoegen van compost aan de bodem is een veelgebruikte manier om de bodem met koolstof te verrijken. Wanneer planten afsterven en uiteenvallen, transformeren de levende organismen van de bodem, zoals bacteriën, schimmels en regenwormen, ze in vormen van organisch materiaal dat de aarde kan opnemen. Maar ook levende planten brengen op opmerkelijke wijze veel koolstof uit de lucht naar de bodem. Overdag nemen planten koolstofdioxide (CO2) op uit de lucht via de poriën van hun bladeren. Tijdens de fotosynthese gebruiken planten water en zonlicht om de koolstof om te zetten in bladeren, stengels en wortels. Echter, aangezien een derde van de opgevangen CO2 als suikers door plantenwortels aan de bodem wordt afgegeven, kan men zich afvragen waarom de planten “lekken”.

Planten, zoals alle levende wezens, kunnen niet geïsoleerd leven; ze hebben anderen nodig om te overleven. De vloeibare suikers die door plantenwortels vrijkomen, maken deel uit van een symbiotische relatie tussen mycorrhiza-schimmels en 90% van alle planten, een arrangement dat zich in de afgelopen 420 miljoen jaar heeft ontwikkeld. Sterker nog, planten kunnen niet zonder deze bodemschimmels en vice versa.

Mycorrhiza-schimmels kunnen niet leven zonder een waardplant en in ruil voor de suiker van de plant zullen de schimmels voedingsstoffen en water opnemen en terugvoeren naar de gastheer. Voor elke kubieke meter grond sturen deze schimmels maar liefst 20.000 km schimmeldraden, ook wel hyfen genoemd, uit, zodat ze in elk gebied van de bodem infiltreren. Schimmels hebben toegang tot voedingsstoffen en water die niet beschikbaar zijn voor de grotere plantenwortels.

Schimmels kunnen hun zuren ook gebruiken om voedingsstoffen uit de bodem en zelfs uit rotsen vrij te maken, waardoor gesteentemineralen worden omgezet in nutrienten die de plant kan gebruiken. De complexiteit van interacties tussen planten en bodemorganismen gaat nog verder. Bepaalde voedingsstoffen kunnen alleen door bacteriën uit de bodem worden gehaald en schimmels wisselen suiker uit voor de voedingsstoffen die de plant nodig heeft in een complexe symbiotische uitwisseling.

Studies hebben aangetoond dat bodems onder volgroeide, meerjarige gewassen meer beschikbare voedingsstoffen bevatten dan bodems die zijn behandeld met landbouwchemicaliën, die bodemmicroben doden, wat resulteert in het netto verlies van bodemkoolstof. Beleid dat agro-ecologie, regeneratieve landbouw en biologische landbouw bevordert, draagt ​​daarom rechtstreeks bij aan de vastlegging van koolstof in de bodem en helpt zo de klimaatverandering tegen te gaan. Maar er kan meer gedaan worden.

Lange tijd werd gedacht dat de meeste bodemkoolstof zich in de bovenste 30 centimeter van de bodem bevond in de vorm van de organische stof in humus. In 1996 ontdekte Dr. Sara Wright in de VS dat bodems grote hoeveelheden koolstof bevatten tot meer dan een meter diep. Koolstof wordt opgeslagen in de vorm van glomaline, een zeer persistent eiwit dat wordt geproduceerd door mycorrhiza-schimmels. Naarmate de mycorrhiza-schimmels dieper de grond in gaan om voedingsstoffen en water voor de plant te ontginnen, zetten ze steeds meer koolstof af in de vorm van glomaline. Hoe volwassener deze relatie tussen plant en microbe is, hoe meer grond er voor de plant wordt aangesproken en hoe beter het gewas zal produceren en bestand is tegen barre weersomstandigheden.

Ploegen vernietigt organisch bodemmateriaal door oxidatie en geeft veel van de koolstof die in de bovenste bodem is opgeslagen vrij als CO2, dat zijn weg naar de atmosfeer vindt. Ploegen put ook de micro-organismen in de bodem uit. Minder grondbewerking en zorgen voor een meer permanente bodembedekking door planten is daarom cruciaal om een ​​gezond bodemleven op te bouwen en koolstof in de bodem vast te houden.

Bodems van blijvend grasland met gezond microbieel leven verhogen de hoeveelheid koolstof die ze elk jaar onder de grassen vastleggen. Praktijken zoals agroforestry en het aanleggen van heggen en houtkanten zijn andere goedkope strategieën die kunnen helpen het tij van onze opwarmende planeet te keren.

In feite zou een jaarlijkse toename van de organische koolstof in de bodem met 0,4% de door de mens veroorzaakte uitstoot van CO2 in de atmosfeer kunnen neutraliseren. Dit wetenschappelijke inzicht lag aan de basis van het “4 per 1000”-initiatief waar veel overheden, onderzoeksinstituten, het maatschappelijk middenveld en bedrijven al op intekenden tijdens de klimaattop in Parijs in 2015. Terwijl de Europese Green Deal een doelstelling heeft klimaat-neutraal te zijn tegen 2050, laten de toenemende natuurrampen waar we jaar na jaar getuige van zijn, ons zien dat we geen tijd meer te verliezen hebben.

Community and microbes December 5th, 2021 by

Vea la versión en español a continuación

“In grad school they taught us budding plant pathologists that the objective of agriculture was to ’feed the plants and kill the bugs,” my old friend Steve Sherwood explained to me on a visit to his family farm near Quito, Ecuador. “But we should have been feeding the microbes in the soil, so they could take care of the plants,”

When Steve and his wife, Myriam Paredes, bought their five-hectare farm, Granja Urkuwayku, in 2000, it was a moonscape on the flanks of the highly eroded Ilaló Volcano. The trees had been burned for charcoal and the soil had been stripped down to the bedrock, a hardened volcanic ash locally called cangahua that looked and felt like concrete. A deep erosion gulley was gouging a wound through the middle of the farm. It was a fixer-upper, which was why Steve and Myriam could afford it.

Now, twenty years later, the land is covered in rich, black soil, with green vegetable beds surrounded by fruit trees and native vegetation.

The first step to this rebirth was to take a tractor to the cangahua, to break up the bedrock so that water and compost could penetrate it. This was the only time Steve plowed the farm.

To build the broken stone into soil, Steve and Myriam added manure, much of it coming from some 100 chickens and 300 guinea pigs – what they describe as the “sparkplugs of the farm’s biological motor.”

By 2015, Urkuwayku seemed to be doing well. The farm has attracted over 300 partners, families that regularly buy a produce basket from the farm, plus extras like bread, eggs, mushrooms, honey, and firewood, in total bringing in about $1,000 a week. Besides their four family members, the farm also employs four people from the neighborhood, bringing in enough money to pay for itself, so Steve and Myriam don’t have to subsidize the farm with their salaries, from teaching. The nasty gulley is now filled in with grass-covered soil, backed up behind erosion dams. Runoff water collects into a 500,000-liter pond, used to irrigate the crops during the dry season.

But in 2015 Myriam and Steve tested the soil and were surprised to see that it was slowly losing its fertility.

They think that the problem was too much tillage and not enough soil cover. Hoeing manure into the vegetable beds was breaking down the soil structure and drying out the beds, killing the beneficial fungi. As Steve explains, “the fungi are largely responsible for building soil particles through their mycelia and sweat, also known as glomalin, a carbon-rich glue that is important for mitigating climate change.” The glomalin help to remove carbon from the air, and store it in the soil.

Then Steve befriended the administrator of a local plywood factory. The mill had collected a mountain of bark that the owner couldn’t get rid of. Steve volunteered to take it off their hands. The two top advantages of peri-urban farming are greater access to customers, and some remarkable sources of organic matter.

So the plywood factory started sending Steve dump-truck loads of bark (mostly eucalyptus). To get the microbes to decompose the bark, Steve composts sawdust with some organic matter from the floor of a local native forest. The microbe-rich sawdust is then mixed with the bark and carefully spread in deep layers between the rows of vegetables, which were now tilled as little as possible. The vegetables are planted in trays, and then transplanted to the open beds.

No matter how much bark and sawdust Steve and his team lay down, the soil always absorbs it. The soil seems to eat the bark, just as in a forest. The soil microbes thrive on the bark to create living structures, like mycelia: fungal threads that reach all the way through the vegetable beds, in between the bark-filled paths. Steve and Myriam have learned that the microbes have a symbiotic relationship with plants; microbes help a plant’s roots find moisture and nutrients, and in turn, the plant gives about a third of all of its energy from photosynthesis back to the microbes.

Myriam and Steve have seen that as the soil becomes healthier, their crops have fewer problems from insect pests and diseases. In large part, this is because of the successful marriage between plants and the ever-growing population of soil microbes. Urkuwayku is greener every year. It produces enough to feed a family and employ four people, while regularly supplying 300 families with top-notch vegetables, fruits, and other produce. A community of consumers supports the farm with income, while a community of microorganisms builds the soil and feeds the plants.

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COMUNIDAD Y MICROBIOS

“En la escuela de posgrado nos enseñaron a los futuros fitopatólogos que el objetivo de la agricultura era ‘alimentar a las plantas y matar a los bichos’”, me explicó mi viejo amigo Steve Sherwood durante una visita a su granja familiar cerca de Quito, Ecuador. “Pero deberíamos haber alimentado a los microbios del suelo, para que ellos cuidaran a las plantas”.

Cuando Steve y su esposa, Myriam Paredes, compraron su finca de cinco hectáreas, Granja Urkuwayku, en el año 2000, era un paisaje lunar en las faldas del erosionado volcán Ilaló. Los árboles habían sido quemados para hacer carbón y del suelo no quedaba más que la roca madre, una dura ceniza volcánica llamada “cangahua” que parecía hormigón. Una profunda cárcava erosionaba un gran hueco en el centro de la granja. La propiedad necesitaba mucho trabajo, y por eso Steve y Myriam podían acceder a comprarla.

Ahora, veinte años después, el terreno está cubierto de una rica tierra negra, con camellones verdes rodeados de árboles frutales y nativos.

El primer paso de este renacimiento fue meter un tractor a la cangahua, para romper la roca para que el agua y el abono pudieran penetrarla. Esta fue la única vez que Steve aró la finca.

Para convertir la piedra rota en suelo, Steve y Myriam añadieron estiércol; mucho venía de unas 100 gallinas y 300 cuyes, lo que la pareja describe como las “bujías del motor biológico de la granja.”

En 2015, Urkuwayku parecía ir bien. La granja ha atraído a más de 300 socios, familias que compran regularmente una canasta de productos de la granja, además de extras como pan, huevos, champiñones, miel y leña, en total aportando unos 1.000 dólares a la semana. Además de los cuatro miembros de su familia, la granja también da trabajo a cuatro personas locales. Ya que los ingresos a la granja pagan sus gastos, Steve y Myriam no tienen que subvencionarla con los sueldos que ganan como docentes. Barreras de conservación han llenado el barranco con tierra, ahora cubierta de pasto. El agua de escorrentía se acumula en un estanque de 500.000 litros, usado para regar los cultivos durante la época seca.

Pero en 2015 Myriam y Steve analizaron el suelo y se sorprendieron al ver que lentamente perdía su fertilidad.

Creen que el problema era el exceso de labranza y la falta de cobertura del suelo. La introducción de estiércol en los camellones hortalizas estaba rompiendo la estructura del suelo y secando el suelo, matando los hongos beneficiosos. Como explica Steve, “los hongos se encargan en gran medida de construir las partículas del suelo a través de sus micelios y su sudor, también conocido como glomalina, un pegamento rico en carbono que es importante para mitigar el cambio climático”. La glomalina ayuda a eliminar el carbono del aire y a almacenarlo en el suelo.

Entonces Steve se hizo amigo del administrador de una fábrica local de madera contrachapada (plywood). La fábrica había acumulado un montonazo de corteza y el dueño no sabía cómo deshacerse de ello. Steve se ofreció a quitárselo de encima. Las dos grandes ventajas de la agricultura periurbana son un mayor acceso a los clientes y algunas fuentes fabulosas de materia orgánica.

Así que la fábrica de contrachapados empezó a enviar a Steve volquetadas de corteza (sobre todo de eucalipto). Para hacer que los microbios descompongan la corteza, primero Steve descompone aserrín con un poco de materia orgánica del suelo de un bosque nativo local. Luego, el aserrín rico en microbios se mezcla con la corteza y se esparce cuidadosamente en capas profundas entre los camellones de hortalizas, donde ahora se mueve el suelo lo menos posible. Las hortalizas se siembran en bandejas y luego se trasplantan al campo abierto.

No importa cuánta corteza y aserrín que Steve y su equipo pongan, la tierra siempre la absorbe. El suelo parece comerse la corteza, como en un bosque. Los microbios del suelo se alimentan de la corteza para crear estructuras vivas, como micelios: hilos de hongos que llegan hasta los camellones, entre los senderos llenos de corteza. Steve y Myriam han aprendido que los microbios tienen una relación simbiótica con las plantas; los microbios ayudan a las raíces de las plantas a encontrar humedad y nutrientes y, a su vez, la planta devuelve a los microbios la tercera parte de toda la energía que obtiene de la fotosíntesis.

Myriam y Steve han comprobado que a medida que el suelo se vuelve más sano, sus cultivos tienen menos problemas de plagas de insectos y enfermedades. En gran parte, esto se debe al exitoso matrimonio entre las plantas y la creciente población de microbios del suelo. Urkuwayku es más verde cada año. Produce lo suficiente para alimentar a una familia y emplear a cuatro personas, al tiempo que provee regularmente verduras, frutas y otros productos de primera calidad a 300 familias. Una comunidad de consumidores apoya a la granja con ingresos, mientras que una comunidad de microorganismos construye el suelo y alimenta a las plantas.

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Experimenting with intercrops November 28th, 2021 by

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For thousands of years, farmers have been mixing crops in their fields to meet the diverse needs of their families and to reduce the risk of crop failure. But to know which crops combine well with each other is not an easy matter, and often requires some experimentation to find out what works best for you, as I found out this year in our home garden.

Three years ago, when we moved into our renovated house in Peer, Belgium, we established a raised garden bed from partially rotted woody material and plant debris topped with compost and soil. As this so-called hügelkultur is a great way to keep the soil fertile and moist, we figured this was a good way for us to grow plants without the need for watering them, especially as we are often away from home for several weeks to produce training videos with farmers.

As with many people, Covid has kept us grounded for the past two years. Without international travels we decided we should spend more time growing our own food.

On our 10 meters long, 2 meters wide and 1.5-meter-high bed, my wife Marcella has been growing a diversity of herbs, spices, vegetables and sweet maize. While we tried to anticipate which plants would prefer to grow where exactly on the bed (on the lower end or on top, on the south or north-facing side, in partial shade of the nearby goat willow or in full sunlight), this was clearly something that needed us to try out and observe as we went along.

Last winter, I decided to establish three new raised beds, each aligned north-south and 1.5 meters apart. On one bed I would grow goose berries, blue honeysuckle and red currant; the middle bed would be for my red and yellow raspberries and on the bed closest to the little forest, I would grow a few varieties of blackberries. Unlike with annual plants which you can put in a different location each season, deciding on where to plant which shrub and which variety took some careful thinking. One needs to take into account the plant’s architecture, how vigorous it grows, how it copes with strong winds and what level of shade it tolerates.

Having planted all my shrubs, I felt we could do a little more. Leaving the soil bare while the shrubs were still young did not seem like a good idea. I still had some strawberry plants that I wanted to give a new location. The fast-growing raspberries would soon crowd out my strawberries. And strawberries do not  thrive well in shade, so I decided to plant them on the first bed.

A few months later, in the spring, Marcella thought that her tomato seedlings that she had raised in the warmth of the house were ready for transplanting. Again, we brainstormed around the kitchen table where best we could plant them. “Tomato plants have deep roots and tomatoes need a lot of sun, so let us plant them in between our strawberry plants,” I suggested. To keep the mature tomato plants from shading out the newly planted berry shrubs, we planted them on the north side of the shrubs.

Friends and family said it would not work: growing tomatoes outdoors is asking for trouble, as the tomatoes would rot before they ripen. This may have been true with our traditional wet summers, but given the changing climate I figured it could work. After all, we didn’t have a choice as we don’t have a greenhouse.

One day, I was discussing with Bram Moeskops who manages the Organic Farm Knowledge platform for IFOAM Organics Europe. While he was giving me a virtual guided tour on their excellent platform, it was a real coincidence that he showed me one particular factsheet:

“On this factsheet,” Bram explained, “we show a new technology that we are trying to promote, namely tomato-strawberry intercropping. As the strawberries provide a living mulch, it avoids splashing rainwater to get on the tomato plants”. This was a great new insight. This added benefit hadn’t occurred to me even though

I knew that spores of various soil fungi are typically spread by splashing rain and cause tomato diseases.

Our tomato plants thrived, and surprised every visitor. After three years of extremely warm and dry summers, this year turned out to be the opposite. And in the end, months of high humidity also affected our plants. It was of some comfort to hear that all gardeners had faced the same problem, even those with greenhouses.

As our climate is changing, we will need to continue to experiment with cropping patterns. And the more we learn the better. Experimenting with permanent crops can take years, so it will be all the more important to share the results widely. Innovative platforms such as the Organic Farm Knowledge platform and the Access Agriculture video platform offers great ideas and needed scientific insights to help us make better decisions.

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From Uniformity to Diversity

The rules and the players

Inspiring knowledge platforms

The Organic Farm Knowledge platform: https://organic-farmknowledge.org contains a wide range of tools and resources about organic agriculture in Europe.

Access Agriculture: https://www.accessagriculture.org is a specialised video platform with freely downloadable training videos on ecological farming with a focus on the Global South.

EcoAgtube: https://www.ecoagtube.org is the alternative to Youtube where anyone from across the globe can upload their own videos related to ecological farming and circular economy.

 

Experimenteren met mengteelten

Al duizenden jaren mengen boeren gewassen op hun akkers om te voorzien in de uiteenlopende behoeften van hun gezinnen en om het risico op mislukte oogsten te verkleinen. Maar weten welke gewassen goed met elkaar combineren is geen eenvoudige zaak en vereist vaak wat experimenteren om uit te zoeken wat voor jou het beste werkt, zoals ik dit jaar in onze eigen tuin ontdekte.

Drie jaar geleden, toen we verhuisden naar ons gerenoveerde huis in Peer, België, hebben we een verhoogd tuinbed aangelegd van gedeeltelijk verrot houtmateriaal en plantenresten, aangevuld met compost en aarde. Aangezien deze zogenaamde hügelbedden de grond vruchtbaar en vochtig houden, vonden we dit een goede manier om planten te kweken zonder dat we ze water hoefden te geven, vooral omdat we vaak enkele weken van huis zijn om trainingsvideo’s met boeren te maken.

Zoals bij veel mensen heeft Covid ons de afgelopen twee jaar met beide voeten op de grond gehouden. Zonder internationale reizen besloten we dat we meer tijd moesten besteden aan het verbouwen van ons eigen voedsel.

Op ons 10 meter lange, 2 meter brede en 1,5 meter hoge hügelbed, heeft mijn vrouw Marcella een verscheidenheid aan kruiden, specerijen, groenten en zoete maïs gekweekt. Hoewel we probeerden in te schatten welke planten waar precies op het bed het liefst zouden groeien (onderaan of bovenaan, op het zuiden of op het noorden, in de halfschaduw van de nabijgelegen boswilg of in het volle zonlicht), was dit duidelijk iets dat we moesten uitproberen en gaandeweg observeren.

Afgelopen winter besloot ik drie nieuwe verhoogde bedden aan te leggen, elk noord-zuid gericht en 1,5 meter uit elkaar. Op het ene bed zou ik kruisbessen, honingbes en rode bes telen; het middelste bed zou bestemd zijn voor mijn rode en gele frambozen en op het bed dat het dichtst bij het bosje lag, zou ik een paar bramensoorten telen. Anders dan bij eenjarige planten, die je elk seizoen op een andere plaats kunt zetten, moet je goed nadenken over waar je welke struik en welk ras wilt planten. Je moet rekening houden met de architectuur van de plant, hoe sterk hij groeit, hoe hij tegen sterke wind kan en hoeveel schaduw hij verdraagt.

Nadat ik al mijn struiken had geplant, vond ik dat we nog wel wat meer konden doen. De grond kaal laten terwijl de struiken nog jong waren, leek me geen goed idee. Ik had nog een paar aardbeiplanten die ik een nieuwe plek wilde geven. De snelgroeiende frambozen zouden mijn aardbeien snel verdringen. En aardbeien gedijen niet goed in de schaduw, dus besloot ik ze op het eerste bed te planten.

In de lente, brainstormden we rond de keukentafel waar we het beste onze tomatenzaailingen konden uitplanten. “Tomatenplanten hebben diepe wortels en tomaten hebben veel zon nodig, dus laten we ze tussen onze aardbeienplanten planten,” stelde ik voor. Om te voorkomen dat de volgroeide tomatenplanten de pas geplante bessenstruiken in de schaduw zouden stellen, plantten we ze aan de noordkant van de struiken.

Vrienden en familie zeiden dat dit niet zou werken: tomaten in de openlucht kweken is vragen om problemen, omdat de tomaten zouden rotten voordat ze rijp waren. Dat was misschien waar met onze traditionele natte zomers, maar gezien het veranderende klimaat dacht ik dat het zou kunnen werken. We hadden tenslotte geen keus, want we hebben geen serre.

Op een dag was ik in gesprek met Bram Moeskops, die het platform voor biologische landbouwkennis van IFOAM Organics Europe beheert. Terwijl hij me een virtuele rondleiding gaf op hun uitstekende platform, was het een echt toeval dat hij me één specifieke factsheet liet zien:

“Op deze factsheet,” legde Bram uit, “laten we een nieuwe technologie zien die we proberen te promoten, namelijk de tomaat-aardbei mengteelt. Omdat de aardbeien een levende mulch vormen, wordt vermeden dat opspattend regenwater op de tomatenplanten terechtkomt”. Dit was een geweldig nieuw inzicht. Dit extra voordeel was niet bij me opgekomen, hoewel ik wist dat sporen van verschillende bodemschimmels gewoonlijk worden verspreid door opspattend regenwater en alzo tomatenziektes veroorzaken.

Onze tomatenplanten floreerden, en verrasten iedere bezoeker. Na drie jaren van extreem warme en droge zomers, was dit jaar het tegenovergestelde. En jammer genoeg hebben de maanden van hoge vochtigheid uiteindelijk ook onze planten aangetast. Het was een troost te horen dat alle tuiniers met hetzelfde probleem te kampen hadden gehad, zelfs die met serres.

Aangezien ons klimaat verandert, zullen we moeten blijven experimenteren met teeltpatronen. En hoe meer we leren, hoe beter. Experimenteren met blijvende teelten kan jaren duren, dus is het des te belangrijker om de resultaten op grote schaal te delen. Innovatieve platforms zoals het platform Organic Farm Knowledge en het videoplatform Access Agriculture bieden goede ideeën en de nodige wetenschappelijke inzichten om ons te helpen betere beslissingen te nemen.

Inspirerende kennisplatformen

The Organic Farm Knowledge platform: https://organic-farmknowledge.org met informatie over biolandbouw in Europe.

Access Agriculture: https://www.accessagriculture.org  is een gespecialiseerd videoplatform met gratis te downloaden opleidingsvideo’s over ecologische landbouw met een focus op het Zuiden.

Different ways to learn November 21st, 2021 by

Vea la versión en español a continuación

In June I wrote a story about a virtual meeting with some farmers in Iquicachi, on the shores of Lake Titicaca (Zoom to Titicaca), where they discussed how to manage what was (for them) a new pest: the potato tuber moth. Later, several people wrote to me to say that they hoped these farmers could solve their problem. So I’m writing an update.

I went to Lake Titicaca on 16 November to meet the farmers in person, and they’re doing well.

The agronomists they work with taught them to use ground chalk from a building supply shop to coat the seed potatoes. The chalk discourages the tiny larva of the moth from burrowing into the potato. This and some other techniques are helping to keep the tuber moth down.

At our recent meeting, I was impressed (as I often am) how scientists and farmers have different ways of seeing the world. There’s nothing mystical about his. It’s because they use different methods of observation.

An entomologist sees an insect by killing some specimens and looking at them under the microscope. It is an excellent way to see the details of nature that cannot be readily seen with the naked eye. For example, one of the three species of tuber moths has triangular markings on its wings.

But the farmers of Titicaca were less interested in comparing each species of moth, and more intent on comparing them to another pest, one they have had for ages: the Andean potato weevil.

These Yapuchiris (expert farmers) and their neighbors noticed that the moths’ larvae are much smaller than the worms that hatch from weevil eggs. Second, the weevil only eats a part of the tuber, while the larvae of the moth “have no respect for the potato” and destroy the whole thing. Third, the weevil can’t fly, but the moth “flies in jumps” (it takes short flights).

In all fairness, entomologists have also noticed these behaviors, and the Yapuchiris have recently observed that one species of moth is darker than the other. But the farmers emphasize behavior more, and have their own rhetoric for discussing it (e.g. as jumping). Note that this is not ancestral knowledge, because this pest is new on the Altiplano. These Yapuchiris only noticed the moth 10 years ago, and they have been observing it since then. The farmers learn about insects while farming and processing food. They watch while they work. They don’t set up lab experiments.

The Yapuchiris have strengthened their observations by interacting with agronomists. In this case the extensionists explained that the moths are the adults of the worms, so the farmers then began to pay more attention to the moths.

These improved observations have paid off.

While I was in Iquicachi, one of the Yapuchiris, Martín Condori, suggested that since the tuber moth does not fly very far, it could be kept out of potatoes by planting a row of broad beans or lupin beans between every three rows of potatoes. It’s a new idea, that only occurred to don Martín while we were meeting.

His fellow Yapuchiri, Paulino Pari, immediately warmed to don Martín’s suggestion for an intercropping experiment. Don Paulino said that a row of lupin beans might help to stop the moth from spreading into the potatoes, because the lupin plants are toxic to the moths.

This is the value of farmer-scientist collaboration. The farmers learn that the worms in their potatoes have hatched from the eggs laid by moths. Farmers then pay more attention to the moths, and create new ideas for keeping the moths out of the potato field.

Intercropping may or may not help to manage the moth, but it is an idea that farmers and agronomists can try together.

Years ago in Honduras, Keith Andrews, an entomologist, first told me that farmers identify insects more by their behavior and ecology than by their morphology. I’ve spent many years noticing that he was right.

Acknowledgements

A special thanks to Ing. Roly Cota, who works at PROSUCO, for taking me to Iquicachi and introducing me to the Yapuchiris, so we could validate three new fact sheets for farmers on the potato tuber moth. Our work was supported by the  Collaborative Crop Research Program (CCRP) of the McKnight Foundation.

Photo credit

Photo courtesy of Roly Cota.

Further reading

There is some excellent research on the potato tuber moth. For example, see this paper and references cited.

Olivier Dangles, Mario Herrera, Charlotte Mazoyer and Jean-François Silvain 2013 Temperature-dependent shifts in herbivore performance and interactions drive nonlinear changes in crop damages. Global Change Biology 19, 1056–1063, doi: 10.1111/gcb.12104.

Scientific names

There are two native tuber moths in Bolivia: Symmetrischema tangolias, and Phthorimaea operculella. There is also a Guatemalan tuber moth, Tecia solanivora, but it has not been reported in Bolivia. All three of these moths belong to the Gelechiidae family. They are about a centimeter long, about as long as your smallest fingernail. Many Gelechiidae attack stored cereal products, and so you may have been alarmed to find them in your cupboard.

Video on the fascinating lupin bean

Growing lupin without disease

APRENDIENDO CON OTROS OJOS

Por Jeff Bentley, 21 de noviembre del 2021

En junio escribí un relato sobre una reunión virtual con los agricultores de Iquicachi, a orillas del lago Titicaca (Zoom al Titicaca), en la que se discutía cómo gestionar lo que era (para ellos) una nueva plaga: la polilla de la papa. Más tarde, varias personas me escribieron para decirme que esperaban que estos agricultores pudieran resolver su problema. Así que escribo una actualización.

El 16 de noviembre fui al Lago Titicaca para conocer a los agricultores en persona, y están bien.

Los agrónomos con los que trabajan les enseñaron a usar tiza molida de una tienda de materiales de construcción para recubrir la papa semilla. La tiza no deja que la pequeña larva de la polilla penetre a la papa. Esta y otras técnicas están ayudando a reducir la polilla de la papa.

En esta última reunión, me impresionó (como en muchas veces) cómo los científicos y los agricultores tienen formas diferentes de ver el mundo. No tiene nada de místico. Es porque usan distinto métodos de observación.

Un entomólogo observa un insecto al matar algunos ejemplares y mirándolos al microscopio. Es una forma excelente de ver los detalles que no se pueden ver fácilmente a simple vista. Por ejemplo, una de las tres especies de polillas de la papa tiene marcas triangulares en las alas.

Pero los campesinos del Titicaca estaban menos interesados en comparar cada especie de polilla, y más en compararlas con otra plaga, una que tienen desde hace mucho tiempo: el gorgojo de los Andes.

Estos Yapuchiris (agricultores expertos) y sus vecinos se dieron cuenta de que las larvas de las polillas son mucho más pequeñas que los gusanos que nacen de los huevos del gorgojo. En segundo lugar, el gorgojo sólo se come una parte del tubérculo, mientras que las larvas de la polilla “no respetan la papa” y la destruyen completamente. En tercer lugar, el gorgojo no puede volar, pero la polilla “vuela a saltos” (have vuelos cortos).

En realidad, los entomólogos también se han dado cuenta de estos comportamientos, y los Yapuchiris han observado recientemente que una especie de polilla es más oscura que la otra. Pero los campesinos enfatizan más el comportamiento, y tienen su propia retórica para discutirlo (los saltos, por ejemplo). Fíjese que no se trata de un conocimiento ancestral, porque esta plaga es nueva en el Altiplano. Estos Yapuchiris sólo se dieron cuenta de la polilla hace 10 años, y desde entonces la observan. Los campesinos aprenden sobre los insectos mientras cultivan y procesan los alimentos. Observan mientras trabajan. No hacen experimentos de laboratorio.

Los Yapuchiris han reforzado sus observaciones interactuando con los agrónomos. En este caso, los extensionistas les explicaron que las polillas son los adultos de los gusanos, por lo que los agricultores comenzaron a prestar más atención a las polillas.

Estas observaciones mejoradas han dado sus frutos.

Durante mi visita a Iquicachi, uno de los Yapuchiris, Martín Condori, sugirió que, como la polilla de la papa no vuela muy lejos, se podría sembrar un surco de tarwi (lupino) entre cada tres surcos de papa, para que no entre la polilla. Es una idea nueva, que sólo se le ocurrió a don Martín mientras nos reuníamos.

Otro Yapuchiri, don Paulino Pari, aceptó inmediatamente la sugerencia de don Martín de hacer un experimento de cultivo intercalado. Don Paulino dijo que un surco de tarwi podría ser una barrera para la polilla, porque las plantas de tarwi son tóxicas para las polillas.

Este es el valor de la colaboración entre agricultores y científicos. Los agricultores se enteran de que los gusanos de sus papas han nacido de los huevos puestos por las polillas. Los agricultores prestan entonces más atención a las polillas y crean nuevas ideas para mantener las polillas fuera del campo de papas.

Los cultivos intercalados pueden ayudar o no a controlar la polilla, pero es una idea que los agricultores y los agrónomos pueden probar juntos.

Hace años, en Honduras, Keith Andrews, un entomólogo, me explicó por primera vez que los agricultores identifican a los insectos más por su comportamiento y ecología que por su morfología. Llevo muchos años comprobando que tenía razón.

Agradecimientos

Muchas gracias al Ing. Roly Cota, quien trabaja en PROSUCO, por llevarme a Iquicachi y convocar una reunión con los Yapuchiris, donde pudimos validad tres nuevas hojas volantes para agricultores sobre la polilla de la papa. Nuestro trabajo ha sido auspiciado por el Programa Colaborativo de Investigación sobre Cultivos (CCRP) de la Fundación McKnight.

Foto

Foto cortesía de Roly Cota.

Lectura adicional

Hay varios excelentes trabajos de investigación sobre la polilla de la papa. Por ejemplo, vea este artículo y los otros en las referencias citadas.

Olivier Dangles, Mario Herrera, Charlotte Mazoyer and Jean-François Silvain 2013 Temperature-dependent shifts in herbivore performance and interactions drive nonlinear changes in crop damages. Global Change Biology 19, 1056–1063, doi: 10.1111/gcb.12104.

Nombres científicos

Hay dos polillas de la papa nativas en Bolivia: Symmetrischema tangolias, y Phthorimaea operculella. Además, hay una polilla guatemalteca de la papa, Tecia solanivora, pero no ha sido reportada en Bolivia. Las tres polillas pertenecen a la familia Gelechiidae. Miden más o menos un centímetro, más o menos lo largo de su uña meñique. Muchos Gelechiidae atacan cereales almacenados, y es posible que le hayan sorprendido en su dispensa.

Video sobre el fascinante tarwi

Producir tarwi sin enfermedad

El mismo video, en el idioma aymara

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